JENNY CÁRDENAS: LA CANCIÓN PUEDE RELATARNOS TODO UN PROCESO HISTÓRICO

Jenny Cárdenas

Carmelo Urso
André Reinoso

Jenny Cárdenas
http://jenny-cardenas-music.blogspot.com/

Carmelo Urso y André Reinoso: ¿Cómo se inicia Jenny Cárdenas en el mundo del canto y la musicalidad latinoamericana?

Jenny Cárdenas: Mi inicio en el canto se remonta a finales de la dictadura de Banzer en Bolivia, en el transcurso de los años setenta, siendo para ese momento la canción una suerte de testimonio que ha acompañado esa consolidación, esa apertura, esas luchas, así como también esa denuncia de los países que comparten el hecho de haber estado bajo regímenes dictatoriales, de naciones que comparten ese sentimiento que nos hizo hacernos militantes, como fue mi caso, desde los espacios de las universidades. Donde aprendimos a usar la música como un vehículo de protesta, de conciencia política, un sentimiento de fervor que se fue adquiriendo, sobre todo, por ser un proceso marcado por los exilios, por las torturas y que creo que después de aquello, de lo que vivimos, de lo que estamos viviendo, nos sirvió para dar pasos gigantes hacia un verdadero cambio.

Carmelo Urso y André Reinoso: ¿Qué caracteriza a Jenny Cárdenas en sus interpretaciones?

Sin duda el énfasis en la canción latinoamericana, porque allí, abordo los procesos de cambio en nuestros países, a lo cual sumo los procesos de investigación de la música que he realizado. Yo le canto a todo lo que le ha tocado vivir a Bolivia desde la Revolución del 52, una revolución que marcó el surgimiento de la reforma agraria, que presenció la nacionalización de las minas y vivió la participación de los sectores indígenas, una participación que les permitió adquirir derechos sobre sus propios destinos y que junto a la aprobación del voto universal, son para las mujeres e indígenas, factores decisivos en los procesos de cambio para los sectores más excluidos. Estos momentos que dan al traste con esa exclusión, son a mi juicio momentos que marcan el futuro político de Bolivia y que forman el repertorio de las canciones de la Revolución del 52, que se suman a momentos como la Guerra del Chaco, del 32 contra Paraguay, en donde el sector indígena prácticamente no “existía”, estaba marginado. Nuestra Bolivia era un país que no había trascendido la Colonia, pese a que ya habíamos salido del siglo 19 republicano. Es por eso que yo rescato la historia a través de las canciones y la ligo en una visión más estructural al hecho de que la canción puede relatarnos todo un proceso histórico.

Carmelo Urso y André Reinoso: ¿Qué trae Jenny Cárdenas como representante de la música boliviana a Venezuela?

Bueno, es una realidad no sólo venezolana, en este sentido, cuando hablamos de la realidad indígena y la participación a lo largo de las décadas de los treinta o cincuenta, y ahora en pleno siglo 21 con un presidente indígena, estamos hablando por supuesto de su música, de la manera como la viven, por eso toco Guaiños; pervivencia de sectores aimaras y sectores quechuas que se ha fundido con el entorno urbano, que se han complementado con instrumentación de cuerdas, sirviéndonos de quenas, charangos, que se juntan a instrumentos como el violín, el bajo, el contrabajo y le confieren un sonido que es perfecto para cantar las cuecas de la guerra, de los bailecitos de la tierra, de cuando Bolívar llegó a Sucre, a La Paz; la música que interpreto está ligada a esos acontecimientos sonoros que dieron la bienvenida a nuestros héroes.

Vista de La Paz, Bolivia

 

Carmelo Urso y Jenny Cárdenas: ¿Es para Jenny Cárdenas la conmemoración Bicentenaria una celebración particular de cada país o un sentimiento compartido de los pueblos de América?

Jenny Cárdenas: Yo creo que el Bicentenario es muy importante por dos razones, ya que nos permite reflexionar sobre lo que ha sido el pasado y qué hemos logrado, qué es lo que se ha hecho a lo largo de estos doscientos años, y recordar por supuesto, las luchas libertarias, recordar a nuestros héroes, especialmente a Bolívar, tan ligado a mi país, que de hecho Bolivia se llama así por él; es momento para rememorar ese paso por los Andes, esa lucha entre ejércitos colonizadores y libertadores, el de una gesta que marcó el inicio de la participación popular.

Perfil de Jenny Cárdenas
Tomado de http://jenny-cardenas-music.blogspot.com/

Jenny Cárdenas Villanueva, nació en La Paz, Bolivia. Es cantautora y guitarrista.

Ha grabado 6 discos y CD’s y ha actuado como cantante en Canadá, Inglaterra, Alemania, Francia, Checoslovaquia, Austria, Suiza, Bulgaria, Perú, Panamá, Uruguay, Chile y Brasil.

Ha compartido, escenarios con los principales cantantes de la Nueva Canción Latinoamericana; Silvio Rodriguez, Pablo Milanés, Mercedes Sosa, Gabino Palomares, Oscar Chávez, Angel Parra, Raúl García Zárate, Isabel Parra, Los Jaivas, Serenata Guayanesa y muchos otros.

Es licenciada en Sociología, estudió música en la UNAM , en el Conservatorio de Música de Río de Janeiro obtuvo su maestría en Musicología, actualmente hace su doctorado en Antropología Social en la Universidad Saint Andrews en Escocia.

Son destacables sus trabajos de investigación sobre la música criolla mestiza de los siglos XIX y XX de Bolivia.

Anuncios

MARGARITA LASO: UN ECUADOR DE COPLAS Y SENTIMIENTO LATINOAMERICANO

Margarita Laso

Carmelo Urso
André Reinoso

Margarita Laso
http://www.margaritalaso.com/

Carmelo Urso y André Reinoso: ¿Qué temas profundiza la poesía y el canto de Margarita Laso?

