EL NECESARIO PLACER DE LEER EN VOZ ALTA

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Carmelo Urso

@carmelourso

Desde hace algún tiempo vengo dictando talleres de microliteratura en mi Caracas natal. Tomando como punto de partida la noción de cultura de paz (refrendada por la ONU en su Resolución 53/243) abordo en mis clases expresiones literarias ancestrales relacionadas con la brevedad: el haiku japonés, el koan chino, los aforismos, las fábulas clásicas, los cuentos de hadas, las parábolas bíblicas y hasta el eslogan, el cual constituye en no pocas ocasiones una breve fórmula poética (aunque, paradójicamente, nació como un grito de guerra celta).

Quiero hablarles un poco de esta experiencia y no como un gurú del arte pedagógico (que no soy). El asunto es que algunos amigos, profesores universitarios y de secundaria, me han comentado con cierta preocupación dos problemas que suelen tener con sus estudiantes: uno, es el marcado déficit de atención que signa el desarrollo de sus clases; otro, la extendida práctica del plagio –facilitado por internet– a la hora de elaborar los trabajos en casa y hasta en clase (posibilitado por los smartphones).

teléfono celular

La verdad es que fungir como educador en la presente época entraña un enorme reto creativo. Tengo poco más de cuarenta años y percibo una sustancial diferencia entre mis hábitos mentales y los de la gente que tiene diez, veinte o treinta años menos que yo. Y no es porque este humilde servidor sea un genio por ponerlo en evidencia: ya los científicos están determinando que el uso masivo de implementos tecnológicos está cambiando la estructura del cerebro humano y, entre otras cosas, la manera que tenemos de leer, escribir y aprender.

Cuando mis maestros me ponían a leer, se esperaba que lo hiciera empezando por el principio del texto, siguiendo por el medio y terminando por el final, leyendo de arriba abajo cada palabra, cada página. Mis profesores de secundaria y universidad me mandaban a leer largas guías y hasta libros enteros. Daban por sentado que los leerías. Y yo lo hacía. Si no –al menos en los colegios en que estudié– simplemente no pasabas los exámenes. Corrían las décadas de los 80 y los 90 del siglo XX: no existía internet, no había tal cosa como teléfonos inteligentes y la consola de juegos más avanzada era el vetusto y jurásico Atari 2600. Recién compré mi primera computadora personal en 1993, a la edad de 24 años, época en que elaboraba mi tesis para graduarme de periodista en la Universidad Central de Venezuela (UCV).

El vetusto Atari 2600
El vetusto Atari 2600

Hoy en día la cosa es diametralmente distinta: los niños disponen de artilugios de alta tecnología desde que nacen. Y cada uno de ellos constituye en sí mismo un sofisticado centro de información y entretenimiento que incluye incontables posibilidades: música, películas, juegos, comunicaciones escritas y habladas, correo, medios de comunicación, aplicaciones para trabajar y estudiar, etc. Y sí, duélale a quien le duela, ellas son las actuales plataformas de lectura y escritura. Cosa que ningún pedagogo debería obviar.

No es lo mismo leer un libro, que usualmente no tiene otro estímulo que el interés que pueda suscitar el texto en sí mismo –el texto apenas soportado por la recatada hoja en blanco– que leer en una plataforma multimediática, donde al texto se le suman imágenes, animaciones, música, audios, avanzadas técnicas de diseño e infinitas opciones video-lúdicas. El libro solía estimular nuestra imaginación. Las plataformas actuales estimulan con intensidad nuestros sentidos y específicas zonas de placer de nuestro cerebro –haciéndolas potencialmente adictivas.

iphone 5

En un artículo publicado en la revista “Opción Médica”, los mexicanos Claudia Labus (docente de biología) y Romero Galván (médico clínico) señalan:

