LOS NUEVE MIL MILLONES DE NOMBRES DE DIOS (in memoriam Arthur C. Clarke)

¿Cuál será el verdadero nombre de Dios?
¿Cuál será el verdadero nombre de Dios?

Carmelo Urso
entiempopresente4@gmail.com

Desde hace semanas, he tenido el honor de compartir algunas misivas electrónicas con el distinguido médico homeópata colombiano Ricardo Niño Mora. Ricardo es padre de cinco hijos (“cuatro hombres y una guerrera”); lleva treinta años de matrimonio –aunque aclara que “en cuanto a la edad he decidido estancarme en los quince, puesto que el tiempo ya no existe para mí”.

En uno de sus interesantes mensajes, Ricardo dice que no deberíamos ponerle adjetivos al Espíritu (“santo”, “superior”, etc.); asevera que “si le agregamos algún calificativo lo limitamos y el Espíritu no necesita calificaciones. Simplemente Es”.

Querido Ricardo: me parece muy interesante tu planteamiento, porque cuando calificamos al Espíritu –vale decir, cuando le ponemos un nombre- deberíamos estar conscientes de que ese apelativo puede ser válido y útil para nosotros, pero probablemente no lo será para nuestro prójimo.

No obstante, si somos seres “evolucionados” y entendemos que el Espíritu es Uno (tal cual lo proclaman casi todas las corporaciones religiosas y credos espirituales), los humanos deberíamos ser más tolerantes y entender que los variados nombres que le endilgamos al Ser Superior no son sino sinónimos de una misma e infinita Realidad.

Lamentablemente, desde las alturas de nuestros egos, no percibimos las cosas así. En su labor de creerse “más especial” que los demás, en su incapacidad de sentirse Uno con el resto de los seres, el ego hace de cada nombre un Dios diferente –y cada uno de ellos es una deidad de cólera, venganza y separación; el ego construye vastas mitologías donde el Dios de “nombre verdadero” guerrea con “falsos dioses” para imponer “Su Verdad”.

¿Maíz, elote, choclo o jojoto? Al igual que Dios, este cereal tiene muchos nombres...
¿Maíz, elote, choclo o jojoto? Al igual que Dios, este cereal tiene muchos nombres...

En mi país, Venezuela, a la mazorca de maíz cocida le decimos “jojoto”; en México: “elote”; en Chile: “choclo”; pregunto: ¿se convierte el maíz en tres cosas distintas porque lo llamemos “jojoto”, “elote” o “choclo”? ¿Seríamos capaces de iniciar una guerra santa con nuestros hermanos latinoamericanos en función de defender el nombre “más verdadero” de ese sabroso cereal?

 Bueno, el ejemplo que acabo de dar puede lucir ridículo, pero es exactamente lo mismo que hemos estado haciendo –durante milenios- con el Espíritu (que es Uno): le inventamos un calificativo, hacemos de ese calificativo un personaje (“el Dios verdadero”) y luego nos lanzamos al campo de batalla, a dar la Vida por esa neurótica creación de nuestras mentes –que nada tiene que ver con el Dios que es Amor.

“Los nombres de Dios” no son “personalidades de Dios”

Uno de mis autores favoritos de ciencia ficción es el inglés Arthur C. Clarke. Su libro “2001: Odisea del Espacio” fue llevado al cine por el maestro norteamericano Stanley Kubrick en 1968. Tanto la película como la novela representaron –en su época- hitos del arte contemporáneo; al momento de escribir esta nota, muchos las consideran desfasadas: a mí me siguen gustando y las recomiendo a todos los buscadores de la Verdad, pues son obras con significativos contenidos espirituales.

El famoso monolito de "2001, Odisea del Espacio"
El famoso monolito de "2001, Odisea del Espacio"

Otro famoso texto de Arthur C. Clarke es el relato los “Nueve mil millones de nombres de Dios”. Resumo su anécdota; un monasterio tibetano alquila una poderosa máquina de cálculo a un laboratorio neoyorquino; se pide que el ordenador sea programado para obtener todas las combinaciones posibles de palabras con nueve letras o menos; el objetivo: los lamas del monasterio llevan tres siglos redactando una lista de los posibles nombres de Dios; aseveran que sin la máquina, la tarea les llevará quince siglos más.

Cuando el director del laboratorio les pregunta cuál es la finalidad de ese trabajo, uno de los lamas responde: “Puede llamarlo ritual, pero tiene gran importancia para nuestra fe. Los nombres del Ser Supremo –Dios, Júpiter, Jehová, Alá- no son más que rótulos escritos por los hombres. Tenemos la certidumbre de que, entre todas las combinaciones de letras, se encuentran los verdaderos nombres de Dios. Nuestro fin es hallarlos y redactarlos todos”.

Lamas y neoyorquinos se ponen de acuerdo; la máquina es programada con el alfabeto tibetano; la labor –que sin el artefacto tomaría mil quinientos años- se reducirá a escasas cien jornadas; dos ingenieros norteamericanos se trasladan al Tíbet y ponen en funcionamiento el súper-ordenador: día tras día, durante tres meses, sus computaciones son impresas en miles y miles de folios, llenos de inscripciones aparentemente absurdas, caóticas.

Con paciencia, los lamas inspeccionan cada combinación; creen que cuando todos los nombres de Dios hayan sido articulados, el Ser Supremo intervendrá para acabar con la ilusión de este mundo material (pleno de dualidades y separaciones); así, la humanidad experimentará una suerte de Nirvana colectivo que la llevará directamente al mismo centro de la Conciencia Universal.

Al cumplirse el centésimo día, los ingenieros se marchan: piensan que la faena de la computadora y los lamas ha sido inútil; sin embargo, al asomarse por la ventanilla del avión que los lleva de regreso a Nueva York, se asombran al ver que los planetas y estrellas del cielo nocturno comienzan a desaparecer uno por uno…

Los monjes de Clarke exhiben una inusual perspicacia
Los monjes de Clarke exhiben una inusual perspicacia

Los lamas del cuento de Clarke exhiben una inusual perspicacia: saben que al Uno se le imputan infinitos nombres y calificativos –y no por eso deja de ser el Dios único. Sus múltiples alias –incontables como los mundos que gravitan en el Universo- no son más que títulos temporales que cada ser vivo le atribuye desde su particular punto de vista.

El Sabio (de éste o cualquier otro mundo) hace bien en no confundir esos nombres con “personalidades” –no percibe belicosos dioses enguerrillados unos con otros, “deidades verdaderas” en mortal lucha contra “deidades erróneas”.

El sincero buscador de la Verdad no teme confluir con colegas de credos distintos, porque sabe que “Yahvé”, “Mazda”, “Jehová”, “Osiris”, “Espíritu Santo” u “Ozum” no son más que fases del mismo Ser omnipotente, milenarios apodos que sobreviven a fuerza de ritos y costumbres.

Según las leyes y registros civiles, mi nombre completo es “Carmelo Urso Cedeño”. Como escritor o periodista, suelo firmar “Carmelo Urso”. Cuando mi esposa me telefonea y me saluda de “Carmelito”, sé que está de buen talante; cuando vocea “Carmelo” –a secas- sé que trae un asunto serio entre manos; mi hijito Juan Rodrigo me denominó “Cameno” hasta el tercer año de su vida: ahora me llama “papá” o “papa-pío”.

