EL MAESTRO SANANDA HABLA DE LA NAVIDAD

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TOMADO DE http://www.aymaluz.net/single-post/2015/11/16/El-Maestro-Sananda-habla-de-la-navidad?Itemid=3&id=3&option=com_content&view=article

En la encarnación establecida cómo Jesús elegí un tiempo alineado, un tiempo cósmico, un tiempo trascendental. La época de navidad corresponde cíclicamente a un momento del planeta en el cual hay una fuerza especial. Recordad que la tierra tiene ciclos, tiene estaciones, tiene movimientos específicos y que a través de ellos es que se regula el manejo de vuestra energía. Este tiempo, esta época se establece como la finalización de un ciclo para el planeta.

Los antiguos, las civilizaciones pasadas ya tenían conciencia de esta influencia cósmica especial que se da unos días antes de comenzar el mes de noviembre y que dura hasta el inicio del año. Durante esta época se da lo que se conoce como Solsticio de invierno y es una época en al cual la energía fluye alineando los polos de la tierra, se abre un gran portal, se abre una gran luz.

Es importante que entendáis entonces: este momento para vosotros no es sólo un momento asociado a una religión o a mi nacimiento; es un momento planetario que ha sido reconocido desde el principio de los tiempos y que seguirá siendo reconocido y, como es un momento especial, elegí ese momento de encarnación, elegí esa expresión de energía para asumir un cuerpo y una misión especial. Quiere decir; que fue un momento para alinear, para conectar un momento de nacimiento de una luz crística que vuestro planeta necesitaba, que vuestra humanidad pedía.

Elegí encarnar, elegí nacer a través de un ser femenino, de una gran maestra de luz y esto significa que: necesitáis conectaros con vuestra esencia femenina para que esa luz crística pueda nacer y pueda brillar. Que ese nacimiento se da en conexión con el amor, la suavidad, la creatividad, el respeto. Que esa luz crística expresada a través de la polaridad femenina es la que puede equilibrar este planeta y este momento de caos.

Encarné como maestro Jesús en la era de piscis, una era de gran conflicto, una era de oscuridad, en el sentido en que estabais como humanidad apenas empezando un proceso de reconocimiento de vuestra luz interna. Ese proceso de encarnación marcó un nuevo ciclo y un nuevo comienzo y por ello a través de esta época especial, de este tiempo sagrado en que la energía de la tierra se alinea rememoráis el nacimiento del ser crístico, rememoráis el nacimiento vuestro corazón en la luz.

Podéis entender los procesos a otro nivel, la navidad entonces necesita entenderse más allá de un significado cultural, tradicional, más allá del significado religioso. No decimos que esto sea importante, decimos que esos significados no son lo esencial. Todos los seres que están encarnados en el planeta en este momento reciben la misma influencia a través de la energía y del corazón.

Independiente de las religiones, los dogmas, los conceptos, las lenguas es una celebración planetaria cósmica y universal. Muchos de vosotros podéis sentir realmente la energía, el espíritu de esta celebración en vuestro corazón. Muchos de vosotros a penas os estáis integrando a ella. Esta en una época para establecer consciencia de esa luz crística que necesita brillar, para resonar con vuestro corazón, para unificar, para integrar, para retornar a vuestra esencia. Todos los seres de este planeta están siendo estimulados en ese propósito y muchas conciencias se están disponiendo en ese estado de luz. Por ello si integráis vuestra energía a esta celebración, si integráis vuestra luz este propósito vais a ayudar grandemente al planeta y naturalmente seréis retribuidos.

El propósito en este momento es vuestra ascensión, independiente de lo que este sucediendo a nivel afectivo, vuestros corazones estarán muy receptivos. Algunos de vosotros podéis sentir tristeza en vuestro corazón, algunos de vosotros podéis sentir soledad, pero eso no significa que vuestra luz crística no brille. Es precisamente esta una invitación para que aprovechéis esta influencia cósmica especial, una disposición planetaria y energética para que vuestros corazones resuenen en otra vibración y en otra frecuencia. La oportunidad para liberaros de esas cargas que no os permiten la expresión plena del corazón. Vuestro corazón busca fluir en el amor que es vuestra esencia, el amor que es vuestra naturaleza, el amor que es lo único real y permanente.

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EL VERBO

Luz infinita

Gerardo Díaz Díaz Infante dice:

Existen días cortos y largos,
meses con más días que otros
y años que a veces no sabemos cuantos.

El tiempo pasa sin hablar,
en silencio transita en todas partes,
a pesar de las palabras que todos queremos callar.

El Ser es el observador eterno,
que se deleita escuchando las fábulas de amor
así como sus brillantes moralejas
y las parábolas que vienen de la luz de tu corazón.

El Nacimiento (se acerca la Navidad)

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Gerardo Díaz Díaz Infante

¡ Se acerca la navidad !
de luces, sonidos y colores
se llenan las calles de la ciudad.

Son los rostros que iluminan
a la luna y las estrellas para
que ellas puedan brillar.

Encuentro de almas grandes,
aquí, allá y en todas partes
derramando dicha y felicidad.

Y saber que pronto llegará,
la luz, amor y paz bendita,
el niño bueno que nace
en el interior de tu corazón.

EL MIEDO COMO PUERTA DE ENTRADA A LO DESCONOCIDO (PAMELA KRIBBE CANALIZA A MARÍA)

 

María, madre de Jeshua

Pamela Kribbe canaliza a María – Junio de 2010

Pamela Kribbe

www.jeshua.net

Traducción de Sandra Gusella

http://www.humanitylight.com/

Esta canalización también está disponible como archivo de audio en inglés. El transcripto ha sido editado para facilitar su lectura.

Traducido del inglés por Sandra Gusella

Queridos amigos,

Yo soy María, la madre de Jeshua. Estoy aquí para llegar a ustedes y traerles el aspecto femenino de la energía Crística, la cual ahora es muy necesaria para la mayoría de ustedes. Están pasando por un profundo proceso de transformación.

En este momento hay un gran grupo de trabajadores de la luz en la Tierra que han despertado parcialmente, que parcialmente recordaron quiénes son. De hecho, podemos distinguir tres grupos de trabajadores de la luz, o tres etapas en las cuales ellos pueden encontrarse en este proceso de transformación.

El primer grupo de trabajadores de la luz aún no ha despertado. Ellos aún no se dan cuenta de quiénes son y se sienten muy perdidos y solos debido a esto. Se sienten diferentes, sí, sienten como que no están encajando dentro de la sociedad humana. Se sienten solos y alienados de la corriente principal de la sociedad. Estas personas están sufriendo. Piensan que están fallando. A menudo son altamente sensitivos. Son soñadores, como todos ustedes: soñadores de un mundo diferente, incluso recordándolo desde lo profundo de su alma, pero incapaces de conectar el sueño con la realidad diaria. Entonces ellos se apartan y viven en su propio mundo. Debido a que su luz no irradia hacia afuera, se sienten infelices e incluso sofocados.

