PRÓLOGO DEL LIBRO “PRÉSTAME TU VOZ” (CANALIZADO POR DIANA CRISTINA COPPOLA)

 

Préstame tu Voz

Diana Cristina Coppola

reikidiana@yahoo.com.ar

www.dianacriscoppola.com.ar

http://www.manantialcaduceo.com.ar/libros/books2.htm

 Desde niña los libros fueron mis mejores amigos. Aprender a leer debe haber sido para mí lo más maravilloso que me había sucedido.

Siempre creí en las hadas, en los gnomos y en seres pequeños que me acompañaban de un lado para otro.

Vivíamos en un departamento en pleno centro de la Capital Federal, por lo tanto no había árboles que trepar, ni bicicletas que andar, ni cuerdas que saltar. Pero había letras… y un sillón que de noche se hacía cama y era mi único lugar privado.

Hasta los ocho años jugué con Susy, mi amiga del alma.

Un día, Susy salió corriendo y no vio una bici. Su cabeza golpeó contra el cordón de la vereda en Flores. Su casa, que había sido refugio de nuestras aventuras y espacio mágico para nuestras confidencias, quedó vacía, mi corazón, lloró por primera vez.

 En esa época aprendí a leer.

Mi amada maestra de Primer  grado, la Srta Rita, me inundó de letras el corazón. Hacíamos abecedarios y pintábamos las letras de colores distintos. Cada una significaba algo. La A mayúscula era un castillo, con balconcito y todo. La  B era una señora embarazada. Ya no recuerdo las otras pero sé que en una época cada letra tenía un significado más allá de su sonido.

Junté las letras en frases, las frases en párrafos, los párrafos se hicieron libros y los libros abrieron mi mente y mi corazón. Todo se hizo posible, viajé por todos los mares, lloré todos los dolores, amé a todos los príncipes.

No era especialmente solitaria pero amaba estar sola con un libro

Mi hermano tenía una biblioteca con la colección Robin Hood.

Allí Tarzán, El Príncipe Valiente y  Julio Verne, se sostenían espalda con espalda. Después vinieron los más femeninos: Mujercitas, Jack y Jill, Alicia.

“Artemito y la Princesa” merece un capítulo aparte. Me enamoré de ese dragoncito que no tenía amigos de su edad para jugar y que no vaciló en abandonar su seguro refugio en el árbol para seguir su sueño. Y lograrlo.

Siempre los libros me mostraron  la Vida.

 Nunca más los abandoné, ellos nunca me abandonaron.

En alguna parte habré leído que las hadas habitaban detrás del azogue de todos los espejos y que si uno miraba con atención durante un buen rato, podía llegar a ellas.

Pasé horas frente a un viejo toilette de mi madre que tenía un espejo enorme y azulado. Allí viajaba  a mundos donde todo era mágico y perfecto.

 Esas deben haber sido mis  primeras meditaciones, mis primeros viajes astrales.

Luego empezaron los diarios íntimos, privados, únicos, intocables… contenían mis secretos y mis lágrimas, mis amores y mis desencantos, mis triunfos y mis derrotas.

Siempre soñé con escribir un libro, entonces esos diarios eran como archivos para cuando alguna vez la “inspiración” me llegara.

La muerte de mi padre y de mi hermano instaló la pena en mi corazón

El silencio fue enorme y poderoso. Después del accidente no quería escuchar nada. Me aparté del camino, me negué. Así fue durante 15 años.

 En mi oído una voz me repite: “Préstame tu voz”

Me niego, enojada por la “injusta muerte” de mis amados. Por lo que “la vida me había hecho”

Fue un libro: Juan Salvador Gaviota, quien me salvó de la locura.

La voz respetó mi libre albedrío.

Amor.

Mi hija nació.

Procesos militares, miedo, tortura, guerra adentro y afuera, soledad, más muertes.

Amor.

Mi hijo nació.

Todo ese tiempo, todos los libros, todas las ideologías, todas las religiones.

Siempre era buena la oportunidad para leer algo más. Saint Germain, La Biblia, Freud, Fromm, Jung.

Siempre había la esperanza de un libro propio, o de una obra de teatro; hubo poemas y talleres, escritos fallidos que fueron quedándose en cajones.

Llegó Reiki a mi vida.

Mi vida se llenó de Reiki.

Mis manos encontraron el camino correcto.

Todo aquello que celosamente ocultaba para que los demás no se espantaran, o para que no me creyeran “rara”, empezó lentamente a florecer a través de mis dedos.

Las hadas se colaron de este lado del espejo.

Llegó Fritz Perls, el Darse Cuenta.

