LA VERDADERA AVENTURA

Sandro (Gabriele Ferzetti)  y Anna (Lea Massari) en el yate, antes de pelear en las islas Eólicas
Sandro (Gabriele Ferzetti) y Anna (Lea Massari) rumbo a las islas Eólicas

Carmelo Urso
entiempopresente4gmail.com

Por estos días veo viejos films de Michelangelo Antonioni. En “La Aventura” (1960) narra una de sus más extrañas historias: unos amigos parten en yate hacia las islas Eólicas, cercanas a Sicilia. Sandro (Gabriele Ferzetti) y Anna (Lea Massari) atraviesan una crisis; antes del viaje, llevan 30 días sin verse: en ese mes, Anna quería dilucidar si continuaba amando o no a Sandro.

Al encontrarse, aún existe pasión entre ellos… pero eso no basta para atenuar las dudas de Anna: ¡ella desea una experiencia de Amor más profunda!

Ya en las islas, Sandro y Anna discuten; él cree que al casarse las angustias de ella desaparecerán: “tenemos toda la Vida por delante”, dice Sandro; responde Anna: “casarnos no servirá de nada; y en verdad, ¿no vivimos ya como si estuviésemos casados?”; se separan; él se queda dormitando en un rocoso escollo de costa; ella sale a explorar la isla.

A media tarde, el dueño del yate anuncia que es hora de partir: “El mar se encrespa. ¡Se acerca una tormenta!”. Los amigos se preparan para abordar… ¡todos menos Anna, que ha desaparecido! Recorren el árido islote, rastrean cada metro de litoral: no hallan el más leve indicio de la chica o de su cadáver.

Recorren el árido islote, rastrean cada metro de litoral, ¡sin hallar el más leve indicio de Anna!
Recorren el árido islote, rastrean el litoral, ¡sin hallar indicios de Anna!

Horas más tarde, se suman la policía y la guardia costera a la búsqueda: nada. Pasan tres días: es como si la muchacha se hubiera vaporizado. En ese lapso, Claudia (Mónica Vitti), compañera de viaje y gran amiga de Anna, va intimando con Sandro. El paso de las horas les revela algo sorprendente: se han enamorado. En pleno proceso de investigación, huyen para vivir un idilio.

Claudia (Mónica Vitti), amiga de Anna, va intimando con Sandro. El paso de las horas les revela algo sorprendente: se han enamorado.
Claudia (Mónica Vitti), amiga de Anna, intima con Sandro... hasta que se enamoran.

En este punto, Antonioni efectúa una de las maniobras más raras de la historia del cine: abandona el relato de la pesquisa policial (que parecía ser el tema principal del film) y se centra en el tortuoso romance de Claudia y Sandro. Los amantes recorren Sicilia: Messina, Noto, Milazzo y Palermo son testigos de sus afectos. Viven varias “aventuras”: la de la intempestiva huida; la del festivo sexo que enciende fuegos de artificio al inicio de su apasionado Amor; la de viajar por tierras desconocidas; la del recuerdo de Anna, cuya ausencia –inexplicada e inexplicable- la transforma en espectro ineludible, omnipresente.

Los amantes recorren Sicilia y viven varias “aventuras”: la de la intempestiva huida; la del festivo sexo; la de viajar por tierras desconocidas...
Los amantes recorren Sicilia; sus “aventuras”: el sexo festivo; viajar por tierras desconocidas...

Con el paso de los días, la novedad de la aventura deviene en tedio: por más que huyamos a través de tierras lejanas, jamás podremos huir de nosotros mismos; la euforia sexual se apaga cuando no hay sentimientos perdurables que la inflamen; al principio, las novedades del viaje excitan… pero más pronto que tarde, anhelamos el retorno al hogar; y aquel que no exorcisa los demonios del pasado jamás es dueño de su tiempo presente.

La euforia sexual se apaga cuando no hay sentimientos perdurables que la inflamen...
La euforia sexual se apaga cuando no hay sentimientos que la inflamen...

En poco tiempo, la relación de Claudia y Sandro se vicia de sosos rituales, tristes rutinas: otra aventura (como cualquiera de las nuestras) cuya efervescencia inicial degenera en monotonía y hastío; bastan pocas semanas para que los furtivos amantes actúen “como si estuviesen casados”; la secuencia final es elocuente… tras una noche de farra, Claudia encuentra a Sandro besándose con una prostituta en un sofá: huye hacia los vastos jardines de la mansión Lampedusa y llora su pena en lo alto de un mirador; Sandro la persigue, la encuentra: lleno de vergüenza, se sienta a sollozar en un banco, como un niño. Claudia se le acerca; al principio duda, pero luego acaricia con ternura el cabello de su amante; es su muda y sumisa manera de perdonarlo…

...es su muda y sumisa manera de perdonarlo...
...es su muda y sumisa manera de perdonarlo...

La palabra “aventura” proviene del latín avvenire; su significado primitivo es “lugar donde se llega”; con los siglos, se volvió sinónimo de “suceso”, “acontecimiento”, “peripecia”. En la inconsciencia que precede a la Iluminación, nuestras Vidas son eso: cadenas de triviales sucesos, de vanos acontecimientos, de insignificantes peripecias con las que pretendemos “llegar” a “alguna parte”.

Exactamente, ¿a dónde queremos “llegar”?

En la infancia, muchos sueñan con un Destino al que jamás llegan: se pierden en las peripecias de una inconclusa aventura.

Otros llegan, pero el anhelado Destino no es lo que esperaban: la Vida –décadas llenas de decepcionantes acontecimientos- se torna en la más banal de las aventuras.

Algunos llevan una Vida violenta… y dejan el mundo de manera tan brutal, tan expedita, que ni siquiera se enteran que hay un Destino al que llegar: la aventura se transforma –literalmente- en el más fatídico suceso…

¿Qué aventuras vive el buscador espiritual? ¿Cuál es su lugar de llegada? ¿Qué peripecias, acontecimientos y sucesos le indican que va por buen camino?