Luego hay otro grupo de trabajadores de la luz, quienes están comenzando a recordar quiénes son. Lentamente ellos recuerdan su verdadera fuerza, el hecho de que realmente son ángeles, quienes han encarnado en un cuerpo humano para traer luz a la Tierra. Esta luz es tan necesaria en este momento. Tan pronto como se dan cuenta de que son un alma eterna, no atados al mundo material, ustedes cobran fuerza. Aún pueden sentirse diferentes, un extraño, pero ahora se sienten conectados a otro mundo, un mundo de belleza y armonía. Éste es vuestro hogar, el mundo del cual ustedes realmente vienen. Si ustedes saben esto, ya no necesitan más sentirse solos. Hoy queremos hacerles recordar la energía del hogar.

Aquellos a quienes les estoy hablando en esta canalización, las personas que oirán esta canalización, son parte del grupo de trabajadores de la luz que han despertado. Son quienes ya se han conectado con su verdadero ser, con su alma. Ellos saben que están aquí por una razón, saben que están aquí para hacer una diferencia en la Tierra. Los bendecimos por esta intención, este vivo deseo de traer luz a la Tierra, y nosotros sabemos cuán difícil es ser fiel a vuestro propio ser en medio de una realidad que parece hostil a la clase de energía que ustedes traen.

Y hay otro grupo de trabajadores de la luz, un tercer grupo. Podemos llamarlos “trabajadores de la luz senior”. Ellos son los que han estado por un largo tiempo en el proceso de despertar. Han estado trabajando en ellos mismos por años, algunos incluso décadas, y han pasado por muchas etapas diferentes de transformación interior. Ellos saben cómo es cambiar a nivel interno, volverse conscientes de cargas emocionales y creencias negativas profundamente arraigadas. Ellos han experimentado lo que es liberar la vieja identidad propia y abrirse a una nueva, más cercana a su propia naturaleza. Muchos de ustedes que están escuchando o leyendo este mensaje son parte de este tercer grupo de trabajadores de la luz. Por dentro ustedes se sienten muy viejos. Han pasado por muchas cosas, tanto en esta vida como en muchas anteriores. A nuestros ojos, ustedes son reverenciados por vuestro coraje y profunda sabiduría. Ustedes son los tesoros de la Tierra, incluso si se sienten viejos y fatigados. Es a ustedes a quienes les estamos hablando en particular.

En vuestras vidas han procesado muchas cosas a nivel emocional. Han permitido que el miedo y otras emociones difíciles salgan a la superficie de vuestra conciencia y sean liberadas al enfrentarlas. Ustedes han tenido experiencias espirituales a lo largo de vuestro camino, sensaciones de éxtasis en las cuales se fusionaron en unidad con Todo lo Que Es. Muchos de ustedes ya han comenzado el trabajo de vuestra vida de ser un maestro y sanador para otros en su camino espiritual. En vuestra vida diaria ustedes están practicando el trabajo de luz que como alma se propusieron hacer.

Hoy yo me dirijo a quienes están en este tercer grupo de trabajadores de la luz, y también me estoy dirigiendo a quienes están en el segundo grupo. No hay una línea fija entre los dos grupos; hay un desarrollo gradual de uno a otro. No es importante deliberar mucho en cuanto a qué grupo pertenecen; aquí no estamos administrando categorías. Lo más importante es reconocerse como alguien que está encomendado de corazón y alma a este proceso de crecimiento interior. Mi intención es explicarles a todos ustedes por qué este proceso de despertar puede parecer tan difícil por momentos.

Ustedes ven, el crecimiento espiritual o la evolución no proceden de un modo lineal. No es como si hubiese una escalera que trepan paso a paso. El crecimiento y la evolución ocurren en ciclos. Tomen por ejemplo el ciclo del día y la noche. Durante la noche ustedes se sumergen en vuestro subconsciente. La relativa oscuridad del subconsciente se presenta en la forma de sueños que los sacan de lo ordinario, fuera de lo que es conocido para ustedes. Así les permite ir a lo profundo de vuestro interior, y descubrir sentimientos y emociones adentro que no se muestran fácilmente durante las horas de vigilia. Durante el día acumulan experiencias mientras participan de la realidad de la Tierra. La noche los sumerge en vuestro interior y les ayuda a enfrentar energías emocionales de las que no eran conscientes durante el día.

El ciclo del día y la noche les permite integrar experiencias a un nivel más profundo que la mente. Tiene lugar un desarrollo debido a esta alternancia, incluso si ustedes no recuerdan vuestros sueños. Este desarrollo ocurre en ciclos que se repiten constantemente y sucede lo mismo con el crecimiento espiritual. Ustedes a quienes yo les hablo saben lo que es ir hacia adentro, dirigirse al viejo miedo y dolor emocional y soltarlo. Ustedes saben lo que es sumergirse en el viejo dolor y sentir la alegría de su liberación, sintiéndose más libres y poderosos luego de eso. Ustedes a quienes yo les hablo están avanzados; han progresado mucho, pero aún, incluso entonces, después del día viene la noche. Nuevas capas de inconsciencia quieren ser vistas, procesadas y liberadas. En estos momentos muchos de ustedes están en medio de una “noche oscura” que llama a la superficie una capa muy profunda de miedo que quiere ser vista a la luz del día. Quiere ser liberada para que ustedes hagan brillar vuestra luz en el mundo de un modo aún más claro y pacífico.

En vuestras vidas ustedes son influenciados por vuestros propios ciclos personales de desarrollo, dependiendo de vuestra edad, género y contratos de alma. Sin embargo también son influenciados por corrientes más amplias de energía, que tienen que ver con procesos en los que están implicadas la Tierra y la humanidad en su conjunto. Hay corrientes de energía funcionando en estos tiempos que impulsan a la superficie viejas y oscuras energías a una velocidad que puede parecer atroz si ustedes no confían en el proceso. La humanidad en su conjunto no está preparada para la liberación de la vieja energía que ahora sube a la superficie. La mayoría de la gente no sabe cómo manejar el dolor emocional profundo y la energía destructiva que puede resultar de él. Ustedes son expertos en esto. Aún así, también los puede agobiar. Pueden sentir que son sumergidos dentro de capas vuestras que parecen totalmente inmanejables y ajenas a ustedes. Les puede parecer que se están volviendo locos. Tal vez pensaron que ya se habían ocupado de la mayoría de los asuntos que estaban en vuestro plato en esta vida, y ahora otra capa de miedo o de oscuridad está golpeando vuestra puerta, una que no esperaban. Ustedes pueden sentirse indignados por esto, sentir que ya habían procesado suficiente y que estaban listos para cambiar a una vida más liviana. Este nuevo hoyo de oscuridad puede parecer demasiado duro para ser afrontado.