Hoy la exposición a la tecnología está alterando nuestra atención, vivimos en una “cultura de la interrupción”: mail, facebook, twitter, You Tube, sms, celulares, videojuegos. Por cada hora en internet se pierden 30 minutos de vinculación social, produciendo debilitamiento en nuestras redes neuronales. ¿Cómo inciden los miles de bits que ingresan a nuestro cerebro en un lapso tan corto cuando pasamos de una web a otra? Mientras se están formando redes neuronales al navegar por una web, las interrumpimos para pasar a otra web y volver a formar otra red; conectamos y desconectamos nuestras dendritas y sinapsis, lo que implica una reconfiguración constante de la estructura neuronal; esta hiperfragmentación de la mente, este constante flujo de multitareas, erosionan la atención y la hacen entrar en un estado permanente de distracción y dispersión de las percepciones. Estas son las causas del aumento del “Déficit atencional” (TDAH) y de lo que hoy llamaríamos “Trastorno digital de déficit atencional” (TDDA).

niño jugando videojuego

El ingeniero danés Jakob Nielsen, una autoridad mundial en diseño de interfaces para internet, ha detectado el patrón de lectura predominante entre “los nativos digitales”, esos muchachos y muchachas de veinte años o menos a los que les suelo dar clase, gracias a una técnica de investigación denominada eyetracking (“rastreo del ojo”) . Nielsen lo llama “el patrón de lectura en F”, el cual implica que, frente a la pantalla, no se lee linealmente sino que primero se hace un “escaneo” horizontal en la parte superior, de izquierda a derecha; a continuación, la mirada efectúa un segundo movimiento horizontal, más corto, en la zona inmediatamente inferior; por último, se visualiza la parte izquierda de la página con un movimiento más lento, de forma vertical.

Jakob Nielsen
Jakob Nielsen

El “nativo digital” no lee como solemos hacerlo los cuarentones, los cincuentones y los sesentones de mi época –esos “migrantes digitales” que leemos de arriba hacia abajo, palabra por palabra, página por página– sino que “escanea el texto”, vale decir, le echa un rápido vistazo general. Si las primeras palabras de cada línea no le parecen interesantes, continúa explorando hasta dar con algo que le resulte de interés. Si no lo consigue, hace click en un hipervínculo y simplemente se traslada a otro texto, salta a otra ventana digital. Además, Nielsen concluye que, en promedio, las personas sólo leen 20% de las palabras que aparecen en pantalla (lo confieso: mi esperanza de que este texto sea íntegramente leído online es bastante escasa…)

Patrón de lectura en F
Patrón de lectura en F

Cuando comencé a impartir mis clases, me percaté de que a los “nativos digitales” les costaba prestarme atención más allá de treinta o cuarenta minutos. Por otra parte, estaban pendientes, de manera constante, de sus sms, sus pins, sus réplicas en twitter, sus mensajes en facebook, sus correos… Sus teléfonos parecen apéndices inseparables de las manos y sus dedos recorren las pequeñas teclas a una velocidad que yo jamás alcanzaré. ¿Qué hacer para que se involucraran emocional e intelectualmente en mis clases? ¿Cómo dictar un taller de literatura a personas que leen de una manera tan distinta a la que yo aprendí?

Decidí que tenía que poner en sus manos algo distinto al teléfono celular y delante de sus ojos algo distinto a la pantalla. Decidí que ellos tenían que dar buena parte de la clase para aprender lo que ellos mismos impartirían. Decidí que la clase tenía que convertirse en una suerte de pedagógica puesta en escena que resultara interesante. Y mi inspiración no fue una moderna técnica educacional, sino más bien una bien antigua.

Decidí ponerlos a leer en voz alta.

leer en voz alta

Hoy en día nos parece natural la lectura silenciosa. Hoy en día nos parece natural que todo el mundo lea. Pero no fue siempre así. Hace dos mil años, hace mil años, hace quinientos años, leer era un privilegio de pocos. Literalmente de pocos, pues la mujer, en casi todas las culturas, y hasta inicios del siglo XX, solía ser apartada de la educación formal y, por ende, de la lectura.