El explorador espiritual no busca significados en las aventuras externas sino en las internas; su lugar de llegada nunca está lejos: le basta con mirar dentro de sí mismo; sus peripecias vitales no pasan de ser símbolos a los que no se apega ni se ata emocionalmente: sabe que los acontecimientos de su Vida no son más que reflejos externos de lo que sucede en su interior.

Y cuando en su corazón no queden velos que le oculten el Amor infinito (Dios), el explorador espiritual no buscará más aventuras externas. Le bastará un solo Destino: ese viaje sin distancia que le lleva a conocerse a sí mismo.

Porque sólo en el Uno –afectuosa Deidad que mora en ese Reino de los Cielos que es el Corazón Iluminado- transcurre la única y verdadera aventura.

LIBRE ALBEDRÍO ES ESCUCHAR LA VOZ DEL ESPÍRITU SANTO: UN DIÁLOGO CON XAVIER MOYA (SERIE “UN CURSO DE MILAGROS”, PARTE 1)

Xavier Moya, un barcelonés afincado en Guadalajara, México
Xavier Moya, un barcelonés afincado en Guadalajara, México

Carmelo Urso
entiempopresente4@gmail.com

Xavier Moya
http://www.milagrosgdl.com.mx/

Carmelo Urso: Xavier, gracias por contestarnos desde la bella Gudalajara, México. Haznos una pequeña reseña vivencial: dónde naciste, dónde creciste, qué estudiaste, en qué ámbitos te has desempeñado técnica o profesionalmente, en qué momento de tu Vida comenzaste a tener inquietudes espirituales, etc.

QUIÉN ES XAVIER MOYA.

Xavier Moya nació en una familia europea de costumbres rígidas y tradicionales; sin embargo, su abuela materna era sanadora.

Desde pequeño, observaba el movimiento de las manos y las palabras de su abuela con la cual convivía diariamente. Se preguntaba, ¿qué hace mi abuela? ¿Por qué la gente viene a verla? ¿Por qué me pasa la mano por la cabeza, por la cara y hace signos extraños musitando palabras que no comprendo bien?

Acompañando a su abuela a las herbolarias de la ciudad de Barcelona, España, aprende desde niño que las hierbas tienen funciones curativas. Aprende a quemar ciertas hojas y a purificar con el humo los espacios de trabajo. Vivir la magia de los conocimientos ancestrales mediterráneos fue lo normal durante toda su niñez.

Su padre le enseñó -durante años- el amor por los bosques y la naturaleza, el no tener miedo a dormir dentro del bosque o arriba de una montaña nevada. Xavier recuerda: “mi primera mochila me la regaló mi padre a los 5 años y recuerdo que me la llenaba con papel periódico para que abultara pero no pesara, pues ya desde entonces hacíamos excursiones”.

La familia materna, desde muy pequeño, le enseñó el amor por el mar y a no tenerle miedo.

Durante la adolescencia sucedieron dos acontecimientos que marcaron su vida. La familia se mudó de Barcelona a Guadalajara, México y se alejó de su abuela a la cual no volvió nunca más a ver pues murió pocos años después.

Imagen de Guadalajara, México, ciudad a la que emigró Xavier Moya en su adolescencia
Imagen de Guadalajara, México, ciudad a la que emigró Xavier Moya en su adolescencia

Decidió olvidarse de esos conocimientos para estudiar ramas ténicas en la Universidad de Guadalajara hasta obtener un grado de maestría en Ingeniería Industrial. Pasaron los años y sus hijos pre-adolescentes le recordaron su conexión con la naturaleza al invitarlo a convivir con distintas etnias indígenas mexicanas; así convivió con Rarámuris en las altas montañas de Chihuahua, con Popolucas en el sur de Veracruz y con Mayas en Yucatán.

Estas experiencias lo despertaron del sueño de la vida y recordó poco a poco, quien era, de donde venia, cual era su misión en este mundo. Desde entonces estuvo preparándose durante diez años con largos espacios de silencio, aprendiendo psicología transpersonal, conocimientos esotéricos, manejo de energía y estudios universitarios formales en teología.

En el año 2003 decidió vivir una experiencia con la naturaleza y el silencio, caminar durante 30 días, 800 Km. en el camino medieval de Santiago de Compostela en España. “En aquel silencio tan largo de varias semanas reafirmó lo importante que era transmitir estas sabidurías ancestrales”.

Regresó a México, vendió su negocio y desde entonces está dedicado tiempo completo a impartir Un Curso de Milagros y otros talleres que complementan estos conocimientos.

Carmelo Urso: Cuéntanos tu experiencia personal con “Un Curso de Milagros”. ¿En qué momento y circunstancias de tu Vida te topaste con él? ¿Cuáles fueron tus reacciones iniciales al confrontar tus creencias personales con sus enseñanzas? ¿Te resultó difícil de leer o comprender?

Xavier Moya: En una ocasión una amiga me trajo el libro y me dijo que se lo habia encargado, pero le dije “te equivocaste, no fui yo… bueno, déjame hojearlo para ver de qué se trata”. Como hacía unos 12 años que había terminado de estudiar teologia, en la Universidad de los jesuitas en la ciudad de Guadalajara, lo hojeé y me dije: “uf…, más de lo mismo…”. Lo cerré, le di las gracias y lo tuve en mi librero alrededor de un año. Luego, un día, una persona me dijo: “oye, ¿no sabrás dónde pueda conseguir un libro que no encuentro en las librerias? Le pregunté: “¿Cómo se llama?”, y me contestó “Un Cutso de Milagros” (UCDM); le dije: “yo tengo uno y te lo voy a regalar, porque a mi me lo regalaron…”. Al cabo de seis meses, cuando falleció mi sobrina, lo volví a comprar.

Inicié UCDM en un momento dificil de mi familia, porque habiamos perdido la hija menor de mi hermana -de apenas 20 años de edad- en un accidente de carretera. Mi hermana estaba bien pero muy movida emocionalmente, y me dijo: “me acompañarías para hacer UCDM”; no le pude decir que no y así comenzamos; era una grupo de la familia cercana y pocos amigos; al cabo de un año, dos de nosotros decidimos buscar la forma de arrancar un grupo de estudio; bueno, en aquel tiempo, hace como 11 años no sabíamos ni tan siquiera qué era eso que ibamos a iniciar.