Hoy yo estoy aquí para decirles que no se descorazonen y mantengan la fe en su camino. Ahora ustedes están entrando a un nivel de su desarrollo en el cual ya no pueden controlar más vuestro crecimiento. El área de expansión de conciencia a la cual están entrando trata sobre rendirse y dejar ir. No tiene que ver con hacer ciertos ejercicios o visualizaciones, seguir una cierta dieta o practicar alguna disciplina a través de la cual intentan controlar la vida. Es imposible controlar la enorme ola de energía que ahora quiere fluir a través de vuestro ser.

Vuestra alma quiere elevarlos hasta este flujo de energía porque es consciente de que es un buen flujo. Sin embargo, vuestra personalidad humana no es capaz de ver hacia dónde los está llevando. La mente humana no puede comprender hacia dónde se dirige el caudal del alma, entonces ustedes pueden sentirse desesperados y desconectados de vuestra intuición, vuestra pasión y sentido general de dirección. Si así es como se sienten, por favor sepan que ustedes no están haciendo nada mal. Siempre ocurre esta sensación de caos y desorientación cuando están por adentrarse a un nuevo comienzo. Los nuevos comienzos realmente siempre son precedidos por un período de caos y crisis. Lo nuevo no puede entrar antes de que lo viejo se derrumbe. Ustedes pensaban que ya habían liberado mucho y ahora tienen que soltar incluso más. Por favor sean conscientes de que este proceso tiene sentido aunque no lo parezca. Traten de permanecer en un espacio de confianza y de rendición, porque de ese modo ustedes se alinean con el flujo de vuestra alma y hacen que el paseo sea un poco más fácil para ustedes.

Ustedes son los maestros. En estos momentos traen la nueva energía a la Tierra, incluso si sienten que están en la oscuridad, incluso si se sienten decaídos, depresivos y no tienen ni idea de hacia dónde van. Están haciendo el trabajo de luz que vinieron a hacer. El trabajo de luz suele significar que viajan hacia dentro de la noche, hacia los rincones más oscuros de vuestra alma, sin saber qué es lo que va a pasar. Ustedes viajan a través de la oscuridad y todo lo que realmente pueden hacer es rendirse a la experiencia y confiar en que saldrán de ella y que tendrá un significado.

Tan pronto como ustedes salgan de la oscuridad y vuelvan otra vez a la luz del día, comprenderán el significado de vuestro viaje, no simplemente con vuestra mente sino con vuestro corazón. La oscuridad siempre sostiene un tesoro para ustedes. Las emociones oscuras son vuestras partes escondidas que quieren reunirse con ustedes. La negatividad que encuentran en ustedes es una parte de vuestra energía que quedó estancada, que por mucho tiempo no pudo moverse. Por favor comprendan que como alma ustedes tienen muchas, muchas vidas en la Tierra como también en otras partes del universo. Ahora que vuestro ciclo de vidas en la Tierra se acerca a su conclusión, las partes más angustiadas de vuestra alma que se bloquearon en muchas vidas diferentes, vienen a ustedes en la era actual para su descarga y liberación. A menudo ustedes no comprenden de dónde viene todo el trauma emocional. Pero finalmente siempre se trata de lo mismo. Se refiere al miedo deseando ser atendido por ustedes. El miedo quiere ser mirado de frente y quiere ser bienvenido. Es una parte de ustedes y una parte válida en verdad. El miedo es parte del juego de la dualidad que ustedes están jugando en este rincón del universo.

Si pudieran simplemente permitirle existir, si no le temieran a vuestro propio miedo, verían que es inofensivo. Eso puede parecer algo extraño de decir porque el miedo puede desarraigarlos tan profundamente. Pero el miedo es inofensivo. Es inocente como un niño. El miedo es simplemente una respuesta a lo desconocido. Si un niño enfrenta algo que aún no conoce, él suele reaccionar con miedo: tiene que acostumbrarse a lo nuevo. Tiene que explorarlo, sentirse cómodo y aprender a confiar en eso. El miedo realmente es inocente; es totalmente comprensible el no sentirse directamente como en casa con lo que todavía no conocen. No hay nada malo en cuanto al miedo. Sin embargo, si lo enjuician, si se sienten incómodos con el miedo y lo rechazan, entonces se vuelve esta gran cosa negra, un demonio que los aterroriza y los paraliza en contra de vuestra voluntad. No conviertan al miedo en vuestro enemigo, porque entonces lo transforman en un poder extraño y oscuro. El miedo en sí mismo no es oscuro; es simplemente la respuesta emocional de sentirse perturbado por algo nuevo y diferente.

Queridos amigos, ustedes son sabios. Desde lo más profundo de vuestro centro, donde son Espíritu, donde son luz brillante, eterna y amorosa, tiéndanle la mano al miedo que hay dentro de ustedes. Ustedes son mucho más grandes y más fuertes que vuestro miedo. Pueden tenderle una mano, como harían con un niño, y díganle que está a salvo con ustedes, que no le temen, que no le temen a vuestro propio miedo. No traten de librarse de él porque la intención de eliminar el miedo contiene un juicio en sí mismo. Vuestra parte temerosa se volverá más miedosa si entablan una batalla con ella, porque entonces recibe el mensaje de que no es buena y de que no tiene ningún valor.

Por favor comprendan que el miedo es un elemento necesario en el universo. De lo contrario no sería posible explorar y experimentar algo nuevo. El miedo marca el límite entre lo que es seguro y familiar para ustedes y lo que no lo es. Más allá de esa frontera hay algo nuevo que ustedes todavía no comprenden o aún no han experimentado. Si ustedes pudieran mirar al miedo de esa manera, soltarían vuestro juicio sobre él e incluso tendrían el potencial de sentir alegría, porque el miedo les promete una nueva tierra por descubrir, un nuevo lugar en donde vuestra luz brille. Entonces confíen en el miedo, ¡permítanle ser vuestra luz! Si en vuestras vidas hay una situación que hace aflorar al miedo, simplemente siéntanlo. Hagan brillar la luz de vuestra consciencia sobre vuestro miedo. El miedo no se disolverá inmediatamente, pero si no lo consideran una energía atemorizante, ustedes se relajarán más y de ese modo se abrirán a la posibilidad de que hay un tesoro escondido dentro del miedo.