Sai Baba, Buda, los Esenios, los Kahunas. Usui, Takata, Hayashi

La sanación

Llegaron grupos a los que transmitir lo aprendido, llegó el Maestro o más bien los Maestros.

Abrí mi corazón a Swami. El se sentó allí para siempre.

 Después de tomar mi Segundo nivel de Reiki, algo  empezó a crecer dentro de mí incontrolable.

Mi primer sueño con Swami: “Estoy mirando cómo una mujer ordeña una gran vaca blanca. Sai se acerca y me indica con un gesto que yo debo ordeñar.

Miro sus ojos con desesperación y confieso que no sé hacerlo. Su mirada de infinito amor   atraviesa la mía.

Deberás tomar una decisión. Puedo ayudarte en un camino, pero no en dos…

Me despierto llena de luz. “

Ese sería el primero de muchos sueños con el Avatar.

En ese momento yo era Gerente de ventas de una Compañía de Turismo.

Un error en mi trabajo, fuera de toda lógica dada mi experiencia, me lleva a presentar mi renuncia. Sentí que era el momento de “tomar mi decisión”.

Tenía 43 años, dos hijos y un hogar de gastos compartidos con mi marido. Era verdaderamente IMPOSIBLE dejar mi trabajo.

Lo hice.

Decidí dedicar mi vida a Reiki.

Hice la carrera de Programación  Neurolingüística. Obtuve el Master Trainer.

Obtuve mi Maestría de Reiki.

Nunca faltó trabajo.

Alumnos, discípulos, pacientes, clientes. Comenzó la concreción del camino soñado en sin saber que soñaba, (creaba?).

Muchas veces mis compañeros de ruta me sugirieron grabar o registrar lo que se decía en mis “clases”. Yo sentía que lo que se decía era de ellos no mío.(“Préstame tu voz”)

Los libros siguieron siendo mis Ángeles guardianes, mis oráculos personales. Urantia, Enoc y Los Pleyadianos irrumpieron en mi vida y abrieron todas mis celulas al Plan Divino.

Un Curso de Milagros, el Merkaba y la Cábala completan esta apertura, por lo menos hasta el día de hoy.

Mientras tanto seguía esperando “ese momento”, la “inspiración sagrada” que haría posible el sueño de un libro propio.

 Desde hace dos años, todos los viernes al atardecer nos reunimos a meditar.

Terminamos regalándonos mensajes con cartitas de Ángeles, tarot de Osho, tal vez un arquetipo.

Una vez una carta que me dice: deja que los ángeles escriban por ti…

En el centro de mi corazón un enorme SI.

Este libro que ustedes van a leer, se escribió así.

Cada viernes un mensaje es canalizado por mí.

Comenzamos a grabar las canalizaciones…

Comenzaron a suceder milagros…

Alicia, nuestra escriba, desgraba paso a paso y descubre subrayados instantáneos o desapariciones de lo escrito.

Todo toma sentido… Aceptamos… Agradecemos.

Hace unos meses debimos mudarnos. Me desesperé… ¿Y si dejaran de venir? ¿Y si por mudarnos desaparecieran?…

“Donde tu estés, allí estamos…” escuché en mi corazón.

 Alicia se reía a carcajadas de mi inseguridad… –“Pero Maestra!!!”

Llegamos a la nueva casa y descubrimos que la casa en sí era una misión.

Elevar sus vibraciones, sanar sus paredes, liberar sus viejos dolores, formó parte de nuestras tareas cotidianas.

También fuimos guiados para ello.

Así continuamos registrando.

 Al fin del primer año se copiaron los textos y se entregó una carpeta a cada uno de los asistentes habituales. Se nos indicó no entregarlas a otros, ni fotocopiarlas ni hacerlas circular.

Hace un mes recibimos la indicación de publicarlas.

Después de lo sucedido el 11.09.01, entiendo por qué.

Eso haremos.

Leerlas en forma correlativa y secuencial es una experiencia maravillosa.

Consultarlas abriéndolas al azar, es una conexión directa con las respuestas que vibran en el corazón de Dios, que es el tuyo.

 Creo que Ellos, nuestros hermanos de Luz, se cansaron de esperar que mi mente se rindiera y aceleraron el proceso para que estas palabras llegaran a tu corazón.

También es importante para mí decirles que todo el tiempo estoy consciente de lo que sucede cuando canalizo, que esto es posible para todo aquél que abra su corazón y acepte la misión, y que la sensación de paz y alegría en  mi corazón es de puro éxtasis y gratitud.

Doy gracias a Reiki, que abrió las puertas de mi Ser y permitió que yo me hiciera consciente del Espíritu de Dios fluyendo en mi vida.

