GOLES SON AMORES… ¡AUNQUE SEAN EN CONTRA! (homenaje a la Vinotinto de Venezuela)

La Vinotinto, emblema de Venezuela
La Vinotinto, emblema de Venezuela

Carmelo Urso
entiempopresente4@gmail.com

Como buen hijo de sicilianos, soy aficionado al fútbol. Y el fútbol sigue siendo el deporte favorito del planeta.

No obstante, me tocó nacer y vivir en uno de los pocos países del mundo en que el fútbol no es la disciplina atlética principal: Venezuela.

En mi país, el deporte que mueve a las masas es el béisbol. Nuestra selección ha sido campeona mundial. Nuestras novenas han obtenido varias Series del Caribe. Muchos de los mejores beisbolistas del orbe son venezolanos.

También me gusta el béisbol. Soy fanático del equipo más popular de la nación: “Navegantes del Magallanes” (los hinchas de los “Leones del Caracas”, nuestro clásico archirival, objetarán –seguramente- esta muy subjetiva opinión mía).

No obstante, pese a mi gusto beisbolero, el deporte que más me apasiona es el fútbol.

Y en la séptima década del siglo XX, cuando yo era un niño, ser aficionado del fútbol en Venezuela era cosa de locos.

La Vinotinto, mote que damos a nuestra selección por el color de su camiseta, solía padecer goleadas de escándalo. La peor de todas fue en 1975: un 11-0 que nos propinó Argentina en la ciudad de Rosario.

En la Copa Libertadores de América, el más importante torneo de clubes del continente americano, las cosas iban un poco mejor. El pentacampeón Portuguesa Fútbol Club (1977) y la ULA-Mérida (1981) llegaron a semifinales de este magno certamen.

Pero lo común era que nos masacraran.

Sin embargo, pese a goleadas, tribunas vacías y estadios destartalados, mi familia era parte de la pequeña feligresía del fútbol criollo.

En las tardes sabatinas o dominicales pasaba algo muy particular.

En Caracas, el estadio de béisbol de la Ciudad Universitaria y el estadio Olímpico están uno al lado del otro. El coso beisbolístico rebosaba de fanáticos. En particular, si se trataba de un Caracas-Magallanes, 30 mil personas llenaban sus instalaciones. Cien metros más allá, en el desolado Olímpico, unos mil lunáticos contemplábamos el clásico de colonias: Deportivo Italia versus Deportivo Galicia.

Cuando comentaba a mis amigos que había ido al partido de fútbol, me miraban como si fuese el miembro de una extraña secta religiosa. Decían: “¿Estás loco? ¿Vas a los partidos del fútbol nacional? ¡Si son malísimos!”.

Las cosas llegaban a tal extremo que cuando la Vinotinto jugaba con su similar brasileña, los venezolanos llenaban el estadio Olímpico… pero vestidos con franelas verde-amarelas para apoyar a la canarinha amazónica.

Felizmente, las cosas cambiaron. Ahora, a la Vinotinto se le respeta por su juego; ha vencido a campeones mundiales como Uruguay y el mismísimo Brasil. Por estos días, disputa los octavos de final de la Copa Mundial sub-20 de la FIFA.

A la mente me viene una amorosa anécdota de los años difíciles.

Mucho han cambiado las cosas para la Vinotinto de Venezuela
Mucho han cambiado las cosas para la Vinotinto de Venezuela

Corría el año de 1977. Yo tenía ocho años. La Vinotinto jugaba un amistoso en el Estadio Olímpico de Caracas contra el aquilatado Real Madrid.

Aquella tarde nos estaba yendo muy mal. Cuando perdíamos 5-0, yo estaba tan molesto que empecé a celebrar los tantos del equipo hispánico.

Mi papá tenía un carácter bastante fuerte y de su boca raras veces salían frases conciliadoras. No obstante, al ver mi actitud, me llamó y con serenidad me dijo algunas de las palabras más sabias y afectuosas que jamás le escuché:

“Hijo”, dijo con su fuerte acento siciliano, “no importa si hoy perdemos 20 o 40 a cero: esa franela vinotinto siempre tienes que amarla, respetarla; esa camisa es sagrada porque representa a tu país. Ama siempre a lo tuyos, especialmente cuando las cosas se pongan difíciles. Cuando todo va bien, ¡qué fácil es tener amigos! Pero cuando las cosas vayan mal, ¡allí sabrás quien es tu verdadera familia, tus verdaderos amigos!”.

Y añadió: “Hijo, ten confianza: ¡algún día ganaremos!”.

Es sencillo inculcarle a un hijo el Amor por una “camiseta ganadora”. Es fácil ser fanático del Real Madrid, del A.C. Milan, de Boca Juniors, de River Plate, del Liverpool: sus vitrinas están llenas de merecidos títulos.

Pero inculcar Amor incondicional por una escuadra que apenas cosechó dos triunfos entre 1966 y 2001… es –con franqueza- un milagro que obró papá.

Seguramente era porque amaba de modo incondicional a su país de adopción… ¡en las buenas y en las malas!

Además, no se equivocó en su profecía: entre 2001 y 2009 vimos ganar muchas veces a Venezuela. Papá, que murió en 2007, vivió para contarlo.

Ésa fue la primera y única vez que canté un gol contra la Vinotinto. El partido terminó 7 a cero. Pero inspirado en las palabras de mi padre, grité el nombre de mi país hasta el último segundo del partido.

De papá aprendí esa tarde que la extensión del Amor no está supeditada a triunfos o derrotas, a transitorios cambios de humor, a eventuales contingencias: el Amor sólo puede ser extendido cuando es incondicional.

En una dimensión profunda, el verdadero Amor no depende de sucesos externos; en Él, todo evento acaba transformándose en pertinente aprendizaje.

Y a través de esta percepción afectuosa, “goles son amores…” ¡aunque sean en contra!

9 comentarios en “GOLES SON AMORES… ¡AUNQUE SEAN EN CONTRA! (homenaje a la Vinotinto de Venezuela)

  1. Simplemente hermoso..De ahora en adelante recordare esta frase “la extensión del Amor no está supeditada a triunfos o derrotas, a transitorios cambios de humor, a eventuales contingencias: el Amor sólo puede ser extendido cuando es incondicional.”. Es mas, la voy a publicar en el Facebook, si asi me lo permites y citando el autor por supuesto..

    Gracias….

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    1. Estimada Agnieska:

      Muchas gracias por tus amables conceptos. Por supuesto que puedes publicar la frase y el artículo entero si quieres. Lástima lo de hoy, estuvimos cerquita de arañar el Cielo… pero no importa, el cariño a la Vinotinto siempre es inmenso.

      Un abrazo desde Caracas,

      Carmelo Urso

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  2. Carmelo, yo tambiém soy aficionado al futbol, mas al futbol que a ningún equipo, lo he jugado y lo disfruto. Hoy me toca la selección mexicana que mucho le a sucedido como la Vinotinto, perder , perder, perder y aprender aprender aprender, Hoy esta mejor, digo que los mejores anyos. Carmelo yo creo que las selecciones de un deporte como el futbol son tan masivas que verdaderamente reflejan el estado social de los ciudadanos. Lo veo en el hoy famoso Barcelona, por anyos la sociedad, la cultura catalana estuvo apagada, dormida, a medida que se a reencontrado con ella misma el equipo a subido como la espuma. Algún dia nos sucedera a Venezuela, a Mexico,somos aún paises jovenes que todavia no sabemos quienes somos. un abrazo des de GDL. Xavier Moya

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