Curación y vitalidad por el equilibrio ácido-básico (La Salud en Breve)

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Cuando alguien desea la salud, es preciso preguntarle primero si está dispuesto a suprimir las causas de su enfermedad. Sólo entonces es posible ayudarlo.

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La sangre, la linfa y los sueros celulares representan en su conjunto el 70% de nuestro peso corporal. Como las células tienen una localización fija y no pueden desplazarse para buscar alimento o eliminar sus desechos, estas dos funciones básicas son realizadas por los líquidos corporales.

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La sangre que circula por los vasos sanguíneos, la linfa que discurre por los vasos linfáticos y los sueros que impregnan interior y exteriormente a las células desempeñan al mismo tiempo la función de medio nutricio, de vía de aprovisionamiento y de vía de evacuación de los desechos.

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Los líquidos orgánicos representan para las células lo que la tierra para las plantas. De la composición de este terreno orgánico depende la posibilidad de que las células funcionen correctamente.

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El terreno orgánico puede modificarse de dos maneras: por carencia o sobrecarga. En el primer caso faltan algunas substancias al organismo. En el otro caso hay un exceso de ellas. Ambas situaciones pueden coexistir. Así, la composición del terreno orgánico se ve alterada y el funcionamiento del organismo se debilita.

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En un terreno orgánico con carencias las células no reciben las sustancias que necesitan para funcionar. Según el grado de la carencia, la actividad celular disminuye su ritmo o se interrumpe por completo.

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En un terreno orgánico sobrecargado, los productos excedentes que se acumulan son de dos tipos: a) aditivos tóxicos, toxinas de microbios, hongos, bacterias y parásitos; b) sustancias que se encuentran normalmente en el cuerpo, pero no en cantidad tan importante (ácido úrico, urea, colesterol).

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La sobrecarga del terreno orgánico provoca graves perjuicios al organismo. Los líquidos orgánicos se vuelven más espesos y circulan cada vez con más dificultad. El oxígeno y las sustancias nutritivas tienen dificultades para ingresar a las células. A su vez, los desechos producidos por las células son evacuados de manera insuficiente. Las células se ahogan en medio de las toxinas y padecen hambre por la carencia de nutrientes y oxígeno.

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La sobrecarga de toxinas causa lesiones en los tejidos, que se irritan, se inflaman o son destruidos.

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La naturaleza de la sobrecarga y la carencia que modifican los tejidos orgánicos son las causas fundamentales de todas las enfermedades crónicas.

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El terreno orgánico en mal estado es la causa fundamental de todas las enfermedades crónicas.

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Es inútil tratar los síntomas de la enfermedad crónica con fármacos sin regenerar y sanar el terreno orgánico sobrecargado de toxina y carente de nutrientes.

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Cuanto más degradado se encuentre el terreno orgánico más propenso estará a sufrir enfermedades crónicas.

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El terreno orgánico cuyo PH se ha vuelto ácido es el más propenso a enfermedades crónicas.

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El tratamiento de la enfermedad pasa por la regeneración del terreno orgánico acidificado.

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El PH que permite un funcionamiento óptimo de nuestro cuerpo es de 7,4. Vale decir, ligeramente alcalino. En un terreno orgánico sano, el PH puede variar entre 7 y 7,8. Cuando el Ph se sitúa por debajo de 7, el tejido orgánico sufre de acidosis, es decir, de un estado patológico de acidez, el cual provoca la alteración y muerte de los tejidos orgánicos. Cuando el Ph se sitúa por encima de 7,8, el tejido orgánico sufre de alcalosis, el cual también provoca la alteración y muerte de las células.

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Los desequilibrios del ph se deben principalmente a un aporte exagerado de ácidos por la ingesta de antinutrientes, una inadecuada transformación de los ácidos debido a la carencia de vitami8nas, oligoelementos, agua y verdaderos nutrientes y la falta de oxigenación de los tejidos, especialmente en las personas sedentarias.

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Enfermedades producidas por la acidificación del terreno orgánico: síndrome de fatiga crónica; propensión a sentir frío; tendencia depresiva, tristeza, sensibilidad nerviosa extrema, hiperemotividad; ojos lacrimosos, conjuntivitis, queratitis, blefaritis; dolores de cabeza; encías inflamadas y sensibles; caries y debilitamiento de los dientes; aftas, irritación de las amígdalas, laringitis; acidez estomacal, eructos ácidos, dolores estomacales, gastritis, úlcera; diarreas liberadoras de ácidos, inflamación de los intestinos; descoloramiento de las heces por agotamiento hepático; orina ácida, ardor en la vejiga y la uretra, cálculos renales; rinitis, sinusitis, hipertrofia de las amígdalas y las adenoides, tendencia a las alergias, tos y garganta áspera; sudor ácido y fétido; piel seca, roja e irritada en las zonas de fuerte sudoración; micosis, urticaria, picazones granos, acné; lumbago, tortícolis; desmineralización de los huesos, osteoporosis, crujido de las articulaciones, bloqueos de las vértebras, reumatismos, artrosis, hernia discal, dolores articulares, inflamación de los ligamentos; caída del cabello; cabello sin brillo; ardor en el recto o en las vías urinarias; piel seca, agrietada, eccemas secos; uñas frágiles, quebradizas, hendidas, estriadas, manchadas; calambres o espasmos musculares; problemas en las articulaciones; ciáticas; facilidad para contraer infecciones; tendencia a las hemorragias; sabañones; agotamiento de las glándulas en general; inflamación de las vías genitales e infecciones (prurito, eritema, metritis, vulvitis); falta de energía.