Estas palabras de gratitud son para  todos aquellos que alguna vez pasaron por “ los viernes” y todos los que permanecen comprometidos absolutamente en el Plan de Ascensión.

Gracias

Gracias Carolina y Sebastián, mis hijos, por asegurarme su amor a cada paso y aceptarme entera. A ella pertenecen los mandalas que ilustran esta edición, a él, los poemas que aún me asombran.

Gracias a Eduardo, mi compañero de los últimos 20 años.

Gracias Oriel, el primero en hacerme tomar conciencia de la verdad y la importancia de estas experiencias, hermano de corazón.

Gracias Elisa, guerrera de la Verdad, gemela de alma.

Gracias Julián, abridor de puertas y ventanas del no-tiempo, despertador de estrellas y Merkabas.

Gracias a todos y cada uno de los Maestros-discípulos que me eligieron para facilitar su acceso a la Maestría de Reiki, y a todos aquellos que recibieron esta maravillosa Luz tomados de mi mano.

A Viviana por la paciencia, el amor y la capacidad de ordenar mis pensamientos y sostener mis estallidos.

A Ana Cardinale, por enseñarme el compromiso sin palabras, la acción concreta de  la Amistad Verdadera.

Gracias a la Vida que  me trajo a Cristina Librini, la  Editora, que supo darle forma a mis sueños y convertir un diskette en un libro..

  Podría llenar carillas y carillas solo de gracias a todos mis Maestros… Antonio Stelluto, Silvia Amigo, Berta Cantón, Paris Molteni, Vilma Vaccarini, Ana Raffo.

 Mi gratitud por fin:

.

–                 A los que amo. Por ellos aprendí a perdonar

–                 A los que creí odiar. Por ellos aprendí  a pedir perdón

–                 A los que me aman. Por ellos aprendí a perdonarme.

…Y a mi madre

Diana Cristina Coppola

Kristah Ram

Alicia la Escriba

Hace aproximadamente dos años comencé a participar de las meditaciones, invitada por mi amiga de toda la vida Estela Moyano, quien había cursado los seminarios de Reiki con Diana. El grupo me recibió con los brazos abiertos y me integré rápidamente, desempeñando además en forma paralela, mi tarea como instructora de Yoga.

Cuando Diana comenzó a canalizar los mensajes durante las meditaciones y ante la imposibilidad de reconstruirlos a través de lo que cada una iba recordando, surgió la idea de empezar a grabarlos y, por supuesto, era necesario que alguien desgrabara a posteriori cada semana esos mensajes. Me ofrecí gustosamente a desempeñar ese papel, que si bien en el plan original iba a ser rotativo, después por uno u otro motivo fui quedando como “la escriba oficial”.

Al final del año 2000 todo el grupo quiso tener copias y decidimos imprimir  a mediados de Diciembre, las existentes hasta ese momento. En nuestra reunión de Fin de Año las entregamos.

Al volver al archivo para agregar la siguiente canalización, TODO LO ANTERIOR HABÍA DESAPARECIDO DEL DOCUMENTO!!!!.

A partir de ese momento comencé a darme cuenta que en los textos aparecían algunas palabras e incluso frases “misteriosamente” subrayadas sin que hubiese en ellas errores de gramática o de redacción. En un primer momento le resté importancia, pero releyendo los mensajes pude darme cuenta que esos subrayados querían llamar la atención sobre algunas frases, o palabras, o ideas… Por lo tanto, respetando lo que se me indicaba, comencé a subrayar lo marcado para que llegara de esa forma a todos los que recibieran las copias.

Esto ocurre hasta este momento sin excepciones y lo he seguido respetando invariablemente, sin cuestionar, sin objetar nada.

Cuando por razones familiares tuve que viajar en Agosto de 2000, por una u otra razón, nunca se pudo transcribir ningún mensaje hasta la fecha de mi regreso.

Es realmente un privilegio lo que nos pasa y que todas disfrutamos cada viernes, sabiendo que hay muchos grupos como el nuestro que se reúnen para meditar y son asistidos tal como nosotras, por seres de Luz. Esto es  muy emocionante y conmovedor y nos sentimos honradas con los mensajes de las presencias que nos visitan semanalmente y esperamos ansiosas cada encuentro.

Compartimos y observamos los cambios que se van dando en las “meditadoras” del grupo, tanto a nivel personal como familiar, profesional o espiritual… De esa forma crecemos individual y colectivamente y nos vamos acercando a nuestra misión humana: Volver a nuestro verdadero hogar, al lado de Nuestro Padre, mediante la conexión con nuestro Ser Crístico.

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