En el liceo, los compañeros de clase me trataban de “Urso”; hace dos décadas, mi primera novia me llamaba “Cucho”; en la universidad, mis allegados me decían “Mello” (risitas incluidas); mis compadres –como es natural- me saludan con un amistoso “¡compaaadreee!”; en un trabajo anterior, donde la gente era muy formal, mi secretaria me abrumaba con el mote de “licenciado”; en mi actual trabajo, los colegas me bautizaron “Hermano” (el apodo es tan oficial que incluso figura en la página web de la empresa).

Ni en mis más delirantes fantasías me sentiré seis personas distintas por el hecho de que me tilden de “Carmelo”, “Papá”, “Compadre”, “Cucho”, “Licenciado” o “Hermano” –de hecho, el Ser divino que late en mí y en ti está más allá de cualquier mote o denominación. Ninguno de esos nombres es para mí “más verdadero” que otro –todos expresan alguna forma de Amor, de cariño; todos me gustan, de acuerdo al rol social, académico, profesional o afectivo que esté ejerciendo. Y estoy seguro, afable lector o lectora, de que contigo acontece lo mismo.

Igual pasa con el Uno: sería absurdo pensar que Él –que es Amor infinito, incondicional- se enojará con nosotros porque le expresemos nuestro afecto llamándolo de tal o cual manera; es impensable que el Padre-Madre de Todo lo creado nos alentará a fomentar genocidios, emprender guerras, masacrar niños, torturar mujeres indefensas o discriminar política y socialmente a nuestros semejantes en función de que defendamos uno de Sus “nombres verdaderos”.

Mi sentido común me dice que para Dios es muchísimo más importante que conozcamos la entrañable naturaleza del Amor a que nos dediquemos a la fútil tarea de descubrir su mote más legítimo. El Ser Supremo quiere que seamos amantes incondicionales de nuestros enemigos, afectuosos defensores del prójimo, fieles extensores del Amor que todo lo sana, que todo lo puede.

Tampoco me parece razonable que mi Padre-Madre celeste me condene a una eternidad infernal por llamarle “Alá” o “Quado” en lugar de “Jesús” o “Gaia”. Yo –que soy un simple ser humano lleno de defectos- jamás le haría algo similar a mi hijo Juan Rodrigo, a mi pequeña hija Paula Sofía o a mi ahijado Sebastián. Y por supuesto, querido lector o lectura, tú tampoco harías algo similar.

¿Es razonable que después de tres mil millones de evolución biológica, dos millones de años de progreso antropoide y doce mil años de civilización humana sigamos guerreando por causa de los diversos nombres que le damos al Uno?

¿Apretaré el gatillo de mi pistola, diseminaré bombas desde las alturas, lanzaré misiles nucleares a mi prójimo porque se confiesa judío, musulmán, cristiano, budista, devoto de la Diosa o canalizador de Kryon? No suena razonable.

Sin embargo, cuando leemos el diario o vemos el tele-noticiero, es moneda corriente ver a gente matar o morir por su “verdadera fe”, su “amada Patria”, su “verdadero Dios”.

Arthur C. Clarke
Arthur C. Clarke

Por eso, amigo Ricardo, concuerdo contigo: los calificativos que le endosamos al Ser Superior pueden limitar seriamente nuestra visión espiritual. A veces, en la espesa selva de nombres del Creador, no vemos al Árbol Único que conecta al Cielo con la Tierra. Como los lamas del cuento de Clarke, cuando dejemos atrás todos esos supuestos nombres de Dios (todas esas visiones parciales y sesgadas que tenemos del Padre-Madre) entonces percibiremos con nítida claridad la Unidad básica que subyace en todas las cosas y seres.

Porque Dios es Uno… ¡y Todos somos Uno en Él!

VERDADES Y MENTIRAS DE LA WICCA: UN DIÁLOGO CON FRANCISCO MACHALSKYS SOBRE LA DIOSA Y EL DIOS

pèntaculo plateado

Carmelo Urso
entiempopresente4@gmail.com

Francisco Machalskys
franmacha@hotmail.com

Carmelo Urso: Hermano Francisco, antes que nada, te agradezco profundamente la oportunidad de tener contigo esta charla, pues sé que traerá mucha Luz a nuestros afables lectores y lectoras. Haznos una pequeña reseña personal: tus orígenes, tu familia, cuándo empezaste a tener inquietudes espirituales, etc.

Francusco Machalskys: Gracias, hermano Carmelo, por la invalorable oportunidad que me brindas para compartir un poco sobre mi búsqueda espiritual, quizás un tanto sui generis, pero búsqueda al fin. Y, por supuesto, agradezco infinitamente a ustedes, consecuentes lectores y lectoras de este sagrado espacio virtual, por la atención y el interés que prodigan a quienes amorosamente participamos en éste, buscando diversificar la discusión en torno al fascinante tema del misterio primigenio.

Quisiera, como prolegómeno a esta conversación, aclarar que no soy ni me considero un erudito, iluminado o maestro dentro de la senda mística que en la actualidad sigo, conocida como wicca, neopaganismo o La Antigua Religión. Soy, en todo caso, un ser humano corriente, con defectos y virtudes como cualquiera, que halló en este camino el nexo entre la dimensión divina y la terrena de forma vivencial y fiel a sus parámetros ideológicos (comunión con la naturaleza, equilibrio entre los géneros y el obrar bajo responsabilidad más no por temor al castigo, entre otros).

Bueno, ahora sí; empecemos.

Soy el menor de cuatro hermanos. Mi madre, Olga Machalskys, docente jubilada, es hija de un inmigrante polaco y una venezolana; en honor a ese componente ignoto de europeidad –nunca conocí a mi abuelo, quien murió cuando mamá tenía 10 años- y mi adhesión impenitente a las minorías –he adoptado el nombre de Francisco Machalskys. Cosa que no termina de gustar a mi padre, José Castillo, contador público, quien se crió en ausencia de la figura paterna y bajo pobreza extrema, condiciones que lo llevaron a luchar duro por salir adelante y constituirse en un hombre de bien.

Me crié en una zona privilegiada: la urbanización Colinas de Carrizal, en el estado Miranda, Venezuela. Es una región montañosa, alejada de los centros urbanos, y hace 30 años era un sitio frío, bien frío –la temperatura promedio era de 16 grados centígrados, y muy frecuentemente soplaba el viento, haciendo ulular los árboles. El sector donde crecí –y en el que aún viven mis padres, ya adultos mayores- se enclava en lo alto de la montaña, y consta de una manzana de quintas –como se denomina en Venezuela a las casas de dos pisos- rodeadas de extensos jardines y habitadas por familias de clase media.

Como la mayoría de los adultos trabajaba todo el día, la urbanización era muy solitaria y silenciosa. Y aunque había niños de mi edad, con los que hice amistades entrañables, disfrutaba mucho de leer, recrear radionovelas con un viejo grabador de mano y soñar despierto. Para colmo, la señal de televisión llegaba terriblemente, y en muy pocas casas se veía en forma clara, por lo que casi todas las familias recurrían al VHS. Tales aspectos, entre otros, contribuyeron a forjar mi gusto por lo contemplativo y por la individualidad, a sentir la confluencia de los elementos naturales, a apreciar la soledad, a pensar, pensar y pensar.

Al entorno bucólico de este mágico lugar se adicionó en forma consecuente la influencia espiritual de mis progenitores. Mi padre siempre se interesó por lo místico y religioso: tuvo acercamientos al cristianismo evangélico, a la masonería, se involucró en la parapsicología y el vegetarianismo en los 80 y en los últimos 15 años ha seguido la senda de la metafísica cristiana; mi madre, cristiana católica de práctica moderada, es fiel creyente del obrar bien, el pensamiento positivo y el amor incondicional de Dios para con todos sus hijos e hijas, y como mi padre, hoy por hoy es seguidora de la metafísica cristiana.

