SAN NICOLÁS DE BARI: LA VIDA COMO UN ETERNO INSTANTE DE NAVIDAD

Carmelo Urso
entiempopresente4@gmail.com

La primera fiesta de Navidad… ¡tardó tres siglos y medio en llegar!

Durante los primeros tres siglos de la era cristiana la Navidad no fue una fiesta consagrada. El primer día de Navidad se instituyó –oficialmente- en el año 345, cuando la Iglesia Católica, por influencia de San Juan Crisóstomo y San Gregorio Nacianzeno, proclamó el 25 de diciembre como fecha de la Natividad.

Nadie sabe en qué día nació exactamente Jesús. Pero en concordancia con su política de absorber –en lugar de reprimir- los ritos paganos existentes, la Iglesia primitiva decidió ubicar la fiesta de la Navidad en la última semana del mes de diciembre.

Por esa época del año, se celebraban dos fiestas paganas: una, el Saturnal festividad romana en honor de Saturno, dios del tiempo y la agricultura (se iniciaba el 19 de diciembre y se extendía durante siete días de bulliciosas diversiones y banquetes, que culminaban con un intercambio de obsequios durante la fiesta del nacimiento del Sol); otra, conocida como Yule, se llevaba a efecto en el norte de Europa: en este festejo dedicado a la fertilidad, en medio de festivas danzas y banquetes, se quemaban grandes troncos adornados con ramas y cintas en honor de los dioses, alentando al Astro Rey a que brillara con más fuerza y llenara a la Tierra con esa energía que hace crecer todas las cosas.

Nadie sabe exactamente en qué fecha nació Jesús

Con los siglos, el madero del Yule mutaría en árbol navideño; sus cintas decorativas se complementarían con brillantes globos y adornos; bajo su sombra protectora, se colocarían presentes; y el sacro fuego devendría en las lucecillas eléctricas que suelen fulgir en el pino decembrino.

De esta manera, la fiesta pagana del nacimiento del Sol se fundió con la fiesta cristiana de la Navidad. En ambos casos, un acto de paz coincidía: la noción de que al dar, extendemos el amor; la certeza de que al compartir no perdemos sino que ganamos, porque al extender el amor, propagamos la paz.

En palabras de “Un Curso de Milagros” –texto canalizado por la psiquiatra norteamericana Helen Schucmann en la sexta década del siglo XX- los actos de “dar y recibir son idénticos, lo cual refleja el principio de abundancia del Cielo; el espíritu jamás puede perder, puesto que cuando uno da amor, recibe amor; los regalos del Espíritu Santo son cualitativos no cuantitativos, y por consiguiente, aumentan en la medida en que se comparten. Si quieres paz, enseña paz –para así aprender lo que es. Y el acto de dar no empobrece, sino que multiplica los dones de quien da”. Este sabio aserto queda plenamente explicado en un antiguo proverbio hebreo: “Una vela no pierde nada con encender otra vela”.

Cuatrocientos años después de la muerte de Jesús el Nazareno, un hombre retomaría como misión de vida el acto de dar para avivar la inextinguible antorcha de la paz, para multiplicar la fausta lumbre del amor: su nombre, Nicolás de Bari.

San Nicolás: un turco delgado y de tez morena

El San Nicolás de carne y hueso, el San Nicolás histórico, poco se parece al Santa Claus de hoy en día, desenfadado ícono publicitario que nos insta, año tras año, a incrementar el consumismo de las actuales fiestas navideñas.

El verdadero San Nicolás nació en el siglo IV de la era cristiana en los valles de Lycia, en el Asia Menor y vivió la mayor parte de su juventud en Ptara, en el suroeste de la actual Turquía. Fue uno de los santos más venerados por los cristianos de Oriente y Occidente durante la Edad Media. Era delgado, enjuto y de tez olivácea.

San Nicolás de Bari, como hoy en día se le conoce, nació en una familia acomodada de comerciantes. Luego de que sus padres fallecieran por culpa de la peste, repartió su cuantiosa herencia entre la muchedumbre que había sobrevivido a la catástrofe. Así las cosas, se puso en camino hacia Myra (Turquía), para buscar a su tío que era el obispo del lugar.

Tras el deceso de su tío, Nicolás, ya ordenado sacerdote, fue nombrado obispo de Myra. Se convirtió en el prelado de los niños –tal fue su amor por los pequeños- y se hizo muy popular por su gran generosidad y amabilidad para con los más necesitados.
No reparaba en esfuerzos para ayudar al indigente, al leproso; su verbo consolador y su asistencia espiritual atenuaban el dolor de las viudas, el desconsuelo de los huérfanos, el desasosiego de los moribundos; como un renovado multiplicador de peces y panes, promovía una constante acción social para atender las penurias más urgentes de su prójimo; se le podría considerar una suerte de precursor medieval de la madre Teresa de Calcuta.

San Nicolás solía ser moreno y delgado

Cuando murió, su fama se extendió por toda Europa. Rápidamente, se le atribuyeron toda suerte de portentos: desde furtivas salidas nocturnas para repartir regalos entre las gentes más humildes, hasta milagros como apaciguar tempestades, mitigar males físicos o resucitar muertos. En el año 1047, cuando los musulmanes invadían Turquía, unos marineros rescataron sus restos y los llevaron a la ciudad Bari, ubicada en el tacón de la bota itálica.

En la actualidad, la Iglesia Católica le reconoce a San Nicolás un sinfín de patrocinios y devociones: es protector, por supuesto, de los niños y de los marineros; de los limpiabotas; de los delincuentes que se arrepienten de sus malas obras; de los panaderos, cerveceros y farmacéuticos; y, cuándo no, de los recién casados. Además, es santo patrono de Rusia, Turquía, Grecia, Sicilia y de la cosmopolita ciudad de Ámsterdam, en Holanda.

Uno de los tantos himnos devocionales que se le han compuesto le honra de la siguiente manera:

Desde este mar proceloso
Oh Padre San Nicolás,
Condúcenos al puerto seguro
De la patria celestial.

De las luchas de la vida
Y mortales tempestades
Sálvanos por tu favor
Y virtudes singulares.

Siempre acudes en socorro
De cuantos tu auxilio imploran
Enfermos y navegantes
Pobres o ricos te invocan.

Por tu santidad eximia
E intercesión poderosa,
Haz que elegidos seamos
A la eternidad dichosa.

A los fieles que devotos
Vuestro culto propagamos
Haznos merecer la gloria
Amando a nuestros hermanos

Amén.

A partir del siglo XIII, la fama navideña de San Nicolás de Bari se consolidó plenamente. Pero en aquella época, los regalos no aparecían el 24 sino el 6 de diciembre, día oficial de su onomástico. Desde esa época, la Navidad ha sido celebrada ininterrumpidamente en todos los países de la cristiandad, a excepción de Inglaterra, donde los puritanos la prohibieron (por su añejo origen pagano) durante más de un siglo, entre 1552 y 1660.

Con el ejemplo de Nicolás de Bari aprendemos que el dar y el recibir constituyen profundos hábitos espirituales que se perpetúan más allá de las eras, los siglos; esclarecen la mente de quien los practica y disipan de él la demencial percepción de escasez que rige los senderos del ego; afirman en nosotros esa genuina certidumbre de abundancia –de beatífica y navideña plenitud- que sólo puede provenir del Yo Superior, del Uno, de esa fuerza omnipotente y omnipresente a la que solemos llamar Dios.