Ustedes saben, el miedo siempre estará ahí, es una parte de la creación. Incluso si ustedes son altamente evolucionados, siempre hay un elemento de lo desconocido que quiere ser explorado. Si no fuese así, el universo se estancaría y perdería su vitalidad y actividad. Sería como si viviesen en un país hermoso y encantador que disfrutan verdaderamente y con el cual resuenan, sin embargo no pueden salir de él, ir más allá de sus límites. Nunca podrían explorar nuevas tierras. ¿Creen que a largo plazo esto les daría la más profunda satisfacción? Ahora, yo sé que ustedes se conocen lo suficientemente bien como para saber que les encanta explorar lo nuevo. Ustedes son espíritus aventureros, todos ustedes. Por lo tanto, por favor no condenen a vuestro miedo, porque finalmente es parte de vuestra parte aventurera, exploradora. El miedo les muestra dónde hay nuevas tierras por descubrir. Una vez que ustedes viajen por esta tierra, de la mano del miedo, experimentarán belleza y alegría de un modo que excede vuestra comprensión actual. El secreto es: ustedes nunca saben de antemano qué es lo que van a descubrir; de otro modo no sería nuevo para ustedes.

Entonces la encantadora experiencia de aventurarse hacia lo nuevo, teniendo nuevas e incluso más profundas experiencias de amor, belleza y dicha, sólo puede suceder si ustedes aceptan la realidad del miedo, la cual no es otra cosa más que la realidad de lo desconocido, aquella que yace más allá del horizonte de vuestra actual experiencia y conocimiento. Denle la bienvenida al miedo interior, incluso si parece irracional y ustedes no conocen la causa. Mucho de vuestro miedo interior proviene de partes vuestras muy viejas, otros períodos de vida que están muy atrás en el tiempo. Incluso ellas contienen la promesa de un nuevo entendimiento, algo que ustedes aún no descubrieron. Tal vez haya una experiencia ahí de haber sido violentamente rechazado a la cual ustedes le temen y no quieren sentir. Sin embargo, si ustedes no le temieran a la experiencia, si ustedes se permitieran sentir lo que es ser violentamente rechazado, permitiendo que la emoción salga a la superficie, sentirían compasión por ustedes mismos y comprenderían por qué ciertas cosas ahora son difíciles para ustedes. Se perdonarían por eso y ya no se volverían a juzgar tan cruelmente. El auto perdón es una experiencia iluminadora. Por lo tanto, si ustedes se permiten abrazar una experiencia que desde afuera parece atroz, si ustedes la atraviesan con confianza y sin juicio, entonces la experiencia podría llegar a ser iluminadora, incluso alegre. Podría permitirles sentir la liberación y la relajación que acompañan a la auto aceptación. Así de flexible es el universo, así de flexible es la experiencia.

Si ustedes están experimentando miedo en vuestras vidas, sepan que justo al otro lado de eso hay mucho potencial para experimentar amor, belleza y gozo. No está lejos. Como mencioné, el desarrollo espiritual no es un proceso lineal en el cual ustedes liberan un poco de miedo a cada paso. Más bien, el miedo crece y crece hasta llegar a un clímax que probablemente haga que vuestras vidas entren en crisis y que se sientan incapaces de seguir enfrentando la vida diaria. Llegado a este punto ustedes están siendo confrontados con vuestro miedo cara a cara; ya no pueden suprimirlo o desplazarlo. Está fluyendo a través vuestro y pierden el control. A este punto parece que son derrotados. Se rompe el dique y ustedes no pueden contener el agua. Esto puede parecer desastroso, ¡pero no lo es!

El miedo quiere abrir puertas que los han encerrado, que los han aprisionado. El miedo quiere fluir a través vuestro, y si ustedes fluyen con él los llevará a otra realidad, mucho más liberadora que ésta en la cual están viviendo en este momento. Entonces si sienten que vuestro miedo es incontrolable, si no le pueden encontrar ningún sentido, ¡felicitaciones! Aquí es donde ustedes quieren estar. Están justo en el umbral de lo nuevo y están muy cerca de un avance.

Permítanlo, permítanle al miedo existir, no luchen. No piensen: ¿qué he hecho mal? ¿Ha sido en vano todo lo que he hecho en mi camino espiritual? ¿Por qué me siento completamente perdido, estuve equivocado? Esto es cháchara mental. Esto es la mente tratando de encontrarle sentido a algo que no puede ser comprendido por la mente. Vuestra alma sabe lo que está haciendo. Quiere que ustedes liberen dolor a un nivel profundo y esto sucederá si ustedes confían y no tratan de controlarlo. Cuanto más alineados están con vuestra alma, menos control pueden tener sobre la vida, ¿y saben qué? ¡Esto es tan liberador! Liberar introduce lo nuevo, introduce la hermosa y refinada energía de vuestro Yo no reprimido. El miedo es la puerta de entrada a una versión más elevada de ustedes que quiere encarnar en la Tierra actual.

Yo les estoy pidiendo que tengan respeto por su propio proceso interior, incluso si parece llevarlos dentro de la oscuridad, incluso si toda lógica parece haberse desvanecido. Mantengan siempre abierta la posibilidad de que no son capaces de comprenderlo desde vuestro actual estado mental, de que ustedes no necesitan comprenderlo, y de que su significado será revelado más tarde. Ábranse a la realidad más grande de vuestra alma, sean los exploradores de conciencia que en verdad son ¡y que quieren ser!

Nosotros los bendecimos por abrazar la aventura de estar en la Tierra en esta época de cambio y de cataclismo. Ustedes son valientes; están enamorados de la vida, incluso si se sienten deprimidos y solos. Si no tuviesen este amor por la vida no estarían aquí en este momento.

Estamos cerca de ustedes. Yo represento la energía maternal de la conciencia Crística. Siéntanse envueltos por ella. Tal vez ustedes la vean como un rosa suave brillante, una energía juguetona y muy tierna, dulce y suave. Acéptenla en vuestro espacio energético, puede proveerles sanación. Y por sanación no quiero decir “quitar vuestro miedo”, me refiero a aceptarlo, aceptarlo como la puerta de entrada a otra realidad, una realidad más amorosa y liviana.

Sean ustedes mismos, simplemente sean ustedes mismos. No traten de cambiarse. Ustedes ya son perfectos. Son encantadores. Nosotros los vemos y reconocemos vuestra lucha. Tenemos mucho respeto y honor por ustedes. Por favor permitan que mi energía los reconforte. Yo no quiero cambiar nada dentro de ustedes. Yo sólo quiero que ustedes se miren de un modo diferente. Incluso en medio de vuestra lucha ustedes son un ángel. Son hermosos.

Recuerden: después de cada noche llega un nuevo día. El sol brillará otra vez. Es inevitable. Es la vida que recupera su curso natural. Así como no pueden prevenir que caiga la noche, no pueden impedir que venga el día. Entonces, permítanse atravesar ese movimiento y se hallarán en un espléndido nuevo amanecer.

