PUNTUAR: EL ARTE DE SAZONAR UN TEXTO (parte 1)

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Carmelo Urso

@carmelourso

Tras un cuarto de siglo escribiendo textos de toda índole, he llegado a la conclusión –probablemente no muy original– de que el arte de puntuar tiene mucho en común con el de sazonar un plato. La experiencia me dice que aunque existen reglas básicas de puntuación y manuales que las explican, la realidad es que cada escritor (o escribano) tiene sus propios y muy puntuales gustos, sus propios trucos redaccionales, sus propias supersticiones sintácticas. De tal forma, al leer este texto, hazlo más con espíritu lúdico que con afán prescriptivo, como quien se instala en la cocina a preparar un suculento plato que luego degustará.

Salero

El punto: la sal de ese territorio que es el párrafo.

La sal es la única roca comestible. Literalmente, la piedra fundamental de la sazón. “Sois la sal de la tierra”, dijo el Nazareno a sus discípulos. En aquella época desprovista de supermercados, la sal era tan escasa y valiosa que la frase de Jesús comportaba un sabroso halago para sus apóstoles. Hoy en día, la sal es el elemento básico para condimentar en todas las civilizaciones –al punto de que muchos sufren de hipertensión por su alta ingesta. Para mí, el punto es la sal del párrafo. Vale decir, la piedra fundamental de la puntuación.

Opino que el punto es el signo que marca el ritmo del párrafo. Frases cortas dinamizan la cadencia de la prosa. Frases largas la tornan más compleja –quizás más interesante y llena de sorpresas, pero con una legibilidad tortuosa. En el discurso argumentativo, el punto y seguido permite una concatenación elegante de las ideas. En narrativa, facilita la fluencia de la acción.

Jean Cocteau
Jean Cocteau

Recuerdo dos novelas paradigmáticas por su uso mágico de la frase breve y el punto y seguido: “Thomas, el Impostor” del francés Jean Cocteau y “La Invención de Morel”, del argentino Adolfo Bioy Casares. A esta estrategia de escribir corto y puntuar seguido, el autor austral –amigo y estrecho colaborador de Jorge Luis Borges– la denominó “la técnica del pan rallado”, el cual es por cierto fundamental a la hora de preparar una buena milanesa o unas soberbias albóndigas.

En el siguiente microrrelato, atribuido al improbable autor francés Louis Prolat, el punto y seguido es usado de manera magistral. En pocas frases, narra con despojada eficacia el comienzo y el fin de dos hermanos que a punto estuvieron de destruir al Imperio Romano.

EL ENCUENTRO
Educados para odiar y destruir Roma, los hermanos Aníbal y Asdrúbal invadieron a Italia uno por el Sur y otro por el Norte. Durante once años no se vieron. Su plan era encontrarse en Roma el día de la victoria. Pero el cónsul Nerón derrotó a Asdrúbal en las márgenes del Metauro. Ordenó que le cortaran la cabeza y la mandó arrojar en el campamento de Aníbal. Así Aníbal supo que Asdrúbal había sido vencido.

Louis Prolat, La Tarif de Marseille (1869).

Aníbal

Por alguna razón que aún no logro elucidar, buena parte de los pasantes de periodismo que tutelo llegan a mis manos con un vicio que me resulta intolerable: tachonan sus párrafos de infinitas comas. De ellos he leído –con indisimulable asombro– párrafos de siete, diez, quince líneas sin que medie un solo punto y seguido.

No es que quieran emular al Nobel portugués Saramago (cuyo estilo encabalgado no acaba de cautivarme) o al virtuoso austríaco Thomas Bernhard (que perpetraba sórdidas novelas de 300 páginas constituidas por un solo párrafo). Simplemente, obran desde una sintáctica inconsciencia que les impele a amontonar frases como si fuesen cachivaches. Cada frase entraña una idea y las ideas no deberían ser tratadas como trastos rotos. Deberían ser tratadas con delicada claridad, con refinado respeto. Bien dosificado, el punto y seguido reporta orden a las ideas de un párrafo y les da un buen sabor que el lector paladea agradecido. Al menos, desde mi sápido punto de vista.