Ambas corrientes de pensamiento influyeron en la formación de mis hermanos y mía. Desde temprana edad se me inculcaron principios de universalidad, justicia divina e infinitud de la existencia. Así, crecí bajo la idea de que todos los seres vivos ostentamos igual grado de importancia para Dios, que la muerte no existe por ser parte de la vida, que el bienestar o la desgracia en este plano lo forjamos con nuestras acciones. A esas enseñanzas se sumó la óptica de la naturaleza como un todo, donde ningún ser es más ni menos importante que otro, y una larga pasantía por centros de educación católicos: 6 años en un colegio de monjas franciscanas –muy hermoso, enclavado en medio de un bosques de coníferas y regido por una congregación de hermanas alegres y bastante avant garde, tanto que nos ponían a hacer pequeñas meditaciones- y la educación media en un liceo de padres salesianos, un poco más rígido y menos creativo que mi pequeño colegio franciscano, pero buen liceo al fin.

Sin embargo, mi encuentro definitivo con la espiritualidad –o al menos el más influyente- ocurrió a los 15 años. Por ese entonces mi hermana mayor –que me lleva 10 años y es la más querida por mí- estaba muy involucrada en la Metafísica Cristiana difundida por la venezolana Connie Méndez, basada en el pensamiento positivo, la acción de las llamas y la ley de causa-efecto. Empezó por prestarme los libros, luego a discutirlos conmigo, y pronto nos dimos cuenta que necesitábamos ampliar nuestros conocimientos con otras personas involucradas en la materia. Así que por insistencia mía inició la búsqueda de un grupo de meditación en el poblado de Los Teques, y lo encontró. El asistir a ese grupo fue una verdadera revelación: descubrí de golpe el poder de la oración en grupo, reforcé las técnicas de la meditación contemplativa; me inicié en la sana alimentación, en el resguardo de la inocencia interior… en ese grupo, al que también empezó a asistir mi madre, permanecí aproximadamente 10 años.

Carmelo Urso: Me gustaría que nos comentaras cómo te iniciaste en la tradición de la wicca. ¿Comenzaste en un grupo o has desarrollado tu camino espiritual en solitario? ¿Es necesario pertenecer a un grupo formal para desarrollarse en esta tradición metafísica? ¿Qué fibra mística pulsó en ti la wicca que no tocaron las religiones del actual establishment?

Formalmente, me inicié en La Antigua Religión en 2004 bajo la modalidad de practicante solitario. Pero de fondo, soy lo que llaman los metafísicos un brujo por derecho de conciencia. De veras siento que la wicca me eligió a mí, y lo hizo en el momento que debía ocurrir. Ya explicaré por qué afirmo que siempre estuve en la senda.

El hermoso grupo metafísico en el que permanecí tanto tiempo, estaba dirigido por un hermano guía –cuyo nombre prefiero mantener en reserva por respeto a su privacidad- quien tuvo el privilegio de recibir instrucción de la mismísima Connie Méndez. No obstante, el hermano agregaba a la formación metafísica otros aspectos de carácter esotérico: trabajaba la visualización en grupo, experimentaba con mantras, nos enseñaba a invocar a los elohim y a los elementales de la naturaleza… incluso, en al menos dos ocasiones realizamos retiros espirituales en la playa, donde celebramos a los elementos naturales (¡!) y en muchas clases trató abiertamente la dualidad energética de Dios. De manera, pues, que durante 10 largos años estuve entregado a la adoración de la Diosa y el Dios –al igual que todo el grupo- sin darme cuenta.

Conny Méndez
Conny Méndez

Lo que no sospechaba es que mi mundo espiritual se vería tambaleado por dos significativos sucesos. Uno de ellos fue la partida del hermano guía. Ello ocurrió de pronto, como si de una prueba se tratase: luego de una meditación –a la que no fui, por cierto- anunció que no seguiría al frente del grupo. La consternación fue general, pese a que él mismo nos repetía hasta el cansancio una máxima que reza “debe el acólito apegarse a la verdad y no al maestro”, cosa que en grupo no se aplicó. Me reservo la razón por la cual este amado hermano se retiró de la Metafísica; digamos que sufrió una crisis de fe. Lo cierto es que el grupo, de a poquito, se fue desmantelando, hasta sólo permanecer un reducto de cuatro o cinco personas, entre las que se contaban mi hermana mayor. Ellos se dedicaban a orar y a cumplir misiones, dictadas por entidades que ellos llamaban maestros –y estoy seguro que sí lo son.

El otro evento fue mi vida matrimonial. Epa, no me malinterpreten: mi vida de pareja está bien –con sus altibajos, pero bien- y amo a mi familia, pero me tocó en suerte –quizás fuera mi destino o, como dicen los seguidores del Curso de Milagros, me la dibujé así- una esposa pragmática, que ve con verdadera ojeriza todo lo relacionado con ritos, creencias, dogmas, aún cuando ella afirma creer en Dios. Cuando intenté introducirla en la corriente del Pensamiento Positivo, me demostró que todo eso de los decretos era pura autosugestión y lavado cerebral, y yo le creí. Luego no quiso que meditara, porque le daba miedo verme de esa manera, y dejé de hacerlo. No sé si haya sido en consecuencia, pero aspectos importantes de mi vida, como el económico, se vieron terriblemente afectados; sufrí desempleo, apuros monetarios, estrechez material. Y aunque intentaba retomar el decreto positivo, las cosas parecían empeorar, al punto que dejé de desear cosas buenas para mí, pues sabía –y el universo se encargaba de complacerme en mi pensamiento- que no se me darían.

Creo que alguna noche rogué con verdadera intensidad por ayuda. En mi oración, dije estar cansado de toda esa situación, que no merecía seguir así. Y a mi rescate, ocurrieron otros dos eventos, esta vez positivos. El primero fue hacerme una revolución solar para mi cumpleaños; recuerdo que pedí evolución laboral, y sí, meses después fui llamado a trabajar en un ministerio, donde causalmente conocí al hermano Carmelo. Y el otro hecho fue leer un artículo de prensa sobre el auge que en siglo XXI venían tomando las religiones neopaganas, entre las que destacaban la wicca. Al leer que adoraban a la Diosa y el Dios, a los elementales de la naturaleza, que no creían en el Demonio pues la energía no es ni blanca ni negra, y que los únicos responsables de lo que ocurre en el planeta somos nosotros con nuestras acciones, me di cuenta que todo eso lo venía practicando desde hace mucho. Lo único que hice fue acogerme en su seno de manera formal, y ya.

Para entregarse a esta corriente no hace falta pertenecer a una congregación –que en inglés se le denomina coven– pues es posible ser un practicante solitario, como lo soy yo; para ello, basta con echar mano de Internet y bajar la gran cantidad de información que sobre el tema abunda. Por supuesto, las personas interesadas en congregarse también pueden contactar grupos en su localidad, de igual modo a través de Internet.

Carmelo Urso: Explícanos en qué consiste el Libro de las Sombras. ¿Se trata de un tomo que puede ser adquirido en librerías o casas especializadas? ¿Su contenido se relaciona con prácticas obscuras o negativas? ¿Cuál es su propósito para el practicante wiccano o wiccana?