En el ya citado “Curso de Milagros” leemos que “sólo aquellos que tienen una sensación real y duradera de abundancia pueden ser verdaderamente caritativos. Esto resulta obvio cuando consideras lo que realmente quiere decir ser carita­tivo. Para el ego, dar cualquier cosa significa tener que privarse de ella. Cuando asocias el acto de dar con el sacrificio, das solamente porque crees que de alguna forma vas a obtener algo mejor, y puedes, por lo tanto, prescindir de la cosa que das. Dar para obtener es una ley ineludible del ego, que siempre se evalúa a sí mismo en función de otros egos. Por lo tanto, está siempre obsesionado con la idea de la escasez, que es la creencia que le dio origen”.

A la luz del Yo Superior, tal como lo demostró Nicolás de Bari, toda sensación de escasez se desvanece, pues concienciamos que somos habitantes de un Universo infinitamente abundante; incluso en medio de catástrofes o pestes, emergen insospechados recursos, allí donde el ego sólo percibía imposibilidades e insuficiencias; dar y recibir se tornan en indivisibles anverso y reverso de una misma moneda: la experiencia del amor.

Expresa el eximio escritor libanés Khalil Gibrán en una de sus más lúcidas líneas: “es poco lo que damos cuando entregamos nuestras posesiones. Cuando nos damos a nosotros mismos es cuando damos de veras”; ese arraigado compromiso con la vida y los otros debería estar presente no sólo en cada regalo de Navidad que ofrecemos, sino en cada momento de nuestra existencia, en cada gesto que tengamos con nosotros mismos y con el prójimo. La sagrada vivencia del amor es el único valor real en cualquier situación que experimentemos.

Otro amable extensor del amor: el Christkind

Tras la Contrareforma protestante (1545-1563), surgió en Alemania otro entrañable personaje, el Christkind, el niño Jesús, que repartiría regalos en el día de Navidad. De esta manera, San Nicolás de Bari y el Niño Jesús se constituyeron en figuras dadoras del obsequio de fin de año. El avance de la tradición del Niño Jesús forzó a que se cambiara la fecha del intercambio navideño, la cual fue trasladada al 25 de diciembre.

Ambas devociones coexistieron en Europa durante algún tiempo, pero terminó prevaleciendo la de San Nicolás. Existen dos notables excepciones: España, donde los regalos los entregan los Reyes Magos el seis de enero y, curiosamente, Italia, nación en la cual la figura navideña es una bruja buena llamada la Befana.

En mi natal Venezuela, el que trae los regalos navideños es el mismísimo Niño Jesús en persona

En América, la tradición del Niño Jesús prendió en cuatro países que la adoptaron como propia: Venezuela, Colombia, Panamá y Costa Rica. En República Dominicana, ésta persiste en algunas regiones. En Perú, se reza una oración al Niño Jesús antes de abrir los presentes.

En mi país, Venezuela, es tradición que los niños redacten una carta al Niño Dios, donde formulan una lista de los regalos que quieren recibir, siempre y cuando se hayan portado bien. El pequeño Jesús sabe si un niño se portó bien o mal porque estuvo viéndolo desde el Cielo durante todo el año. La carta, que los padres ayudan a escribir, se pone en el Pesebre o se manda por correo. Los regalos aparecerán, como por artes mágicas, la noche del 24 de diciembre sobre la cama de los pequeños, o, más modernamente, bajo el árbol de Navidad. Los niños amanecen el día 25 felices, rodeados de los regalos que pidieron.

El Santa Claus moderno: de cómo una tradición holandesa se transforma en producto de mercadeo

La tradición de San Nicolás arraigó de forma especialmente intensa en Holanda, a partir del siglo XIII. De hecho, al venerable santón turco fue nombrado protector de Amsterdam, capital de los Países Bajos.

Los holandeses gustaban representar a San Nicolás de Bari vestido con los ornamentos eclesiásticos propios de un obispo. Llegaba con sus hábitos purpúreos y su barba blanca, montando en un burro –que con los años devino en blanco corcel moro. Llevaba un saco con regalos para los niños buenos y un manojo de largas varas para castigar a los infantes desobedientes.

Hacia el siglo XVII, su tez antaño morena se había blanqueado. Por aquel entonces, solía llegar en un barco llamado Spanje (España), siempre acompañado de su fiel sirviente musulmán Zwarte Piet (Pedro el Negro), un personaje que llevaba un enorme saco lleno de golosinas, lo suficientemente grande como para meter en él a todos los niños y niñas que se habían portado mal y así llevárselos a España (un castigo que los neerlandeses consideraban horrendo, ya que en esa época sostenían una guerra con la nación ibérica).

La tradición holandesa de San Nicolás traspasó el Atlántico en el siglo XVII, cuando los colonos de ese país se instalaron en la costa oriental de Norteamérica. Los holandeses fundaron Nueva Amsterdam, en la isla de Manhattan, que luego adquiriría el nombre (hoy célebre) de Nueva York.

En 1809, el escritor norteamericano Washington Irving escribió un relato fundamental que catapultaría a San Nicolás a la categoría de ícono mediático. En su Historia de Nueva York, Irving tomó la leyenda holandesa de San Nicolás de Bari y lo describió llegando a la urbe norteña un día 6 de diciembre, desprovisto de sus pomposas galas obispales. Le puso ropas más cómodas, sustituyó al caballo moro por un trineo tirado por un corcel volador y de un plumazo eliminó a su mahometano asistente, Pedro El Negro.

Este cuento se convirtió en un best-seller de tal calibre, que incluso los muy puritanos colonos ingleses adoptaron como suya la celebración holandesa. El nombre original de San Nicolás derivó al holandés Sinterklaas, hasta acabar siendo pronunciado como Santa Claus por los angloparlantes neoyorquinos.

El siguiente paso en la transformación definitiva de Santa Claus en fenómeno de masas ocurrió el día 23 de diciembre de 1823, cuando apareció un poema en un diario de Nueva York, titulado Un relato sobre la visita de San Nicolás, escrito por Clement C. Moore, profesor de estudios bíblicos en Nueva York.

En su pieza poética, Moore repontenció el trineo del santo: ya no iba tirado por un simple corcel, sino por una tropa de renos. Bosquejó al viejo Claus como un sujeto alegre; disminuyó su estatura y lo hizo más grueso, asimilándolo a un gnomo. Moore, además, cambió la fecha de llegada del santo y la situó en la víspera de Navidad.

Con cada reinterpretación literaria, pictórica y publicitaria, Santa Claus fue ganando en corpulencia física, popularidad y extroversión. Entre 1860 y 1880, el dibujante Thomas Nast publicó reiteradas imágenes de Santa Claus en la revista Harper´s de Nueva York: le tomó dos décadas perfilarlo como un símbolo de la mercadotecnia. Nast añadió detalles clave como ubicar el taller fabril de Santa en el Polo Norte (amenazadísimo hoy por el cambio climático), dotarlo de una llamativa vestimenta blanca y escarlata y adosarle un abundante vestuario de pieles.

Finalmente, fue la transnacional Coca-Cola la que le dio el toque definitivo a su actual aspecto. Esta corporación encargó al artista Habdon Sundblom remozar al Santa Claus de Thomas Nast para la campaña navideña de 1931. Lo hizo más alto, más entrado en carnes, más simpático, con rostro bonachón, piel muy blanca, ojos pícaros, chispeantes, pelo blanco y larga barba alba. La vestimenta mantuvo los colores rojo y blanco –los mismos de la compañía de bebidas- pero su traje se hizo aún más lujoso y atractivo.

No obstante, sea cual sea su apariencia –moreno y delgado como un turco; mínimo como un gnomo; mofletudo y carismático como un bebedor de gaseosas- lo esencial es que recordemos el apostolado inicial de Nicolás de Bari, lo trascendente de su misión: llenar cada momento vital del navideño gozo de proveer y asimilar afecto, concordia, paz.