Carmelo Urso: ¿Cómo te convertirte en un maestro de “Un Curso de Milagros”? ¿Qué se entiende por “maestro” desde la perspectiva del Curso? Cómo interpretas esta frase del Curso: “Enseña la Paz para que aprendas lo que es”. ¿No debería ser al revés?
Me gust+o tanto que pensé que habia que expandirlo.

Xavier Moya: Al Maestro de UCDM se le llama un “Maestro de Dios”; así se les llama el Curso, y es cualquiera que ya hizo el Curso, sus 365 Lecciones y que en el mundo vive las enseñanzas del Curso. No quiere decir que facilite un grupo de estudio: eso es otra opción distinta.
¡Enseña la Paz para que aprendas lo que es!. Pues es que el Curso nos enseñar que aprender o enseñar es lo mismo; todo el tiempo, todos nosotros aprendemos y enseñamos, solo con comunicatrnos con los demás. Entonces ensenyar y aprender es lo mismo. Para aprender algo lo enseñas y para enseñarlo lo aprendes, en el caso de la Paz si no la vives, no la puedes enseñar porque no sabes lo que es… y no puedes dar lo que no tienes o crees que no tienes, que es lo mismo.

Si no vives la Paz, no puedes enseñarla... ¡Y enseña la Paz -para que aprendas lo que es!
Si no vives la Paz, no puedes enseñarla... ¡Y enseña la Paz -para que aprendas lo que es!

Carmelo Urso: “Un Curso de Milagros” parece un título capcioso para un libro. ¿Será que este texto nos enseñará a mutar el agua en vino o a transgredir las leyes del Universo físico? ¿Levitaremos después de leerlo? Desde la perspectiva de este manual espiritual, ¿qué se entiende por milagro?

Xavier Moya: Los Milagros antes de ser físicos son mentales; un milagro -nos enseña el Curso- no es lo que en el mundo se cree que es. Un milagro es un cambio de percepción de una mente amorosa. No se puede hacer milagros si no has trabajado suficiente y no tienes una mente amorosa. Por supuesto que todos los seres humanos tenemos derecho a los Milagros, pero para hacerlos primero hay que trabajar con uno mismo. No se puede acceder a los Milagros si la persona está dormida, si no es amorosa, si no ve a los otros seres humanos como “hermanos” o dicho de otra forma como “él mismo”. No se puede hacer Milagros si se está juzgando en la vida todo, si se sabe todo , si uno cree que ya sabe todo.

Hay una oración que es una de mis preferidas en el libro del Curso que dice así: “para ser un alumno del Curso hay sólo que aceptar que “todo lo que sé, no es todo lo que me es posible aprender”.

Carmelo Urso: De acuerdo al Curso, el “único problema” que tenemos es el de la “separación”. En tal sentido, las múltiples formas que parece adoptar este único problema serían falsas, meros mecanismos de distracción que encubren la mentira fundamental. ¿De qué o de Quién decidimos separarnos? Esa separación, ¿es real o ilusoria?

Lo que no es eterno es irreal
Lo que no es eterno es irreal

Xavier Moya: Decidimos separarnos de nuestro Creador, pero no nosotros como seres humanos, sino nosotros como Mente Unida, como Espiritu unido. Nos dice el Curso que el Espíritu es uno solo, nosotros como seres encarnados, con un cuerpo no nos sentimos unidos, de hecho los cuerpos estan construidos para separarnos, o para poder vivir la separación con Nuestro Creador.

La mentira fundamental sería creer que el mundo es real, y no me refiero a la realidad de los 5 sentidos, esos sabemos que no tienen discusión, me refiero a nuestra verdadera esencia, nuestro Espíritu unido uno. Luego, nosotros nos sentimos separados de Dios: Él está en el Cielo y nosotros en este valle de lágrimas. Esta sensación es la base profunda y psicológica de la culpa, y el miedo a vivir en el mundo que tenemos los seres humanos. Como esta sensación nos recuerda que somos un cuerpo (y no un Espíritu eterno), causa un profundo miedo y respeto a la muerte.

La separación con nuestro Creador no es real, es ilusoria, no podriamos vivir si Él no nos sustentara, pero la sensacion es que nos parce real estar aquí abandonados de todo Dios y protección. ¡Cuando mucho nos animamos a hacer peticiones a Él en las misas u oficios dominicales, con una gran incosnciencia, sin saber si lo que pedimos les servirá a las otras personas o a uno mismo! O dicho de otra forma, yo creo que sé lo que me conviene, y eso es una mentira, tú no sabes nunca lo que te conviene, nos dice el Curso en una de sus lecciones.

Carmelo Urso El Universo que percibimos a través de nuestros sentidos físicos, ¿es real? Este cuerpo que nos proporciona goce y sufrimiento, ¿es real? ¿Cuál es el propósito del cuerpo? Este Universo y este cuerpo que percibimos, ¿son creación de Dios o de nuestro deseo de separación? ¿Cuál es la finalidad y la función de los milagros en este Universo que elegimos percibir?

Xavier Moya: Real desde el punto de vista de los 5 sentidos, sí lo es. Sin embargo, el Curso nos enseña que el mundo de la tercera dimensión u otras dimensiones, no puede ser real de acuerdo a nuestra esencia; nuestra esencia es eterna, por tanto todo lo que no sea eterno, o sea todo lo que se gasta, no puede ser real desde ese punto de vista.

Por tanto desde el punto de vista del Curso y en especial dirigido a sus estudiantes sabemos que el mundo no es real, no lo es, pero con nuestra percepción nos parece y juraríamos que lo es. Eso parece una locura al principio, pues va en contra de toda la lógica del mundo, sin embargo va a favor de la moderna física cuantica, que nos dice que el cuerpo es energia pura y por tanto no puede ser yo!!!!

Somos energía
Somos energía

Carmelo Urso: De acuerdo a la terminología del Curso, ¿qué se entiende por percepción? ¿Qué se entiende por Conocimiento? ¿A qué ámbito de realidad pertenece cada uno de estos conceptos? ¿Son mutuamente conciliables?

