LAS FÁBULAS ESPIRITUALES DEL POETA LIBANÉS ILIYA ABU MADI

ILIYA ABU MADI

Las ranas y las estrellas

La rana gritó al ver alrededor,
en el agua, la sombra de los astros:
— ¡Compañeras, mis tropas, concentraos!
Los enemigos han cruzado
en la noche las fronteras.
Expulsadlos, y expulsad con ellos a la noche,
que también es injusta y criminal.
El eco de este grito viajó en las tinieblas.
La orilla se llenó de bultos y figuras.
Vibró la piel del agua febril con sus croares,
mientras la noche guardaba silencio.
Cuando rasgó la aurora los velos de la sombra,
y se desvanecieron sus vestigios de la faz de la tierra,
se fue pavoneándose
como un rey victorioso entre sus jefes.
— ¡Alegraos conmigo —dijo luego—,
ahora estamos a salvo de una trampa terrible!
Si no hubiéramos vencido a estos luceros
que nos han atacado, nos habrían
hecho sentir su ley inapelable;
se habrían instalado en nuestra tierra,
logrando un bienestar
que entre las nubes no hallarían.
¡Oh, Historia: deja escrito que somos
una nación que ha vencido a las mismas estrellas!

ruiseñor

Un gusano y un ruiseñor

Un gusano, que por la tierra andaba deslizándose,
miró hacia un ruiseñor que volaba cantando,
y se puso a quejarse, a las hojas caídas
en el campo, de que no tenía alas.
Una hormiga llegose a él y dijo:
— Confórmate y calla, mejor es para ti.
Si deseas ser pájaro, sólo deseas ser
pájaro al que dan caza y sacrifican.
Aférrate a la tierra, que ampara a los gusanos,
y deja las palabras, que el silencio es más grato.

 

La piedra pequeña

Oyó un gemido la noche estrellada
que envolvía la blanca ciudad.
Se inclinó sobre ella, como quien conteniendo
el aliento prolonga su escucha en silencio.
Vio a sus gentes dormir como a la Gente
de la Caverna, sin ruido ni alboroto.
Y vio detrás la presa de sólida estructura,
y el agua, que un desierto parecía.
Venía aquel gemido de una de sus piedras
que se estaba quejando de su ciego destino.
— ¿Qué hago yo en este mundo,
si en él no soy nada, ni siquiera polvo?
No soy mármol para hacer estatuas,
ni roca para edificar.
No soy tierra que absorba el agua,
ni agua que riegue los ricos jardines.
No soy perla por la que suspire
la bella joven, llena de hermosura y de gracia.
No soy una lágrima, ni un ojo,
ni un lunar, ni una rosada mejilla.
Soy una piedra gris y diminuta,
sin belleza, sin ciencia, sin ingenio.
Dejaré esta existencia y me iré en paz,
porque me he hartado de seguir viviendo.
Y abandonó su sitio, quejándose
a la tierra y los astros, al cielo y las tinieblas.
Pero, cuando la aurora abrió sus párpados,
la inundación cubría la blanca ciudad.

 

higuera

La higuera necia

Una higuera de tiernas ramas, alta,
dijo a sus compañeras al llegar el verano:
— Maldito sea el destino que en la tierra me puso,
que me dio a mí belleza para que otros la miren.
A mí misma concederé mis dones
y los demás no verán ni rastro.
¡Es más de lo que puedo soportar,
que sean para otros,
no para mí, la sombra y el fruto!
Soy la meta de aves y de bestias,
pero no veo qué meta tengo yo en la vida.
Recortada mi sombra a la medida de mi cuerpo,
sin que sobre ni falte,
no tendré fruto si no estoy segura
de que no se me acerque ni pájaro ni hombre.
Volvió la primavera, con su cortejo, al mundo,
se ornaron y vistieron de brocado los árboles.
Y siguió desnuda la higuera ignorante,
como piedra o estaca en la tierra.
El dueño del huerto no soportó verla
y la arrancó, y fue a consumirse en el fuego.
Quien no es generoso con lo que la vida le otorga
es un ignorante que por codicia se pierde.

 

Luna Llena

La hija de la noche

La luna llena se erguía sobre el bosque una noche
y vio al zorro pasar furtivo entre las viñas;
cada vez que una sombra aparecía, temeroso de ella
estremecíase.
Y vio un feroz león junto al estanque,
llenando de rugidos el valle, cada vez que advertía un murmullo,
mientras corría el agua entre las piedras, temerosa
y sombría.
Y un chacal vio a la luna columpiarse en el espacio,
como un rey rodeado de luceros, sus soldados y esclavas
y dijo: — Si fuera compañero de la luna, o la luna del cielo ,
o su sombra,
no me preocuparía la irrupción del pastor, ni el perro experto
y sus ataques.
Pero el león, al ver a la luna burlona, le dijo:
— ¡Hija de la noche , sea lo que sea
lo que me apetezca, no me apeteces tú;
eres brillante pero seca, no hay caza en ti
ni junto a ti!
Tuyo es este horizonte, pero es también de las estrellas.
Si fueses un león con colmillos y garras
no dañarían tu blanco rostro las miradas de los zorros.
¡Preserva tu belleza!

espiga de trigo

La ermitaña

Vi en el campo, cerca del ocaso,
una espiga que, al pie de la colina,
se cimbreaba inclinando la cabeza, como adorando al sol,
o como recitando la oración de la tarde.
Me aburrí de la ermitaña del campo
y, sin esperar a mi sombra,
me puse a recoger y aventar el grano, a echarlo luego al fuego,
sacando de él para mi cuerpo alimento.
El sol se ocultaba detrás de las cimas,
callaron los pájaros que aún no dormían,
pero mi hoguera siguió creciendo, y seguí comiendo lo que se cocía.
¡Qué bueno el fuego, qué sabroso el asado!
Yo hacía mi gusto y me divertía.
Y hete aquí que una voz no esperada me grita:
— ¡No es grano ni espiga lo que el fuego consume, lo que consumes tú,
sino tus ilustres antepasados!
Ni hombre ni pájaro había.
¡Cosa extraña: una voz y nadie hablaba!
¿De dónde llegaría la voz? No lo sé, pero la ermitaña del campo
levantó la cabeza hacia lo alto.