Francisco Machalskys: Buena pregunta, porque todos los que iniciamos en esta senda nos lo preguntamos alguna vez, amén de que el neopaganismo ha sido tema hiperexplotado de forma sensacionalista en buena cantidad de materiales audiovisuales de entretenimiento –series como Charmed, películas como Harry Potter…- y, en consecuencia, a este famoso libro se le ha rodeado de una negativa aura que ni por asomo le corresponde.

Un añejo Libro de Sombras
Un añejo Libro de Sombras

Efectivamente, no es un libro que se compre en las librerías, ni siquiera en las esotéricas, porque se trata del compendio personal que todo brujo o bruja debe hacer a lo largo de su aprendizaje. Incluye todas las oraciones, los ritos de las fiestas –de las que hablaremos más adelante-los atributos de los elementos de la naturaleza, las propiedades curativas de plantas y minerales, los hechizos –para quienes estén interesados en ellos; su práctica no es vinculante a la religión en sí, pero funcionan como herramienta canalizadora de la energía para fines específicos- el contenido de las leyes herméticas y demás aspectos de la magia en general deben ser anotados, compilados y ESTUDIADOS durante toda la vida.

Se le llama “Libro de las Sombras”, no porque esté relacionado con la ausencia de luz y la maldad, sino porque en tiempos de la persecución de brujos y brujas, los ritos y fiestas debían practicarse en bosques y sitios remotos, de noche; entonces, al amparo de las sombras, se sacaba el libro que contenía las enseñanzas. En caso de aproximaciones de gentes ajenas al coven, bastaba con internarse en el bosque, ocultarse entre sus celajes, y con ellos se escondía el libro. De ahí el nombre.

Debo confesar con verdadera vergüenza que mi Libro de las Sombras es más bien cibernético, pues todos mis documentos están en una carpeta de la computadora; sí, sí, algún día lo imprimiré bellamente en papel artesanal, y mi esposa, que es una verdadera maestra de la imagen –es diseñadora gráfica- le hará una atractiva portada tipo libraco viejo… pero la tradición de llevar el Libro de las Sombras es hermosísima, y en algunos covens es incluso una tarea encomendada a los más antiguos. De hecho, he oído de brujos de raigambre –hijos de viejos practicantes, formados de generación en generación- que ostentan estos libros desde años ha, y los cuidan de manera celosa.


Carmelo Urso: Entiendo que hay visiones politeístas y monoteístas dentro de la wicca. ¿A cuál de estas tendencias te adscribes tú y por qué? ¿Cuál es –en líneas generales- la cosmovisión de la wicca?

Francisco Machalskys: En ningún caso la wicca es monoteísta. Como principio básico, creemos quienes seguimos esta senda en la Diosa, que es el principio generador, proveedor, de la divinidad, y en el Dios, que es el principio activador, impulsor, de la divinidad. La Diosa y el Dios, a su vez guardan un lado misterioso, ignoto, que llamamos el Gran Espíritu – ¿alguna semejanza con el cristianismo? Jejeje…- y el brazo armado en el mundo terrenal, que son los Atalayas, o los guardas de los cuatro elementos que componen la vida en este plano material: tierra, aire, fuego y agua –este es el orden de aparición dentro del círculo mágico, en el sentido de las agujas del reloj.

La corriente politeísta dura –por así llamarla- atribuye dioses y diosas a los elementos y a sus manifestaciones: dioses de la lluvia, del fuego, de las mareas…

En mi caso particular, me acojo al principio básico de la Diosa y el Dios, como respuesta a mi formación feminista, impartida por mi hermana mayor, quien sabiamente me enseñó la igualdad de géneros, y la importancia de alcanzar el equilibrio entre ambos para materializar –algún día- la paz en el planeta. En la tradición wicca, la Diosa es el origen de todo, y de ella nació el Dios; aún así, la Diosa y el Dios no se sobrepasan en importancia, porque uno complementa al otro, como el día sucede a la noche, y así.

La Diosa y el Dios no se sobrepasan en importancia, porque uno complementa al otro...
La Diosa y el Dios no se sobrepasan en importancia, porque uno complementa al otro...

El mejor ejemplo de la cosmovisión wiccana reside en la naturaleza: un eterno fluir, cambiar, renacer. Creemos, pues, que la vida es una gran rueda, en la que el cambio es el único elemento constante. Ese perpetuo fluir es regido por fuerzas naturales, que signan la existencia de todos los seres que compartimos el planeta, tan importantes y codependientes unos de otros para vivir. Estas fuerzas pueden utilizarse para provecho de quienes las empleen de forma correcta; pero su uso indebido puede causar daños lamentables. De ahí que el único mandamiento que rige a la wicca es “si no hace daño, haz lo que quieras”. Entonces, se desprende que las huestes wiccanas no creamos en el pecado ni en el Demonio –ser creado por el Cristianismo-, pues la Diosa y el Dios no juzgan, pero sí creemos en la consecuencia de nuestros actos. Y de qué manera.


Carmelo Urso: ¿Podríamos decir que la wicca es una tradición espiritual que exalta principalmente lo femenino?

Francisco Machalskys: Efectivamente, la wicca muestra el aspecto femenino de la divinidad. Pero, lejos de exaltarlo por encima del aspecto masculino, lo complementa, como ya indiqué en la pregunta de arriba. Esto, a despecho del enfoque machista otorgado a la divinidad por parte de religiones patriarcales como el Cristianismo o el Islamismo, que no conforme con velar la hermosa faz femenina de Dios, endilgan a la mujer –y honestamente no entiendo por qué razón- atributos hostiles: tentadora, artera, manipuladora…

Cualquier persona puede aprender a equilibrar ambos aspectos con sólo observar detenidamente los procesos naturales: para hacer una sopa, por ejemplo, se necesita agua –elemento femenino-, verdura y carnes –que provienen del vientre madre- y fuego –elemento masculino-; para que la semilla nazca y nos obsequie sus frutos, debe caer en la tierra –elemento femenino- recibir agua –elemento femenino- y recibir calor solar –elemento masculino-… es más: para concebir UNO, hacen falta DOS; ¿no es cierto?

Para concebir UNO, hacen falta DOS
Para concebir UNO, hacen falta DOS

En lo personal, no me resulta difícil entender el equilibrio de fuerzas, porque crecí en un hogar donde se compartieron todas las tareas. Mi madre y mi padre trabajaban ambos, y por ello todos debíamos ayudar en casa. De manera que yo, lo mismo cortaba el césped, ayudaba a pintar la casa una vez al año, y lavaba mi ropa todas las semanas. Y ahora formo parte rectora de un hogar donde la presencia femenina es mayoría –tengo dos hijas- y la regla es la misma.

Aún así, dentro de la wicca el practicante puede manifestar su preferencia por la Diosa o el Dios sin problemas; pero dentro del círculo mágico, ambos ocupan el lugar preponderante.

Carmelo Urso: ¿Es la wicca una religión o una práctica espiritual informal? ¿Tiene un sentido o dirección moral? ¿Existe en él algún decálogo de conducta como el de los cristianos? ¿Cómo se manejan los conceptos de Bien y Mal dentro de la wicca?

Francisco Machalskys: Es una religión formal en el sentido de que se basa en dogmas y tiene un sistema de prácticas. Pero al mismo tiempo puede considerarse informal –y espero no ofender a ningún hermano o hermana de la senda con esta reflexión- porque su fin último no es consolidarse como institución, ni congregarse en un edificio para realizar sus ritos, ni influir en el comportamiento de las personas de manera masiva, y mucho menos recolectar dinero para su funcionamiento.