Percepción es una función de nuestra mente separada con la cual percibmos lo que está fuera de nosotros, pero lo percibimos deformado por nuestras “proyecciones”. Dicho de otra forma, primero proyectamos y luego percibimos lo proyectado. A nosotros nos parece que es al revés, que primero vemos y luego percibimos. El resultadoe es dramático porque de esa forma vemos lo que queremos ver y escuchamos lo que queremos escuchar y nos parece que eso es real. El Curso nos va guiando para que dejemos de “juzgar” al mundo y sus hechos ya que es la forma de no proyectar, y por tanto de percibir de una forma mas correcta.

Vemos lo que queremos ver y escuchamos lo que queremos escuchar y nos parece que eso es real
Vemos lo que queremos ver y escuchamos lo que queremos escuchar y nos parece que eso es real

Al fin y al cabo el Curso de Milagros se escibió para lograr vivir una vida mas feliz y armoniosa, aqui y ahora en mi vida.

Carmelo Urso: Según Un Curso de Milagros “la decisión de juzgar en vez de conocer es lo que nos hace perder la Paz”. La “decisión de juzgar”, ¿qué consecuencias existenciales y espirituales tiene para nosotros? ¿Se puede juzgar y amar al mismo tiempo? ¿Se puede juzgar y acceder al Conocimiento al mismo tiempo?

Una forma de entender la palabra “juzgar” es decir “yo ya sé todo lo que sucede en el mundo, y lo que me sucede a mí y lo que les sucede a los demas, y lo sé porque mis sentidos y mi inteligencia me lo muestran claramente”.

Bien, el Curso te dice que tú crees saber por lo que ves, oyes, percibes, tocas, pero que eso es una parte tan pequeña de la situación que ves que prácticamente es una mentira. Para saber deberías poder entrar en la mente del otro y saber qué siente, qué conoce, sus creencias, su pasado, su futuro, y eso no lo podemos hacer, por tanto apenas podemos conocer un ápice de la verdad del que estamos juzgando; por tanto lo que concluimos generalmente es mentira, y con eso decidimos cómo nos vamos a comportar con él o ella. Resultados funestos para nosotros y para los demás.

Bien el paso natural despues de juzgar es “proyectar” y luego percibir, y como lo que juzgamos siempre lo encontramos terrible, feo y culpable, luego nosotros nos sentimos de igual modo, culpables, feos, horribles, aunque no nos lo parece en el primer momento.

Un ejemplo típico es cuando pensamos “para que aprendas te voy a enseñar devolviéndote lo mismo”. De esta manera, NADIE APRENDE, POR SUPUESTO.

Carmelo Urso: Si la decisión de juzgar es la que nos hace perder la Paz, ¿qué nos hace recuperarla? ¿Qué obstáculos nos impiden recobrar la Paz?

Xavier Moya: Necesitamos cambiar nuestra percepción y a eso el Curso le llama la palabra “MILAGRO” la percepción se cambia a través de un largo trabajo de 365 Lecciones que provee el mismo libro, y el trabajo posterior de no optar por escuchar a nuestra mente errada, despues de 365 días o más trabajando con nuestra mente estaremos un poco más preparados para percatarnos a quién estamos escuchando cuando tomamos cada una de las decisiones diarias, que no son pocas.

El obstaculo mayor a tener Paz es escuchar a nuestra mente errada, escuchar a nuestro ego.<Y entonces creer que lo que me sucede es real, porque lo estoy escuchando, viendo o tocando.

El obstaculo mayor a tener Paz es escuchar a nuestro ego

Carmelo Urso: ¿Podemos tener libre albedrío si no experimentamos Paz? Desde la visión de “Un Curso de Milagros”, ¿qué sería el libre albedrío?

Xavier Moya: El Libre Albedrio sería sencillamente la posibilidad de optar o por escuchar nuestra mente recta , que el Curso denomina Espíritu Santo, en lugar de escuchar la mente errada, a la cual llama Ego. Eso sería todo.

Carmelo Urso: ¿Qué libros recomendarías a los lectores y lectoras de Iberoamérica para ayudarles a esclarecer los principios fundamentales de “Un Curso de Milagros”?

Xavier Moya: Les recomiendo leer un libro que habla mucho de la relaciones humanas de la autora Marianne Williamson que se llama “Volver al Amor”. También puede servir leer la mayoria de libros del autor Kenneth Wapnick Ph Dr. editados por la Foundation for The Course in Miracles, que está en Temecula, California. Este autor es la persona que le dió estructura al Curso en sus capítulos y títulos; es a mi entender hoy la persona en el mundo que más conoce de Un Curso de Milagros. Tiene como trece titulos traducidos al español.

Carmelo Urso: Un mensaje final para los lectores y lectoras de ambas orillas del océano.

Xavier Moya: El Curso no es una panacea, es un curso distado por alguien que no tiene “ego”; es un curso de sicologia pero no teórica como la que se aprende a la universidad, sino un curso para conocer como funciona nuestra mente y por tanto para conocerme más a mí mismo. También es un camino espiritual pero muy aterrizado a esta vida. No es un curso corto, no es rápido y a veces da mucha rabia aceptar algunas cosas nuestras, que no nos habiamos percatado. Sin embargo está garantizado que si tú haces los ejercicios como sei ndica, el resultado es seguro, tu vida va a cambiar, tendras más paz, muy poco estress y tu felicidad será notable, garantizada.

Un gran saludo desde Guadalajara, Mexico; conozco Caracas, conozco Valencia y también La Guaira y no como turista. ¡¡Ánimo Venezuela!!

Xavier Moya

UN CURSO DE MILAGROS… ¿QUÉ ES?

un curso de milagros

Xavier Moya

http://www.milagrosgdl.com.mx/

UN CURSO DE MILAGROS… ¿QUÉ ES?

Es un Camino Espiritual.

Es una Terapia para vivir mejor y sanar nuestras creencias enfermas.

Es un CURSO de Sicología Transpersonal.

No tiene relación con ninguna religión, aun cuando está escrito en términos religiosos cristianos.

