Francisco Machalskys
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Hallé una semilla.
La conservé como adorno. Atraía su redondez, su pulimento, su impasible dureza.
Salí de viaje. La ventana quedó abierta. La lluvia mojó la semilla. Regresé; la encontré herida de vida, mostrando una verde sonrisa.
Al sembrarla, dejó salir el árbol que latía en ella.

Escrito por carmelourso 