Margarita Laso: Nosotros hemos trabajado en amplios campos en la ejecución de géneros tradicionales, de músicas regionales, en la interpretación de música para niños, música navideña, canciones de amor, siempre hemos buscado que nuestro repertorio sea un repertorio hondo. Es decir, si hacemos música popular y trabajamos con coplas populares, la idea es que estas sean coplas afirmativas, que todavía cantan realidades que aún no hemos podido vencer. Para nosotros lo importante es que cada canción, aparte de contar una historia, sea también sea un compendio artístico en sí mismo, es decir debemos cantar lo que cantaban nuestros abuelos, lo que es parte de nuestra herencia, una manera de fortalecer nuestro amor por los géneros y por nuestra tradición.

Carmelo Urso y André Reinoso: ¿Puede la canción prestarse para un ejercicio poético?

Margarita Laso: Por supuesto, ya que en el escenario o cuando llevas una canción al público, a las tablas, nosotros lo hacemos siempre desde la perspectiva de la interpretación, con la combinación de letras y música, con la energía que se pone en escena, la capacidad de llegar al corazón de otros. Fuera de eso, a veces no siempre el trabajo poético se puede poner en escena, las palabras pueden tener más hondura, la palabra puede estar aquí para hacer reír, para protestar.

Carmelo Urso y André Reinoso: ¿Te consideras una cantante cercana al sentir social de tu país?

Margarita Laso: Nuestros primeros años se dedicaron a la canción social, a los géneros populares, a nuestros héroes, a nuestro pueblo afectado por la desigualdad y la injusticia. Cuando estás en el escenario llevas la poseía a la canción, viéndolo como un ejercicio de comunicación, en donde se conjuga, la canción junto a la palabra. Nuestra música busca afirmar sentimientos quizá ocultos como la equidad y la inclusión de las mujeres, del peso de la voz que la mujer puede tener, tratamos de devolver el valor de la mujer a través de mensajes y a su propio entorno, entorno que suele subestimar lo que tiene, hasta sus valores. Para nosotros ha sido vital en nuestro camino musical afirmar esto a través de las canciones. El mensaje es todo el entorno de la canción y no sólo la canción misma.

Carmelo Urso y André Reinoso: En Venezuela estamos más habituados a escuchar ritmos caribeños y también de procedencia anglosajona, sin embargo estamos dirigiendo la mirada hacia el sur. ¿Qué tiene Ecuador como raíz musical para ofrecer al mundo?

Margarita Laso: Bueno, traemos géneros que crecieron en el Ecuador y que llamamos tradicionales porque traen el mestizaje en sus notas, géneros como el “San Juanito” que incorpora la marimba y algunos sonidos afroecuatorianos de la costa de la sierra. Estamos ganando espacios para traer los valores de la música de nuestros autores, de la musicalidad andina, indígena, afrocaribeña, claro que es una tarea difícil cuando en un mundo globalizado debes hacer frente a la oferta de los grandes emporios musicales que imponen muchas veces su criterio comercial.

Carmelo Urso y André Reinoso: ¿Una definición propia de su trabajo como intérprete de la poesía?

Margarita Laso: El trabajo de la poesía es como silencioso, aunque en unos casos ha sido voraz, ha sido la necesidad de trabajar con el lenguaje, con sus misterios. Es como entrar en un dominio que no se deja alcanzar, es trabajar con su sonoridad, con su capacidad musical, con su aparato auditivo. Es más silencioso, es un largo sendero de aprendizaje.

Carmelo Urso y André Reinoso: Para finalizar, ¿cómo percibe Margarita Laso la conmemoración Bicentenaria de las Independencias de Nuestra América?

Margarita Laso: Bueno, nosotros en Ecuador empezamos esta celebración un poco antes porque el año pasado se celebró el primer grito de independencia que se dio en Quito. El Bicentenario es una vuelta a nuestra historia y a rever y revalorar lo que han hecho otros nacidos en nuestro mismo suelo, en este mismo suelo que vio como eso héroes soñaron una patria, una patria grande, más justa. Hemos vivido muy intensamente estos 200 años, pero cuando miramos el pasado y miramos nuestro presente, vemos que podemos seguir el camino de esas gestas históricas, viendo como proseguimos ese camino libertario, porque por mucho que caminemos tenemos que mirar al horizonte, de que debemos luchar por la utopía del amor, de la justicia y de la paz. El Bicentenario nos llena de alegría en este camino de la poesía.

Vista de Quito, Ecuador

 

Perfil de Margarita Laso

Tomado de http://www.margaritalaso.com/

Cantante, escritora y productora quiteña. Con varios reconocimientos a lo largo de su carrera profesional ha encaminado su trabajo al crecimiento de la actividad artística local y nacional y a la expansión de la música ecuatoriana y latinoamericana. Ha producido once discos compactos con diversas temáticas, un sinnúmero de recitales y montajes artísticos y ha publicado cuatro libros de poesía.

Con el aliento de su entorno afectivo, Margarita Laso inició su formación musical escuchando cantar a su padre tangos y tonadas, boleros y canciones del Ecuador. Empezó a los ocho años su estudio del piano y más tarde de de la guitarra, para dedicarse después al estudio del canto con la maestra Blanca Hauser.

A finales de los 80, Margarita Laso se convirtió en una voz dentro del movimiento de la nueva canción local. En el 89 ofreció su primera producción escénica como solista. A partir de entonces, los recitales, espectáculos y grabaciones se han movido por todo tipo de escenarios con compositores contemporáneos del Ecuador, boleros, música latinoamericana y ecuatoriana tradicional, villancicos, tangos, en fin.