Al comprender este viaje interior, ustedes están ayudando a muchas personas en la Tierra quienes están tratando de encontrar su rumbo interior hacia la libertad. Ustedes están pavimentando el camino para otros trabajadores de la luz, quienes están en las etapas iniciales de su despertar; y ellos a su vez ayudarán a las personas que se están volviendo más sensitivas, queriendo abrirse a la realidad de su alma.

Les agradecemos por vuestro trabajo, vuestro trabajo de luz en la Tierra ahora. Ustedes nunca están solos. Nosotros nos unimos a ustedes desde el otro lado, por favor acepten nuestro amor. Recordarles quiénes son es nuestra mayor alegría.

© Pamela Kribbe 2010

www.jeshua.net

MITOS & MASAS

El amoroso Cristo fue convertido en mito castigador para manipular a las masas

Homenaje al amigo Marvin Martínez

Carmelo Urso
https://carmelourso.wordpress.com/

entiempopresente4@gmail.com

Con el mito del Cristo castigador la Inquisición exterminó masas.

Con el mito del Dictador Infalible se masacran –a diario- a las masas.

El mito del Mercado extingue al mundo –embelesando a las masas.

No seas más carne de cañón para mitos: emancípate de ellos.

Dejemos de ser masa.

ORACIÓN PARA EL DIVINO NIÑO JESÚS: SÚPLICA PARA TIEMPOS DIFÍCILES

Imagen del Divino Niño Jesús

Tomada de http://internetprom.com/DivinoJesus/
Promovido por la La Librería Cultura Maya

Divino Niño Jesús
Tengo mil dificultades: ayúdame.
De los enemigos del alma: sálvame.
En mis desaciertos: ilumíname.
En mis dudas y penas: confórtame.
En mis soledades: acompáñame.
En mis enfermedades: fortaléceme.
Cuando me desprecien: anímame.
En las tentaciones: defiéndeme.
En las horas difíciles: consuélame.
Con tu corazón paternal: ámame.
Con tu inmenso poder: protégeme.
Y en tus brazos al expirar: recíbeme.

Amén.

DEBÉIS SER COMO NIÑOS PARA ENTRAR AL REINO DE LOS CIELOS

Escena de la película "Madagascar"

Carmelo Urso

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twitter: @carmelourso
http://twitter.com/carmelourso

Septiembre de 2005: trabajaba como Director de Relaciones Públicas en una institución de mi país, Venezuela. Era un día sábado… ¡un sábado de trabajo y estrés, no de reposo y descanso familiar! Durante los últimos dos años, la situación se había repetido con frecuencia: laborar los fines de semana se había vuelto para mí una insana costumbre. Al tener un cargo de confianza, debía acudir a mi trabajo cuando se me requiriese… ¡vale decir, a casi cualquier hora o día!

Eran las dos de la tarde. Jugaba solitario en la computadora; esperaba una llamada telefónica: de hecho, llevaba horas aguardándola.

Acostado sobre dos incómodas sillas (no había mejor lecho en la oficina), mi hijo Juan Rodrigo Urso –de tres años y medio de edad- dormía como podía su siesta.

La situación era calamitosa, digna de una obra de teatro del absurdo. Se me había asignado producir una gigantografía, una de esas descomunales vallas que suelen colocarse como fondo de escenario en grandes conciertos y concentraciones públicas.

El diseño de la gigantografía estaba listo desde el lejano día lunes. No obstante, una serie de indecisiones de la alta gerencia había postergado su impresión. El obstáculo, por así decirlo, era el eslogan que llevaría escrito la súper-valla.

Cada día, por una u otra circunstancia, el proceso se había detenido abruptamente en el último momento. El lunes, cuando estaba a punto de dar el sí definitivo a la imprenta, el vice-director me llamó alarmado: “Carmelo, ¡detén la impresión de la gigantografía! ¡La directora general quiere cambiar el eslogan!

El martes en la tarde me informaron: “La directora general decidió cambiar el lema. Ya no usaremos ‘Poder Comunal’ sino ‘Poder Comunitario'”. Sin embargo, ese día, cuando estaba a punto de ordenar la impresión de la valla, recibí nuevamente la instrucción de detenerla.

El miércoles, el eslogan cambió de “Poder Comunitario” a “Poder de la Comunidad”… pero al final de la tarde, se me instruyó –una vez más- parar el trabajo.

El jueves cambiamos de “Poder de la Comunidad” a “Poder del Pueblo”: igual no imprimimos; el viernes, se pensó en “Poder de la Gente” y “Poder del Trabajo Comunal”: tampoco mandamos el arte a imprenta.

Llegó el infausto sábado. El añoso aire acondicionado de mi oficina emitía un constante y asmático bramido. Llamé al vice-director. Le dije: “Hermano, si no mandamos a imprimir la gigantografía, no va a estar lista para el evento del lunes. ¡Es ya o ya!”.

Un cuarto de hora después, recibí respuesta: “Carmelo, la directora general ya decidió: ‘Poder Comunal’. ¡Apúrate porque es urgente! Ah, ella acaba de convocar a una reunión extraordinaria para las 3 y media. ¡Te esperamos!”

Indiqué al diseñador gráfico el “cambio” ordenado por la alta funcionaria. Reímos por no llorar. Hambriento y cansado, el diseñador se marchó a casa. Con un motorizado, envié el arte a imprenta: pagaríamos una exorbitante cantidad de dinero por imprimir el sábado y domingo un trabajo que muy bien se podría haber hecho –sin dislates ni apuros- durante la semana regular de trabajo.

Faltaban diez minutos para las tres de la tarde. Mi hijo seguía durmiendo sobre aquellas vetustas sillas.

De pronto, sentí una inmensa indignación contra mí mismo: ¿por qué en vez de estar paseando aquel sábado con mi esposa y mi hijo Juan Rodrigo había desperdiciado mi tiempo en espera de aquel insustancial eslogan, vegetando en aquella oficina de paredes descascaradas y ruinosos tabiques de fórmica?

En realidad, para ser honestos, la situación de aquel día no era excepcional: eventos absurdos como ése –dignos de una alocada pieza de Samuel Beckett o Eugene Ionesco- se habían repetido una y otra vez en los últimos dos años de mi vida, tiempo en el que había laborado para esa institución…

Samuel Beckett, Premio Nobel de Literatura

De repente, experimenté un súbito instante de comprensión, lo que los japoneses llaman “satori”: desde el fondo de mi alma, entendía que yo era el único responsable por vivenciar aquellos eventos insensatos. Por ceder mi “poder personal” a gente que no parecía estar cuerda. Por entregar mi valioso tiempo de descanso y lo mejor de mi talento a personas que no obraban con lucidez… ¡de tal suerte, resultaba yo estar tan demente como ellos, pues vibraba al son de su misma energía!