Para él, lo importante no era otorgar un regalo ostentoso que encumbrara al propio ego o complaciese las exigencias de una sociedad dedicada a endiosar el consumo. Para Nicolás de Myra, la mayor alegría era extender el amor a través del acto de ofrendarse a sí mismo a todos los seres: tal es la única manera de recibir los infinitos regalos que el Universo –ese Yo Superior que no cesa de evolucionar y ensanchar su territorio- le tiene deparados a cada uno de sus preciados hijos e hijas, a cada una de sus entrañables criaturas.

Para el Ser Supremo, la realidad no es más que un próspero tiempo presente en el que han sido extinguidas esas neuróticas creencias del pasado que nos impedían dar y recibir a plenitud… ¡vale decir, un eterno instante de Navidad!

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LA NOCHE OSCURA DEL ALMA PRECEDE AL MÁS INIMAGINABLE DESPERTAR (ENTREVISTA A SANDRA GUSELLA, TRADUCTORA DE “JESHUA”, PARTE 1)

Sandra Gusella, divulgadora espiritual argentina, traductora de Jeshua

Carmelo Urso: Estimada Sandra, gracias por aceptar ser entrevistada por alguien que ni siquiera conoces de vista y que te escribe desde tan lejos.Para comenzar, ¿podrías hacernosun pequeño retrato de tu persona? Tus orígenes, las personas y lugares de tu infancia, tusestudios, tufamilia, a qué te dedicas actualmente…

Sandra Gusella: Muchísimas gracias a ti Carmelo por realizarme esta entrevista.

En cuanto a mis orígenes, nací y crecí en una pequeña ciudad llamada Corral de Bustos de la provincia de Córdoba en la pampa argentina en el año 1972. Soy la mayor de tres hermanas y mi infancia y adolescencia transcurrieron amenamente en una familia muy unida. Disfruté de esa clase de libertad que tienen los niños en esas comunidades pequeñas y alejadas de las grandes urbes, donde ellos pueden correr libres por las calles y el patio de juego es tan amplio como todo el pueblo. Mis recuerdos en su mayor parte son felices. Siempre recibí mucho amor y apoyo de mi familia.

Imagen de Corral de Bustos, Córdoba, Argentina, donde nació Sandra Gusella

Desde niña sentí una gran curiosidad interior por querer saber y aprender sobre la naturaleza, la biología y el cosmos. Mi juguete preferido era un pequeño microscopio, el cual después de tanto y tanto insistir en un cumpleaños me fue concedido. A los 17 años dejé mi ciudad natal y me trasladé a la ciudad de Rosario para comenzar mis estudios universitarios. Los primeros años de la carrera de Bioquímica los cursé con mucho entusiasmo, impulsada por esa gran pasión que traía desde la infancia; aunque mi naturaleza literalmente chocó de frente con la típica rigidez y dureza de estos ambientes universitarios de ciencias exactas. La dedicación fue total y en esa etapa mi vida estuvo totalmente absorbida por el estricto y asfixiante régimen de cursado y de estudio. Paradójicamente mi nato amor por la ciencia casi se extinguió entre esas oscuras paredes.

Atardecer en Rosario, Argentina

Sin embargo algo muy poderoso ocurrió en mi interior cuando aún me faltaban dos años para terminar el cursado académico. Fue una tarde de verano cuando repentinamente sentí el impulso irresistible a encender la computadora y escribir “algo”. Entonces para mi total sorpresa me descubrí en un estado interior tan pero tan elevado que en los pocos días que duró esa experiencia toda mi realidad interior dio un giro de 180 grados. Tenía 22 años en aquellos días y carecía de práctica y habilidad para escribir; todo mi mundo había estado enfocado en las fórmulas y los postulados de la física y de la química. Sin embargo, al expresarme sentía que algo fluía desde mí como una melodía moldeada en palabras que me transporta a un espacio del que nunca quería salir. Y en ese momento mi convicción fue total: “algún día escribiría y esas palabras serían publicadas”. Como nunca antes supe qué era lo que me daría la mayor felicidad.

A partir de aquel verano el terminar la carrera de bioquímica fue como llevar una gran carga sobre mis espaldas. De repente algo había hundido el mundo de lo exacto, racional y analítico a mi segundo subsuelo para colocar la cálida energía de lo creativo, sensible y humano en el cielo donde yo podía respirar. Y era tan grande mi resistencia interior a seguir por el camino trazado que junto con la carga emocional comencé a sentir una serie de padecimientos físicos como febrículas, dolores y problemas gástricos a los que la medicina no podía encontrarle una causa u origen. De no haber sido por el hermoso grupo de amigas que tenía en la facultad, quienes me iluminaban los días con su compañía y que aún siguen siendo como mi segunda familia, no creo haber podido terminar mis estudios.

Luego de obtener el título universitario por un par de años trabajé en hospitales y laboratorios de análisis clínicos. Nada era satisfactorio en lo profesional o laboral, no tenía una gota de estímulo ni de entusiasmo para trabajar en ésta área y me hallé realmente perdida y confundida. Me llevó mucho tiempo y mucho trabajo interior romper el vínculo con este ámbito y sentir la libertad de proyectarme en otras actividades. Pero la vida me fue llevando y junto con quien entonces era mi pareja comencé otros emprendimientos independientes. Actualmente aún gano mi sustento con una actividad surgida en aquél entonces a partir de un contrato de distribución con una empresa metalúrgica. Eso fue en el año 2002 en medio de la mayor crisis económica de mi país y como alternativa a tener que mudarme a otro continente. Este trabajo sería muy apropiado para mí en la etapa que luego me tocaría vivir.

Un año después de comenzar este nuevo proyecto laboral sufrí la mayor crisis de mi vida que fue la ruptura de la relación de pareja que tenía desde hacía unos seis años. Eso me hundió por varios meses en la “noche oscura del alma”. Un umbral de penumbras en el cual mi alma dormía dolida y aletargada sin saber que se anteponía a las puertas de un “despertar” inimaginable.

La noche oscura del alma precede a un despertar inimaginable

Desde aquél cambio de conciencia y transformación interior he estado viviendo sola (no me he casado ni he tenido hijos) y mi vida ha estado totalmente enfocada en el trabajo de traducción al español que he realizado de los mensajes de Pamela Kribbe, la canalizadora holandesa de Jeshua, y en los procesos internos, experiencias, aprendizaje, investigación y crecimiento interior que sobrevinieron inesperadamente a la mayor aventura espiritual que jamás haya podido imaginar.

Carmelo Urso: Un viejo dicho italiano reza traduttore, traditore (“traductor, traidor”): alude a los frecuentes problemas que padece el traductor a la hora de transmitir –de manera fiel y exacta- el sentido y el mensaje de un determinado texto a un idioma foráneo. Muchas veces, las brechas son insalvables… ¡y al paciente traductor no le queda más remedio que parafrasear y reinterpretar! En tal sentido, Sandra, ¿qué retos te ha traído la traducción de las canalizaciones de Jeshua? ¿Habías efectuado trabajos de traducción antes? ¿Sientes que has preservado la singular energía espiritual de los textos originales? Y cuando tienes una duda, a quién apelas, ¿al diccionario o a la intuición del Espíritu?