¿Por qué es un camino espiritual?
Un camino para vivir de una forma distinta de la que has vivido hasta hoy

¿Por qué es un curso de psicología transpersonal?
Por que te enseña a conocer cómo funciona la mente humana. Sin embargo es un camino entre muchos otros caminos, que nos son ofrecidos a lo largo de la vida, todos con idéntico destino.

¿Cómo hace para sanar nuestras creencias ancestrales enfermas?
Enseñándonos cómo funciona nuestra mente y porqué funciona de esa forma.

¿Por qué se dice que es una Terapia?
Porque dentro del libro existen 365 ejercicios, uno para cada día del año.

¿Cómo se aprende el Curso?
Normalmente (aunque no es condición) los alumnos que están haciendo los ejercicios del libro asisten a una reunión de unas dos horas, una vez por semana, en donde se aclaran dudas, se comparten experiencias y se lee la teoría.

¿Donde se reúne el grupo de estudio de Xavier Moya?

Los días jueves de las 7 p.m a las 9 p.m.
Centro Humanístico del Ser. (CEHUS)
c/Vidrio 2055 (entre Chapultepec y Marsella)
Tel 3615- 4698
Guadalajara, Jal. Mexico

¿Hay otros grupos en la ciudad de Guadalajara?
Por supuesto que sí, hay otros grupos de estudio con otros facilitadores.

¿Qué se requiere para ser estudiante?
Se requiere que el estudiante acepte el siguiente pensamiento -tal cual está escrito en el mismo Curso: “Todo lo que sé, no es todo lo que me es posible aprender” .

Esto es así porque los seres humanos creemos que comprendemos todo lo que vemos o sucede en el mundo o nos sucede a nosotros, tenemos razones para explicarnos prácticamente todo. Tenemos muchos paradigmas.

UNA PINCELADA DE “UN CURSO DE MILAGROS” (EXTRACTO DEL LIBRO “MÁS ALLÁ DE LAS PALABRAS” DE BRENT HASKELL)

La paz... ¿está más allá de las palabras!
La paz... ¡está más allá de las palabras!

Dr.Brent Haskell

Aún desde un principio, sé consciente de que es posible que te confundas por su nombre (Un Curso de Milagros).

En tu mundo, cuando oyes la palabra “Curso” piensas en aprender. Pero no estás aquí para aprender.

Estás aquí para experimentar (vivenciar). Y encontrarás, con gran gozo, que hay una diferencia dramática entre las dos.

Aprender es nada más que un proceso emprendido por tu cerebro. Pero la experiencia va más allá del “aprendizaje” de tu cerebro. Va más allá de tu pensamiento, más allá de tus análisis, va al propio centro de tu Ser, donde se encuentra la verdadera naturaleza de lo que eres, que es el Hijo de Dios.

Escúchame bien: si sigues este Curso como un ejercicio académico de aprendizaje, como el estudio de ideas que deban ser manejadas, fallarás. En tus fallas, perderás el Curso y sus milagros totalmente.

Tu entrada a este Curso es tu elección a experimentar,vivir y cambiar.

El propósito de este Curso es la paz absoluta. En la paz hay una ausencia total de conflicto. En la paz nunca hay duda, solo total certeza. En la paz nunca hay cuestionamientos. Y porqué no los hay, no hay nunca miedo…. y porqué nunca hay miedo, solo hay lugar para el amor.

Amor es libertad, nada más. En la medida que tú permitas libertad a tu hermano, recibirás libertad, en la misma exacta medida. Lo cual es amor.

Si en tu pensamiento restringes a tu hermano, negándole libertad y amor, entonces te estás negando a ti mismo libertad y amor.

En ausencia de libertad, en ausencia de amor, experimentarás conflicto y no estarás en paz. De nuevo te digo, este Curso es sólo que un camino, que te llevará a la experiencia de la paz total.

Esa paz no es algo sobre lo cual tú puedes pensar o discutir. Si alguna vez te encuentras a ti mismo preguntándote si estás en paz, te aseguro que no lo estás.

Las lecciones diarias de Un Curso de MIlagros -los primeros dos tercios- tienen el propósito de derrumbar, si lo deseas, a esos fantasmas que cargas contigo.

Estos fantasmas, amados maestros de tu vida, son los pensamientos, los conceptos, los patrones de conducta, generados dentro de tu mente, que te aprisionan en este mundo de ilusión y te mantienen fuera de la paz, de la cual te hablo.

Por lo tanto, ten claro que no estamos tratando de sacar nada de ti… más bien estamos ayudándote a disolver barreras, barreras al estado de paz.

A medida que te ayudamos a romper esos obstáculos, te darás cuenta que EXPERIMENTARÁS la verdad que te traemos, la experimentarás con conocimiento y certeza y en la experiencia… las barreras se disolverán verdaderamente y serás libre.

Estás aquí para aprender a vivir, no para aprender a pensar. Ciertamente, descubrirás con gran regocijo que tu pensamiento, en gran medida, es el que te impide estar realmente vivo.

Estás aquí para aprender a vivir, no para aprender a pensar
Estás aquí para aprender a vivir, no para aprender a pensar

Describe por un momento tu idea acerca de algo. Esa idea o pensamiento es una interpretación, una elección que hiciste, una elección que define para ti aquello que tú pareces estar experimentando.

He venido a decirte -y escúcha esto bien- lo que percibes, lo que interpretas, lo que está basado en tus pensamientos, no tiene nada que ver con la realidad. Esto es la descripción de la barrera más grande que te separa de la paz.

Para que tengas un pensamiento sobre algo, es absolutamente esencial, que el pensamiento esté precedido por una experiencia. Sin la experiencia previa, el pensamiento no puede surgir.

Así como tus pensamientos son siempre interpretaciones, basados no en este momento, sino en experiencias que has tenido en lo que tú llamas pasado.

Amor es libertad, recuerda estas palabras. Dilas una y otra vez y otra vez de nuevo, hasta que llegue el día en que las experimentarás como tu realidad.

