EL SECRETO DE LA ETERNA JUVENTUD (UNA FÁBULA ESPIRITUAL)

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Elizabeth Marin

Después de tantos años de investigación, Carlos había descubierto el secreto de la eterna juventud. Tenía en sus manos uno de los aportes más importantes. Nunca pensó que esto revolucionaría a la humanidad y mucho menos que le diera tanta fama y fortuna.

Iniciada la comercialización, la gente se volvió loca, todos deseaban tener acceso a la fórmula y vivir eternamente. Fue entrevistado por los canales de televisión más prestigiosos y apareció en los periódicos más importantes de la ciudad.

Transcurrido cierto tiempo, comenzaron las quejas y los reproches, el producto no era lo que se esperaba, la gente no veía resultados, igual envejecían y se arrugaban. La policía dio inicio a la investigación por fraude y llevó a Carlos a los tribunales. Había que juzgarlo por estafador.

El día del juicio, Carlos se defendió:

–Yo no tengo la culpa de que los compradores no lean las letras pequeñas que aparecen en las etiquetas; allí dice muy claramente: “este producto rejuvenece el alma humana cuando se combina con el entusiasmo, la alegría y la esperanza. Ahora bien, para evitar las arrugas del cuerpo físico no les queda otro remedio que acudir a la cirugía”.

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EL COLIBRÍ Y EL HALCÓN PEREGRINO (UNA #FÁBULA ESPIRITUAL)

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Elizabeth Marin

El colibrí y el halcón, entre las brisas de primavera se encontraron y se retaron.

El halcón dijo al colibrí:

–¿Por qué no vuelas muy alto y después te vienes en picada a gran velocidad? Así podrías vislumbrar el paisaje que se extiende más allá del horizonte.

El colibrí respondió:

–Intenta tú detenerte en pleno vuelo y besar la flor más cercana.

Luego, cada uno intentó cumplir con su reto. Media hora más tarde, se reunieron de nuevo.

El halcón argumentó su fracaso:

-No pude reverenciar la flor, mi vuelo majestuoso y veloz es para grandes espacios. Nunca podré detener mi vuelo y besar una flor.

El colibrí argumentó lo suyo:

-Por más que me esforcé en imitar tu glorioso vuelo, me fue imposible ganar tanta altura y mucho menos bajar en picada para ver el horizonte. Nací para detener mi vuelo y besar la flor.

La creación,
Sabiduría divina.
Lo que está destinado a ser, así será

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