Carmelo Urso
Entonces, la odalisca se posó sobre el pecho del mago, diciéndole:
“Ay, amado, late el pulso de tu corazón con la alegría de quien toca a las puertas de la Vida, sabiendo que pronto le serán abiertas…”.
Y dijo el mago a la odalisca:
“¡Amada! Un río se abrió dentro de mí que no tenía idea de cómo ni cuándo surcar… ¡entonces, erré en una barca y me hice a la mar! Y así, de las Aguas del mundo desvelé los Misterios para en ti navegar”.
Y dijo la odalisca al mago:
“¡Amado! Un viento golpeó dentro de mí que fui incapaz de amarrar… ¡ni con todas las nubes del Cielo lo pude enlazar! Y así, del Aire del mundo descifré los Misterios para en tu brisa volar”.
Y murmuró al oído el mago a la odalisca:
“Amada… Una cima brotó dentro de mí que no pude contener ni domar… ¡sin saber cómo, ascendí a la montaña más alta que jamás pude soñar! Así, de las tierras del mundo revelé los Misterios para en tu cumbre anidar”.
Y murmuró al oído la odalisca al mago:
“Amado… Un fuego ardió dentro de mí que más nunca supe cómo apagar. ¡Ni con toda el agua del mundo lo conseguí sofocar! Y así, del Fuego del Dios que es la Diosa develé el Misterio para en tu llama brillar”.
Mago y odalisca –frente a frente.
Mago y odalisca –él adentrado en ella.
Eternamente juntos –hechos Uno…


Escrito por carmelourso