Amos es libertad
Amor es libertad

Todo pensamiento, toda opinión, toda interpretación que entre a tu mente, está basada en lo que tu percibes como tu pasado. Por lo tanto, cuando percibes alguna cosa, lo que estás haciendo es decir “estoy eligiendo”, (en la medida de que soy capaz), que ésta entidad, este aspecto de la creación, el cual por su naturaleza existe en estado de libertad, estoy eligiendo que este ser NO SEA LIBRE.

Porque cuando eliges interpretar, basado en el pasado, lo que otro ser ES y luego crees que su interpretación es realidad, te has transformado en el enemigo de la libertad de ese Ser.

Estás diciendo “elijo exigir para mi propósito, que seas como FUISTE, en verdad, ni siquiera como fuiste sino como YO PERCIBI que tú eras. Y ahora, en este momento no existes, porque eres como te dije, lo que FUISTE”.

¿Te das cuenta que eso es ausencia de amor y ausencia de libertad? Y si quieres ser exagerado, puedes llamar a esto odio.

Escúchame bien, cuando te formas una opinión de algún aspecto de la Creación, INCLUYÉNDOTE A TI MISMO, esto no es sino un deseo de robar al universo y a ti mismo, la libertad y por lo tanto, el amor.

UN CURSO DE MILAGROS dice “Solo veo el pasado” (L.7) y “nunca estoy disgustado por la razón que pienso”(L.5)

Profundamente, dentro de ti hay paz total. Hay ausencia de conflicto. Hay una fuente de completa libertad, que es el amor y es sinónimo de gozo vibrante, que es tu derecho y tu herencia como el Hijo de Dios. Y nadie puede sacarlo de ti. En tu pensamiento, puedes imaginar que no lo tienes, lo cual es exactamente lo que has hecho.

El propósito de las lecciones iniciales, es ayudarte a vivenciar que la ausencia de paz, la presencia de conflicto, la ausencia de amor, la ausencia de libertad, todos brotan solo de tu imaginación y en última instancia del pensamiento, que es pasado y es tu deseo de negar la libertad al universo entero y a ti mismo.

Has venido a este mundo, a esta tierra a imaginar como sería vivir en un estado de separación, pero adentro de ti está el conocimiento de que tú no estás separado de ningún aspecto de la Creación y que nunca será así.

Así que al más profundo nivel de tu verdad te das cuenta que tu objetivo debe ser lograr aquello que has venido a experimentar.

Aquello que DEBES hacer y el deber hacer requiere de ti, que estés dispuesto a retar cada valoración, cada pensamiento, cada opinión que tú mantienes. No temas, más bien regocíjate, tu disposición será la puerta que abre el camino al amor, al gozo y la libertad.

Y te digo, cuando abras tu Ser a UN CURSO DE MILAGROS, las barreras se disolverán y el mundo tendrá un nuevo significado.

Tu vida florecerá, crecerá y se expandirá en una eternidad de inmenso gozo y a un mundo de luz. Y dentro de una insondable belleza de la que no puedo hablar. Porque en verdad tu mente no puede comprender la medida de esto, que es tu derecho, tu herencia como hijo de Dios.

“Mas allá de las Palabras”

EL AMOR: LA ETERNA LEY CÓSMICA ES IMPERSONAL

Lo impersonal, el amor a Dios y al prójimo no juzga, no condena ni castiga.
Lo impersonal, el amor a Dios y al prójimo no juzga, no condena ni castiga.

Gabriele Wittek

El amor a Dios y al prójimo, la ley cósmica eterna, es impersonal; habla en general. Dios no habla personalmente, Él no se dirige directamente a ninguna persona, calificándola por ejemplo de que carece de amor, pues ningún hombre existe sin el amor de Dios. El amor vive en cada alma y no puede ser expulsado. Nosotros podemos negarlo, pero nunca nos libraremos de él, porque el amor de Dios es la ley de la vida. Dios instruye en general sobre el amor egoísta, sobre la ley causal, cómo surgió, cómo se sigue desarrollando y ampliando, pero no se la atribuye a ningún hombre personalmente.

La ley de Dios, la ley del amor a Dios y al prójimo, no contiene la ley causal, que también es conocida como “la ley de causa y efecto” o “la ley de siembra y cosecha”. Ésta la crearon los seres humanos con los actos contrarios a la ley eterna, que es Dios. Sin embargo, Dios, la ley eterna, habla dentro de la ley causal para instruir sobre ella, para que aquellos que quieran se reconozcan y se puedan liberar de la ley causal.

La ley causal surgió de la suma de las infracciones personales contra la ley de Dios. Por eso también es denominada la ley de la persona; cada persona participa de ella según sean sus infracciones personales. O sea que tenemos que estar atentos para indagar lo que es amor a Dios y al prójimo y lo que es amor egoísta, que es la ley causal. Las raíces de nuestro comportamiento, los contenidos, es decir aquello que se esconde detrás de nuestro modo de pensar, hablar y actuar, da información sobre nosotros mismos.

La ley eterna del Amor trasciende la ley de causa y efecto del ego
La ley eterna del Amor trasciende la ley de causa y efecto del ego

Si la envoltura de nuestro comportamiento nos muestra en una luz totalmente diferente a su contenido, entonces en el fondo no somos aquel, aquella que aparentamos ser. Estamos en desunión en nosotros, estamos divididos.

Si nuestro pensamiento es uno con nuestros sentimientos, si nuestra palabra corresponde a nuestros pensamientos y sentimientos, si actuamos en armonía con nuestras palabras, que a su vez coinciden en su contenido con nuestros pensamientos y sentimientos, entonces somos una persona veraz y recta que es una consigo misma. El denominado amor causal es, sin embargo, siempre discrepante, o sea ambiguo.

Precisamente en nuestro tiempo se muestran muchos caminos que supuestamente conducen a la “salvación” del alma. Muchas personas están inspiradas en el esoterismo o atiborradas de conocimientos divinos. Sin embargo ninguna de las dos cosas conduce a la vida que es Dios. Únicamente el cumplimiento paulatino de las legitimidades, que se pueden deducir de los Diez Mandamientos de Dios y de las enseñanzas de Jesús, el Cristo, nos convierte en un hombre del Espíritu, un hombre de la libertad, que se afianza en la vida que es Dios, y no se ata ni a libros ni a personas.