 

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El riachuelo ambicioso

Decíase el riachuelo:
— ¡Ojalá fuese un caudaloso río,
como el Éufrates dulce
o el Nilo, que abundante se desborda,
que los barcos navegan abrumados
de copiosas provisiones!
Sólo quien es vulgar
con los deseos vulgares se conforma.
Y hacía el río fluyó rápidamente,
sin entretenerse en el verde prado.
Mas, cuando allá llegó,
el bramido acalló su murmullo.

 

cuervo

El cuervo y el ruiseñor

Dijo el cuervo al ver el afecto apasionado
de los hombres por el ruiseñor canoro:
— ¿Por qué no me adoran a mí los oídos como a él,
qué diferencia hay entre mis alas y las suyas?
Yo soy más fuerte y tengo las garras más agudas,
¿por qué la gente se olvida de alabarme?
— ¿Es que separo a los que se aman
o enturbio las delicias y alegrías?
Hay muchos líquidos semejantes al vino,
¿por qué no se les venera como al vino?
La suerte no es de los cuerpos y sus formas.
Todo el misterio está en los espíritus.
La voz es un don del cielo, y el cielo
no se complace más que en el cantor.
El destino sentencia, y si criticas al destino
te corta el cuello el cuchillo del ejecutor.

perros

Visión

Visiones en el sueño… ¡Cuántas veces en sueños
se muestra la verdad de las cosas!
Yo soñé que pasaba
por un jardín de seductora opulencia.
Una alfombra de luz en sus senderos,
el perfume en las brisas y las sombras.
La hierba era un brocado ondulante;
el aire, luz y luz.
Y resonó una voz como un gañido en mis oídos,
y tras mí unos colmillos rechinaron.
Volví la vista, sorprendido, en busca
del sonido que escuchaba. No estaba en un desierto.
Detrás de mí, en el huerto, había un perro,
ávidos los ojos, resecas las entrañas,
a punto de asomar las venas en su piel,
y con ellas su ansia de mi sangre.
Temiendo que clavara sus colmillos en mi traje,
le di una patada, y voló mi zapato.
En él hincó los dientes
como si los hincara en el fénix,
se lo llevó a sus compañeros
y se lo repartieron, jubilosos,
pues era buena cena.
Nadie se extrañe si me ve descalzo:
me han roto los zapatos las lenguas de los necios.

burro

El asno disfrazado

Afirma el sabio que hubo una vez un asno
que estaba triste porque no lo llevaban a la plaza.
Y un día lo llevaron, le cortaron la cola con tijeras
y sus agudos filos le asaltaron las orejas.
El domador montábase a sus lomos,
y aún sus flancos inspiraban sospechas al jinete.
Pero siguió dudando hasta que oyó
una voz que se alzaba, como la de los genios;
desenvainó el acero y cortó su cabeza,
y arrojó su cadáver a los cuervos.
Mientras a todo ser viviente le acompañe
su propia voz,
¡que no esconda al asno la piel del caballo!

langosta insecto

Segunda visión

Volví a soñar, cuando aún no se habían marchado
del mundo las tinieblas.
Vi una langosta, con los miembros exhaustos,
echada en una ciénaga, mirar embelesada el horizonte
con pupilas heridas, insultando a las estrellas de Géminis.
— ¿Qué te ha pasado?, dije. Pero no respondió.
Pregunté a sus amigos y ellos me contestaron:
— Nuestra compañera es testimonio
de lo que es burlarse de los buenos consejos.
Cuando tenía hambre, un grano de mostaza le bastaba,
y una gota de agua cuando tenía sed.
Oyó hablar de un río en el cielo y de un paraíso
que no se secaba, que no perecía,
cuyos frutos tenían perfume,
sus ríos miel, y su rocío hechizo.
Y no quiso ya vivir en la tierra,
yaciendo en el polvo.
Echó a volar por el espacio,
hasta que se cansó y cayó a la tierra.
Volvió al mundo para el que fue creada,
pues no fueron creados los insectos para el aire.
Ésta es su historia: en ella hay un aviso
para los insensatos que son como esta necia.

Poesía árabe 2

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Un comentario en “LAS FÁBULAS ESPIRITUALES DEL POETA LIBANÉS ILIYA ABU MADI

  1. ” El pájaro y el árbol “.

    Vuela felíz el pájaro y en su
    pico lleva una semilla;
    El viento se la quita y la
    semilla cae a la tierra y la
    luna en silencio la germina.

    Días y noches transcurrieron y
    una mañana se presenta a la
    vida como un alegre tallo. Crece
    en amores al latido de todos los
    corazones; y de ellos se forma
    un árbol, con grandes hojas,
    dulces frutos y bellas flores.

    Y desde entonces anida el pájaro
    una vez al año, y agradece al sol
    por la luz que envuelve al árbol,
    por las semillas que lo alimentan
    y la almohada en cada rama que
    lo duermen con dulces sonidos del
    viento que lo arrullan como un manto.

    Con cariño y gratitud.

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