Con un plácido bostezo, mi hijo Juan Rodrigo despertó. Apenas cobró conciencia, preguntó: “Papá, ¿ya nos vamos?”. Dubitativamente le respondí: “No sé, hijo, parece que tengo una reunión”. La experiencia no iba ser nueva para él. De hecho, a varios directores y directoras nos había tocado acudir a esas reuniones “extraordinarias” con nuestros hijos e hijas, de manera que tales encuentros se convertían en una patética mezcla de amateurismo gerencial e improvisado salón de “kinder-garten”.

Mi hijo protestó con vehemencia: “Papá, ¡tú me prometiste que íbamos al cine!”. No sabía qué responderle. En realidad, él tenía razón. No me pedía que lo llevara de viaje a una lejana isla del Pacífico o que le comprara un auto de medio millón de dólares; lo que exigía era del todo razonable: una sesión sabatina de cine con papá. ¿Y yo no era capaz de satisfacer tan simple requerimiento?

Pensé: “¡Aaah!, ¡la verdad es que no estoy haciendo las cosas muy bien…!”.

En un instante santo, reparé en que mi hijo de tres años y medio estaba bastante más cuerdo que yo… y, definitivamente, ¡yo necesitaba ser guiado –con urgencia- por alguien dotado de cordura!

Todo me importó un cuerno: reunión de directores, gigantografía, súper-evento del lunes…

Aún algo inseguro, pregunté: “Hijo, ¿qué película quieres ver?”. Enfáticamente respondió: “¡Madagascar!”.

Mi hijo Juan Rodrigo Urso dijo enfáticamente: "Quiero ver ¡Madagascar!".

Le tomé de la mano… o más bien, él me la tomó a mí. Con silenciosa autoridad, me condujo a la puerta de salida.

Y así, capitaneado por mi hijo, dejé atrás aquella destartalada oficina para embarcarme en una experiencia que iba a cambiar mi vida…

Volver a ser niño en un viejo cine del Centro

Juan Rodrigo y yo emergimos de las “Torres de El Silencio”. Hacia la quinta década del siglo XX, aquellas torres gemelas habían sido símbolo de progreso y modernidad de la pujante ciudad de Caracas. Medio siglo después, exhibían esperpénticos signos de decadencia y abandono –pese a ser sede de importantes instituciones de mi nación.

Vista de las Torres de El Silencio y la Plaza Caracas en Caracas, Venezuela

Salimos a la inmensa Plaza Caracas; por aquellos días, era imposible transitarla libremente; ese espacio público que antaño se usara para conciertos, mítines políticos, o simplemente, para el disfrute ciudadano, se había convertido en un tortuoso y abigarrado laberinto: en él, cundían cientos y cientos de maltrechos tarantines donde se expendían la más disímiles mercaderías –desde películas pornográficas y ropa de contrabando hasta comida chatarra, fuegos artificiales y sustancias de consumo ilegal. Diariamente, al llegar o salir de mi trabajo, yo atravesaba ese hediento dédalo, en el que adultos y niños pernoctaban, comían y hacían sus necesidades.

Huyendo de tal caos, caminé con mi hijo en dirección norte, hacia el Centro histórico de la ciudad; después de diez minutos, llegamos a las inmediaciones de la Asamblea Nacional. Frente a la regia sede del Poder Legislativo se hallaba el Teatro Ayacucho, la sala de cine más antigua de Caracas; ese añejo santuario del séptimo arte había funcionado ininterrumpidamente desde 1925, año en que había sido inaugurado por el entonces presidente de la República, general Juan Vicente Gómez.

Vista del Teatro Ayacucho en el centro de Caracas

De pronto, me di cuenta de tres cosas: a) nunca había visto una película allí; b) exhibían “Madagascar” en funciones continuadas; c) comparado con los cines que yo solía frecuentar en el Este, sus precios eran muy económicos. Conclusión: compré dos entradas para ver la película; minutos después, en la amena oscuridad de la sala –mientras mi hijo y yo bebíamos gaseosas y devorábamos palomitas de maíz- me divertía pensar en mis colegas directores… ¡de seguro se desgañitarían hasta altas horas de la noche, enzarzados en inútiles diatribas!

Tras veinte minutos de publicidad y anticipos cinematográficos, “Madagascar” estaba a punto de comenzar. Con el estómago lleno de chocolate, rosetas saladas y colas negras (y sin mortificarme por las dudosas cualidades nutritivas de tales alimentos), me distendí sobre la silla, me relajé completamente y entré en una suerte de estado de gracia. Abrazado a mi hijo, yo era un infante más en esa sala llena de niños.

Y entonces (¡luz, cámara, acción!), empezó dentro mí la verdadera película de mi vida…

Cine espiritual al estilo “Dreamworks”

Uno de los hallazgos artísticos más importantes de la primera década del siglo XXI ha sido la consolidación de un género fílmico que –a falta de mejor nombre- suele ser denominado “cine espiritual”.

Títulos como “¿Y tú que sabes?”, “Uno”, “El Guerrero Pacífico”, “El Secreto”, “Zeitgeist”, “La Evolución Índigo”, “Arjuna”, “Conversaciones con Dios”, entre muchos otros, han ido perfilando una tendencia planetaria: más y más personas despiertan a imagen y semejanza del Amor Divino, lo cual se traduce en un mayor consumo de productos audiovisuales de temática espiritual.

Escena de la película "Conversaciones con Dios"

En los últimos años, he sido testigo del benigno efecto que esas películas han tenido en amigos, conocidos y, por supuesto, en mí mismo. Ajenas a los circuitos comerciales de cine, y con la única promoción del “boca a boca”, tales films son copiados y distribuidos con avidez por personas que incursionan en la sagrada aventura del auto-conocimiento.

Esta tendencia ha impregnado, incluso, a películas realizadas por los grandes estudios de Hollywood: tal es el caso de “Madagascar”, cinta producida por la compañía “Dreamworks”.

De tal suerte, allí estaba yo, con mi hijo, en un antiguo cine caraqueño, contemplando ese film.

Veíamos a Marty, la Cebra, corriendo en cámara lenta a través de una Jungla idealizada, idílicamente pacífica, con una expresión de indescriptible felicidad en el rostro. Más que Jungla, aquello parecía el Cielo. Con largas zancadas e ingrávidos saltos –al son de una música angelical- Marty salvaba abismos, altiplanos, montañas, acompañado de una bandada de etéreos pingüinos volantes.

Aquello parecía un sueño.

Y lo era, porque, de pronto, Alex el León, el mejor amigo de Marty, lo despertó de su fantasía. “¡Feliz cumpleaños!” gritó el felino, despabilando a la Cebra.