En todos estos años creció su pasión por la palabra. Trabajó como editora para varias publicaciones y ha presentado cuatro libros de poesía. Participa constantemente de lecturas, recitales y encuentros internacionales de escritores y poetas.

Una de las voces más influyentes de la música en el Ecuador actual, Margarita Laso ha representado a su país –con su canto y poesía- en Colombia, Perú, Cuba, Chile, Brasil, El Salvador, Turquía, Guatemala.

ESPECIAL SOBRE EL CINE ESPIRITUAL

Escena de What the bleep do we know

Carmelo Urso

https://carmelourso.wordpress.com/
entiempopresente4@gmail.com
twitter: @carmelourso
http://twitter.com/carmelourso

El cine espiritual se ha convertido en fuente de inspiración para más y más personas en el mundo, constituyéndose en una importante herramienta de autoayuda para todos aquellos que avanzan en su camino de despertar a las Verdades más trascendentes.

Con la colaboración de la paisana Yaseret D´Lima, invitamos a los lectores y lectoras a participar de este especial que esperamos  sea de su completo agrado.

DEBÉIS SER COMO NIÑOS PARA ENTRAR AL REINO DE LOS CIELOS

ENCUESTA CLÁSICOS DEL CINE ESPIRITUAL (NO FICCIÓN)

CINE Y ESPIRITUALIDAD

DEBÉIS SER COMO NIÑOS PARA ENTRAR AL REINO DE LOS CIELOS

Escena de la película "Madagascar"

Carmelo Urso

https://carmelourso.wordpress.com/
entiempopresente4@gmail.com
twitter: @carmelourso
http://twitter.com/carmelourso

Septiembre de 2005: trabajaba como Director de Relaciones Públicas en una institución de mi país, Venezuela. Era un día sábado… ¡un sábado de trabajo y estrés, no de reposo y descanso familiar! Durante los últimos dos años, la situación se había repetido con frecuencia: laborar los fines de semana se había vuelto para mí una insana costumbre. Al tener un cargo de confianza, debía acudir a mi trabajo cuando se me requiriese… ¡vale decir, a casi cualquier hora o día!

Eran las dos de la tarde. Jugaba solitario en la computadora; esperaba una llamada telefónica: de hecho, llevaba horas aguardándola.

Acostado sobre dos incómodas sillas (no había mejor lecho en la oficina), mi hijo Juan Rodrigo Urso –de tres años y medio de edad- dormía como podía su siesta.

La situación era calamitosa, digna de una obra de teatro del absurdo. Se me había asignado producir una gigantografía, una de esas descomunales vallas que suelen colocarse como fondo de escenario en grandes conciertos y concentraciones públicas.

El diseño de la gigantografía estaba listo desde el lejano día lunes. No obstante, una serie de indecisiones de la alta gerencia había postergado su impresión. El obstáculo, por así decirlo, era el eslogan que llevaría escrito la súper-valla.

Cada día, por una u otra circunstancia, el proceso se había detenido abruptamente en el último momento. El lunes, cuando estaba a punto de dar el sí definitivo a la imprenta, el vice-director me llamó alarmado: “Carmelo, ¡detén la impresión de la gigantografía! ¡La directora general quiere cambiar el eslogan!

El martes en la tarde me informaron: “La directora general decidió cambiar el lema. Ya no usaremos ‘Poder Comunal’ sino ‘Poder Comunitario'”. Sin embargo, ese día, cuando estaba a punto de ordenar la impresión de la valla, recibí nuevamente la instrucción de detenerla.

El miércoles, el eslogan cambió de “Poder Comunitario” a “Poder de la Comunidad”… pero al final de la tarde, se me instruyó –una vez más- parar el trabajo.

El jueves cambiamos de “Poder de la Comunidad” a “Poder del Pueblo”: igual no imprimimos; el viernes, se pensó en “Poder de la Gente” y “Poder del Trabajo Comunal”: tampoco mandamos el arte a imprenta.

Llegó el infausto sábado. El añoso aire acondicionado de mi oficina emitía un constante y asmático bramido. Llamé al vice-director. Le dije: “Hermano, si no mandamos a imprimir la gigantografía, no va a estar lista para el evento del lunes. ¡Es ya o ya!”.

Un cuarto de hora después, recibí respuesta: “Carmelo, la directora general ya decidió: ‘Poder Comunal’. ¡Apúrate porque es urgente! Ah, ella acaba de convocar a una reunión extraordinaria para las 3 y media. ¡Te esperamos!”

Indiqué al diseñador gráfico el “cambio” ordenado por la alta funcionaria. Reímos por no llorar. Hambriento y cansado, el diseñador se marchó a casa. Con un motorizado, envié el arte a imprenta: pagaríamos una exorbitante cantidad de dinero por imprimir el sábado y domingo un trabajo que muy bien se podría haber hecho –sin dislates ni apuros- durante la semana regular de trabajo.

Faltaban diez minutos para las tres de la tarde. Mi hijo seguía durmiendo sobre aquellas vetustas sillas.

De pronto, sentí una inmensa indignación contra mí mismo: ¿por qué en vez de estar paseando aquel sábado con mi esposa y mi hijo Juan Rodrigo había desperdiciado mi tiempo en espera de aquel insustancial eslogan, vegetando en aquella oficina de paredes descascaradas y ruinosos tabiques de fórmica?