Sandra Gusella: No, no había realizado trabajos de traducción antes de traducir el material canalizado por Pamela Kribbe de Holanda. Es más, ¡a duras penas podía escribir algunas oraciones en inglés! Había estudiado inglés en la época de mis estudios secundarios, pero hacía años que no lo practicaba y casi que lo había olvidado. Sin embargo, justo un año antes de experimentar el despertar de conciencia comencé a sentir la imperiosa necesidad de refrescar mi inglés. Saqué de los armarios todos los apuntes y manuales y en mi tiempo libre de vez en cuando me ponía a leer algo. Justo en esos días, un primo mío vino a visitarme y me ofreció ir juntos a unas clases de inglés que daba una profesora que él conocía. Entonces comenzamos las clases, que eran muy alegres y divertidas, y esos 4 o 5 meses de práctica fueron fundamentales para el trabajo que luego realizaría. Mi despertar de conciencia comenzó justo en ese tiempo y luego ya no pude seguir con el cursado, ya que los síntomas y experiencias de todo el proceso energético/espiritual que estaba transitando hacían que sea un tremendo esfuerzo seguir esta clase de rutinas.

Cuando una noche encontré en la web dos textos de Pamela, apenas unas semanas luego de comenzar con las experiencias de energías, me sentí totalmente atrapada, el impacto fue total. Todavía no sabía que eran textos canalizados y menos que eran de Jeshua. Inmediatamente al leerlos sentí una conexión, una especie de fascinación y asombro… es difícil describirlo. Unos días después encontré la página oficial, ahí había unos dos textos más publicados, los cuales devoré en un abrir y cerrar de ojos, y recuerdo que me llamó la atención lo fácil que me resultaba la lectura de esos textos en inglés. Me atrevo a decir que nunca antes había leído un material en ese idioma con tanta fluidez y que me resultara tan comprensible y tan familiar su redacción. Recuerdo que pensé que tal vez podría traducirlo.

Y eso fue lo que hice unos meses después, cuando un día en estado de meditación dije que quería hacer algo para ayudar a los demás en este despertar espiritual y de conciencia en el planeta. En un instante sentí qué era lo que tenía que hacer y entonces pegué un salto de la cama y con la urgencia de alguien que tiene que apagar un incendio prendí mi computadora y empecé a traducir. No sabía siquiera si sería capaz de hacerlo. Solo empecé y ya no pude parar. Durante unos quince días traduje de la noche a la mañana, sin querer detenerme, ya que la energía que sentía realizando esa tarea era inexplicablemente elevada, dulce, centrada y pacífica… Nunca antes me había sentido inmersa en tal estado de paz y de plenitud interior realizando una tarea. Mi enfoque en eso fue total, al punto que durante esos días el perfil de mi realidad cotidiana casi se esfumó del plano de mi percepción. Afortunadamente era la época del año en que mi actividad laboral es muy baja y casi no recuerdo haberme dedicado a eso. Yo sólo quería traducir. Aún no puedo explicarme cómo hice para traducir la mitad de un libro en quince días. ¡Y todavía no me había contactado con Pamela!

Dado que yo no era una traductora profesional ni me sentía capacitada para esa labor, jamás se me habría ocurrido ofrecerle mi trabajo a Pamela antes de haberlo realizado. Fue sólo después de ver la pila del material que había logrado traducir que entonces pensé que sí podría ser distribuido. Pero todavía no se me ocurría pensar que Pamela podría llegar a estar interesada en mi trabajo. Pensé entonces comunicarme con las personas que distribuyen textos espirituales a través de las listas de correo para ofrecerles este material, pero por supuesto que para eso primero necesitaría la autorización de Pamela. Y entonces le escribí.

Su respuesta fue otros de esos momentos en que sientes que algo impacta como un rayo en tu corazón para cambiar para siempre toda tu realidad. Además del enorme cariño que inmediatamente sentí hacia ella, no podía dar crédito a lo que leía: decía que sentía que yo había llegado para ayudarla y sostener el trabajo de Jeshua y me ofrecía publicar todo el material traducido en su propio sitio web.

Mi alegría y entusiasmo no tenían límites. Inmediatamente nos unió un fuerte lazo de amistad, incluso luego también con su marido Gerrit. Si bien era por escrito y en un inglés que apenas manejaba, ellos fueron las primeras personas con quienes yo pude hablar fluidamente de todas mis experiencias espirituales. Antes, mis intentos de compartir esto con las personas de mi entorno habían sido en vano y tremendamente difíciles.

Pamela Kribbe, de Holanda, canalizadora de Jeshua

Desde entonces seguí siendo la traductora al español de sus mensajes canalizados. Siempre realicé esta labor con mucha alegría y generalmente no encontré dificultades al hacerlo. Claro que he apelado al diccionario todo el tiempo, y también por supuesto a la intuición, cada vez que albergaba una duda en cuanto a la interpretación. Pero considero que la gran conexión y cercanía espiritual que sentí con Pamela y la familiaridad con la energía que ella canaliza hizo que su forma de expresarse me resultara tan conocida y por ende tan fácil su traducción.

No puedo ser yo misma quien evalúe y juzgue mi trabajo, pero doy fe de que los mensajes que recibo de los lectores me siguen sorprendiendo. Varias personas que hablan un perfecto inglés o viven en Estados Unidos, me han escrito para felicitarme por la calidad de mis traducciones; algo que yo apenas logro concebir. Para mí es como un milagro, algo increíble. Lo mismo cuenta para el hecho de haber preservado o no la especial energía espiritual de los mensajes. Sí puedo decirte que a veces le doy vueltas y vueltas a las palabras hasta lograr sentir que se ajustan a la “música de fondo”, pero son los e-mails de los lectores quienes me ratifican esta peculiaridad.

Carmelo Urso: Muchos trabajadores de la luz –sin ser profesionales especializados- se han volcado al loable trabajo de traducir grandes cantidades de tesoros espirituales que jamás habrían llegado a nuestras manos a través de las casas editoras. Estos “traductores espontáneos” no hacen su trabajo por dinero, sino para saciar su propia sed de Conocimiento –y la del prójimo. En tu caso, ¿equipararías la labor de traducir un texto espiritual al acto de meditar, orar o practicar alguna disciplina metafísica? ¿Cómo ha influido el acto de traducir en tu evolución espiritual?

Sandra Gusella: Con respecto a esta pregunta, creo que mucho de lo que expresé anteriormente responde a ella; pero para ser más explícita te diré que el acto de traducir estos mensajes yo lo vivo como una persona que ejecuta un instrumento musical siguiendo una bella partitura. El músico traduce del pentagrama al instrumento y yo lo hago del inglés al español. Así lo he vivido, y sí creo que puede equipararse a cualquier acto de meditación, creativo o artístico que implique una sintonía fina con esa energía que nos eleva y nos colma. Seguramente esta es una de las razones por la que, sin obtener un rédito económico, muchas personas hacemos este “trabajo de luz”.

El acto de traducir estos textos me ha transformado en el sentido de hallar una labor en sintonía con mi esencia. En realidad ha sido la singular energía y el contenido de estos mensajes lo que ha actuado de catalizador fuerte en mi proceso interior evolutivo; pero el trabajo de traducirlos también me ha aportado mucho en cuanto a experimentar trabajar en esa frecuencia. En estos días he leído que se le llama a esto “trabajar en estado de flujo”. Y por supuesto que también me han influido mucho espiritualmente todas las derivaciones de este trabajo, como es el contacto con tantos lectores y amigos del alma que me han escrito desde tantos países.

Carmelo Urso: ¿Cuántas horas a la semana dedicas a traducir? ¿Cómo compaginas esta actividad con tus rutinas familiares y profesionales? ¿Has traducido otros textos espirituales, aparte de los de Jeshua? ¿Qué respuesta has recibido de los lectores?

Sandra Gusella: No tengo una rutina semanal para el trabajo de traducir. Me dedico a esto cada vez que se sube un nuevo texto al sitio web en inglés y cuando encuentro el tiempo necesario para hacerlo. Como manifesté anteriormente, finalmente la vida me fue conduciendo hasta dar con el trabajo ideal para mí en los primeros años luego de mi despertar espiritual.

