KOAN: ERRADICAR LA LÓGICA PARA DESCUBRIR LO SAGRADO

Carmelo Urso

twitter: @carmelourso

https://carmelourso.wordpress.com

En la cultura occidental, de la que somos sin duda tributarios, el alumno suele aprender del profesor siguiendo los hilos de su discurso lógico, tal como un poco está ocurriendo con este texto. Por vía habitual, y si el profesor es razonablemente competente, el abordaje de un tema determinado comenzará con la formulación de una pregunta o un problema (¿Qué es la Justicia? ¿Cómo se obtiene la raíz cuadrada de 4? ¿Cómo se escribe un diálogo para stand-up comedy?).

Si el profesor en cuestión es una autoridad indiscutida en la materia, procederá a efectuar una exposición en la que –a través de pruebas, argumentaciones, razonamientos, anécdotas– ensayará una solución a la pregunta o problema planteado. Si por añadidura, nuestro expositor es ducho en técnicas de oratoria, no sólo dilucidará la cuestión planteada sino que, además, su disertación nos entretendrá, ahorrándole minutos de tedio a nuestras estresadas existencias.

A Dios gracias, este monólogo profesoral no suele presentarse bajo la apariencia de un caos informe, sino que, normalmente, consistirá en una trama muy bien hilada de argumentos y contra-argumentos, razones que iluminan a sinrazones, preguntas retóricas que se responden a sí mismas… lúcidos eslabones de una cadena causal, en la que de manera ordenada y jerarquizada, se suceden causas y efectos que suelen develar alguna forma de Verdad.

En el caso de que a nuestro hipotético profesor no le gustara acaparar todo el protagonismo de sus dos horas reglamentarias de clases, no hay problema; podría echar mano a un venerable y milenario recurso que solía ser frecuentado por los antiguos filósofos griegos para hallar, de manera compartida, alguna anhelada forma de conocimiento: se trata del diálogo, el cual ya analizamos en una nota anterior.

Si bien el diálogo puede resultar mucho más aleatorio, impredecible y candente que el discurso de un profesor, también es cierto que no es ajeno a la noción de cadena causal. Si mi amigo me formula una pregunta sobre cómo deben criarse los cerdos en cautiverio, yo no lo le responderé recitándole los resultados dominicales de la liga de fútbol. A la causa que es su pregunta le seguirá el efecto que es mi respuesta y ambas tendrán una vinculación lógica. A mis razonamientos seguirán los de mi interlocutor y viceversa. Por supuesto, siempre se puede cambiar de tema cuando un tópico planteado se agota… pero cuando hablamos de cerdos hablamos de cerdos y cuando hablamos de fútbol hablamos de fútbol.

En todo caso, estas maneras occidentales de buscar la Verdad siempre apelan a nuestro pensamiento racional, a nuestras facultades lógicas. Pero, ¿qué pasa cuando una pregunta no puede ser respondida en términos de una cadena causal, de un razonamiento? ¿Qué pasa cuando un Misterio es tan grande que ni con toda la artillería lógica de nuestro pensamiento lo podemos iluminar?

En este terreno neblinoso del Misterio, los científicos y sus colegas suelen declinar y hacer mutis para dar paso a los místicos, a los metafísicos, a los cartománticos y, no pocas veces, a los embaucadores. Sin embargo, desde hace al menos tres milenios, en Oriente, formular preguntas sin respuestas es una las maneras más comunes –y audaces– de propiciar la obtención de conocimiento entre profesor y estudiante. El koan, procedente del budismo, es una de esas vías. Tiene, además, la virtud de ser entretenido y presentarse bajo la forma de amena y breve fórmula literaria.

En chino, el vocablo tiene diferentes transcripciones: GoGoang, Koan, ch´an, chan. Cuando llega a Japón, deviene en zan, zazen y, finalmente, en zen. El propósito del zen es erradicar de la mente todo pensamiento conceptual, anular todo argumento que rezume raciocinio, exterminar toda cadena causal, a fin de que, libre e incondicionado, florezca el prajna –conocimiento intuitivo que, como súbito relámpago que golpea la superficie del agua, nos ilumina de manera súbita a través de una experiencia pura, cósmica.

Dice el escritor italiano Alessandro Baricco: “La verdad es que hay momentos en los que la omnipresente y lógica red de las secuencias causales se rinde, cogida por sorpresa por la vida, y baja al patio de butacas, mezclándose con el público, para dejar que en el escenario, bajo las luces de una libertad vertiginosa y repentina, una mano invisible pesque en el infinito regazo de lo posible y, entre millones de cosas, sólo permita que ocurra una”. Discernir esa mano invisible en la infinita vastedad del Todo –o de la Nada, según se vea- es el propósito, o más bien despropósito, del koan.