En realidad, para ser honestos, la situación de aquel día no era excepcional: eventos absurdos como ése –dignos de una alocada pieza de Samuel Beckett o Eugene Ionesco- se habían repetido una y otra vez en los últimos dos años de mi vida, tiempo en el que había laborado para esa institución…

Samuel Beckett, Premio Nobel de Literatura

De repente, experimenté un súbito instante de comprensión, lo que los japoneses llaman “satori”: desde el fondo de mi alma, entendía que yo era el único responsable por vivenciar aquellos eventos insensatos. Por ceder mi “poder personal” a gente que no parecía estar cuerda. Por entregar mi valioso tiempo de descanso y lo mejor de mi talento a personas que no obraban con lucidez… ¡de tal suerte, resultaba yo estar tan demente como ellos, pues vibraba al son de su misma energía!

Con un plácido bostezo, mi hijo Juan Rodrigo despertó. Apenas cobró conciencia, preguntó: “Papá, ¿ya nos vamos?”. Dubitativamente le respondí: “No sé, hijo, parece que tengo una reunión”. La experiencia no iba ser nueva para él. De hecho, a varios directores y directoras nos había tocado acudir a esas reuniones “extraordinarias” con nuestros hijos e hijas, de manera que tales encuentros se convertían en una patética mezcla de amateurismo gerencial e improvisado salón de “kinder-garten”.

Mi hijo protestó con vehemencia: “Papá, ¡tú me prometiste que íbamos al cine!”. No sabía qué responderle. En realidad, él tenía razón. No me pedía que lo llevara de viaje a una lejana isla del Pacífico o que le comprara un auto de medio millón de dólares; lo que exigía era del todo razonable: una sesión sabatina de cine con papá. ¿Y yo no era capaz de satisfacer tan simple requerimiento?

Pensé: “¡Aaah!, ¡la verdad es que no estoy haciendo las cosas muy bien…!”.

En un instante santo, reparé en que mi hijo de tres años y medio estaba bastante más cuerdo que yo… y, definitivamente, ¡yo necesitaba ser guiado –con urgencia- por alguien dotado de cordura!

Todo me importó un cuerno: reunión de directores, gigantografía, súper-evento del lunes…

Aún algo inseguro, pregunté: “Hijo, ¿qué película quieres ver?”. Enfáticamente respondió: “¡Madagascar!”.

Mi hijo Juan Rodrigo Urso dijo enfáticamente: "Quiero ver ¡Madagascar!".

Le tomé de la mano… o más bien, él me la tomó a mí. Con silenciosa autoridad, me condujo a la puerta de salida.

Y así, capitaneado por mi hijo, dejé atrás aquella destartalada oficina para embarcarme en una experiencia que iba a cambiar mi vida…

Volver a ser niño en un viejo cine del Centro

Juan Rodrigo y yo emergimos de las “Torres de El Silencio”. Hacia la quinta década del siglo XX, aquellas torres gemelas habían sido símbolo de progreso y modernidad de la pujante ciudad de Caracas. Medio siglo después, exhibían esperpénticos signos de decadencia y abandono –pese a ser sede de importantes instituciones de mi nación.

Vista de las Torres de El Silencio y la Plaza Caracas en Caracas, Venezuela

Salimos a la inmensa Plaza Caracas; por aquellos días, era imposible transitarla libremente; ese espacio público que antaño se usara para conciertos, mítines políticos, o simplemente, para el disfrute ciudadano, se había convertido en un tortuoso y abigarrado laberinto: en él, cundían cientos y cientos de maltrechos tarantines donde se expendían la más disímiles mercaderías –desde películas pornográficas y ropa de contrabando hasta comida chatarra, fuegos artificiales y sustancias de consumo ilegal. Diariamente, al llegar o salir de mi trabajo, yo atravesaba ese hediento dédalo, en el que adultos y niños pernoctaban, comían y hacían sus necesidades.

Huyendo de tal caos, caminé con mi hijo en dirección norte, hacia el Centro histórico de la ciudad; después de diez minutos, llegamos a las inmediaciones de la Asamblea Nacional. Frente a la regia sede del Poder Legislativo se hallaba el Teatro Ayacucho, la sala de cine más antigua de Caracas; ese añejo santuario del séptimo arte había funcionado ininterrumpidamente desde 1925, año en que había sido inaugurado por el entonces presidente de la República, general Juan Vicente Gómez.

Vista del Teatro Ayacucho en el centro de Caracas

De pronto, me di cuenta de tres cosas: a) nunca había visto una película allí; b) exhibían “Madagascar” en funciones continuadas; c) comparado con los cines que yo solía frecuentar en el Este, sus precios eran muy económicos. Conclusión: compré dos entradas para ver la película; minutos después, en la amena oscuridad de la sala –mientras mi hijo y yo bebíamos gaseosas y devorábamos palomitas de maíz- me divertía pensar en mis colegas directores… ¡de seguro se desgañitarían hasta altas horas de la noche, enzarzados en inútiles diatribas!

Tras veinte minutos de publicidad y anticipos cinematográficos, “Madagascar” estaba a punto de comenzar. Con el estómago lleno de chocolate, rosetas saladas y colas negras (y sin mortificarme por las dudosas cualidades nutritivas de tales alimentos), me distendí sobre la silla, me relajé completamente y entré en una suerte de estado de gracia. Abrazado a mi hijo, yo era un infante más en esa sala llena de niños.

Y entonces (¡luz, cámara, acción!), empezó dentro mí la verdadera película de mi vida…

Cine espiritual al estilo “Dreamworks”

Uno de los hallazgos artísticos más importantes de la primera década del siglo XXI ha sido la consolidación de un género fílmico que –a falta de mejor nombre- suele ser denominado “cine espiritual”.

Títulos como “¿Y tú que sabes?”, “Uno”, “El Guerrero Pacífico”, “El Secreto”, “Zeitgeist”, “La Evolución Índigo”, “Arjuna”, “Conversaciones con Dios”, entre muchos otros, han ido perfilando una tendencia planetaria: más y más personas despiertan a imagen y semejanza del Amor Divino, lo cual se traduce en un mayor consumo de productos audiovisuales de temática espiritual.

