EL MUNDO ES UNA SEMILLA DE MOSTAZA

Su fe era grande como una semilla de mostaza...

Carmelo Urso

https://carmelourso.wordpress.com/

entiempopresente4@gmail.com

Su fe era grande como una semilla de mostaza.

Los demás se rieron de su mínimo tesoro.

Pero con su pequeña fe, él sanó enfermos, exorcisó demonios, revivió difuntos.

Le crucificaron…

resucitó pocos días después….

Ahora, su fe es del tamaño del mundo.

El mundo es su amada semilla de mostaza.

MI REINO NO ES DE ESTE MUNDO (el fin de la percepción)

Mi Reino no es de este mundo, enseñó sin cesar
Mi Reino no es de este mundo, enseñó sin cesar

Dedicado a mi amigo mexicano Oscar Adip

Carmelo Urso

https://carmelourso.wordpress.com/

entiempopresente4@gmail.com

Durante tres años –antes de ser crucificado- enseñó sin cesar: “Mi Reino no es de este mundo”.

Reiteró su prédica en los mundos de los Maestros Ascendidos y los Arcángeles.

No cambió de opinión al contemplar el mismísimo rostro del Padre.

Persistió…

…hasta que dejó de percibir rostros, Reinos, mundos…

CREER COMO JESÚS: LA ESPIRITUALIDAD DEL REINO (Elementos fundantes de nuestra Espiritualidad Latinoamericana)

Jesús no fundó iglesias ni religiones: tan sólo predicó el Reino...
Jesús no fundó inglesias ni religiones: tan sólo predicó el Reino...

José María Vigil

En los últimos tiempos los cristianos del subcontinente hemos vivido
una peculiar experiencia espiritual, que ha marcado fuertemente
nuestra vivencia histórica y nos ha otorgado una espiritualidad propia
que se convirtió en nuestra divisa identificadora ante el mundo entero.
Y es que todo gran movimiento histórico, toda gran síntesis de
pensamiento, de valores, de sentido, proviene en última instancia de
una experiencia espiritual fundante que lo habita en lo profundo, como
el propio pozo en el que uno sacia su sed.

En AL hay muchas espiritualidades: desde las preconciliares o
incluso tridentinas, hasta la New Age, pasando por la de los kikos, la
del Opus Dei, la carismática… y por todo tipo de fundamentalismos.
Pero todas ellas, aunque hayan crecido aquí, han nacido fuera, y allí,
fuera de América Latina, hay de ellas mucho y mejor que lo que de ellas hay aquí.
Pero también hay una espiritualidad genuinamente latinoamericana,
incluso latinoamericana por antonomasia, nacida crecida entre
nosotros, abonada en nuestra tierra fértil con sangre mártir, y ofrecida
al mundo como nuestro carisma, nuestra gracia, nuestro don peculiar,
que el Espíritu nos ha dado «para común utilidad» (1 Cor 12,7). A ella
nos referimos.

La Espiritualidad Latinoamericana [EL] se ha caracterizado
precisamente por haber puesto en primer plano al Jesús histórico, al
Jesús de Nazaret real, y por haber confesado en él -no en una
abstracción- al Cristo Mesías, al Hijo de Dios vivo, a la Palabra hecha
carne y sangre. Pocas espiritualidades han puesto en el centro, como
la nuestra, el seguimiento de Jesús, el proseguimiento de su Causa, la
prosecución de su caminar por la Historia.

«Creer hoy, nosotros, en nuestro mundo actual, como Jesús creyó
en medio de aquel mundo de la imperial pax romana»: eso es ser
cristiano, ser seguidor de Jesús. Y, por eso, porque se trata de creer
como él, ha de hacerse con su mismo Espíritu, con aquella su
«espiritualidad del Reino». Eso es lo que ha querido ser siempre
nuestra EL.