Philippe de Montebello

Las comas: útiles como el ají y el ajo

“No solo de pan vive el hombre”, reza el antiquísimo proverbio. No solo de puntos vive el párrafo. Ciertamente, el punto es signo tan importante que la palabra “puntuación” y el verbo “puntuar” derivan de él. Sin embargo, usar sólo el punto restringiría enormemente las posibilidades expresivas de nuestra escritura. Es como si pretendiésemos sazonar un plato únicamente con sal. En caso de extrema necesidad se podría hacer, pero a la larga resultaría monótono, aburrido. Y en nuestra alacena gramatical disponemos de otros útiles recursos.

Mis dos abuelas eran excelentes cocineras. Asunción, la venezolana, le enseñó a mi mamá el benéfico uso del ají dulce (que en otras latitudes llaman pimiento). Leonarda –la siciliana– era experta en saborizar con ajo. Siguiendo la metáfora que da título a este artículo, la coma es al párrafo lo que el ají es a la comida del Oriente venezolano y lo que el ajo resulta para el arte culinario del Sur de Italia: indispensable para que un texto quede perfecto.

ajo

Todos hemos leído en los manuales de Gramática que los puntos marcan pausas largas y las comas pausas cortas. Que los puntos se colocan al final de una frase cuando una idea está completa y que las comas encadenan frases que desarrollan ideas similares. Pero donde la coma tiene –sin duda– un uso protagónico es en las enumeraciones.

Las enumeraciones no son, como piensan algunos, simples listas de objetos o sujetos. La enumeración es un recurso retórico que puede expresar, de modo acumulativo, la grandeza o complejidad de una persona, empresa o situación. Puede reflejar desde la mundana abundancia de bienes materiales y la multiplicación de logros de una institución hasta la ilimitada vastedad de la Naturaleza y el Cosmos.

ají dulce 2

En primer término, tenemos la enumeración simple que comienza normalmente con una frase organizadora seguida de dos puntos. Luego, los elementos se jerarquizan según distintos criterios: por orden alfabético; por orden de importancia (ascendente o descendente); del más frecuente al más raro (o viceversa); del más grande al más pequeño; del más alto al más bajo; del más antiguo al más reciente –entre otros. Este tipo de enumeración es propia de una prosa funcional, que atiende a criterios de orden lógico, metodológico, sistemático. Un ejemplo:

“Las naciones que conforman la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) son: Angola, Arabia Saudita, Argelia, Ecuador, Emiratos Árabes Unidos, Irak, Irán, Libia, Kuwait, Nigeria, Qatar y Venezuela”.

logo opep

En cambio, en la poesía la enumeración puede adquirir una abundancia torrencial. Puede tornarse irrefrenable música que mana como cauce de indómitos símbolos. Vocablos rebeldes en los que a granel arde la rara luz de la epifanía. Lenguaje emancipado en el que las palabras fulgen con milagrosa –y caprichosa– libertad asociativa. Poetas como el norteamericano Walt Whitman y el chileno Pablo Neruda hicieron de la enumeración populosa su bandera expresiva. Más cercano a mi gusto, el poeta argentino Oliverio Girondo (1891-1967) fue un maestro de la vanguardia surrealista de mediados del siglo XX y, cuándo no, un maestro indiscutible de la enumeración poética. Aquí, dos célebres ejemplos de su indeleble cosecha.

Oliverio Girondo
Oliverio Girondo

El Espantapájaros (Poema número 12)
de Oliverio Girondo

Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, se despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehúyen, se evaden y se entregan.

Viajero cósmico


Vuelo sin orilla
de Oliverio Girondo

Abandoné las sombras,
las espesas paredes,
los ruidos familiares,
la amistad de los libros,
el tabaco, las plumas,
los secos cielorrasos;
para salir volando,
desesperadamente.

Abajo: en la penumbra,
las amargas cornisas,
las calles desoladas,
los faroles sonámbulos,
las muertas chimeneas
los rumores cansados,
desesperadamente.