Escena de la película "Conversaciones con Dios"

En los últimos años, he sido testigo del benigno efecto que esas películas han tenido en amigos, conocidos y, por supuesto, en mí mismo. Ajenas a los circuitos comerciales de cine, y con la única promoción del “boca a boca”, tales films son copiados y distribuidos con avidez por personas que incursionan en la sagrada aventura del auto-conocimiento.

Esta tendencia ha impregnado, incluso, a películas realizadas por los grandes estudios de Hollywood: tal es el caso de “Madagascar”, cinta producida por la compañía “Dreamworks”.

De tal suerte, allí estaba yo, con mi hijo, en un antiguo cine caraqueño, contemplando ese film.

Veíamos a Marty, la Cebra, corriendo en cámara lenta a través de una Jungla idealizada, idílicamente pacífica, con una expresión de indescriptible felicidad en el rostro. Más que Jungla, aquello parecía el Cielo. Con largas zancadas e ingrávidos saltos –al son de una música angelical- Marty salvaba abismos, altiplanos, montañas, acompañado de una bandada de etéreos pingüinos volantes.

Aquello parecía un sueño.

Y lo era, porque, de pronto, Alex el León, el mejor amigo de Marty, lo despertó de su fantasía. “¡Feliz cumpleaños!” gritó el felino, despabilando a la Cebra.

Alex el León y Ben Stiller

En realidad, Marty trotaba sobre una cinta de ejercicios en el Zoológico de Nueva York. “¡No me interrumpas cuando sueño despierto” dijo la Cebra a Alex. “¡Aquí te traigo un regalo! ¿Por qué te molestas, Marty?”, preguntó extrañado el León. Replicó la Cebra: “Ah, es que los años pasan y yo sigo haciendo lo mismo de siempre. Alex, ¿no te incomoda no saber absolutamente nada de la vida fuera del Zoológico? Mírame, amigo, tengo diez años; estoy a la mitad del camino y ni siquiera sé si soy blanco con rayas negras o negro con rayas blancas…”.

Despatarrado en mi silla del Ayacucho, encontré en ese diálogo una clara alusión a la “Divina Comedia” del Dante, cuya primera línea reza: “A la mitad del camino de mi vida, me encontré caminando en una selva oscura” (símbolo de confusión espiritual). De repente, reparé en algo aún más inquietante: salvando las distancias, a mis treinta y tantos años, mi vida era igualita a la del Dante y a la de Marty la Cebra: estaba a mitad de camino, encerrado en el triste Zoológico de mi rutina vital, anhelando un Cielo que sólo veía en sueños y sin terminar de conocerme a mí mismo.

La película continuaba. Más tarde, en su jardín, Marty se encontraba con unos pingüinos que cavaban un túnel para escapar del Zoológico. “¿Estamos en la Antártida?”, preguntaron las aves a la Cebra. Respondió Marty: “No, estamos en Nueva York. ¿Y qué se supone que están haciendo ustedes?”. Explicó el jefe de los pingüinos: “Hoy saldremos de este chiquero. ¿Acaso has visto pingüinos correr libres por las calles de Nueva York? ¡No, claro que no! ¡No pertenecemos a aquí! ¡Nada de esto es natural! Todo esto es como una especie de conspiración. Iremos a los espacios abiertos de la Antártida. ¡A la Jungla!”.

Los famosos pingüinos de Madagascar

“¿A la Jungla?” –preguntó asombrada la Cebra, recordando su ensoñación matinal- “Entonces, ¿eso se puede? ¡Yo también deseo ir a la Jungla! ¡Volver a la Naturaleza! ¡Volver a mis raíces!”.

Mientras engullía palomitas –y me sentía cada vez más afligido por verme reflejado en los personajes de la película- me decía a mí mismo: “Yo también quiero salir de mi chiquero. De mi chiquero laboral, de mi chiquero mental, de mi chiquero espiritual. ¡Yo también quiero descubrir mi verdadera Naturaleza, volver a mis raíces, encontrar mi propio Cielo! Pero, según veo, antes tengo que salir de mi particular Zoológico, de esta “matrix” irreal en la que transcurren mis días”.

Más tarde, en plena fiesta de cumpleaños, los amigos de Marty le exhortaban a pedir un deseo antes de soplar las velas de su torta. Tras apagarlas, le instaron a revelar su petición; sin dudar, respondió Marty: “¡Ir a la Jungla!”. Alarmados, sus amigos reputaron aquel deseo como símbolo de mala suerte. Acto seguido, intentaron acobardar a la Cebra, pintándole los infinitos peligros de la selva. “¿Crees que encontrarás esto en la Jungla?”, inquirió a voz en grito Alex el León, mientras le mostraba a su mejor amigo un grueso filete de carne. A lo que contestó Marty: “Alex, ¿nunca has pensado que la vida puede ser algo más que un filete?”.

Entonces –qué triste- reparé yo mismo en mi magro filete: mi cargo y sueldo en aquella decadente institución para la cual laboraba.

Resumo el resto de las peripecias vividas por los amigos: al igual que en la Commedia de Dante, en algún momento escaparon del Zoológico (infierno), vivieron estrafalarias aventuras y, de uno u otro modo, se las arreglaron para llegar a la selva. Al principio, esta jungla (con minúscula) no era el Cielo ensoñado por Marty: equivalía más bien al limbo; apocados por su largo confinamiento, los personajes aún desconocían sus verdaderas aptitudes, sus vastos tesoros internos; de hecho, todo el tiempo anhelaban la llegada de “las personas”, a fin de que solventasen sus problemas y necesidades.