La rutina diaria que me impone el trabajo que realizo actualmente para obtener una entrada de dinero es de lo más flexible. Me refiero a que al ser un trabajo independiente, yo manejo mis tiempos. Hasta puedo realizar parte del trabajo desde mi casa y eso ha facilitado enormemente mi dedicación a toda la labor que realizo en el sitio web de Pamela y en general a todo el aprendizaje espiritual e investigación de la nueva energía que vengo realizando. Y lo fundamental: se ha amoldado totalmente a mis necesidades de disminuir el ritmo de actividades al verme abordada por lo que se denominan los síntomas del despertar espiritual. Estas experiencias fueron muy fuertes los primeros años y puedo asegurar que me habría sido imposible sostener una rutina laboral que de manera inamovible demandara todos los días mi energía, mi tiempo y/o concentración.

Fuertes síntomas trae consigo el despertar espiritual

No he traducido otros textos espirituales aparte del material de Pamela. En varias ocasiones me lo solicitaron pero no acepté hacerlo. La razón es que para hacer este tipo de trabajo espiritual yo debo “sentirlo”. Quiero decir que debo sentir una fuerza interior que me impulse y eso no es algo que yo que pueda manejar conscientemente. Si esa energía no está, me es imposible realizar la labor. Mi decisión no dependió de mi juicio sobre la calidad de los textos espirituales que me ofrecieron. Tuvo que ver con toda esa “magia” que se despliega cuando me siento a traducir un texto canalizado por Pamela.

Las respuestas que he recibido de los lectores han sido maravillosas, increíbles. Siempre me emociono cada vez que recibo tanta gratitud y amor a través de sus palabras. Han sido cientos y cientos de mensajes cargados de sentimientos que siento vibrar intensamente en todo mi ser, y lo más conmovedor para mí es sentir la tremenda familiaridad y conexión con ellos incluso a través de las diferencias culturales y distancias físicas enormes que nos separan.

Me hablan de la profunda transformación interior que para ellos ha significado leer esos textos, de la paz y el amor que les transmiten, de los sentimientos y de las emociones tan profundas que los abordan, de la sanación que experimentan, de la familiaridad con esta energía Crística y la conexión con Jeshua. Y lo más sorprendente y mágico es leer una y otra vez que ellos dieron con el sitio web “de casualidad” pero a través de una fuerte sincronía con una búsqueda interior; y que al ahondar en la lectura sintieron que habían hallado lo que toda su vida habían estado buscado. También los mensajes que me sorprenden y me emocionan son aquellos en los que me agradecen por haber contado la historia de mi búsqueda y mis experiencias, con las cuales muchos se identifican.

Carmelo Urso: A partir de este momento, me gustaría comentar contigo algunas de las categorías básicas del mensaje espiritual de Jeshua. Uno de sus conceptos fundamentales es el de “trabajadores de la luz”. Hace algunos días, el amigo Eduardo Daniel Pizzi –quien regenta el portal “Trabajadores de la Luz” (con más de 25 mil visitas mensuales)- me comentó que un texto homónimo de Jeshua fue el que le impulsó a iniciar su web. Sandra, ¿qué se entiende por un “trabajador de la luz”? ¿En qué consiste su trabajo? Si existen los “trabajadores de la luz”, existirán los “trabajadores de la oscuridad”? ¿Cuándo y en qué circunstancias concienciaste que tú eras una “trabajadora de la luz”? ¿Qué síntomas te acompañaron en tu proceso de despertar espiritual?

Sandra Gusella: Para mí un “trabajador de la luz”, en las simples palabras de Jeshua a través de Pamela, es alguien que siente una profunda motivación interior para traer Amor, Verdad y Conocimiento al mundo. Se habla de una familiaridad y origen común de cierto grupo de almas que en estos tiempos están atravesando un proceso de transformación interior desde la conciencia basada en el ego a la conciencia basada en el corazón, pero básicamente cualquier persona en el mundo tiene el potencial de ser un trabajador de la luz. Basta con abrir el corazón y sintonizar conscientemente con estas frecuencias elevadas que nos transforman y cambian nuestra realidad personal y luego la realidad colectiva. El “trabajo de luz” consiste en “cruzar el puente” hacia una nueva consciencia donde la realidad que se construye es más luminosa y luego ayudar a los demás a realizar la transición.

También el mundo está colmado de personas que “trabajan la luz” aunque tal vez no de un modo consciente. Cuando yo camino por las calles, en el cotidiano andar de todos los días, muchas veces siento la gracia de esa bella frecuencia capaz de elevar la mía. Es la sonrisa del carnicero de la cuadra, es la simpatía de la mujer que atiende en la panadería, es la jovialidad del empleado del banco, son los niños, los abuelos, la ternura de un perro… Todos ellos irradian una luz que se contagia y se multiplica, y cada vez que yo me siento hermosamente afectada por eso, siempre digo silenciosamente “qué hermoso trabajo de luz”.

Nunca había escuchado esto de “trabajadores de la oscuridad”, pero tomando lo que yo entiendo por oscuridad: todas las energías densas que bloquean y limitan nuestra conexión con la divinidad ¡sí claro que existen! Yo he tenido que trabajar mucho mi oscuridad para poder dar paso a un mayor caudal de luz. En este sentido, todos los “trabajadores de la luz”, quienes pasan por un proceso de transformación interior, deben antes que nada ser unos diligentes trabajadores de su propia oscuridad. Es más, te diré que en todo este ámbito espiritual es mucha la energía densa que se observa, porque es la energía que ahora sale a la superficie para ser liberada. Hay mucho trabajo de limpieza llevándose a cabo. Por supuesto que no me estoy refiriendo a la oscuridad como la energía del “mal” que lucha contra el “bien”. Mi concepto de oscuridad se gesta desde lo que Jeshua llama una “tercer energía” o energía Crística en la que no existen los juicios ni los opuestos, en la que la oscuridad es simplemente la ausencia de luz y todo es parte de una misma totalidad.

Tomé consciencia de que debía estar relacionada con este grupo de almas llamado “trabajadores de la luz” luego de leer las características psicológicas que el material de Jeshua y otros textos espirituales les atribuyen. Increíblemente ellas encajaban en todo con mi personalidad. También por la gran familiaridad y atracción que sentía por toda esta energía espiritual. Además comencé a unir cabos con tantas cosas relacionadas con esto que había vivido todo a lo largo de mi vida. Como cuando diez años atrás había sentido el impulso a escribir sobre alguien familiar a esas características psicológicas, o hechos de la infancia como cuando sentí que podía curar a los animales con mi fuerza interior y lo hice, o cuando por las noches veía energías en mi habitación o sentía agudos pitidos en los oídos que yo silenciosamente atribuía a un benévolo contacto extraterrestre, o como cuando por momentos me invadía un amor inmenso por la vida y por los demás. También recordé lo que había sentido meses antes de mi despertar espiritual, cuando ese amor por la humanidad y por querer trabajar para crear un mundo unido y pacífico de repente vino a mí del modo más inesperado. Estaba en un bar en Alemania tomando cerveza.

Además venía experimentando energías (luz) desde el primer momento en que todo comenzó para mí, incluso antes de introducirme en la metafísica. Evidentemente estaba trabajando la luz, ya que luego de dos noches de increíbles experiencias de apertura de chakras, inducido por fuerzas ajenas a mí, todo mi cuerpo se había convertido en un canal por donde un tremendo caudal de luz fluía y fluía.

De modo que con todo esto de pronto muchas piezas sueltas se unieron y la imagen fue de lo más clara, y muy emocionante por cierto.