Tal como vislumbré en la pregunta 3, y lejos de lo que muchas personas creen –esto por el enfoque erróneo y efectista que le ha brindado el cine y la televisión- tiene la wicca un enfoque más ético que moral. Debido a que en la Antigua Religión creemos en el efecto de las acciones –de hecho, creemos en lo que se hace llamar el efecto del tres veces tres, que significa la triplicación de lo bueno o malo que hagamos a otras personas para con nosotros mismo- su gran y único mandamiento es “si no hace daño, haz lo quieras”. A simple vista pareciera un decálogo simple y hasta comodón, pues uno podría obrar mal y luego decir “ah, es que no sabía que estaba haciendo bien”… para desengañarnos, están las implacables 7 Leyes Universales –o “leyes herméticas”- que sin vuelta de hoja se aplican a todo individuo, pertenezca a la religión que pertenezca, así las conozca, como que no.

Si no hace daño, haz lo quieras
Si no hace daño, haz lo quieras

De manera, pues, que dentro de la wicca, mal es lo que afecta ostensiblemente a uno mismo y a los demás, y el bien es lo que enaltece, ayuda, favorece. Si, como ya dije, los wiccanos creemos en el efecto de las acciones, entonces, en consecuencia, no creemos en el concepto de pecado ni en recompensas extraterrenas (cielo o infierno), puesto que la Diosa y el Dios no están interesados en juzgarnos y martirizarnos, sino hacernos sentir lo que somos: sus hijas e hijos, copartícipes de su obra y conscientes de actuar bajo libre albedrío.

Carmelo Urso: ¿Qué papel juegan los ritos dentro de este camino espiritual? ¿Prevalecen los ritos férreamente fijados por la tradición o cada practicante tiene libertad para construir su propio menú de ceremonias? En la actualidad, muchas personas rechazan los ritos de la religión formal, porque sienten que limitan su experiencia mística. En tu caso, ¿cómo transformas el rito en una herramienta de liberación emocional y espiritual?

Francisco Machalskys: En primer lugar, difiero diametralmente con la afirmación de que las personas rechacen los ritos… por el contrario, la gran explosión de religiones ritualísticas –como la wicca, el chamanismo, la santería y otras- indican que son cada más las personas que desean vincularse a una forma vivencial, alegre e informal de alabar y comunicarse con Dios! Sin embargo, y en mi opinión, la gente lo que rechaza de las religiones formales es la incongruencia entre la práctica del dogma y la cotidianidad, que genera mucha veces un decepcionante doble discurso –como el tema del celibato y la contraconcepción en el catolicismo, y el desprecio a la mujer dentro del islamismo- al igual que la castrante concepción que de Dios tienen –como un ser castigador, vengativo y celoso.

Por su carácter de religión de la tierra, los rituales son muy importantes dentro de la wicca, toda vez que representan la conexión entre el plano etéreo y el material. Es ésta una práctica espiritual basada en la acción, así que celebramos a los dioses bailando, cantando y trabajando con los cuatro elementos. Aún cuando los ritos wiccanos están pre-determinados, sus seguidores pueden ejecutarlos de manera personal, agregando alguno que otro detalle de su gusto. Lo único que no se admite es la ejecución de ritos en son de burla, en espera de sucesos sobrenaturales o como un espectáculo para alimentar la curiosidad de terceros; tampoco deben realizarse en estado de cansancio, cuando no se tienen verdaderos deseos de hacerlos ni bajo la influencia del alcohol u otras drogas.

En mi caso, el ritual me brinda la oportunidad de abrir un espacio mágico en el plano terrestre, donde comulgo con la ternura de la Diosa, la fuerza del Dios, el misterio del Gran Espíritu y la acción de los Atalayas. Es, pues, la llave entre ambos mundos, y de su práctica enfocada y respetuosa depende en gran medida el éxito del encuentro con los Dioses.

Carmelo Urso: La magia –o la brujería, como es su apelativo ancestral- ha tenido muy mala prensa durante siglos. ¿Se trata de una operación conspirativa llevada a cabo por las corporaciones religiosas dominantes para estigmatizarla? ¿Qué le dirías a la gente que tiene prejuicios contra la wicca?

Francisco Machalskys: Nuevamente, debo dejar claro que la wicca no es ni mejor ni peor que cualquier práctica religiosa. Como todo sistema de creencias concebido por la especie humana, abraza y exalta aspectos particulares de la divinidad, y obvia o descuida otros tantos. En tal sentido, no quisiera presentar una visión victimizada sobre el rechazo que por la wicca demuestran algunas personas y agrupaciones religiosas. También quiero dejar claro que, cuando en este aparte me refiera al cristianismo, se entienda que hago referencia específicamente a la institución eclesiástica católica y no a sus seguidores; mucho menos a su figura central, el amado Maestro Jesús –a quien particularmente admiro por la supradimensionalidad de su mensaje, tan sencillo de enunciado pero tan difícil de practicar.

Según entiendo, la llamada Antigua Religión es anterior al cristianismo, y muy difundida entre las poblaciones campesinas de Europa –por eso a esta disciplina espiritual también se le conoce como paganismo, por ser propia de los pagos, o regiones rurales. En su avasallante paso, de la mano del imperialismo romano, el cristianismo se topó, no sólo con la wicca, sino con otras tantas doctrinas de profundo arraigo popular. Para imponerse con éxito, sus seguidores se valieron de dos estrategias: adoptar elementos sentimentales de éstas, y luego erradicarlas a fuego y sangre.

Así las cosas, el cristianismo católico nutrió su dogma en principios paganos, agregados en su paso impositivo por tierras europeas: el uso de imágenes, el culto a María –en clara alusión a la Diosa- la transformación de los sabbats en festividades cristianas –Yule por Navidad, Imbolc por fiesta de Candelaria, Ostara por Pascua…- la adopción del Gran Espíritu bajo la forma del Espíritu Santo y la representación de los 4 elementos en la ceremonia litúrgica, entre otros aspectos.

La Dama de Luz de Yule
La Dama de Luz de Yule

Por supuesto que, una vez inoculado en el sentir de la gente, el cristianismo se encargó de acabar, no sólo con la wicca, sino con cualquier doctrina contraria a su corriente a través de los ortodoxos métodos tan difundidos por la cinematografía: persecución, juicios inquisitorios, quema de bruj@s y estigmatización de la práctica en general. Como bien reza el dicho, se pueden arrancar las flores, pero no hay quien detenga a la primavera… no contaron los verdugos y esbirros que el celoso registros del conocimiento en los añejos libros de las sombras, la práctica transmitida de generación en generación y la Ley de Correspondencia permitieran que hoy, siglos más tarde, wiccanos y wiccanas vivamos nuestra fe con ciertas libertades, aun cuando todavía persisten formas de discriminación.

Para las personas que aún en pleno siglo 21 abrigan dudas, temores y rechazos en cuanto a la doctrina wiccana, les invito a leer un bellísimo texto que circula libremente por Internet llamado Carta Abierta de una Bruja; no quisiera adelantar mucho sobre su contenido, pero en él se explica de manera puntual y directa el porqué nos gusta vestir de negro, usar pentáculos y adorar a los dioses cuando hay luna llena, así como también rechaza la idea de que seamos satanistas o sacrifiquemos animales. Derivado de este comentario, si tuviera que hacer un llamado a la reflexión, sería no a implorar que nos acepten con nuestras túnicas negras y nuestras escobas al vuelo –es una broma, jejejeje, las escobas no vuelan- sino a borrar de una vez y para siempre toda forma de discriminación para con personas y grupos sociales distintos a nosotros. En mi opinión, el gran reto de este siglo, aparte de solventar el problema de la pobreza y la contaminación, es la erradicación de toda forma de discriminación y rechazo como vía para sentar las bases de una vida pacífica y armoniosa; sin convivencia ni expresión plena, la vida en este plano carece de sentido.