En un interesantísimo artículo, La lectura silenciosa y la lectura en voz alta, recogido por la publicación “Espacios para la Lectura” (año 1, no. 2, 1996, pp.4), la filóloga germana Margit Frenk señala que la práctica de leer sólo con los ojos se impuso recién en el siglo XV, “el siglo que trajo consigo el advenimiento de la imprenta”. Según Frenk, “en la antigüedad griega las obras se divulgaban principalmente a través de la recitación pública: la gente se reunía para oír leer. También en la Roma antigua los textos eran leídos oralmente, recitados de memoria, salmodiados o cantados (…) En la Roma imperial las obras literarias se leían en reuniones informales y privadas entre los amigos del autor, pero a partir del reinado de Adriano existieron edificios públicos a ese fin (…) Así, a lo largo de la Edad Media, todos, tanto analfabetos como los que sí sabían leer, estaban acostumbrados a escuchar el sonido de las letras, mucho más que a ver su forma gráfica”.

Emperador Adriano

Esto tenía serias consecuencias tanto a la hora de leer como a la de escribir. En tal sentido, expresa Frenk: “En todos los ámbitos era la voz, con su presencia material, la que venía a dar sentido a una escritura que, sin ella, era verdaderamente letra muerta. Junto a la voz estaba el espectáculo casi teatral creado por la lectura, con la fuerte presencia física del que leía, recitaba o cantaba, con su expresividad gestual y vocal y –cosa igualmente importante– con la presencia física de los oyentes (…)”. Por otra parte, “en todos esos siglos de lectura en voz alta y recitación de los textos no se escribía como hoy. Podemos decir, de manera figurada, que el escritor de hoy escribe en silencio, mientras que el de otros tiempos escribía en voz alta. El autor que preveía una recitación o una lectura en voz alta de su texto frente a un grupo de oyentes, escribía escuchando el efecto sonoro de sus palabras y dándoles un movimiento y una organización que correspondieran a lo que un público auditor podía captar, gozar y aun memorizar”.

lectura dramatizada

En pleno siglo XXI, la lectura en voz alta vuelve a cobrar una importancia crucial. ¿Por qué? Porque los “nativos digitales” han pasado buena parte de sus vidas contemplando pantallas donde la gente habla, habla y habla… habla para informarnos de las noticias que cambiarán nuestras vidas (o eso nos hacen creer) y para comentar los chismes de farándula de último momento. Son pantallas en las que los políticos y los comentaristas de fútbol discursean y discuten durante horas, sin cesar; pantallas en las que los amantes se enamoran en interminables telenovelas, los héroes se juegan la vida en catastróficas películas de acción y las estrellas del escenario cantan en multitudinarios conciertos. Pantallas en las que nos hacen creer que ocurre la verdadera realidad.

Pantallas en las que titanes animados habitan fulgurantes mundos imaginarios. Pantallas en las que la personalidad del video-jugador se funde –hasta extremos patológicos– con las de su personaje en la aventura de rol. Pantallas en las que los nuevos ídolos de la canción son vocaloids holográficos como Hatsume Miku o Lily V3. Parafraseando al gran poeta cubano José Lezama Lima, esas pantallas se han convertido en una indócil y adictiva sobrenaturaleza, en la que las imágenes que contemplamos han sustituido a los signos que antes solíamos leer; en la que las imágenes digitales han suplantado a las propias imágenes que antes solíamos imaginar.

tablet samsung

No sé si es bueno, no sé si es malo; pero el “nativo digital” ha pasado miles y miles de horas frente a esas imágenes que le hablan. Para él sería más cómodo que los libros también le hablasen. Sea porque el autor escriba “con un tono hablado”, sea porque los textos literalmente se escuchen, como en el caso de los cada vez más exitosos audiolibros.

Es por eso que pongo a leer en voz alta a mis estudiantes.