Escena de la Divina Commedia de Dante Alighieri por Gustavo Dore

Muchos actuamos de idéntico modo: nos habituamos a ceder nuestro “poder personal” a terceros (parejas, amigos, parientes, jefes, prelados, gurúes, políticos) porque aún no descubrimos nuestra propia Naturaleza, porque aún no trabajamos esos dones internos que, una vez desarrollados, nos llevan a conocer nuestra verdadera faz –idéntica a la del Padre.

Está escrito: “los milagros son naturales, pero antes se requiere una purificación”. En tal sentido, la selva sirvió de purgatorio para que los amigos se depuraran de los miedos adquiridos en cautiverio. Al librarse de tales lastres, despertaron a su verdadera naturaleza: el león en su ferocidad; la cebra en su rapidez y astucia; la hipopótamo en su fuerza y gracia; la jirafa en su salud. La jungla se tornó Jungla –ameno Cielo- cuando se conocieron a sí mismos.

Amorosamente conducido por mi hijo, había ido a ver un film infantil –una típica salida de sábado por la tarde; no obstante, aquella película había incidido en mí de una manera imprevista… ¡como un potente catalizador espiritual!

En el instante presente (el único momento adecuado que existe), Juan Rodrigo había llevado a su papá al sitio ideal para despertarlo de su miedo a correr riesgos y a vivir con coraje.

Relato los efectos posteriores de esta experiencia: el lunes llegué con mi carta de renuncia; tras culminar un mes de pre-aviso laboral, tomé buena parte de mis ahorros y me encerré durante quince días en un exclusivo “spa” de la Colonia Tovar, bella y montañosa ciudad del Centro de Venezuela (fundada en el siglo XIX por afanosos inmigrantes alemanes). Allí me consentí con toda suerte de tratamientos naturales y sabrosos platos vegetarianos preparados al estilo guyanés.

Colonia Tovar, Venezuela

Regresé al hogar a mitad de octubre, con poco dinero en el banco, una familia que mantener y ninguna expectativa laboral en mente.

Y sin embargo, rebosaba de confianza, optimismo… ¡la alegría de alguien que –por fin- ha salido de su vetusto Zoológico!

De cómo mi hijo me condujo a la Jungla de Marty

A principios de noviembre sucedió un milagro: me pagaron todos los dineros que me tocaban por Ley, incluyendo vacaciones atrasadas, fondo de ahorro, fideicomiso y bonificación de fin de año. Digo milagro, porque en tal institución era práctica habitual pagarle su dinero a renunciantes y cesanteados un año después (o más) del fin de la relación laboral. ¡Lo mío había tardado apenas treinta días!

Podía darme el lujo de vagabundear un par de meses y hacer con tranquilidad mis compras navideñas. Mentalmente, postergué la búsqueda de empleo para enero de 2006; así las cosas, no me preocupé por concertar entrevistas laborales, llamar a amigos influyentes que supieran de vacantes o introducir currículos en empresas.

Aproveché al máximo mi inusual tiempo libre y salí mucho con mi hijo Juan Rodrigo aquellos días finales de 2005. Asimilé su espontaneidad, su sentido del humor, su sempiterna alegría y su incontaminada capacidad para recibir las cosas buenas de la vida con los abrazos abiertos…

Cuando andamos con niños y despertamos a su imagen y semejanza, nuestros acartonados planes de adultos suelen cambiar de manera súbita; cuando asimilamos su percepción inocente –libre de culpas y miedos- cuando no tratamos de imponerles a sangre y fuego nuestras neuróticas creencias sobre el funcionamiento del mundo, los milagros comienzan a llegar…

De tal manera que lo que sucedió el martes 9 de diciembre de 2005 fue de lo más natural.

Ese día, debía buscar un teléfono celular que había mandado a reparar en una tienda electrónica ubicada en el Centro Plaza de la Urbanización La Floresta. Tomé el Metro y me bajé con mi hijo en la estación Altamira… sólo que en vez de emerger por la salida que da al Centro Plaza, lo hice por aquella que da a la acera de enfrente.

Sí, lo sé: soy un poco despistado y para mí es cotidiano confundir “izquierdas” con “derechas”. Pero en tal ocasión –y gracias a que escuché a mi hijo- aquel despiste me valió un Cielo.

“¡Papá, papá! ¡Vamos a los jardines!”. Mi primer impulso habría sido cruzar la calle y caminar hacia el Centro Plaza, pero –gracias a Dios- me detuve. “¡Anda, papá, vamos a los jardines!”, insistió Juan Rodrigo, halándome de la mano. En lugar de resistirme y cambiar de dirección, me dejé conducir –una vez más- por mi pequeño maestro, por mi sabio lazarillo.

Jesús Cristo: Debéis ser como niños para entrar al Reino de los Cielos

Entramos a los vastos jardines de la Hacienda La Floresta, cuya casona del siglo XVII fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1990. En sus instalaciones, funcionaba una de las principales instituciones culturales de la Gran Caracas. Mi esposa solía llevar allí a nuestro hijo los fines de semana para que disfrutara de conciertos de música venezolana y obras de teatro infantil… ¡mientras yo consumía muchos sábados y domingos en mi depauperada oficina de Plaza Caracas!

Desandamos las antiguas caminerías de piedra: sus viejas lajas atesoraban siglos de historia; flanqueados por calas blancas y rojas, cayenas, platanillos, aves del paraíso y begonias nos internamos en aquellos paradisíacos espacios. Bajo la sombra de centenarios samanes y mijaos, algunas personas leían sobre la hierba; el gorjeo de canarios y azulejos matizaba el plácido silencio matinal.