Los síntomas que sentí durante mi despertar espiritual fueron varios y no podría describir aquí todo eso en profundidad, pero resumiendo puedo decir que lo que empecé a notar al día siguiente de la primer noche de experiencias de apertura de chakras fueron cambios físicos: mi piel más suave, mi semblante rejuvenecido, mi columna relajada, etc. También comencé a tener fiebre repentina que desaparecía de un día para el otro, y de pronto me invadía un agotamiento físico extremo con dolores musculares por todo el cuerpo del cual con la misma rapidez que aparecían me recuperaba. Cuando me sentía sin fuerzas mi semblante pasaba a verse muy mal, como si estuviera padeciendo una enfermedad. Pero todo eso se normalizaba con el descanso, al permanecer relajada con la mente aquietada la energía fluía y me recomponía.

Interiormente, comencé a experimentar mucha paz y un bienestar que jamás había vivido. Sentía estallidos internos de felicidad, estaba en paz con mi vida y con el mundo como nunca antes. Mi ser fluía mansamente en el río de la existencia, sentía que había vuelto mi niña interior y podía disfrutar de las pequeñas cosas de la vida. Pero a este estado de gracia se le superponían días o momentos en los que sentía que tenía que trabajar traumas viejos para terminar de transmutarlos y liberarlos. Entonces también emergieron emociones muy profundas relacionadas con determinadas circunstancias que me habían tocado vivir. Pero era claro y rápido el proceso de liberación, esas situaciones se observaban bajo una nueva luz de la conciencia y rápidamente se transformaban y desaparecían.

Tuve sueños reveladores, sueños sanadores y sueños premonitorios. La percepción de energías en contacto con mi aura se volvió una cotidianidad y también una hermosa aventura de extrañas experiencias. En cuanto a mi vida cotidiana, fui notando que no podía mantener el ritmo habitual de actividades diarias, todo mi ser parecía haberse entonado con una melodía más suave, más serena que la que vibra en la sociedad y eso hacía que necesitara apartarme de la vida social. No es que no quisiera participar en el mundo, es que por momentos no podía. Me sentía hipersensible, no solo a la energía de los demás sino incluso a los ruidos y a la música. En ocasiones tuve que salir corriendo de un local comercial porque sentí que la música metálica que había de fondo me descomponía.

Por lo general estaba dispersa, me sentía desenfocada y desarraigada. No toleraba las energías densas o negativas del mundo. Asistir a las reuniones familiares o sociales, cuando estaba en estos estados, era un tema difícil. Sentía que mi cuerpo no podía estar ahí, era como querer que el hielo se hunda en el vaso. Luego necesitaba un día entero para recuperarme. Sabía que durante un tiempo debía recluirme un poco para permitir que este proceso de recambio e integración de energías se llevara a cabo. Toda esta etapa, que fue muy intensa los primeros cuatro años, fue un gran desafío; y creo que de no haber estado viviendo sola y haber tenido este trabajo independiente habría sido casi imposible de sobrellevar, sobre todo si no puedes contar con la comprensión de los demás en cuanto a qué es lo que te está sucediendo.

Carmelo Urso: En su amoroso mensaje, Jeshua nos insta a pasar de “la conciencia basada en el ego a la conciencia basada en el corazón”. En tal sentido, señala que hay cuatro etapas en ese camino:

a) Estar insatisfecho con lo que la conciencia basada en el ego tiene para ofrecernos, anhelar “algo más”: el comienzo del final.

b) Comenzar a ser conscientes de nuestras ataduras a la conciencia basada en el ego, reconocer y liberar las emociones y pensamientos que van con ella: la mitad del final.

c) Permitir que mueran dentro de nosotros las viejas energías del ego, eliminando su capullo, siendo un nuevo ser: el final del final.

d) El despertar dentro de nosotros de la conciencia basada en el corazón, motivada por el amor y la libertad; ayudar a otros en la transición.

Sandra, ¿podrías comentar y analizar cada una de esas transiciones? ¿Se suceden en orden consecutivo o pueden coexistir simultáneamente? Y en lo personal, ¿en cuál de tales etapas te ubicarías en este instante presente?

Jeshua: “pasemos de la conciencia basada en el ego a la conciencia basada en el corazón”.

Sandra Gusella: En la primer etapa comenzamos a sentirnos cansados y vacíos de repetir ciertas acciones y pensamientos que hasta el momento pasaban por nuestra consciencia sin ser cuestionados. Eran comportamientos de una consciencia basada en el ego, los cuales responden a la estrategia que el ego ofrece para ocultar la sombra interior de miedo y dolor que todos llevamos dentro. Desde el momento mismo de su concepción como una consciencia individualizada, el alma se siente separada de la Totalidad y esa escisión es el origen primordial de ese dolor. Luego las experiencias de vida a lo largo del viaje de evolución del alma, también contribuyen a generar traumas y heridas que permanecen ahí hasta ser observadas y liberadas.

El ego no resuelve esa oscuridad, lo cual sólo se logra a través de enfrentar ese vacío y recuperar la conexión con la Fuente de amor primordial. El ego trabaja en la superficie del problema reemplazando esa carencia por el reconocimiento y la aprobación de los demás. Para ello necesita controlar la realidad externa, y esto sitúa a la persona en un estado permanente de tensión y de ansiedad. Debe vigilar su entorno: su relaciones, su trabajo, etc. para que éste responda siempre a sus necesidades. Pero como a la larga es imposible sostener ese control sobre lo externo, llegado a un punto las estrategias del ego para engañarnos ya no nos conforman. Ahí es cuando entramos a esta primer etapa. Nos es imposible seguir distrayéndonos con los “dulces” que ofrece el ego y entonces comenzamos a anhelar algo más. Ahora es menester observar de frente ese dolor interior que no percibíamos directamente, sino sólo como una sombra. En esta etapa es como si entrara un aguafiestas para revelar el engaño. Empieza a tambalear la estructura artificial sobre la que hasta ahora nos sosteníamos, y eso nos hace sentir muy desorientados y confundidos.

En la segunda etapa nos encontramos cara a cara con esa oscuridad interior que hasta ahora teníamos terror de enfrentar. Es el período en el que salen a la superficie todas las emociones que antes inhibíamos. El mundo impredecible de los sentimientos y de lo intuitivo ahora desborda de los límites de contención que el ego les había establecido. Pero como aún no es claro para nosotros cuál es la verdadera solución para ese dolor que nos embarga, por un tiempo podemos llegar a deambular por el terreno de lo “no humano”. Un espacio de mucha confusión e incomprensión donde generalmente juzgamos las emociones que nos ofuscan. Todavía no comprendemos la base de miedo que hay detrás de los comportamientos que queremos cambiar. Y esa crítica de nuestras propias heridas es lo que incluso nos hiere más. Sólo cuando comprendemos que esa oscuridad no es “mala”, sino que es el resultado del miedo interior que necesita ser tratado con compasión, es cuando empezamos a serenarnos y adentrarnos más y más al reino del Amor oceánico que habíamos abandonado. Es cuando volvemos al Hogar.

En la tercer etapa comenzamos a vivir desde el corazón. Nos volvemos verdaderos creadores a partir de la total aceptación de nosotros mismos, con todos nuestros defectos y virtudes. Ya no priorizamos a los pensamientos y al deseo centrado en el ego para crear nuestra realidad, sino que damos lugar a una consciencia receptiva y alerta como fuerza impulsora. La diferencia radica en que en el primer caso “empujamos” sobre la realidad para adaptarla a nuestros deseos, mientras que del otro modo es la “intuición” quien nos “tironea” a nosotros para sugerirnos avanzar hacia un determinado destino. Crear desde el corazón es mucho más fácil y poderoso que crear desde la mente, pero requiere la inmensa fuerza de mantenerse “presente” y “centrado” para poder escuchar a los susurros del alma. Y también exige una gran “confianza” en uno mismo, ya que el faro que nos guía no es externo sino que viene de nuestro interior.