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Prevenir es mejor que curar; enseñar es mejor que tratar; responsabilizar es mejor que controlar; considerar al ser humano en su conjunto es mejor que centrarse en el síntoma; ser líder de tu propia sanación es mejor que convertirse en una víctima esclavizada a un fármaco y etiquetada con el nombre de una enfermedad.

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Rara vez la persona se pregunta: ¿por qué estoy enferma? Y en lugar de centrar su atención en la causa de la enfermedad y se enfoca en los pocos o múltiples síntomas.

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La medicina formal postula que hay un agresor patógeno para cada enfermedad. La realidad es, en el caso de la enfermedad crónica, que todos los síntomas son manifestaciones de un mismo problema: un terreno orgánico intoxicado, acidificado; una célula ahogada entre sus propios desechos, incapaz de asimilar los nutrientes que la mantienen viva y con bajo nivel de oxígeno.

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Los líquidos intra y extra celulares representan el 70% del peso del cuerpo

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El suero intracelular representa 50% del cuerpo. Los líquidos intercelulares:15%. La sangre: 5%. Cualquier cambio cualitativo o cuantitativo en esos líquidos produce la enfermedad.

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La salud es un equilibrio inestable que cada día hay que armonizar.

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La enfermedad no entra al cuerpo desde afuera. Se genera porque el terreno orgánico se degrada.

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La enfermedad aparece cuando el terreno orgánico carece de nutrientes esenciales (agua, oxígeno, proteínas, glúcidos, lípidos, vitaminas y minerales) y está sobrecargado de residuos (urea, ácido úrico, tabaco, café, alcohol, aditivos, colorantes, agentes conservantes, minerales pesados como plomo, mercurio, cadmio).

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Actualmente, gran parte de la humanidad se priva de consumir nutrientes vivos, frescos, y los sustituye por alimentos muertos, refinados, industrializados. Y es en este desequilibrio donde se encuentra el origen de las enfermedades crónicas.
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Los grandes responsables de las enfermedades crónicas son los dulces, el azúcar, las grasas trans, el exceso de alcohol, las sustancias estimulantes e irritantes (café, té, chocolate) y los alimentos industrializados y refinados que rebosan de aditivos.

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En los países industrializados, con altos niveles de calidad de vida, sólo 4% de los fallecimientos se debe a enfermedades infecciosas. El 96% restante se debe a enfermedades crónicas de origen reciente (diabetes, hipertensión, enfermedades vasculares, cáncer). Dichas enfermedades prácticamente no existían antes de la Era Industrial, vale decir, mediados del siglo 19.

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La enfermedad tiene 4 fases: 1) Señales de alarma (acidez estomacal); 2) Enfermedad aguda (gastritis); 3) Enfermedad crónica (úlcera); 4) Enfermedad degenerativa (cáncer).

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Seis reglas básicas para recuperar y mantener la salud: 1) Comer alimentos variados, integrales, biológicos, con predominio vegetal; 2) comer más bien poco que mucho; 3) beber 2 litros de agua al día; 4) dormir lo suficiente cada noche; 5) activarse físicamente cada día; 6) tener una actitud positiva.

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Diez factores que mantienen activadas las enfermedades crónicas: 1) Ingerir productos excesivamente industrializados y refinados (azúcar, harinas refinadas (especialmente trigo), grasas trans, comida chatarra, etc.); 2) carencias de alimentos alcalinizantes (frutas, verduras, legumbres); 3) Ingesta de café, alcohol, tabaco, alcohol y té; 4) Falta de oxigenación y de actividad física; 5) Estrés y actitudes psíquicas negativas; 6) Carencia de vitaminas y oligoelementos; 7) Mala eliminación a través de hígado, riñones y la piel; 8) Agotamiento del sistema digestivo; 9) Agotamiento del sistema vascular; 10) Hiperactivación del sistema inmune.

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Signos de agotamiento de los órganos de depuración interna: 1) Hígado: boca pastosa por la mañana, dolor de cabeza, náuseas, intolerancia a las grasas; 2) Intestinos: Estreñimiento, diarrea, fermentaciones, putrefacciones, moco en las heces, sangre en las heces, gases; 3) Piel: eccemas, granos, picor, sequedad; 4) Pulmones: nariz tapada, resfriados o tos frecuente, expectoración de moco; 5) Riñones: orina espesa, maloliente y ácida, cálculos, menos de 5 micciones al día.

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Primera plaga, el azúcar blanco: en el año 1900, el consumo de azúcar en Latinoamérica era de 3 kilogramos por persona al año. En Francia era de 16 kilogramos al año por persona. En 1979, el consumo promedio en los países industrializados era de 39 kilogramos al año por persona. En la actualidad, el consumo promedio ha subido a 60 kilogramos al año por persona. En nuestra época actual, un niño de 12 años ha consumido más azúcar que la que consumieron sus abuelos a lo largo de sus vidas. Esta es una causa fundamental de la epidemia de obesidad, diabetes, caries, enfermedades cardiovasculares y demás enfermedades crónicas que hay en el mundo.

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El azúcar blanco es una substancia químicamente pura, desprovista de vitaminas y sales minerales. Es un alimento muerto, proporciona calorías vacías, nefastas para la salud.

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