En cámara lenta, de la mano de Juan Rodrigo… ¡disfrutaba de aquella ensoñación celestial! Me parecía tener una visión similar a la de Marty, la cebra de “Madagascar”. En el pasado, había visitado un par de veces aquellos jardines… ¡pero nunca me había dado cuenta de lo hermosos que eran!

Mentalmente, contrasté aquel oasis urbano con las caóticas inmediaciones de la Plaza Caracas, donde había trabajado los últimos años de mi vida… en verdad, colocados uno al lado del otro, eran Cielo e Infierno…

Entonces, una idea descabellada cruzó mi mente: ¿sería posible que necesitaran un periodista para trabajar en aquel deleitable lugar?

Pensé: “Oh no, es demasiado bueno para que sea verdad. O, después de todo… ¿podría ser?”.

En realidad, nada perdía con preguntar.

Me dirigí a la Dirección de Relaciones Públicas. Muy amablemente, me atendió la Coordinadora de Prensa. Pregunté si había alguna vacante para periodista. “Oh, sí”, dijo ella, “justo en este momento estamos buscando a alguien”. “¿Podría entregar mi síntesis curricular esta tarde?”, inquirí esperanzado. “¡Por supuesto! Trabajamos hasta la cinco”, me respondió mi futura jefa.

En la tarde de aquel martes, entregué el currículo con sus soportes.

Dos días después, me llamaron para una entrevista.

El viernes ya estaba trabajando en uno de los lugares más hermosos y prestigiados de la Gran Caracas.

El sábado me tocó hacer mi primera cobertura periodística de un concierto. ¡Un trabajo sumamente agradable!

Tras culminar el evento, mi hijo me preguntó: “Papá, ¿me llevas a comer helado?”.

“¿De qué lo quieres, hijo?”.

“De chocolate, Papá”.

Lo miré embelesado, con infinito cariño.

Dicen que cuando el alumno está preparado, es inevitable que aparezca el maestro; yo tenía al mío justo frente a mí… ¡y medía casi un metro de altura!

Como un chiquillo, me fui a comer un cono de chocolate con Juan Rodrigo.

Porque, tal como dice Jesús de Nazareth, “debéis ser como niños para entrar al Reino de los Cielos”.

CLÁSICOS DEL CINE ESPIRITUAL (NO FICCIÓN)

Estimados lectores y lectoras:

El cine espiritual ha generado, en los últimos años, un creciente movimiento de realizadores y realizadoras, de espectadores y espectadoras a lo largo y ancho del planeta; sus producciones se hacen cada vez más populares y demandadas; incluso, es cada vez más común que películas que no pueden ser etiquetadas abiertamente de “espirituales” incluyan contenidos que nos hacen reflexionar a profundidad.

Queremos a través de esta encuesta pulsar tu opinión para saber cuáles son tus films espirituales favoritos en el género de no ficción. Puedes marcar cuántas opciones quieras.

CINE Y ESPIRITUALIDAD

Escena de What the bleep do we know

Yaseret D’ Lima
©Derechos Reservados

http://yaseret.spaces.live.com

http://metafsicaenelmundomodern.groups.live.com

Uno de los medios de comunicación que progresa a gran velocidad en su participación positiva en pro del desarrollo espiritual del ser humano es la cinematografía.

El mundo del cine es un factor positivo para nuestro crecimiento espiritual. Las películas que se exponen en las salas cinematográficas y la facilidad del alcance del DVD han contribuido notablemente en un nuevo despertar de la conciencia en nosotros, los seres humanos.

¿Por Qué?

Hay una razón muy importante en esta influencia y está basada en la estructura biológica de nuestra mente. La mente es por decirlo así el centro encargado de las grandes creaciones de nuestra vida, ya sean positivas o negativas. Estas creaciones son como semillas que caen en el campo siempre fértil de nuestro mundo mental; sin importar si la semilla es positiva o negativa, el campo está siempre apto para el cultivo y no obedece a distinciones.

En este campo participan por decirlo así con “palabras de a centavos” (como decía la gran mentalista Conny Méndez) varios personajes: consciente, inconsciente, subconsciente y supra consciente. De ellos el subconsciente es el encargado de materializar nuestras ideas en el mundo de las formas, a través de la influencia de las imágenes. El subconsciente trabaja con imágenes. De allí la importancia de la visualización en nuestras meditaciones.

Estás imágenes trasladan mensajes al subconsciente; de allí la importancia de hoy en día de este gran elemento de autoayuda (la cinematografía espiritual) en el desarrollo evolutivo del ser humano, el cual permite despertar los valores que por infinitas causas han sufrido un nefasto deterioro y navegan en un profundo sueño.

Entre muchas que hoy se pueden encontrar en el mercado cinematográfico yo recomiendo las siguientes de un gran contenido espiritual y un inmenso valor para la formación de un nuevo ser humano capaz de ser protagonista en este nuevo ahora.

El Castillo Ambulante
Autor: Hayao Miyazaki

El Castillo Ambulante de Hayao Miyazaki

Esta bella historia nos muestra la belleza de nuestro mundo interior; nuestro mundo espiritual y los caminos de evolución que nos permite experimentar, logrando una nueva transformación rica en aprendizajes.

Avatar
Autor: James Cameron

Avatar de James Cameron

Una película en 3-D que abarca cuatro géneros de la cinematografía como los son: su extraordinaria ficción, la acción con todos sus detalles, su carácter fantástico en dónde la excelencia de su fantasía nos permite trasladar nuestra mente a otro mundo y vivir momentos realmente maravillosos, llenos de una gran espiritualidad. Así también nos enfoca, el mundo de la ciencia y nos deja la libertad de poder ver, la rudeza y el peligro que sin una conjugación positiva, en el empleo de los grandes avances de la tecnología y el debido control de la codicia humana, podemos anular nuestro mundo o convertirlo en un mundo de catástrofes y lamentaciones.