Hemos escogido este título porque expresa muy bien lo central, lo
fundante, que sistemáticamente puede ser desglosado en diferentes
elementos teológicos, pero que en la fe de Jesús y en su pasión por el
Reino encuentran sin duda el símbolo más emblemático y englobante.

En estas pocas páginas, valiéndonos concretamente de categorías
teológicas, queremos preguntarnos y responder por los elementos
fundantes de nuestra EL, esos elementos esenciales que la hacen ser
lo que es, y sin los cuales ya no sería ella misma. En tiempos -como los
que corren- de revisión, de inseguridad y hasta de arrepentimientos
superficiales, bueno será hacer un esfuerzo por encontrar lo esencial
fundante, aquello que sostiene el edificio, sin lo cual no se sustenta
una espiritualidad genuinamente «latinoamericana», en el sentido
expresado.

En esta perspectiva, pues, nos preguntamos: ¿cuáles serían los
elementos fundantes de nuestra espiritualidad que traducen hoy la
forma de creer de Jesús?

1. Una estructura histórico-escatológica de lo religioso

Nos referimos a la estructura misma de lo religioso, que, como es
sabido, puede adoptar formas concretas muy diferentes. En muchas
religiones la vivencia fundamental se vive como una moral, como un
cumplimiento de una voluntad divina exterior en cuyo acatamiento
radica la salvación. Otras veces la religión es fundamentalmente la
aceptación (intelectual y/o vital) de una verdad revelada. Otras veces
el intercambio en la relación Dios/creatura es el culto y la recepción de
favores salvíficos, en un tipo de religión ontológico-cultualista. Ninguna
de estas formas genéricas -comunes, por lo demás en el universo de
las religiones- corresponde a la forma de creer de Jesús, aunque sí se
dan en muchos de los que se dicen cristianos.

Creer como Jesús, implica tener una visión histórica de la realidad.
Jesús tenía una concepción dinámica del tiempo, histórica, lineal, no
cíclica ni encadenada a sí misma, sino abierta, lineal, con un alfa y una
omega, con una percepción de Dios como el que camina delante de
nosotros abriéndonos el futuro y encomendándonos construir la
historia.

Hoy está claro -científicamente hablando y con los textos bíblicos en
la mano- el carácter histórico-escatológico del mensaje de Jesús
(frente a otras interpretaciones clásicas), carácter que hace que no
pueda confundirse su seguimiento -el cristianismo- con una moral, ni
con un sistema de culto, una doctrina, o la simple pertenencia jurídica a
una institución religiosa determinada. La «religión» de Jesús es una
religión de carácter ético-profético sobre una estructura
histórico-escatológica, no de una religiosidad ontológico-cultualista
sobre el modelo clásico de las religiones (Dios arriba, los seres
humanos abajo).

Lo escatológico aquí alude a las relaciones entre escatología e
historia: no relaciones de yuxtaposición ni de discontinuidad, sino de
interpenetración y continuidad; lo escatológico embebe la historia
haciéndola transcenderse a sí misma, y la historia es la única forma a
nuestro alcance para ser y hacer escatología.

«Creer como Jesús» implica concebir la realidad como historia, como
quehacer libre del ser humano, alentado por alguna utopía generadora
de sentido. Desde cualquier otro esquema, desde cualquier otra
lectura de la realidad se puede ser religioso, pero no se podrá «creer
como Jesús». Y sin ello, tampoco se podrá vivir la EL.

2. Dios como Dios del Reino

Muchos creen en Dios, pero son ya menos los que creen en el Dios
de Jesús, o lo que es lo mismo, son menos los que creen en Dios
«como creyó Jesús». El no creyó en un Dios ajeno a la historia, ni
creyó en él como algo en sí mismo, de lo que se pudiera hablar como
separado de nosotros. El Dios de Jesús es un Dios del que hay que
hablar siempre como de una realidad dual: Dios y el Reino. Dios del
Reino, y Reino de Dios. Un Dios sin Reino (lamentablemente tan común
entre cristianos) nada tiene que ver con la fe de Jesús (ni con la EL).