Estamos “atiborrados” cuando nuestro consciente, que es nuestra conciencia, ya no puede ni sopesar ni medir, es decir, analizar si aquello que mostramos de nosotros, si lo que acabamos de ver o escuchar corresponde a los Mandamientos de Dios y a las enseñanzas de Jesús, el Cristo, es decir, a la ley cósmica del amor a Dios y al prójimo.

Básicamente es así: el consciente del hombre es su consciencia despierta. Lo que registra el consciente le es consciente al hombre y más tarde se puede acordar de ello. Lo que está grabado en el subconsciente por lo común no le es consciente al hombre; transcurre de forma inconsciente. El subconsciente contiene cosas dejadas a un lado, olvidadas, reprimidas y oprimidas por la persona, sus deseos y añoranzas secretas así como los miedos no admitidos, sus ambiciones, sus estímulos y otras cosas más.

El que aspira a una vida consciente, quien quiere liberarse desde el interior, clara y honestamente, para salir del círculo del yo, del estar atrapado en el egoísmo, se esforzará en captar sus subcomunicaciones, aquello que transcurre por debajo de lo que piensa, habla o hace “conscientemente”. Esta persona aprende a conocerse más profundamente que el hombre superficial; se libera paulatinamente de la atadura a la propia persona, de su “parte personal”, de su “parte humana” y de lo bajo; se distancia de sí misma; domina cada vez mejor su vida y puede apoyar a otros sin exigir reconocimientos ni ovaciones de agradecimiento. Cada vez es más impersonal, más independiente, más autónomo y libre desde el interior. El horizonte de su consciencia se amplía; alcanza una mayor visión de su entorno, perspicacia y clarividencia, siendo de esta manera capaz de llevar verdaderamente responsabilidad.

Las personas cuyo consciente y subconsciente están a la vez llenos de conocimientos espirituales reaccionan irreflexivamente. Lo que les mueve fluye incontroladamente de su boca. La instancia de control, el consciente y la conciencia han sido desconectados por el subconsciente que está en acción. Esta discrepancia apenas es reconocida por el afectado. Si la instancia de control, el consciente y la conciencia están intactas, entonces notamos –si es que nos controlamos–, que pensamos de forma diferente a como hablamos y que hablamos de forma diferente a como pensamos. El subconsciente graba únicamente el contenido de nuestros pensamientos y palabras, el consciente el engaño, esto es la envoltura, no la esencia. El que no se controla a sí mismo, cree que él es como piensa y habla.

Como la mayoría de los hombres no cuestionan sus pensamientos, sus conversaciones y sus denominadas buenas obras, les parece que piensan de forma positiva. Creen sus propios pensamientos, que dicen, por ejemplo, cuán amable es el prójimo y qué dispuesto está a ayudar, o qué bien u ordenadamente vestido está, o cómo guarda la compostura y qué educado es y otras cosas más. Estos pensamientos y otros parecidos son positivos –pero sólo cuando los contenidos de los pensamientos concuerdan con ello–. Sólo con una autocrítica y un autoanálisis concienzudos descubrimos lo que verdaderamente se está moviendo en el mundo de nuestros pensamientos y palabras, o sea, lo que grabamos en el subconsciente. Lo que el hombre graba en el subconsciente, el contenido de sus formas de comportamiento, conforma sus verdaderas intenciones, su carácter.

Nuestro carácter con el tiempo diseña nuestro cuerpo: éste es la expresión, impresión o impregnación de nuestro carácter.

Nuestro cuerpo está mostrando constantemente quiénes somos en verdad. Si por ejemplo en una conversación un participante habla en contra de nuestra actuación protagonista o incluso actúa en contra de nosotros, o sea, se comporta de forma que según las circunstancias podría da­ñar nuestro prestigio, ¿cómo reaccionamos? ¿Permanecemos tranquilos y sosegados o reacciona el subconsciente activando primero al sistema nervioso central, al plexo solar, de forma que reaccionamos intranquilos, inquietos y al fin y al cabo excitados? Sin reflexionar, hablamos atropelladamente, mostrando quiénes somos en realidad. Nuestros pensamientos, palabras, gestos, incluso todo nuestro comportamiento muestra el cuerpo, la imagen de nuestro carácter.

En situaciones en las que nos sentimos afectados, en las que nos “salimos de nuestras casillas”, sale lo que está es­con­dido detrás de nuestra fachada positiva. Se manifiesta e incluso estalla.

El consciente, que mantiene la apariencia de lo positivo, ya no se pone en movimiento. Se escapa a nuestro control. La máscara de la apariencia se desmorona; lo innoble, lo feo o malvado que está registrado en el subconsciente sale a la luz. Mostramos –y se muestra en nosotros– quiénes somos en realidad. Los nervios bloquean entonces la can­tinela “positiva“ del consciente. Ese sería el momento en el que el “amoroso“ que se cree anclado en la ley del amor y del amor al prójimo se podría reconocer, pero, ¿lo quiere él? Cuando la primera efervescencia de los sentidos se ha aplacado, cuando los nervios se han tranquilizado un poco, entonces más de alguno piensa: “¿Qué ha ocurrido conmigo? Así no me conozco”.

Sin embargo, el que nunca se haya cuestionado a sí mismo, seguirá aferrándose a la acostumbrada imagen hipócrita que tiene de sí mismo. Pondrá rápidamente la máscara del buen comportamiento sobre el traspié y pensará: “A pesar de todo sé que he pensado y hablado correctamente, o sea, amorosamente”. Es muy posible que nuestras palabras hayan sido cariñosas y amorosas, pero el ánimo efervescente habló en tonos muy diferentes. ¿Qué es lo que hay detrás del arrebato? Lo que hay detrás es exactamente lo que se pone de manifiesto cuando algunas personas nos disgustan o cuando no alcanzamos lo que deseamos, aquello que, según sean las circunstancias, hemos tramado en actitud de “buenos, bondadosos y amables”, o cuando tememos que la declaración de nuestro prójimo nos deje en ridículo, o cosas parecidas.