Ya todo era silencio,
simuladas catástrofes,
grandes charcos de sombra,
aguaceros, relámpagos,
vagabundos islotes
de inestable riberas;
pero seguí volando,
desesperadamente.

Un resplandor desnudo,
una luz calcinante
se interpuso en mi ruta,
me fascinó de muerte,
pero logré evadirme
de su letal influjo,
para seguir volando,
desesperadamente.

Todavía el destino
de mundos fenecidos,
desorientó mi vuelo
-de sideral constancia-
con sus vanas parábolas
y sus aureolas falsas;
pero seguí volando,
desesperadamente.

Me oprimía lo flúido,
la limpidez maciza,
el vacío escarchado,
la inaudible distancia,
la oquedad insonora,
el reposo asfixiante;
pero seguía volando,
desesperadamente.

Ya no existía nada,
la nada estaba ausente;
ni oscuridad, ni lumbre,
-ni unas manos celestes-
ni vida, ni destino,
ni misterio, ni muerte;
pero seguía volando,
desesperadamente.

Universo

Ambos constituyen poemas narrativos donde la enumeración, dinamizada por la omnipresente coma, despoja al texto de toda menudencia inútil. Haciendo gala de una envidiable economía del lenguaje, Girondo y su desparpajado humor nos acompañan en un viaje que se inicia en los linderos de la cotidianidad más prosaica y acaba en la siempre angustiosa frontera de la infinitud.

El primer poema –con el uso exclusivo de verbos reflexivos en tercera persona del plural– agota todas las posibilidades del ciclo de la vida y la muerte (reencarnación incluida).

cocina

El segundo, desde la “amarga cornisa” de la desesperación, ensaya un vuelo con el que muchos hemos soñado y elucubrado, pero que pocos toman el riesgo de emprender. La coma actúa como un catalizador que le confiere a ambos textos un vértigo sidéreo, una deliciosa ligereza. Girondo, como experto cocinero en tiempos de escasez, toma pizcas de contados elementos y los combina con tal destreza que acaba ofreciéndonos un verdadero banquete.

Como en la buena cocina, lo importante al escribir no es saturar el paladar del lector sino saciar su apetito, balaceando con sapiencia los ingredientes del texto. El noble punto y la versátil coma –al igual que el ajo y el ají, la pimienta y la sal– marcan la diferencia entre una escritura que es festín para los sentidos y un manjar cuya sazón malogre el hambre del mejor comensal.

Tomates con ajo

4 comentarios en “PUNTUAR: EL ARTE DE SAZONAR UN TEXTO (parte 1)

  1. ” La escalera “.

    Transito por una espiral
    que se engarza de estrellas y
    ellas forman el destino del quien hoy soy.

    Cada sol es un peldaño,
    el alma la luz de la escalera y
    en el centro un faro que me lleva a tu corazón.

    Con cariño y gratitud.

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  2. ………Jairo…uncantante de fama internacional…interpreta una canción llamada “Los enamorados”….y que es como el primer poema……va creando realmente un ascenso hacia un punto cúlmine….EL ÉXTASIS DE AMOR….entre dos seres…..Humildemente creo…que en cada día…tenemos que comoenzar laboriosamente a trabajar ..pensar…hablar.etcetc…tanto tanto tanto….que al anochecer…nos podamos sentir en la cima del día…que es como decir…MÁS CERCA DEL CIELO!….animándonos ..casia tocar a Dios….con la puntita de los dedos…..y así irnos a dormir en paz…………

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  3. ” La Palabra “.

    Las letras son sabios signos,
    que forman divinos símbolos
    en armonía con Dios.

    De tu voz fluyen geometrías,
    en sagradas vibraciones que
    expresan las esferas del amor.

    Las palabras son líneas y puntos
    que crean un manadala como la
    luz del alma que uno con el corazón.

    Con cariño y gratitud.

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  4. ” La escritura “.

    Divinas letras
    que dicta en poesía la luna
    en hojas blancas del corazón.

    Escribir con luz tu nombre
    es estar en correspondencia
    con las formas sagradas del amor.

    Con cariño y gratitud.

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