En la cuarta etapa es cuando nos conectamos con el Espíritu, ese lugar de paz y silencio interior que todo lo abarca. Este espacio Divino no puede ser captado por la mente, sólo puede ser sentido. Al experimentarlo nos sentimos absolutamente centrados y presentes, envueltos por un “silencio” indescriptible. Hay un enfoque concentrado o sintonía fina con una dimensión que es ilimitada y eterna y que se percibe como paz y amor infinito. Desde esta conexión, la dualidad y la realidad cotidiana pueden verse como algo lejano que no nos alcanza, al igual que vemos una ciudad desde un barco que se aleja en la bahía serena. Por eso es un espacio de sanación, ya que desde ahí te percibes más amplio y profundo que tu propia personalidad. Dese ahí cualquier desequilibrio o desarmonía que pudiera haber estado abrumándonos queda en la periferia, y nosotros desde el centro comprendemos la ilusión. Luego, una vez que hemos integrado esta conexión con la divinidad, de un modo neutral, sin la influencia del deseo personal, también comenzamos a ayudar a otros desde esta energía.

Como explica Jeshua en el mensaje, esta categorización del proceso en cuatro etapas no es lineal. Es un esquema que sirve de instrumento para que podamos ver una realidad que no puede ser captada por la mente. Esto significa que podemos volver a etapas anteriores y luego tomar un atajo hacia la etapa final. El proceso de cambio de consciencia es absolutamente único para cada persona. La conexión con el Espíritu no es algo que sucede una vez y para siempre. Nos conectamos y nos desconectamos, vamos y venimos del centro a la dualidad. Es por eso que yo no podría ubicarme o etiquetarme en una etapa determinada. Si bien puedo relacionar ciertas circunstancias de mi vida con las características descriptas en ciertas etapas y percibo en mí una clara evolución, no veo vallas divisorias en mi vida. Todo se mezcla como en una sopa, ¿se entiende? Conozco la experiencia de conexión con la Totalidad y generalmente me mueven los “tirones” del corazón, también veo muy lejano todo lo viejo que dejé atrás, pero sigo sintiéndome continuamente en el camino del aprendizaje y la evolución. A menudo sigo enfrentando desafíos en la arena del ego y el corazón.

Estimados lectores y lectoras: continuaremos este ameno diálogo con la amiga argentina Sandra Gusella la próxima, con muchos más detalles, vivencias y reflexiones. ¡Hasta entonces!

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Jeshua -o Jesús el Cristo- a un click de distancia

Apenas a un click de distancia, podrás descargar la serie completa de los “Trabajadores de la Luz”, hermosos textos espirituales canalizados por la filósofa holandesa Pamela Kribbe y traducidos por la divulgadora espiritual argentina Sandra Gusella.

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http://www.jeshua.net/esp/

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LAS HISTORIA DE LAS TRADUCCIONES DE JESHUA AL ESPAÑOL

Jeshua ben Joseph -también conocido como Jesús

Sandra Gusella

sgusella@gmail.com

Viajaba en auto con mi familia una madrugada del año 2001. La ruta estaba desolada. Era completamente de noche todavía y el cielo estaba estrellado. Y mientras mi atención estaba puesta en la conversación que manteníamos durante el viaje, mi mirada estaba fija en una intensa luz naranja que aparecía elevada sobre el horizonte justo enfrente de mis ojos.

Aunque no pensaba en absoluto en eso que veía, mi mirada volvía una y otra vez a aquel punto en el cielo. Pasaron así varios minutos, hasta que de pronto vi descender esa luz detrás del pueblo al que nos acercábamos. Por supuesto que eso llamó mi atención y estuve entonces atenta a tratar de volver a verla una vez que pasáramos el pueblo. Y allí estaba sobre el campo, más adelante, hacia donde nos dirigíamos. Cuando pasamos a su lado, pude ver lo más asombroso que haya visto en mi vida. Una intensa luz amarilla-dorada en su centro, con un halo rojizo, teñía de rojo todo el campo en una gran extensión. A pesar de su intensidad, no comparable a nada conocido, no dañaba la vista al mirarla; era profunda… inmensa… pura.

En aquel momento, a pesar del asombro, me sentí en un estado de profunda paz y tranquilidad interior.

Recuerdo que ese mismo día caminaba luego por las calles de la ciudad pensando en eso tan asombroso que había presenciado, y percibía dentro mío que algo sumamente significativo me había ocurrido. Ahora tenía la certeza de que ‘había algo más…’. Mi conciencia había cambiado y sentía por primera vez que tenía algo que comunicar a la gente; a toda esa marea de personas que iban y venían con apuro por las calles, como todos los días, como cualquier día…

Comenzó, desde entonces, mi incansable búsqueda de una explicación a aquel extraño fenómeno. Mi mente racional, científica, radicalmente escéptica, se inclinaba por la información más lógica, ‘seria’, basada mayormente en datos y evidencias. Pero nada de lo que hallaba era suficiente para saciar mis dudas, para detener mi búsqueda.
En realidad, aquel suceso ese día, sólo había encendido esa inquietud por lo insondable que ya existía en mí desde niña; aquella curiosidad y fascinación por descubrir lo oculto detrás de la realidad visible, por llegar más allá de lo meramente perceptible. Siempre he estado inclinada a querer comprender desde la más diminuta composición de la materia hasta el universo inalcanzable, el cosmos infinito.

Sandra Gusella

En el año 2003 me vi atravesando un profundo dolor en mi alma al romperse la relación de pareja que llevaba desde hacía varios años. De pronto toda mi vida dio un vuelco inesperado y me encontré mucho tiempo en soledad, en silencio… como detenida. Pero con el tiempo fui notando que aquella quietud permitía que lentamente se restablezca una conexión conmigo misma. Comenzaba a oír poco a poco mi voz interior, y aquel profundo dolor iba dejando lugar a un estado de paz y bienestar interno cada vez más grande. Entonces, a medida que iba liberando miedos y apegos, mi curiosidad y fascinación nata por lo desconocido e inexplicable iba tomando otra vez un nuevo impulso.

Entonces, por momentos me sorprendía pensando nuevamente en aquella extraña luz. En realidad, cada vez que me sentía desesperanzada o desilusionada por algo, aquella luz aparecía en mi mente y parecía reconfortarme; y escuchaba entonces una voz interior que me inspiraba a buscar ahí, que me decía que ahí había algo más…. O de pronto me encontraba pensando en otras inquietudes que se encendían con pasión en mi espíritu. La idea de que la ‘energía electromagnética’ debía ser la fuente de energía del futuro aparecía con insistencia en mis pensamientos; pero además sentía que había algo que la relacionaba con la biología. Otras veces me sorprendía pensando que se podría hacer algo para cambiar las cosas en este mundo; y me sentí un día fuertemente inspirada por la vida de Jesús y por los sabios mensajes de amor que él nos dejó 2000 años atrás. En lo profundo de mi ser sentía que un cambio radical debía ocurrir en nuestra sociedad, que algo estaba muy mal y debía ser modificado. Pero al mismo tiempo me creía totalmente incapaz de lograr algo; básicamente sentía que la lucha contra el ego era una batalla imposible de ganar. Otras veces, sin embargo, me alentaba pensando que la tecnología ofrecía ahora la posibilidad de que personas con la misma mentalidad y anhelos de cambio, en distintas partes del mundo, nos conectáramos fácilmente y nos uniéramos todos por una misma causa.
También renació en aquel tiempo mi pasión por escribir y de pronto un día me encontré escribiendo un cuento que resultó ser una metáfora sobre el ‘despertar de la conciencia’.

