NAVIDAD DE 1999, ESTADO VARGAS, VENEZUELA: VIAJE CON LA BRIGADA DE POTABILIZACIÓN

Tragedia de Vargas 1999

Carmelo Urso

https://carmelourso.wordpress.com

Navidad 1999: Los primeros días de la tragedia era imposible llevar agua a Caraballeda. El acueducto estaba destrozado. Las vías estaban bloqueadas y sólo podía llegarse a través de helicóptero. La labor de las Brigadas de Potabilización de Hidrocapital, purificando el agua que había quedado en las múltiples piscinas de la zona, fue crucial para que los sobrevivientes pudieran hacer más llevadero su calvario.

Eran las 9 am. Estaba montado en la descapotada parte trasera de una pick-up. Iba con la gente de la Brigada de Potabilización. Lloviznaba. De hecho, había lloviznado toda la noche. El cielo no tenía aspecto apacible: grises algodones de barba de pluma goteaban lluvia menuda en rápidas ráfagas. Un fuerte olor a tierra mojada impregnaba el aire.

La autopista Caracas-la Guaira estaba congestionada. El tráfico era lento. Conductores y pasajeros tenían caras largas. “Ayer nos echaron tiros en Caraballeda”, comentó Giorgio. “La bala te pasó por un lado”, le dijo Argenis, bromeando. Giorgio contó el incidente: un hombre aterrado comenzó a disparar al aire cuando la Brigada fue a potabilizar el agua de la piscina de un edificio. “Creía que éramos saqueadores”, dijo Giorgio. “Claro, en una situación como ésta, cada quien defiende lo suyo. Al final, nos identificamos. El hombre dejó de disparar, bajó de la azotea y nos pidió disculpas”.

“Una señora nos contó que unos sujetos saquearon una licorería, cerca de MacDonald’s de Caraballeda”, dijo Roos, mientras Víctor repartía unos húmedos sándwiches de sardina.”Los tipos iban borrachos por la calle, echándose el whisky encima, cayéndose a plomo, matando, saqueando y violando. La Guardia los agarró”.

La inmensa cadena montañosa se desplegaba con sus interminables y redondeadas colinas. El paisaje ofrecía una vista inusual: las colinas estaban heridas con profundos tajos de lodo, inmensos arañazos que parecían haber sido hechos por una bestia enorme y fabulosa que hubiera desatado la furia de sus garras sobre las endebles montañas.

En el flanco sur, la avalancha de lodo rojizo arrastró inmensas piedras blancas que aplastaron todo a su paso, troceó enormes áreas de terreno, arrancó árboles de cuajo, arrasó con el secular verde de la montaña. En el flanco norte, la avalancha devastó miles de casuchas de bloques desnudos y techos de zinc, se tragó barrios, calles y familias enteras, acarreó automóviles y destartalados aparatos de línea blanca.

Los vehículos sólo transitaban por el canal izquierdo de la Autopista. El otro canal estaba lleno de escombros y enormes cúmulos de lodo que eran removidos por máquinas retroexcavadoras. Un poco más serio, Argenis dijo: “Vamos a hacer aptas las aguas de esas 50 piscinas. Son dos millones de litros. Así, la gente podrá bañarse, lavar su ropa, cocinar sin peligro de contaminarse”.

De pronto, ingresamos al túnel, el Boquerón Uno. Estaba a oscuras. Los extractores no funcionaban. El aire estaba lleno de polvo, nos picaban los ojos, se hacia difícil respirar. Los autos avanzaban en fila india, con el pausado ritmo de una marcha fúnebre. Cerré los ojos y me cubrí la cara con las manos.

Salimos del túnel. De este lado de la montaña el sol brillaba. Parecía increíble.

Llegamos al Aeropuerto de Maiquetía a eso de las 11 am. El movimiento en la pista era frenético: arribaban avionetas, helicópteroS y vehículos militares.

Los diez miembros de la Brigada de Potabilización y Desinfección de aguas abordamos un helicóptero, un superpuma del
Ejército Venezolano. Nos trasladó en 15 minutos a los Campos de Golf de Caraballeda.

La vista desde arriba era demencial: edificios cubiertos de lodo o partido de raíz por blancas lajas gigantes, casas tapiadas de las que sólo quedaban sus techos rojos a ras de piso, playas anegadas de lodo, llenas de largos troncos de árboles, gigantescos containers apilados desordenadamente en el Puerto de La Guaira como dados de juego que hubieren caído de cualquier manera después de haber sido arrojados con inimaginable violencia.