Los pensamientos y palabras que están grabados en el consciente como cáscaras vacías y que contradicen lo grabado en el subconsciente, no se pueden poner en concordancia con el amor a Dios y al prójimo. Eso no es otra cosa que un amor aparente que hemos superpuesto, es amor propio, amor personal – que también denominamos egoísmo. El egoísmo puede ser adornado y escondido con mucha fruslería y ornamento, con tácticas y subterfugios refinados, hasta que el subconsciente un día está tan lleno que el consciente ya no lo domina, de forma que éste ya no puede ni sopesar ni medir, y el subconsciente alcanza el dominio sobre nuestro cuerpo, sobre nuestro modo de pensar, hablar y actuar.

El núcleo del egoísmo es siempre el amor a sí mismo, es el amor propio que está vinculado y relacionado con la persona.

El concepto “amor” se ha convertido con frecuencia en una palabra vacía. Para la mayoría de las personas, cuando hablan de “amor” se refieren al amor corporal, que es la fuerza motriz de procesos que conducen a ataduras: conduce a la infelicidad, al ansia de poseer, a la exigencia del derecho a poseer y a la explotación, pues éste es el amor que se refiere a personas, que exige lo mejor para sí, lo que significa: todo lo “bueno” para mí. Para mí lo mejor apenas si me basta. Todo para mi bienestar y para mi existencia. A ese denominado “amor“ le da igual cómo les vaya a los demás, sobre todo cuando el que una vez fue alabado por nosotros se comporta de manera diferente a la forma “positiva” que habíamos pensado de él.

El egoísta ve a sus semejantes bajo la luz de apariencia de su lámpara de consciencia personal egoísta, sólo tanto tiempo como éstos, bajo la norma de su consciencia, su apariencia, le sean correspondientemente de provecho y le favorezcan. Cuando hemos aprendido a cuestionar nuestras ideas de lo que significa para nosotros “amor”, comprenderemos poco a poco que el amor a Dios y al prójimo tiene que ser una forma de amor diferente.

Los críticos que creen poder descomponer y desbaratar la palabra de Dios que se da en la actualidad, tropiezan una y otra vez con la palabra “impersonal”. Ellos opinan que “impersonal” significa una despersonalización, la negación de la personalidad. Si estos críticos, que en su mayoría son cristianos de Iglesia, leyeran con más detenimiento su Biblia, podrían comprobar que no se trata de la formación o desarrollo de la personalidad humana cuando Jesús, el Cristo, habla por ejemplo en el sentido de: “Tenéis que ser perfectos como lo es vuestro Padre en el cielo“. No es lo “personal” o lo “humano”, o más bien lo “dema­sia­do hu­mano”, lo que caracteriza a la imagen y semejanza de Dios, a lo que se refirió Moisés, sino que la más elevada imagen ideal es mucho más la persona, precisamente aquella persona que, de acuerdo con su origen y destino divinos, personifica en su vida lo divino, las fuerzas y principios básicos de Dios.

Lo personal, o bien lo humano, está hecho a la medida de la persona, a su modo de pensar, querer y proceder más o menos egoísta. Lo impersonal no despersonaliza al hombre, sino todo lo contrario; es una medida legítima que sopesa y mide según la legitimidad de la justicia, que observa atentamente al ego, a lo personal, que al fin y al cabo es lo humano inferior que está relacionado con la persona. Lo “personal” o bien lo “humano”, todo lo que únicamente se refiere a la persona, es, al fin y al cabo, amor egoísta, que se expresa en lo denominado “demasiado humano”. En lo demasiado humano vuelve a resonar lo “humano”, que tiene tanta importancia en nuestro mundo. Precisamente los atributos de lo “humano personal”, dan a las “personalidades” que se comportan como estrellas o con gran voluntad propia, o bien que se destacan con “gran relieve“ en nuestra sociedad exteriorizada, un atractivo especial. Ni lo demasiado humano, ni tampoco lo humano, tienen que ver con el hombre de la Biblia, del cual se dice que es la imagen y semejanza de Dios.

Dios, que también es el Dios Padre-Madre, ha hecho a los hombres según Su imagen y semejanza. El hombre ha pecado y peca conscientemente contra la imagen, el hombre, y así también contra Dios. A raíz de esto el hombre se ha convertido en su amor egoísta personificado, es decir, personal, “humano”. En la mayoría de los casos una persona se encuentra y concuerda con otra en esa calidad de personalidad provista de características específicas propias y otras peculiaridades, o sea, al nivel “humano”. Se valoran entre sí por sus “características humanas” y compiten en base a ellas, cuando se trata de prestigio, importancia, influencia y poder, así como de otros productos engañosos del egoísmo humano. Éste aspira a sobrepasar el rango de aquel, y el que tiene el ego más fuerte, en actitud triun­fante, se declara entonces vencedor.

Dios, por el contrario, ve lo que El ha creado a su imagen y semejanza, el ser espiritual en el núcleo del ser del alma del hombre. Si la imagen de Dios se pone de manifiesto en el hombre, entonces el ser humano está por el momento en la forma de vida hombre en esta Tierra, pero él no es “humano”, es decir, “personal”.

El Amor -la eternidad cósmica- es impersonal
El Amor -la eternidad cósmica- es impersonal

Lo impersonal, la ley de Dios, el amor a Dios y al prójimo no juzga, no evalúa, no condena ni castiga. Dios ama al ser perfecto en lo más interno del alma de cada hombre. Dios irradia Su amor impersonal a la ley causal sin considerar a la persona para ayudar a aquél que verdaderamente pide ayuda. Así El ayuda al hombre a que se autorreconozca, a que reconozca aquello que no corresponde a lo divino en su “humanidad” causal, en su envoltura del yo, para superarlo con la fuerza del Cristo de Dios.

Dios, sin embargo, no es la ley personal, no es la causalidad con la que se rodea el hombre. Dios tampoco afirma lo “personal” del ser humano, sino que deja en sus manos que se autorreconozca en las “anomalías”, en las particularidades de la naturaleza humana inferior, para que se decida libremente por lo “divino” o lo “humano”.

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