Alex el León y Ben Stiller

En realidad, Marty trotaba sobre una cinta de ejercicios en el Zoológico de Nueva York. “¡No me interrumpas cuando sueño despierto” dijo la Cebra a Alex. “¡Aquí te traigo un regalo! ¿Por qué te molestas, Marty?”, preguntó extrañado el León. Replicó la Cebra: “Ah, es que los años pasan y yo sigo haciendo lo mismo de siempre. Alex, ¿no te incomoda no saber absolutamente nada de la vida fuera del Zoológico? Mírame, amigo, tengo diez años; estoy a la mitad del camino y ni siquiera sé si soy blanco con rayas negras o negro con rayas blancas…”.

Despatarrado en mi silla del Ayacucho, encontré en ese diálogo una clara alusión a la “Divina Comedia” del Dante, cuya primera línea reza: “A la mitad del camino de mi vida, me encontré caminando en una selva oscura” (símbolo de confusión espiritual). De repente, reparé en algo aún más inquietante: salvando las distancias, a mis treinta y tantos años, mi vida era igualita a la del Dante y a la de Marty la Cebra: estaba a mitad de camino, encerrado en el triste Zoológico de mi rutina vital, anhelando un Cielo que sólo veía en sueños y sin terminar de conocerme a mí mismo.

La película continuaba. Más tarde, en su jardín, Marty se encontraba con unos pingüinos que cavaban un túnel para escapar del Zoológico. “¿Estamos en la Antártida?”, preguntaron las aves a la Cebra. Respondió Marty: “No, estamos en Nueva York. ¿Y qué se supone que están haciendo ustedes?”. Explicó el jefe de los pingüinos: “Hoy saldremos de este chiquero. ¿Acaso has visto pingüinos correr libres por las calles de Nueva York? ¡No, claro que no! ¡No pertenecemos a aquí! ¡Nada de esto es natural! Todo esto es como una especie de conspiración. Iremos a los espacios abiertos de la Antártida. ¡A la Jungla!”.

Los famosos pingüinos de Madagascar

“¿A la Jungla?” –preguntó asombrada la Cebra, recordando su ensoñación matinal- “Entonces, ¿eso se puede? ¡Yo también deseo ir a la Jungla! ¡Volver a la Naturaleza! ¡Volver a mis raíces!”.

Mientras engullía palomitas –y me sentía cada vez más afligido por verme reflejado en los personajes de la película- me decía a mí mismo: “Yo también quiero salir de mi chiquero. De mi chiquero laboral, de mi chiquero mental, de mi chiquero espiritual. ¡Yo también quiero descubrir mi verdadera Naturaleza, volver a mis raíces, encontrar mi propio Cielo! Pero, según veo, antes tengo que salir de mi particular Zoológico, de esta “matrix” irreal en la que transcurren mis días”.

Más tarde, en plena fiesta de cumpleaños, los amigos de Marty le exhortaban a pedir un deseo antes de soplar las velas de su torta. Tras apagarlas, le instaron a revelar su petición; sin dudar, respondió Marty: “¡Ir a la Jungla!”. Alarmados, sus amigos reputaron aquel deseo como símbolo de mala suerte. Acto seguido, intentaron acobardar a la Cebra, pintándole los infinitos peligros de la selva. “¿Crees que encontrarás esto en la Jungla?”, inquirió a voz en grito Alex el León, mientras le mostraba a su mejor amigo un grueso filete de carne. A lo que contestó Marty: “Alex, ¿nunca has pensado que la vida puede ser algo más que un filete?”.

Entonces –qué triste- reparé yo mismo en mi magro filete: mi cargo y sueldo en aquella decadente institución para la cual laboraba.

Resumo el resto de las peripecias vividas por los amigos: al igual que en la Commedia de Dante, en algún momento escaparon del Zoológico (infierno), vivieron estrafalarias aventuras y, de uno u otro modo, se las arreglaron para llegar a la selva. Al principio, esta jungla (con minúscula) no era el Cielo ensoñado por Marty: equivalía más bien al limbo; apocados por su largo confinamiento, los personajes aún desconocían sus verdaderas aptitudes, sus vastos tesoros internos; de hecho, todo el tiempo anhelaban la llegada de “las personas”, a fin de que solventasen sus problemas y necesidades.

Escena de la Divina Commedia de Dante Alighieri por Gustavo Dore

Muchos actuamos de idéntico modo: nos habituamos a ceder nuestro “poder personal” a terceros (parejas, amigos, parientes, jefes, prelados, gurúes, políticos) porque aún no descubrimos nuestra propia Naturaleza, porque aún no trabajamos esos dones internos que, una vez desarrollados, nos llevan a conocer nuestra verdadera faz –idéntica a la del Padre.

Está escrito: “los milagros son naturales, pero antes se requiere una purificación”. En tal sentido, la selva sirvió de purgatorio para que los amigos se depuraran de los miedos adquiridos en cautiverio. Al librarse de tales lastres, despertaron a su verdadera naturaleza: el león en su ferocidad; la cebra en su rapidez y astucia; la hipopótamo en su fuerza y gracia; la jirafa en su salud. La jungla se tornó Jungla –ameno Cielo- cuando se conocieron a sí mismos.

Amorosamente conducido por mi hijo, había ido a ver un film infantil –una típica salida de sábado por la tarde; no obstante, aquella película había incidido en mí de una manera imprevista… ¡como un potente catalizador espiritual!

En el instante presente (el único momento adecuado que existe), Juan Rodrigo había llevado a su papá al sitio ideal para despertarlo de su miedo a correr riesgos y a vivir con coraje.

Relato los efectos posteriores de esta experiencia: el lunes llegué con mi carta de renuncia; tras culminar un mes de pre-aviso laboral, tomé buena parte de mis ahorros y me encerré durante quince días en un exclusivo “spa” de la Colonia Tovar, bella y montañosa ciudad del Centro de Venezuela (fundada en el siglo XIX por afanosos inmigrantes alemanes). Allí me consentí con toda suerte de tratamientos naturales y sabrosos platos vegetarianos preparados al estilo guyanés.

Colonia Tovar, Venezuela

Regresé al hogar a mitad de octubre, con poco dinero en el banco, una familia que mantener y ninguna expectativa laboral en mente.

Y sin embargo, rebosaba de confianza, optimismo… ¡la alegría de alguien que –por fin- ha salido de su vetusto Zoológico!

De cómo mi hijo me condujo a la Jungla de Marty

A principios de noviembre sucedió un milagro: me pagaron todos los dineros que me tocaban por Ley, incluyendo vacaciones atrasadas, fondo de ahorro, fideicomiso y bonificación de fin de año. Digo milagro, porque en tal institución era práctica habitual pagarle su dinero a renunciantes y cesanteados un año después (o más) del fin de la relación laboral. ¡Lo mío había tardado apenas treinta días!

