SEMILLAS PARA LA VIDA

mayo 17, 2011

Glaciar Perito Moreno

Mónica Shocrón

semillasparalavida@hotmail.com

“Estoy parada en silencio, contemplando el paisaje; me siento pequeña ante la majestuosidad de estos hielos gigantes, azules, con algunas manchas pardas oscuras. Es un rincón de nuestra Tierra, bien al sur del continente americano, casi donde termina el mapa de la Argentina. No es cualquier lugar; tiene magia, tiene poder; es absoluto y sobrecogedor. Es imponente y solemne. Es sagrado.

Casi me quedo muda ante su presencia; es injusto limitar esta experiencia profunda a unas cuantas palabras. Mi corazón late con fuerzas; siento el frío en mi rostro, el aire húmedo y la llovizna, pero no me incomodan. Estoy acá, increíblemente traída por la vida hasta este rincón del planeta. Sé que todo tiene un motivo, pero no me he puesto a buscarlo; sólo quiero sentir, dejarme llevar hasta donde he de llegar. No quiero que las preguntas me distraigan. Shhh!!! Silencio.

Mi cuerpo se siente confortable; mi menta serena y mi corazón activo. Las nubes cubren el cielo con blancos y grises; los hielos permanecen … ¿permanecen? De pronto mi corazón da un salto; siento que los hielos no permanecen; escucho un trueno lejano, luego, otro; son partes del glaciar que caen a las aguas gélidas del Lago Argentino. Siento ganas de llorar; son esas lágrimas que brotan de las profundidades desconocidas de mi propia esencia; es como un grito ahogado; ¿de dónde viene? Tal vez, de la naturaleza que pide auxilio. No estoy delirando! Apenas estoy con mi sensibilidad a flor de piel y la conciencia expandida más de lo que podría imaginar; de repente no sé si me he convertido en el mismo glaciar; siento el impulso de abrazar su inmensidad con los brazos del corazón, esos brazos extensos que abarcan horizontes ilimitados. Me siento en estado de Gracia.

No comprendo aún el significado pero sé que tengo que compartirlo. Es tan poderoso este sentimiento, que me impulsa a hacer lo que estoy haciendo: escribir y compartir mi experiencia.

Camino lentamente en ascenso por el glaciar; me siento en comunión con todo lo que me rodea. Mis ojos contemplan, silenciosa mi mente y murmurante mi corazón; mi respiración sigue el compás. La vida está aquí; está más allá de los rincones que pueden ver mis ojos. Mis oídos pueden llevarme más allá de la mirada hasta descubrir los sonidos más leves y distantes. Soy un componente más; sin mi presencia esto tampoco sería posible; si no estoy aquí con mis pies en el hielo, con mis manos al aire, con mis ojos abiertos, mis sentidos alerta y el corazón sin corazas ¿quién podría ponerle voz al glaciar?

Mis pies se clavan alternadamente en la superficie helada, por tramos transparente y azulada, agrietada y filosa; con lagunas azules, quietas y mudas. Siento que desde mis pies crecen raíces hacia el interior del glaciar que me sostienen unida a él.

Escucho el viento traspasar las montañas silenciosas y heladas; es tan difícil transmitir este sentimiento que brota desde el centro de mi ser como comprender -si no se vive la experiencia-. Me reconozco porque soy parte y no estoy aparte.

Siento la llovizna fría y constante sobre mi cara; no me molesta. Estoy en comunión con la naturaleza y eso hace todo confortable, fluido y sereno. No hay reclamos sino aceptación.

El ascenso en fila continúa con pequeños altos para contemplar y guardar en la memoria; todo el grupo sigue la huella marcada por los guías de camino. Hay voces, risas, los clicks de las máquinas de fotos, los silenciosos paseos visuales de las filmadoras, ojos al acecho de las imágenes; pero yo necesito quedarme en silencio por unos minutos; preciso aquietar mis pensamientos; parar las preguntas; detener la marcha y evitar las interferencias externas e internas.

Siento la urgencia de ir hacia adentro y arrodillarme ante esta sagrada inmensidad; quiero dar las gracias por haber llegado hasta este lugar. Es un acto casi reflejo, como si fuera el único posible en este momento.

Somos tan pequeños… Tenemos tanto que aprender aún para cuidar aquello que la vida nos ha dado en custodia; no somos los dueños, apenas somos los guardianes, tal vez, ángeles custodios de todo esto que merece nuestro respeto absoluto y permanente, porque sin todos los componentes de nuestro planeta, nosotros no tendremos sentido para nuestra existencia en él; y todo aquello que pierde su sentido de existencia DE-SA-PA-RE-CE.

Al partir hacia El Calafate y Ushuaia, sabía que había un antes y un después; que la experiencia -cualquiera fuera- ayudaría a mi conciencia a expandirse; que una parte de mí quedaría entre los glaciares y los mares del sur y se ampliarían mis horizontes de comprensión y comunión con la esencia de los demás seres y elementos de mi entorno.“ (Mónica Shocron- verano de 2005)

Glaciar Perito Moreno rompiéndose


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