Aterrizamos en el Campo de Golf. La grama aún se mantenía verde, pese al incesante tráfico de helicópteros que aterrizaban y despegaban. Cientos de damnificados esperaban ser trasladados: cada vez que llegaba un helicóptero corrían presurosos, dispuestos a iniciar un viaje sin retorno. Vi dos cadáveres cubiertos de cal y bolsas plásticas negras.

Bajamos por la Calle Granada. En esa zona los edificios estaban intactos. Unos 30 centímetros de lodo cubrían la arteria vial y las aceras. El lodo estaba blando por la llovizna nocturna. En el cielo, despejado y sin nubes, el sol brillaba con tórrido entusiasmo, como si no hubiera pasado nada, como si un par de días antes las quebradas de la Cordillera no se hubiesen desbordado, como si la feroz lluvia no hubiera arrastrado 10 mil toneladas de tierra que tapiaron a decenas de miles de seres.

Caminamos hacia el Hotel Sheraton. Cuando llegamos al Bulevar Caribe, vimos cómo los locales comerciales habían sido saqueados. En el Parque de Atracciones Mecánicas, la Guardia Nacional había detenido a un travesti. Nos acercamos a ver. Los guardias habían decomisado una gran cantidad de cajas de licor, aparatos electrodomésticos y alimentos enlatados. El travesti había sido el líder de una banda de saqueadores que, como hienas, habían aprovechado la tragedia para desvalijar negocios y viviendas vecinas.

Saludamos a los militares y nos identificamos como miembros de la Brigada de Potabilización. Giorgio les explico nuestras intenciones de purificar el agua de unas 50 piscinas de Caraballeda. Era la única forma de dar agua a los sobrevivientes, ya que los camiones cisternas no podían pasar a través de las vías bloqueadas por metros de lodo. El acueducto estaba sencillamente destrozado. Los militares, casi todos muy jóvenes, nos desearon suerte. Seguimos hacia el Sheraton.

Nos pusimos los tapabocas. El hedor que había allí no se parecía a nada que hubiéramos percibido antes. A cada paso, lomos de lodo endurecido, cubiertos de excretas, desperdicios, restos humanos y nubes de moscas, exhalaban hedores de pesadilla.

En un momento dado, haciendo gala de inoportuna torpeza, caí en el fango, perdiendo un zapato y ensuciándome la ropa. Hechos un mar de paciencia, los muchachos de la Brigada me ayudaron a ponerme en pie y a recuperar el calzado. Seguimos. Frente a la entrada del Sheraton, un sofá estilo Luis XV yacía en medio de la vía, cubierto por medio metro de lodo.

Entramos al hotel, que era custodiado por jóvenes agentes del ejército. Nos presentaron al Gerente General, un alemán de mediana edad. El amable teutón nos condujo a un salón cómodo y amplio que convertimos en nuestro Centro de Operaciones.

Giorgio desplegó un enorme mapa de la zona sobre un mesón y comenzó a indicarnos los inmuebles en donde estaban ubicadas las piscinas. Nos llevaría un par de días terminar el trabajo. Nos dividimos en tres grupos: Víctor, España y Javier; Manuel, Argenis, Vicente y Cheo; Giorgio, Ross y yo. Los dos primeros grupos potabilizarían el agua. El último grupo repartiría líquido con una bomba de achique.

Comimos sándwiches, escuchamos unas últimas indicaciones y nos dimos ánimo. A las 5 pm, ni mas ni menos teníamos que estar en el Campo de Golf para tomar el helicóptero que nos llevaría de vuelta a casa. Resultaba impensable dormir allí: las noches eran terreno sin ley en donde cualquier cosa podía suceder.

Entonces, con un poco de miedo y algo más de valentía, salimos a potabilizar.

5 comentarios en “NAVIDAD DE 1999, ESTADO VARGAS, VENEZUELA: VIAJE CON LA BRIGADA DE POTABILIZACIÓN

  1. A brand new year is celebrated all over the world and the public to get better healthy happy new year I wish to spend a peaceful new year küsler anyone stand in the new year away from travesti loved ones never be peace in the war around the globe regardless of whether or not the world we live in peace and love every human being deserves travestiler to live If we’re not animals deserve to be happy in this new year you pay to üzmeyin for nothing because nobody happy throughout your life that you live a healthy life, I’m a god

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