FÁBULAS DE IRIARTE

loros

Los dos Loros y la Cotorra

(Los que corrompen su idioma no tienen otro desquite que

llamar puristas a los que le hablan con propiedad, como si

el serlo fuera tacha.)

 

De Santo Domingo trajo

Dos Loros una señora.

La isla en parte es francesa,

Y otra parte española.

Así, cada animalito

Hablaba distinto idioma.

Pusiéronlos al balcón,

Y aquello era Babilonia.

De francés y castellano

Hicieron tal pepitoria,

Que al cabo ya no sabían

Hablar ni una lengua ni otra.

 

El francés del español

Tomó voces, aunque pocas;

El español al francés

Casi se las tomó todas.

Manda el ama separarlos;

Y el francés luego reforma

Las palabras que aprendió

De lengua que no es de moda.

El español, al contrario,

No olvida la jerigonza,

Y aun discurre que con ella

Ilustra su lengua propia.

Llegó a pedir en francés

Los garbanzos de la olla;

Y desde el balcón de enfrente

Una erudita Cotorra

La carcajada soltó,

Haciendo del Loro mofa.

Él respondió solamente,

Como por tacha afrentosa:

Vos no sois que una purista;

Y ella dijo: A mucha honra.

¡Vaya que los loros son

Lo mismo que las personas!

 

CONEJOS

Los dos Conejos

(No debemos detenernos en cuestiones frívolas, olvidando
el asunto principal.)

Por entre unas matas,
Seguido de perros
(No diré corría),
Volaba un Conejo.

De su madriguera
Salió un compañero,
Y le dijo: “Tente,
Amigo; ¿qué es esto?”
—”¿Qué ha de ser? responde:
Sin aliento llego…
Dos pícaros galgos
Me vienen siguiendo”.

—”Sí (replica el otro),
Por allí los veo…
Pero no son galgos”.
—”¿Pues qué son?”—”Podencos”.
—”¿Qué? ¿Podencos dices?
Sí, como mi abuelo.
Galgos y muy galgos,
Bien vistos los tengo”.
—”Son podencos: vaya,
Que no entiendes de eso”.
—”Son galgos te digo”.
—”Digo que podencos”.

En esta disputa,
Llegando los perros,
Pillan descuidados
A mis dos Conejos.

Los que por cuestiones
De poco momento
Dejan lo que importa,
Llévense este ejemplo.

 

 

CIGARRA
El Buey y la Cigarra

(Muy necio y envidioso es quien afea un pequeño descuido
en una obra grande.)

Arando estaba el Buey; y a poco trecho,
La Cigarra, cantando, le decía:
“¡Ay, ay! ¡qué surco tan torcido has hecho!”
Pero él la respondió: “Señora mía,
Si no estuviera lo demás derecho,
Usted no conociera lo torcido.
Calle, pues, la haragana reparona;
Que a mi amo sirvo bien, y él me perdona
Entre tantos aciertos un descuido”.

¡Miren quién hizo a quién cargo tan fútil!
Una Cigarra al animal más útil.
Mas ¿si me habrá entendido
El que a tachar se atreve
En obras grandes un defecto leve?

 

libros falsos

El Rico erudito

(Descubrimiento útil para los que fundan su ciencia
únicamente en saber muchos títulos de libros.)

Hubo un Rico en Madrid (y aun dicen que era
Más necio que rico),
Cuya casa magnífica adornaban
Muebles exquisitos.
“¡Lástima que en vivienda tan preciosa
(Le dijo un amigo)
Falte una librería, bello adorno,
Útil y preciso!”
—”Cierto, responde el otro. ¡Que esa idea
No me haya ocurrido!…
A tiempo estamos. El salón del norte
A este fin destino.

“Que venga el ebanista y haga estantes
Capaces, pulidos,
A toda costa. Luego trataremos
De comprar los libros”.
Ya tenemos estantes. “Pues ahora,
El buen hombre dijo,
¡Echarme yo a buscar doce mil tomos!
¡No es mal ejercicio!
“Perderé la chabeta, saldrán caros,
Y es obra de un siglo…
Pero ¿no era mejor ponerlos todos
De cartón fingidos?

“Ya se ve. ¿Por qué no? Para estos casos
Tengo un pintorcillo
Que escriba buenos rótulos, e imite
Pasta y pergamino”.
Manos a la labor. Libros curiosos,
Modernos y antiguos,
Mandó pintar, y, a más de los impresos,
Varios manuscritos.
El bendito señor repasó tanto
Sus tomos postizos,
Que, aprendiendo los rótulos de muchos,
Se creyó erudito.
Pues ¿qué más quieren los que sólo estudian
Títulos de libros,
Si con fingirlos de cartón pintado
Les sirven lo mismo?

 

víbora

 

La Víbora y la Sanguijuela
(No confundamos la buena crítica con la mala.)

“Aunque las dos picamos (dijo un día
La Víbora a la simple Sanguijuela),
De tu boca reparo que se fía
El hombre, y de la mía se recela”.
La Chupona responde: “Ya, querida;
Mas no picamos de la misma suerte:
Yo, si pico a un enfermo, le doy vida;
Tú, picando al más sano, le das muerte”.

Vaya ahora de paso una advertencia:
Muchos censuran, sí, lector benigno;
Pero a fe que hay bastante diferencia
De un censor útil a un censor maligno.

 

podenco

 

 

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