De igual modo y, si me lo permiten, cabe además un llamado por medio de esta herramienta comunicativa a todas las hermanas y hermanos wiccanos, recordándoles que el respeto y la aceptación comienza por el adecuado comportamiento y actitud sencilla, alejados de poses, sectarismos y conductas extravagantes –esto va en particularmente con los practicantes más jóvenes- que en nada contribuyen a forjar una imagen certera de nuestro estilo de vida.

Carmelo Urso: ¿Cómo es la visión de la Energía en la wicca? ¿Es lícito utilizarla para conseguir bienes o fines personales? ¿Puedo usar la Energía para perjudicar o dañar a terceros con resultados prácticos? ¿Qué consecuencias tendría obrar de esa manera?

Francisco Machalskys: Creemos en la Energía Universal como fuente primigenia de donde todo surge, y hacia donde todo desemboca. La Energía Universal forma parte de nosotros, y nosotros formamos parte de la Energía Universal; así que resulta absurdo pedir, rogar, implorar por “accesar” a la energía… ¡si somos la energía misma, tenemos entonces natural derecho a su acceso!

En tal sentido, las y los wiccanos nos permitimos canalizar la energía para todo cuanto necesitamos… menos para hacer daño, como ya he explicado en apartes anteriores. No hay manera de que podamos hacer daño, aunque quisiéramos, precisamente en virtud del principio cosmogónico de la energía universal; si todas y todos partimos del mismo elemento, y hacia ese elemento vamos, significa que en la otra y el otro subyace una representación tuya y mía… entonces, si hacemos daño al otro, ¡estaremos perjudicando a nosotros mismos, por Ley de Causa y Efecto!

Asimismo, las y los wiccanos rechazamos todo tipo de hechizo, conjuro o decreto con efectos de enamoramiento, toda vez que atentan contra el libre albedrío y la voluntad del otro.

Por lo demás, canalizamos la energía para solicitar al universo todo cuanto necesitemos, siempre y cuando sea invocado de manera perfecta y en armonía. No debe temerse a canalizar la energía para pedir aquello que se desea: un nuevo auto, un empleo mejor remunerado, una bonita figura, inspiración divina que nos lleve a la iluminación… a través de las peticiones hechas con fe e intención positiva, la Diosa y el Dios manifiestan a cada una de sus hijas e hijos el inmenso amor que por nosotros abrigan, y nos hacen vivir la maravillosa experiencia de la cocreación.

En la fe wiccana canalizamos la energía a través de invocaciones, cánticos, oraciones, conjuros, rituales y hechizos.

Carmelo Urso: ¿Qué opinas de la magia caótica? ¿En qué consiste? ¿La has practicado alguna vez?

Francisco Machalskys: La verdad es poco cuanto conozco sobre esta sincrética corriente de manifestación energética. Por definición sé que se trata de la combinación de métodos y aspectos específicos de distintos credos y religiones como vía de acceso a la energía de forma expedita y sin barreras éticas; incluso, puede llegar más allá, formando magos con acceso a la energía sin necesidad de creer en Dios o Dioses. También he leído que, en su forma más pura, se trata de accesar y trabajar con la energía sin necesidad de hacerlo bajo un sistema dogmático específico, y sin la tutela o permiso de ninguna entidad superior –Dios, digamos. Sin embargo –y esto lo he leído en páginas de Internet- es mucho más que la simple yuxtaposición de estilos; así, contarían con una forma y un procedimiento que, por lo que hacen entrever, estarían reservando sólo para los iniciados.

Uno de las prácticas más citadas por los magos caóticos es la elaboración de sigils, o pergaminos de petición. Para hacerlo, se debe partir de la forma gramatical del deseo; digamos que uno desea un auto, entonces hay que dar forma clara y lógica al deseo en forma de palabra: “Yo Deseo Un Auto”, y en un pequeño papel se escribe el acrónimo correspondiente (YDUA). Luego se coloca el papel cerca de su vista y se procede a su carga energética; la vía más recurrida es a través de la masturbación, manteniendo la vista sobre el papel, la cual se intensificará justo en el momento del orgasmo, y complementando con el siempre efectivo ejercicio de visualización (se debe imaginar que el papel se torna rojizo, o se enciende, a causa de la descarga energética). Finalmente se oculta el sigil y se “olvida” hasta que la petición se haga efectiva; después de alcanzado el objetivo, el sigil puede ser destruido.

Aunque reitero mi respeto a toda forma de canalización energética y de toda forma de contacto con la divinidad, y mi negativa a criticar temas o conceptos que no conozco bien, en lo particular, nunca he recurrido a la magia caótica para la canalización de la energía ni para la concreción de peticiones. En mi opinión, el manejo de la energía sin un respaldo ético equivale a jugar con fuego. Por todo lo que ya he expuesto sobre la aplicación infalible de la Ley del Retorno, indudablemente se desprende el peligro que representa la satisfacción acrítica de deseos a través de la magia. Quien piense que puede ir por el plano terreno materializando cuanto capricho pase por su mente, muchas veces a costa de la armonía y el merecer de otras personas, sin sufrir consecuencias, está muy equivocado. Por Ley de Correspondencia, es inconcebible alcanzar la plenitud exterior si antes no se conquista la grandeza interior, y es este un aspecto que suelen obviar los seguidores de estas sendas basadas mayormente en la gratificación externa. Así que cuidado, pues.

Carmelo Urso: ¿Cómo has incorporado los ritos de la wicca a tu cotidianidad, en tu entorno familiar? ¿Transmites los valores de la wicca a tus hijos?

Francisco Machalskys: Partiendo del principio de que en el plano terreno todos somos importantes y complementarios en igual medida, uno de los ritos wiccanos que mayormente practico es el la bendición constante en nombre de la Diosa y el Dios. Bendigo el agua con que me baño, los alimentos que me obsequia el vientre madre, el aire que respiro, el fuego que me brinda calor, a los hermanos y hermanas que me rodean, la ocupación que me procura sustento y goce creativo, las situaciones que vivo. Por supuesto, me esfuerzo por seguir un comportamiento de respeto hacia la naturaleza, hacia mis congéneres y hacia mí mismo, cuidando de mi cuerpo –el templo donde mora mi espíritu- de mis pensamientos y de mi actos, no en una actitud castrante y prohibitiva, sino en una forma armoniosa y equilibrada; en tal sentido, trato de poner en práctica la máxima que reza en la Biblia “sed inocentes como palomas y cautelosos como serpientes”.

Trato de centrar mi existencia en una estrecha relación biunívoca con la Diosa y el Dios. De tal suerte, por igual les hago mil y un peticiones, y al mismo tiempo me reconozco ante ellos –tal como el bueno de San Francisco de Asís- como instrumento de su obra, rogándoles me den oportunidad de serles útiles y de mostrar su infinito cariño para con sus hijos del modo como lo muestran conmigo.

Procuro mantenerme al corriente de los aspectos concernientes a mi religión, y me esfuerzo por investigar otros nuevos. Insisto en aprender disciplinas paralelas de sanación natural, como herbología y mineralogía, ya sea a través de libros, comentarios de terceros y de Internet.