En el año 2004 sentí un fuerte impulso por viajar hacia las montañas, hacia un cerro muy conocido por las especiales energías del lugar y por los frecuentes avistamientos de extrañas luces. Algo me decía que podía encontrar allá algo relacionado con la luz vista aquel día mientras viajaba. Y fue en ese lugar que encontré a la persona quien, habiéndole contado de mi experiencia, me dijo que lo verdaderamente importante eran los mensajes que la humanidad estaba recibiendo desde otros mundos, desde otras realidades. Recuerdo que volví de aquel viaje con una imperiosa necesidad de encontrar esos mensajes. Y así fue como me dediqué de lleno a buscar en internet hasta hallar uno de ellos. Aquella noche sentí una de las emociones más grandes de mi vida… el mensaje era de esperanza, de paz, de unidad, de amor… y de cambio. Finalmente, no estaba sola en mi búsqueda y en mis deseos de cambio. Además sentí que estaba cerca de entender qué había detrás de aquella extraña luz…

Esa misma noche, cuando me fui a dormir, comenzó a sucederme algo increíble; absolutamente asombroso para mí porque yo no sabía entonces de qué se trataba aquello que me estaba ocurriendo. El hecho fue que comencé a sentir intensas energías en mi cuerpo, en cada uno de mis chacras precisamente.

Era tal mi asombro y mi curiosidad por saber qué era eso tan intenso que sentía y por qué me estaba sucediendo, que a la mañana siguiente me aboqué completamente a buscar en internet sobre energías.

Descubrí así la palabra ‘canalización’ y su significado, e inmediatamente hallé la página de Pamela Kribbe y su esposo Gerrit que sólo contenía el texto ‘Lightworkers III’. Quedé entonces fascinada… Luego con gran entusiasmo y urgencia traté de hallar los textos I y II, dando finalmente con el sitio web oficial en inglés de Pamela & Gerrit. Y así fue como descubrí a Jeshua.

Gerrit Hielen, junto a Laura, la hija que ha procreado con Pamela Kribbe, canal de Jeshua

Pensé en aquel momento que sería interesante traducir ese material al español porque podría ayudar a ciertas personas cercanas a mí. Pero los meses siguientes tan sólo me dediqué a interiorizarme más sobre todo este nuevo paradigma; sentía la profunda necesidad de comprender más sobre el tema, y así leí todo aquello que me resultara interesante y contribuyera a mi desarrollo interior.
Fui viendo entonces cómo mi conciencia se expandía y se movía aceleradamente desde el materialismo científico a lo multidimensional, de lo intelectual a lo espiritual. Y en este fascinante camino de la búsqueda de la verdad, del despertar y del descubrimiento de mí misma, también me hallé un día leyendo un viejo texto que había escrito 10 años atrás –cuando por supuesto nada sabía sobre este nuevo paradigma- y cuyo contenido apenas recordaba; quedé entonces muy sorprendida.

Había escrito un relato sobre una persona que se sentía totalmente diferente a los demás, principalmente por su extrema sensibilidad; y que debido a su particularidad no podía adaptarse a las estructuras de pensamiento ni a las costumbres de la sociedad en la que vivía.
Estos son algunos de sus pensamientos:

“No soy escritor, pero sin embargo aquí dejo escritos mis pensamientos. No tengo lectores, sólo escribo para mí, para aclarar mis ideas. Sí, es como si el sabio y auténtico yo redactase, y el otro yo superfluo y vano, aprendiera luego leyendo las sabias palabras.”

“A veces me invade una triste soledad ¿Por qué no ser como los demás? Yo en mi especie me siento único; un ser extraño que navega en un barco a la deriva por un mar poblado de témpanos, sintiendo a cada momento el roce helado de la razón humana. A veces pienso que soy un ser de otro mundo atrapado en un cuerpo humano; o que estoy parado al borde de un abismo y me atrapan el vértigo, las náuseas, la fascinación y el éxtasis que la profundidad del precipicio me producen, y que el resto de las personas, pisando tierra firme, no pueden sentir.”

“En ocasiones los enfrentamientos con el mundo externo me recuerdan nuevamente que yo estoy solo, tremendamente solo. Soy el único habitante de una isla inhóspita, pero cercana al continente. Hay veces que intento acercarme a la extensa orilla, pero enormes olas me devuelven a mi solitario paraje.”

-Durante la infancia-

“Aquella noche, mientras soñaba despierto, un suave resplandor se filtraba en la habitación y acariciaba mi cara. No sé por qué tengo esa debilidad por las noches de luna llena… Me asomé a la ventana del dormitorio y aquel disco luminoso me hipnotizó, y ya no pude seguir allí encerrado. Silenciosamente salí por la puerta que daba al jardín, y trepando por las rejas de una de las ventanas subí al techo de la casa. Ahí recostado, boca arriba, podía permanecer durante horas dibujando con las estrellas, descubriendo la más brillante y la más débil, la más amarilla y la más azul, inventando cráteres en la luna, e imaginando que algún día yo tocaría esa arena blanca… Y esperaba atento a que ocurriera algo para mí: una extraña señal, una luz… algo que rompiera esa tremenda quietud allá arriba. Alguna vez sucedería para mí, sí estaba seguro, solo era cuestión de esperar… me ocurriría a mí por ser diferente a los demás, por quedarme ahí tan pacientemente esperando…”

Al leer aquel texto noté que sin dudas había una increíble semejanza entre las características de este personaje y los rasgos psicológicos propios de los Trabajadores de la luz, que Jeshua ha expresado en las canalizaciones. Entonces, fugazmente sentí que tal vez había algo que me conectaba a Jeshua.

Durante todos esos meses de búsqueda y descubrimiento mis experiencias con las energías fueron diarias y muy intensas. Le costaba a mi mente aceptar las cosas extrañas que me estaban sucediendo, pero cada día una nueva experiencia o la sincronicidad de determinados hechos parecían querer demostrarme ¡que todo esto era real!

Un día a mediados del 2005, en estado de quietud interior, sentí la imperiosa necesidad de saber qué era eso que debía hacer para contribuir al cambio de conciencia en el mundo; sentí la urgencia de hacer algo para ayudar a la humanidad en su despertar. Y ese día, aunque no creí obtener respuesta alguna, sentí entonces un gran impulso y entusiasmo por traducir al español el material de Jeshua canalizado por Pamela. Entonces me dije a mí misma que mientras tanto me dedicaría a traducir. Y una vez que comencé ese trabajo ¡ya no pude parar! Realice toda la traducción de la primer serie en muy poco tiempo. No quería hacer otra cosa más que traducir. Y haciendo las traducciones me sentí en armonía y en paz, percibiendo todo el tiempo una cálida energía de bienestar y de tranquila alegría.

Una vez que terminé con la primer serie, sentí que debía hacer algo para distribuir el material. La idea de que Pamela y Gerrit podrían llegar a estar interesados en mis traducciones se me cruzó por la mente una vez, pero enseguida eliminé esa posibilidad por parecerme demasiado increíble… Por eso fue que le escribí por primera vez a Pamela tan solo para obtener su autorización para la distribución del material en español a través de ciertas listas de correo electrónico. Pero cuando Pamela me contestó, sucedió algo increíble y maravilloso… Sus palabras me sorprendieron, me emocionaron mucho y me llenaron de alegría; sentí además que gran parte de mi búsqueda había concluido. Ella me decía: “Siento que eres una de esas personas que se han cruzado en mi camino para ayudarme y sostener el trabajo de Jeshua…”.

Gracias a Pamela y a Gerrit por confiar en mí y por brindarme este espacio en su sitio web para publicar algunos de mis textos.