Baraka
Autor: Ron Fricke (Director)

Baraka de Ron Fricke

Las acciones equivocadas del hombre, con respecto a la valoración y uso de las riquezas naturales que le regala el planeta que habita, al cernirse el destino apocalíptico del hábitat del planeta Tierra.
Recomiendo retroceder hasta los albores del año 1992 cuando casi todas las salas de cines del mundo exponían el film Baraka de Ron Fricke. Es un reconocimiento a los tesoros espirituales de la humanidad a través de culturas ancestrales.

El Secreto y “¿…Y tú qué sabes?

The Secret

Films ya clásicos sobre la Ley de la Atracción. “El Secreto es la respuesta a todo lo que ha sido, a todo lo que es y a todo lo que será.” Ralph Waldo Emerson

Ambos altamente recomendables.

El Código de Moisés
Autor: James Twyman

Muy recomendable. En este film, se revela por primera vez cómo este código puede ser usado para atraer a nuestras vidas los llamados milagros. En esta maravillosa película, James Twyman nos invita a descubrir cómo La Ley de atracción se hace presente en todo su esplendor, cuando descubrimos cuán capaces somos de dar en lugar de recibir, transformándonos en verdaderos hacedores de milagros

HIM ¡Más allá de la luz!
de Frank Darier Baziere

Narra la historia de un joven científico mexicano especializado en Biología Celular y de su amigo, un ángel que es parte importante de sus experiencias… La historia se centra en los estudios y manifestaciones de las grandes capacidades del cerebro humano y sus secretos.

Yaseret D' Lima

Educar nuestra mente y devolverle su función creadora de lo meramente positivo, en pro de un mundo mejor basado en los valores de: Tolerancia, Solidaridad, Respeto, Honestidad, Comprensión, Lealtad y todos aquellos que hacen de nuestro mundo, un mundo mejor y contribuyen a la formación del hombre del futuro. Un ser con un alto grado de evolución de conciencia, de amor desmedido por sus congéneres y por su planeta…


¡ES LABOR Y RESPONSABILIDAD DE TODOS!

Yaseret D’ Lima
©Derechos Reservados

EL EGO Y NUESTROS PENSAMIENTOS

El ego y nuestros pensamientos

Yaseret D’ Lima

©Derechos Reservados

Breviario Metafísico: Mi Amado Discípulo

http://metafsicaenelmundomodern.groups.live.com/

 http://yaseret.spaces.live.com/

 “Desde el punto de Luz de la mente de Dios que fluya luz a la mente de los hombres”

 Millones de mundos y realidades paralelas a nuestra realidad actual son accesibles a nuestros sentidos a  través de la evolución de nuestra conciencia. Gracias a la cual somos creadores de lo que nos rodea y de lo que aún no sabemos que podemos crear.

De tal manera  que no sería errado el afirmar que un pensamiento pueda ser el instrumento creador de algo visible y tangible en nuestro mundo físico. Como también de lo que aún no sabemos que somos capaces de crear.

De allí que  ¡Pensar es crear! y dependiendo de cómo sea ese pensamiento,  así será lo creado y lo creado incluye desde un bien material hasta la más mínima manifestación inimaginable -creo mis ahoras de acuerdo  a mi manera de pensar. ¡Pensar positivo! es crear un mundo lleno de belleza y felicidad y un pensamiento contrario,  creará un mundo negativo.

Nuestro pensar negativo  es una creación del ego pero…  ¿Qué es el ego?

Todos estamos provistos de dos entidades que nos permiten identificarnos dentro de los procesos evolutivos del ser. Estos son: el ego y el espíritu

El primero: 

Es el YO Personal o Inferior, el que se centra en el éxito de lo material y se caracteriza por trasmitir los sentimientos más bajos: egoísmo, vanidad, histeria, exceso por figurar en todo, crítico obsesivo, egoísta… y un sinfín de etcéteras.

El segundo:

Es nuestro ser espiritual: El Yo Superior (de donde proviene nuestro pensar positivo) que habita en nuestros estados de conciencia evolucionados, casi siempre oculto.

Nuestro Yo superior, esa vocecita pequeñita que de repente nos impide caer en peligro… es la voz del silencio, de lo puro, de lo sabio; de todo aquello que nos trae paz y nos invita a no caer en discusiones, demostraciones de orgullo, prepotencia, envidia… y en fin en las redes del ego del sentimiento material del egoísmo y el exagerado deseo de figuración que no es más que otro síntoma de nuestra baja autoestima. El Yo superior es la voz de la conciencia evolucionada que nos permite  reconocer la negativa presencia del ego en nuestras acciones y que a su vez nos invita a perdonarnos, a perdonar y a pedir perdón en reconocimiento de nuestras debilidades humanas.

                             

YO TE AMO Y TE PERDONO. PERDÓNAME TU A MÍ Y  PIDO PERDÓN A DIOS POR EL MAL USO DE

SU ENERGÍA

  

Libros recomendados:

El libro del ego (Osho)

Más allá del ego

La llama Violeta (Carmen Santiago)

La Meditación Una Forma de Escuchar a Dios

(Mirna Moreno M.)

UN ETERNO AHORA PLENO DE FELICIDAD

  

Consultas gratuitas: Aplicando la metafísica a mis problemas y debilidades.
 
Pedir cita con tres días(3) de anticipación. Horario: Lunes a Viernes de 9am a 10 am y 7pm a
9pm martes, jueves y sábados (1 hora por consultante)
 
http://metafsicaenelmundomodern.groups.live.com/

 
http://yaseret.spaces.live.com/

Yaseret D’ Lima

©Derechos Reservados

Breviario Metafísico: Mi Amado Discípulo