Podía darme el lujo de vagabundear un par de meses y hacer con tranquilidad mis compras navideñas. Mentalmente, postergué la búsqueda de empleo para enero de 2006; así las cosas, no me preocupé por concertar entrevistas laborales, llamar a amigos influyentes que supieran de vacantes o introducir currículos en empresas.

Aproveché al máximo mi inusual tiempo libre y salí mucho con mi hijo Juan Rodrigo aquellos días finales de 2005. Asimilé su espontaneidad, su sentido del humor, su sempiterna alegría y su incontaminada capacidad para recibir las cosas buenas de la vida con los abrazos abiertos…

Cuando andamos con niños y despertamos a su imagen y semejanza, nuestros acartonados planes de adultos suelen cambiar de manera súbita; cuando asimilamos su percepción inocente –libre de culpas y miedos- cuando no tratamos de imponerles a sangre y fuego nuestras neuróticas creencias sobre el funcionamiento del mundo, los milagros comienzan a llegar…

De tal manera que lo que sucedió el martes 9 de diciembre de 2005 fue de lo más natural.

Ese día, debía buscar un teléfono celular que había mandado a reparar en una tienda electrónica ubicada en el Centro Plaza de la Urbanización La Floresta. Tomé el Metro y me bajé con mi hijo en la estación Altamira… sólo que en vez de emerger por la salida que da al Centro Plaza, lo hice por aquella que da a la acera de enfrente.

Sí, lo sé: soy un poco despistado y para mí es cotidiano confundir “izquierdas” con “derechas”. Pero en tal ocasión –y gracias a que escuché a mi hijo- aquel despiste me valió un Cielo.

“¡Papá, papá! ¡Vamos a los jardines!”. Mi primer impulso habría sido cruzar la calle y caminar hacia el Centro Plaza, pero –gracias a Dios- me detuve. “¡Anda, papá, vamos a los jardines!”, insistió Juan Rodrigo, halándome de la mano. En lugar de resistirme y cambiar de dirección, me dejé conducir –una vez más- por mi pequeño maestro, por mi sabio lazarillo.

Jesús Cristo: Debéis ser como niños para entrar al Reino de los Cielos

Entramos a los vastos jardines de la Hacienda La Floresta, cuya casona del siglo XVII fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1990. En sus instalaciones, funcionaba una de las principales instituciones culturales de la Gran Caracas. Mi esposa solía llevar allí a nuestro hijo los fines de semana para que disfrutara de conciertos de música venezolana y obras de teatro infantil… ¡mientras yo consumía muchos sábados y domingos en mi depauperada oficina de Plaza Caracas!

Desandamos las antiguas caminerías de piedra: sus viejas lajas atesoraban siglos de historia; flanqueados por calas blancas y rojas, cayenas, platanillos, aves del paraíso y begonias nos internamos en aquellos paradisíacos espacios. Bajo la sombra de centenarios samanes y mijaos, algunas personas leían sobre la hierba; el gorjeo de canarios y azulejos matizaba el plácido silencio matinal.

En cámara lenta, de la mano de Juan Rodrigo… ¡disfrutaba de aquella ensoñación celestial! Me parecía tener una visión similar a la de Marty, la cebra de “Madagascar”. En el pasado, había visitado un par de veces aquellos jardines… ¡pero nunca me había dado cuenta de lo hermosos que eran!

Mentalmente, contrasté aquel oasis urbano con las caóticas inmediaciones de la Plaza Caracas, donde había trabajado los últimos años de mi vida… en verdad, colocados uno al lado del otro, eran Cielo e Infierno…

Entonces, una idea descabellada cruzó mi mente: ¿sería posible que necesitaran un periodista para trabajar en aquel deleitable lugar?

Pensé: “Oh no, es demasiado bueno para que sea verdad. O, después de todo… ¿podría ser?”.

En realidad, nada perdía con preguntar.

Me dirigí a la Dirección de Relaciones Públicas. Muy amablemente, me atendió la Coordinadora de Prensa. Pregunté si había alguna vacante para periodista. “Oh, sí”, dijo ella, “justo en este momento estamos buscando a alguien”. “¿Podría entregar mi síntesis curricular esta tarde?”, inquirí esperanzado. “¡Por supuesto! Trabajamos hasta la cinco”, me respondió mi futura jefa.

En la tarde de aquel martes, entregué el currículo con sus soportes.

Dos días después, me llamaron para una entrevista.

El viernes ya estaba trabajando en uno de los lugares más hermosos y prestigiados de la Gran Caracas.

El sábado me tocó hacer mi primera cobertura periodística de un concierto. ¡Un trabajo sumamente agradable!

Tras culminar el evento, mi hijo me preguntó: “Papá, ¿me llevas a comer helado?”.

“¿De qué lo quieres, hijo?”.

“De chocolate, Papá”.

Lo miré embelesado, con infinito cariño.

Dicen que cuando el alumno está preparado, es inevitable que aparezca el maestro; yo tenía al mío justo frente a mí… ¡y medía casi un metro de altura!

Como un chiquillo, me fui a comer un cono de chocolate con Juan Rodrigo.

Porque, tal como dice Jesús de Nazareth, “debéis ser como niños para entrar al Reino de los Cielos”.

SI TUVIERIAIS FE COMO UNA SEMILLA DE MOSTAZA (LUCAS 17:6 y MATEO 17:20)

Si tuvieráis fe como una semilla de mostaza...

Jesús de Nazareth

LUCAS 17:6

Los apóstoles le pidieron a Jesús:

-Auméntanos la fe.

Jesús contestó:

-Si tuvierais fe como una semilla de mostaza, diríais a este sicómoro: “Desarráigate y plántate en el mar.” Y os obedecería.


MATEO 17:20-21

17:20 Jesús les dijo: “porque de cierto os digo, que si tuvierais fe como una semilla de mostaza, diríais a esta montaña: Pásate de aquí para allá, y se pasaría; y nada os sería imposible.

17:21 Pero esto sólo es posible con oración y ayuno.

PARÁBOLA DE LA SEMILLA DE MOSTAZA (MATEO 13:31-33)

El Reino de los Cielos es semejante a una semilla de mostaza (Jesús de Nazareth)

Jesús de Nazareth

31Otra parábola les refirió, diciendo: “El Reino de los Cielos es semejante a una semilla de mostaza que un hombre tomó y sembró en su campo; 32 la cual en verdad es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas”. 33Otra parábola les dijo: “El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, la cual escondió en tres medidas de harina hasta que todo fue leudado”.