Alessandro Baricco

Al contrario que su colega occidental, el maestro zen exige un salto cuántico de su alumno, quien debe obtener un conocimiento inmediato por sí mismo –sin inducciones, influencias o condicionamientos externos. Por lo tanto, los kōan nunca se resuelven siguiendo la lógica del enunciado o tras un análisis racional del problema. De hecho, mientras el alumno tenga su pensamiento entretenido y prisionero del discurso racional, jamás encontrará la solución, pues el koan busca propiciar iluminaciones y no razonamientos.

Leamos a continuación algunos clásicos textos koan:

Maestro, ayúdame a encontrar la liberación.
– ¿Y quién te tiene prisionero?
. – Nadie
. – ¿Por qué buscas la liberación entonces?.

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– Maestro, ayúdame a encontrar la verdad.
– ¿Percibes la fragancia de las flores?
. – Sí.
– Entonces no tengo nada que enseñarte.

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Dos monjes estaban discutiendo acerca de una bandera. Uno dijo, “La bandera se está moviendo”. El otro dijo, “El viento se está moviendo”. Sucedió que el sexto patriarca, Zenón, pasaba justamente por ahí. El les dijo, “Ni el viento, ni la bandera; la mente se está moviendo”.

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Un belicoso samurai desafió a un anciano maestro zen a que le explicase qué era el infierno, pero el monje le replicó con cierto desprecio.
– No eres más que un patán y no puedo malgastar mi tiempo contigo.
Al escuchar la respuesta, el samurai, herido en su honor, montó en cólera y con el rostro rojo de ira desenvainó su espada mientras gritaba al anciano.
– Tu impertinencia te costará la vida.
– Eso. Eso mismo es el infierno —replicó entonces el maestro.
El samurai se quedó paralizado con la respuesta y la tranquilidad del anciano y al notar en él su rabia y todo su cuerpo turbado por la ira, se quedó conmovido por la exactitud de las palabras del monje y, como le había hecho ver cómo era el infierno, se postró ante el agradecido.
Entonces, el anciano le dijo.
– ¡Y eso. Eso es el cielo!

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Un gran maestro recibió cierto día la visita de un erudito profesor en la universidad que venia a adquirir mayor conocimiento.
El gran maestro sirvió el té. Colmó hasta el borde la taza de su huésped, y entonces, en vez de detenerse, siguió vertiendo té sobre ella con toda naturalidad.
El erudito contemplaba absorto la escena, hasta que al fin no pudo contenerse más. “Está ya llena hasta los topes. No siga, por favor”.
“Como esta taza” dijo entonces el gran maestro, “estás tú lleno de tus propias opiniones y especulaciones. ¿Cómo podré enseñarte algo a menos que vacíes tu taza?

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Maestro, ¿qué haces tú para estar en el camino verdadero?.
– Cuando tengo hambre, como; cuando tengo sueño, duermo.
– Pero esas cosas las hace todo el mundo.
– No es cierto. Cuando los demás comen piensan en mil cosas a la vez. Cuando duermen, sueñan con mil cosas a la vez. Por eso yo me diferencio de los demás y estoy en el camino verdadero.

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9 comentarios en “KOAN: ERRADICAR LA LÓGICA PARA DESCUBRIR LO SAGRADO

  1. “siete lunas”.

    Siete lunas para morir de todo lo que fuí,
    mil soles tengo enfrente para vivir,
    y uno de ellos, tus ojos, para verme aquí.

    Con cariño y gratitud. Gerardo.

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  2. “la oración”.

    No más banderas para vivir
    ni palabras para existir,
    quiero tus manos unidas
    para que besen al cielo y
    expresen el amor que siento.
    En silencio hablan mis ojos,
    agradecidos siempre,
    porque te encuentras en mí.

    Con cariño y gratitud. Gerardo.

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  3. Una gran enseñanza es la que permite
    ser comprendida tan sutil y elocuente
    nada se opone, solo tenemos la aceptaciòn
    Asi es la Verdad del PRESENTE.

    GRACIAS LINDO ARTICULO
    LIMA – PERÙ

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  4. si erradicamos la lógica, erradicamos la mente. ¿y es qué la mente existe?
    El lenguaje del corazón es la Intuición y esta nunca es de la mente. ¿y es qué la mente existe?

    Richie, Bogotá Colombia.

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    1. Y sì, la mente es una suerte de adicciòn… normalmente, nosotros trabajamos para ella y no al revès…. y entonces, nos perdemos en sus laberìnticos vericuetos.

      Saludos desde Buenos Aires,

      Carmelo

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