En casa cuento con un pequeño altar, donde reinan la Diosa y el Dios; debo destacar que ambas figuras (la de la Virgen del Valle en representación de la Diosa y la del Espíritu de la Navidad personificando al Dios) fueron amorosamente decoradas por mi hija mayor, Naomi. En el altar también figuran el pentáculo, representación del ser equilibrado física y espiritualmente; la vara de poder –mejor conocida como varita mágica- y demás aditamentos necesarios en los rituales, como incienso, fósforos de madera, perfumes y otros. No tengo ni utilizo athame –el cuchillo ceremonial con que se demarca el círculo mágico- porque siento que esa misma tarea puedo cumplirla perfectamente con la vara, y porque mi esposa me sugirió que el utilizar un cuchillo podría impresionar a mi hija Naomi y vislumbrarle una errónea idea de maldad y violencia a mi práctica, observación que me pareció acertada.

No dudo en establecer comunicación entre el plano material y espiritual a través de meditaciones, decretos, rituales y hechizos sencillos, apartándome de aquellos diseñados para hacer mal o afectar la voluntad de otros, y prefiriendo aquellos orientados a exaltar la evolución personal, el equilibrio de las energías y la protección contra las malas intenciones de terceros.

Por supuesto, es para mí importante mantener una actitud de agradecimiento constante a los Dioses por sus infinitas manifestaciones de cariño y protección para conmigo y mis seres queridos. Aparte de agradecer diariamente a través de oraciones y decretos, celebro las fiestas reservadas en su honor, de las cuales hablaré con más detalle en la última pregunta.

Aunque me identifico como seguidor de la Antigua Religión, debo reconocer que prefiero mantener una imagen de tipo laica en mi desenvolvimiento cotidiano, así como dejar en manos de mis dos hijas –cuando les corresponda- la elección de una senda espiritual que mejor responda a sus necesidades. La primera postura tiene como objetivo evitar cualquier tipo de concepciones erróneas provenientes de terceros –la idea de que los wiccanos somos satanistas, o que nos dedicamos a lanzar brujerías, por mencionar sólo algunas- que inevitablemente se traducen en vibraciones negativas inconscientes. La segunda responde a mi impenitente posición de respeto a la autodeterminación; personalmente –como ya narré al principio- tuve la dicha de crecer en un hogar fuertemente orientado hacia la espiritualidad, pero neutro en cuanto a la orientación religiosa, y esa fortuna deseo compartirla con mis hijas. En tal sentido, dirijo mi enseñanza espiritual hacia la idea de la existencia del ser supremo, de la justicia divina no castigadora ni retaliativa, el principio de cocreación y el poder de la palabra; por lo demás, les doy nociones de religiosidad y de la importancia de respetar todas las sendas… ya les tocará a ellas elegir alguna, la de su preferencia, sin presiones ni chantajes emocionales.

Carmelo Urso: ¿Cuáles son las principales festividades de la wicca? ¿Qué papel tienen dentro de este camino espiritual?

Francisco Machalskys: Así como para los cristianos es fundamental la asistencia a misa cada domingo, para los musulmanes es vital ir a La Meca aunque sea una vez en la vida y para los judíos es un punto de honor el tema de la circuncisión, para nosotros los wiccanos representa una cuestión de compromiso espiritual la celebración de los sabbats y los esbats.

Por ser una religión de la tierra, la wicca basa sus ritos grandemente en atención a los fenómenos naturales como manifestaciones de la Diosa y el Dios. De tal suerte, los sabbats son festividades sagradas en las que se honra a los dioses por los cambios importantes de estaciones y se reconoce el cambio como única constante del devenir existencial –la Rueda de la Vida- que nos permite aceptar la llegada de momentos alegres y tristes, épocas de abundancia y escasez, sucesos felices y otros sombríos como algo natural.

Malabarismos de fuego en la fiesta de Imbolc
Malabarismos de fuego en la fiesta de Imbolc

Siguiendo el curso de la Rueda Anual, celebramos el 21 de diciembre el Nacimiento del Niño Sol parido por la Diosa, o Yule, época en que el astro rey regresa a la fría tierra desolada por el invierno; el 2 de febrero se marca la recuperación de la Diosa tras su parto, y el fortalecimiento del Dios en Imbolc, una de las fiestas preferidas para la consagración a la Antigua Religión; el 21 de marzo, brujas y brujos se aprestan a recibir bailando a la primavera en el festival de Ostara; el primero de mayo, la Diosa y el Dios se unen en matrimonio, representado en la fiesta de Beltane, que además anuncia el inicio de la siembra por ser un tiempo de gran fertilidad; el día más largo del año, el 21 de junio, se celebra la plenitud del Dios en la fiesta de Litha, que con su calor estimula el nacimiento de la mies que aguarda en el vientre madre para germinar; hacia los primeros días de agosto, la grey wiccana se torna un tanto reflexiva, toda vez que el Dios empieza a envejecer, y a despedirse de la tierra; en Mabon, con lugar el 21 de septiembre, presentamos ante los dioses los frutos de la última cosecha, y le decimos adiós al sol, que se apresta a partir; y finalmente, el 31 de octubre, despedimos el año wiccano en la festividad de Samhain, época en la que el Dios parte al reino de los muertos, y un corto periodo de oscuridad precede a su renacimiento en Yule, para dar comienzo al devenir infinito de la Rueda, que jamás se detiene.

Los esbats, por su parte, son festividades marcadas por el paso de la luna, representación de la Diosa madre. Además de honrar a la Diosa, el practicante puede aprovechar las poderosísimas emanaciones energéticas de la luna según la fase en que se encuentre. En luna llena, por ejemplo, resultan excelente los rituales de recarga energética y bendición de agua; en luna menguante, rituales o hechizos para alejar malas influencias generadas por terceros; proyectos y solicitud de empleos se concretan así de fácil a través de rituales en luna creciente, mientras que todo lo concerniente a atracción de dinero, prosperidad material y opulencia divina se invoca bajo la luna nueva u oscura.

Aparte de los sabbats, dentro de la religión wiccana se siguen además ritos que marcan pasos importantes en la existencia de cada individuo, muy similares a los practicados en otras religiones, tales como la celebración del nacimiento, los cumpleaños, la despedida de un ser querido que ha partido de este plano material y, por supuesto, la iniciación en el mundo mágico. Este último es de gran importancia, pues marca el compromiso personal del involucrado con la Diosa y el Dios para servirles y reconocerles como sus identidades originarias; esta ceremonia sólo puede realizarse a partir de cumplirse un año y un día de seguir estudios continuos de la wicca y con la plena convicción del individuo en cuanto al compromiso que piensa abrazar, pues el mismo será de por vida. Igualmente, este bellísimo acto –que yo aún no he consumado, debo confesar- puede hacerse bajo la conducción de un sacerdote o sacerdotisa –si se practica en el seno de un coven– o de manera solitaria.

Es importante destacar que todas las festividades, rituales y hechizos tienen sencillos procedimientos, los cuales se han transmitido de generación en generación, y que pueden practicarse al pie de la letra –pueden leerse directo del Libro de las Sombras o de una hoja de papel, incluso- o hacerlo por inspiración propia, siempre y cuando guarden la esencia y el orden originales. También es bueno saber que pueden ser practicados tanto por seguidores de la Antigua Religión como por cualquier persona interesada en la magia ritual, pues estos actos tienen por finalidad la conexión con las fuerzas naturales, cuyo acceso y disfrute no está restringido para nadie.