Suelo obrar de la siguiente manera. Primero, hago una exposición del tema del día que dura de quince a veinte minutos. Luego, pongo a leer a los alumnos un texto que he preparado para la clase. El texto suele estar escrito “con tono hablado” y con párrafos de cinco a ocho líneas de largo (a veces un poquito más, a veces un poquito menos). Cada párrafo es leído por un alumno diferente. Tras cada párrafo, suelo hacer un comentario o dejo que los muchachos lo hagan.

Terminado ese texto teórico, inicio un recital de textos poéticos o narrativos de acuerdo al tema del día. Por ejemplo, si la lección trata sobre haiku, leemos poemas clásicos de autores japoneses y textos destacados de alumnos de mis talleres anteriores. Cada poema es recitado por una persona diferente. Pido a los participantes que me expresen qué sensaciones o ideas les produce cada pieza. Cuáles les gustaron y cuáles no. De allí, suele nacer un diálogo, que bien puede ser un ciclo de preguntas y respuestas o un intercambio de opiniones.

words

Luego, les doy 45 minutos para que escriban, como mínimo, un texto. Tengo alumnos que han escrito diez haikus o aforismos de una sola sentada y hay quienes escriben uno o dos. No hay juicios sobre la cantidad. Lo único que importa es que sean originales. En tal sentido, si lo estimo conveniente, mando a apagar (o a sepultar en lo más profundo de sus mochilas o bolsos) sus teléfonos celulares, a fin de evitar plagios o falsos milagros de inspiración por pícara vía digital.

La clase suele terminar con un recital en el que los educandos leen su propia cosecha a viva voz. No sé si es algo inherente a la forma de ser de los venezolanos y venezolanas, pero jamás me ha pasado en mi país que alguien no quiera leer lo que escribió. Y cuando facilité el taller en Argentina fue igual. Así que la práctica parece indicar que no lo estoy haciendo tan mal. O que a los venezolanos y argentinos les encanta hablar en público, je, je, je.

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Los textos que me parecen dignos, buenos o simplemente excelentes acabo publicándolos en mi blog de microliteratura Sólo50 http://solo50.wordpress.com/ el cual se acerca al millón de visitas (de más de 150 países) y al centenar de autores, con más de mil textos en línea.

Por cierto, si estás interesado en que dicte un taller (largo o corto) en tu comunidad u organización, escríbeme al correo solo50cincuenta@gmail.com. También me puedes seguir en twitter (@carmelourso) Siempre será divertido encontrarnos en ese territorio lleno de vívidas sorpresas como lo es la literatura.

Y no importa si eres un dinosaurio migrante digital como yo o un genuino nativo digital como mis hijos Paula Sofía y Juan Rodrigo. Siempre será un placer compartir contigo la ancestral dicha de leer y ser leído, de escribir y de escuchar lo que las almas amigas escriben…

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10 comentarios en “EL NECESARIO PLACER DE LEER EN VOZ ALTA

  1. Buenas tardes, un saludo cordial solamente te escribo para tu propia estadistica que le completo tu articulo de ” Necesario placer de leer en voz alta”. No se si es porque pertenezco a la cultura venezolana ya que viv 25 aos en Valencia o porque realmente para mi es un placer leer, soy costarricense me vine a Costa Rica hace 8 aos y celebro lo que ests haciendo porque es una queja creo universal. Saludos Cordiales Ligia Mora

    El 20 de julio de 2013 13:06, Carmelo Urso

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  2. ” El recital “.

    El arte que tus manos expresa,
    se escribe con bellas letras de amor.

    Dar lectura a todas ellas,
    es ver en tus ojos cada palabra,
    que nace de un sello con tinta del corazón.

    Con cariño y gratitud.

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  3. 1.
    ” La lectura “.

    Estalla en silencio el alma
    al nacer la voz del corazón.

    2.
    ” La escritura”.

    Signos del alma
    que se traducen en letras,
    con palabras del corazón.

    3.
    ” Las letras “.

    Despertar el amor
    con un beso del alma,
    es formar las letras del corazón.

    Con cariño y gratitud.

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