CÁNDIDA

Miriam Sojo, Mervin Duarte y Carmelo Urso

Aquella noche helada, Arturo no podía conciliar el sueño. Una imagen recurrente se le aparecía madrugada tras madrugada: un rostro neblinoso, ladeado hacia la derecha, miraba hacia una laguna, en cuyas aguas se reflejaban las estrellas…

Obsesionado con esa visión, Arturo recordó de pronto la ubicación concreta de aquel lugar y, levantándose del lecho, decidió ir hasta allá.

Con la bendición del Astro Lunar, recorrió el largo sendero que le llevó a un sitio que llevaba años sin ver… aquella laguna de manglares donde, tiempo atrás, había ocurrido un hecho insólito: la misteriosa muerte de Cándida, aquel tórrido amor prohibido que lo atormentó toda su vida.

Al llegar a la laguna, Arturo percibió el espectro de Cándida emergiendo de las aguas, con los brazos abiertos, obsequiosos, como recibiéndolo.

El corazón enamorado que aún había en Arturo le impulsó a lanzarse en pos de su amada… pero, justo antes de caer en las frías aguas, la cordura le obligó a sofrenarse.

A la mañana siguiente, aquel hombre que se había retirado del mundo tomó pincel y lienzo… y plasmó, con nostalgia recobrada, el rostro neblinoso de su eterno amor.

Trabajo para el Diplomado “Promoción de la Lectura y la Escritura” de la Universidad Católica Andrés Bello. Profesora Olga Padrón.  25-02-2012.

3 Respuestas a CÁNDIDA

  1. paquid dice:

    Un relato que permite varias lecturas, y a distintos niveles, supongo que esta es la cualidad del arte.

  2. Gerardo Díaz Díaz Infante dice:

    ” El sueño “.

    La noche propicia los sueños,
    y en ellos mengua la luna
    como vivo espejo del amor,
    dibujo cada uno con cantos
    y los pinto con el corazón.
    Siempre que duermo con la luna,
    me uno contigo y con el sol.

    Con cariño y gratitud. Gerardo.

  3. Gerardo Díaz Díaz Infante dice:

    ” Mujer “.

    Inolvidable el día que abrí los ojos y te ví.
    y romper el silencio para tomar tus brazos
    y en tu regazo descansar y dormir,
    Mujer de mi vida y de la vida eterna,
    antes de yo existir ya estabas,
    formada por un manto blanco de estrellas,
    Mujer, Madre Divina, gracias, mil gracias,
    por siempre y eternamente estar aquí.

    Con cariño y gratitud para todas las mujeres. Gerardo.

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