La continuación de esta conversación queda ya en tus manos, hermano Carmelo, y en las manos de los tantísimos seguidores de esta sagrada página web, ya sea a través de una nueva entrevista, o de manera periódica, como colaborador de este espacio de luz. En todo caso, me gustaría conocer la opinión de las hermanas y hermanos seguidores que consultan de manera consecuente todo lo aquí publicado; he aquí mi correo personal: franmacha@hotmail.com.

Mágicas bendiciones, en nombre de la Diosa, el Dios, el Gran Espíritu y los Atalayas.

CARTA ABIERTA DE UNA BRUJA (TEXTO CLÁSICO DE LA WICCA)

El pentáculo, uno de los símbolos de la wicca
El pentáculo, uno de los símbolos de la wicca

Autor anónimo

Soy una Bruja.

No venero a Satanás, no me interesa. Satanás fue creado por los Cristianos. Satanismo es una forma de Cristianismo. No soy Cristiana. No voy a la iglesia los domingos.

Jesús NO es mi salvador. Él simplemente fue un hombre SAGRADO que vivió hace 2.000 años. No tengo miedo de ir al infierno: no creo en él como tampoco creo en Satanás. Creo en la reencarnación; creo en que voy a regresar a éste o tal vez a otro mundo a vivir otra vida.

No soy mala. Decirle a la gente o que la gente me pregunte si soy una bruja “buena” implica que hay brujas malas. Hay gente mala en el mundo… y hay gente que decide trabajar con las fuerzas de la Naturaleza de manera que lastime a alguien o a algo; a esa gente NO se les considera Brujos. La ley principal de un Brujo es “sin lastimar a nada ni a nadie, haz tu voluntad”.

Por favor no me preguntes acerca de cómo sacrificar gatos o profanar Iglesias. Yo adoro a mis gatos. Y no voy a Iglesias o Templos, a menos que una persona conocida me invite en alguna ocasión especial. Y si llegara a entrar a una Iglesia no me partiría un rayo. Y si un Cristiano, Judío o Budista acudiera a una celebración pagana, nuestros Dioses tampoco los partirían con un rayo. ¿No es esto algo para reflexionar?

Llevar un Pentagrama puesto no es diferente a traer una Cruz, Crucifijo o Estrella de David. Si quieres que me quite el símbolo de MI Religión porque es ofensivo, tendrías que exigirle a la gente de las demás religiones se quitaran el suyo. Los 5 picos de la estrella en el pentagrama representan los 4 elementos: Tierra, Aire, Fuego y Agua; el quinto pico representa el Espíritu; el círculo que rodea al pentagrama protege al Mundo. ¿Cómo puede esto ofender a alguien, se pregunta mi mente pagana? En mi opinión, la imagen de un hombre torturado, muriendo, es mucho MÁS ofensiva; sin embargo, miles y miles de personas usan abiertamente esa imagen, sin esconderla.

Por favor, tampoco me preguntes si pertenezco a una secta con ese tono de voz mitad horrorizado, mitad fascinado. Si quisiera hablar de mi secta, te mencionaría el tema. Y si fuese una Bruja solitaria, entonces no tendría secta de qué hablar. En cualquier caso, nuestros rituales contienen velas, comida, licor, poesía, baile… y sí, si hay un cuchillo -pero sólo para cortar el aire, no la piel de nadie.

No bebo sangre. No soy una vampira. Visto de negro porque repele la energía negativa, y porque me veo mejor de negro que con una falda de color naranja con lunares morados.

Si quieres preguntarme algo acerca de mi Religión, pregúntame sobre la próxima Luna llena. Pregúntame sobre hierbas. Es más, pídeme que te haga una poción para el amor. Pero no me pidas que te haga un hechizo para hacerte mas atractivo, delgado e irresistible. Y no haría un hechizo para hacer que tu pareja te ame más. Créemelo: tú en realidad no quieres nada de eso, ni el Karma que te envolvería a ti y a mí al ejecutar tales acciones, pues esas son formas de manipulación, formas de quitarle el poder a alguien y actuar en contra de su voluntad. Nada bueno.

Los Brujos trabajamos con la Energía Universal -con los Dioses- para mejorar nuestras probabilidades. ¿Necesitas dinero? No me pidas que haga un hechizo para que tu jefe te dé un aumento. Simplemente, pídele al Universo que aumente el flujo de abundancia hacia ti. Eso no implica imponer tu voluntad sobre la de nadie. Una cosa más…. No me regales un libro sobre la persecución de las Brujas de Salem: sería como darle un libro del Holocausto a un Judío. No es chistoso ni de buen gusto.

Por favor no trates de avergonzarme por lo que soy ni por lo que venero. Por favor no trates de “convertirme” o de “salvarme”. No me arrojes agua bendita. No busco la salvación, no la necesito. Nosotros los Brujos nos sentimos orgullosos de decir que no tratamos de “convertir” a nadie. Nosotros los Brujos simplemente somos Brujos, y la gente cercana se da cuenta de cómo hemos cambiado, actuado, de nuestra paz interior… y sólo cuando alguien nos pregunta “¿Cómo me puedo convertir en Brujo o Bruja?” es cuando les señalamos el camino. No estoy tratando de convertirte o reclutarte como Bruj@. Sólo te estoy pidiendo que entiendas. Y si no quieres entender, por favor, solamente déjame en paz.

MIS BENDICIONES
UNA BRUJA

RESULTADOS DE LA ENCUESTA “CANALIZACIONES QUE HAN MARCADO TU VIDA”

Canalizaciones que han marcado tu Vida Canalizaciones que han marcado tu Vida

Carmelo Urso
entiempopresente4@gmail.com

Escrutados 331 votos, nuestra encuesta “Canalizaciones que han marcado tu Vida” cerró con los siguientes resultados:

Kryon (Varios) 40 votos (12%)
Saint Germain (Varios) 26 votos (8%)
Jeshua (Varios) 22 votos (7%)
Maestros Ascendidos (Varios) 21 votos (6%)
Tobías (Geoffrey Hope) 21 votos (6%)
Àngeles y Arcángeles (Varios) 20 votos (6%)
Kutumi (Varios) 20 votos (6%)
Comandante Ashtar (Varios) 19 votos (6%)
Un Curso de MIlagros (Helen Schucmann) 19 votos (6%)
Conversaciones con Dios (Neale Donald Walsch) 17 votos (5%)
Ramtha (J.Z. Knight) 15 votos (5%)
Gaia (Pepper Lewis) 14 votos (4%)
Abraham (Ester Hicks) 11 votos (3%)
Emisarios Pleyadadianos de la Luz (Varios) 11 votos (3%)
Intraterrenos (Varios) 11 votos (3%)
La Biblia 8 votos (2%)
Cartas de Cristo (Anónimo) 8 votos (2%)
La Desaparición del Universo (Gary Renard) 7 votos (2%)
Material Seth (Jane Roberts) 6 votos (2%)
Enseñanzas Cósmicas de Cristo (Profetisa Gabriele) 6 votos (2%)
Quado (Carrie Hart) 5 votos (2%)
Ninguno de los anteriores 2 votos (1%)
Todos los anteriores 1 voto (0%)
No creo en las canalizaciones: constituyen una estafa espiritual 1 voto (0%)
El Coràn 0 votos (0%)

Próximamente, publicaré un artículo comentando los resultados. Saquen ustedes, afables lectores y lectoras, sus propias conclusiones. El próximo lunes regresaremos con un nuevo sondeo. ¡Hasta entonces!