HAIKU: EL SERENO ÉXTASIS DE LA COMPRENSIÓN VERDADERA

Mapa geografico del Japón, patria del haiku

Carmelo Urso

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La deliberada brevedad del haiku tiene un propósito supremo: propiciar en el escriba y el lector un momento de comprensión profunda. Los japoneses lo denominan satori; la terapia gestalt lo llama awareness –un profundo “darse cuenta”, en el que experimentamos todo el poder del tiempo presente a través de nuestras percepciones y sentimientos; los místicos de diversas tradiciones espirituales le dan el nombre de despertar; antiguos teólogos cristianos lo llamaban epifanía; otros más contemporáneos, revelación.

En los comics, este instante iluminador suele representarse con una bombilla eléctrica que se enciende en el globo de diálogo de un personaje. Algún célebre psicólogo lo designó como el momento del ¡ah!, interjección que proferimos cuando –finalmente- asimilamos algo que nos tomó trabajo entender. En todo caso, más allá de apelativos pretéritos o actuales, el buen haiku tiene en nosotros ese efecto: causarnos asombro y revelarnos verdades eternas a partir de situaciones sencillas; mostrar aspectos cómicos y banales de realidades en apariencia solemnes; correr el velo de lo prosaico para mostrarnos insospechados mundos de maravillas.  

Cuando analizamos por primera vez la estructura de un haiku, hay algo que suele sorprendernos: esa ruptura sintáctica que, una y otra vez, impide que el poema se convierta en una frase corrida. Tomemos el siguiente ejemplo:

De no estar tú, demasiado enorme sería el bosque

De no estar tú,
demasiado enorme
sería el bosque.

Kobayashi Issa

El japonés Kobayashi Issa (15 de junio de 1763 – 5 de enero de 1827) es uno de los autores clásicos de este género poético. La precedente es una de sus piezas más famosas.

Kobayashi Issa

Detengámonos en el primer verso. De no estar tú es una suerte de pregunta; la coma que le sigue es una especie de trampolín en el que el escritor se detiene; cuando nos subimos a un trampolín, lo pensamos un tantito antes de seguir adelante; de pronto, decidimos saltar: ese breve lapso que permanecemos en el aire equivale al momento de comprensión profunda; el chapuzón es nuestro merecido satori.

En este caso, la revelación de Issa es que de no estar tú, mi soledad sería abrumadora, mi vida estaría incompleta –el bosque, nutrida metáfora del mundo, sería literalmente intolerable. Supongo que sólo una persona muy enamorada puede escribir algo así. No en balde, el enamoradizo Issa se casó varias veces, la última a los 62 años.

Examinemos ahora otra famosa pieza:

Salta la rana en el agua

 
Un viejo estanque.
Salta una rana:
Ruido del agua 

                      Matsuo Basho

En esta traducción al español, el poema no tiene una sino dos pausas sintácticas (el punto que sigue al primer verso; los dos puntos que subsiguen al segundo). El viejo estanque representa esa realidad trascendente, eterna, que está más allá del tiempo; en él, la masa de líquido reposa intacta, quietísima –como ese mar del Génesis en el que el espíritu de Dios está a punto de liberar la todopoderosa creatividad de Su Luz.

De pronto, el ruido del agua nos despierta, haciéndonos prestar atención al mundo concreto y contingente que nos rodea, ese mundo donde transcurren nuestras existencias, donde solemos trabajar, sufrir y amar.

La rana que salta, al igual que nosotros, lidia con lo cotidiano (¿saltó en pos de un insecto para saciar su hambre?; ¿buscaba refrescarse en el agua?; ¿calmó, simplemente, su sed?) y en sus aventuras mundanas pasa de lo ordinario a lo trascendental; de lo común y corriente… ¡a lo extraordinario!

Aquí el satori es muy concreto: ¿nunca les ha pasado de estar profundamente  concentrados, ensimismados y, de repente, algún sonido (como, por ejemplo, el urgente y exasperado llamado del cónyuge) nos saca de ese impenetrable mundo interior en el que divagábamos? Bueno, así funciona el ruido del agua (¡splash!) de este poema: nos revela que vivimos entre ambas dimensiones –la interior y la exterior; la cósmica y la terrenal- y que es de sabios y sabias equilibrarlas.

Según el autor Luis Corrales Vasco,  “Matsuo Basho (1644-1694) está considerado aún hoy el mayor poeta en la historia de Japón.  No deja de ser paradójico el hecho de que nunca pretendiera hacer literatura ni ser considerado alguien importante. Basho tiene, sin embargo, el mérito histórico de haber elevado el haikai al rango de arte” (http://www.elrincondelhaiku.org/int13.php)

Amigo, amiga: tú que emprendes la escritura de un haiku, presta atención a lo que sigue: tras redactar tu primer o segundo verso, detente un momento, sumérgete en el silencio de la letra y aguarda con calma la súbita revelación que sobrevendrá; después de trazar una coma o marcar un punto, arcanas ventanas de un universo paralelo se te abrirán, dejándote contemplar seres y cosas que sólo allí nacen, viven, mueren y medran.

Bandera de Japón
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4 comentarios en “HAIKU: EL SERENO ÉXTASIS DE LA COMPRENSIÓN VERDADERA

  1. “Sol naciente”.

    Alejado de ti me siento,
    recordarte me lastima,
    quiero cambiar la mirada, y
    elevo mi plegaria al sol naciente.
    donde anhelo poder verte,
    sin lágrimas del corazón.

    Con cariño y gratitud. Gerardo.

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  2. ” Uno “.

    Amor y gratitud,
    gratitud y amor,
    los dos son uno,
    uno eres Tú,
    tuyo es mi corazón.

    Con cariño y gratitud. Gerardo.

    Me gusta

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