Si una vivencia religiosa o un texto (aunque sea un documento
eclesiástico) hablan de Dios sin hablar del Reino, no reflejan la
espiritualidad de Jesús (ni la EL).

El Dios de Jesús es siempre un Dios con una voluntad, con un
proyecto, con una utopía: Dios «sueña» un mundo distinto, nuevo,
renovado, digno del ser humano y digno de Dios. Y ese proyecto, esa
utopía se llama -en las mismísimas palabras de la boca aramea de
Jesús- malkuta Yahvé, Reinado de Dios.

Ese Reinado fue también el proyecto, el sueño, la utopía de Jesús: la
Causa por la que él vivió, de la que él habló, con la que él soñó, por la
que se arriesgó, por la que fue perseguido, capturado, torturado y
ejecutado. Jesús fue, en efecto, un luchador, un «militante», una
persona con Causa, de una pieza. Así creyó él. Un cristianismo sin el
Reino como utopía, como Causa por la que vivir y por la que morir, un
cristianismo que crea que las utopías -o la historia- ya llegaron a su
final… poco o nada tiene que ver con Jesús. El creyó muy de otra
manera.

Ese Reinado de Dios fue el centro de la vida y de la predicación de
Jesús. Fue su «opción fundamental», en palabras de antropología
moderna; su «absoluto», en palabras más sistemáticas. El ya sabía
que «sólo el Reino es absoluto, [y que] todo lo demás es relativo»
(EN8). El Reinado de Dios (del Dios del Reino) es para Jesús el centro
unificador de su experiencia religiosa, de sus sueños, de su mensaje y
predicación; éste es uno de los rasgos más fundamentales de la fe de
Jesús; por ello espanta pensar qué tendrá de cristiano (y de
espiritualidad latinoamericana) todo aquello que consciente o
inconscientemente pone a otras cosas y no al Reino en el centro del
cristianismo.

3. Mutua implicación entre transcendencia e inmanencia

Un tipo determinado de relaciones entre escatología e historia
implica también una relación peculiar entre transcendencia e
inmanencia. Para Jesús no hay dos historias, dos realidades, sino una
sola. Transcendencia e inmanencia son dimensiones de una realidad
global única. La Salvación está ya en la Historia y en su proceso de
Liberación hacia la plenitud escatológica.

Si bien el Reino no es de este mundo por su origen (tiene su origen
en Dios: «Mi reino no es de este mundo», Jn 19, 36), está ya en medio
de nosotros manifestándose en procesos de liberación («Si expulso los
demonios es que el Reino de Dios ha llegado y está en medio de
ustedes, Mt 12,28; Lc 7. 18-23) a distintos niveles y en todos los
campos. Toda liberación que aquí vivimos muestra la acción de la
salvación escatológica anticipándose, fermentando ya desde ahora la
realidad que quedará plenamente transfigurada en la escatología. Y
eso es lo que nos permite, como a Jesús, ser contemplativos en la
Historia, en sus procesos, en sus avatares.

Todo dualismo entre transcendencia e inmanencia, entre las cosas
de arriba y las de abajo, entre este mundo y el otro, las cosas divinas y
las cosas del mundo, no procede de la fe de Jesús, ni identifican a la
EL.

4. Realismo práctico

La pasión por la realidad, por partir siempre de la realidad, por
estudiarla y captarla adecuadamente, y por volver a ella después del
momento reflexivo con el propósito de transformarla y acercarla a las
exigencias de la utopía del Reino, no es sólo una característica
metodológico-pedagógica o hasta un talante psicológico peculiarmente
latinoamericano, sino que es también un espíritu, una experiencia
espiritual genuinamente latinoamericana.

Este realismo incluye la voluntad de conocer más y mejor la realidad,
de analizarla, de descubrir las causas históricas y estructurales, de
discernir los mecanismos y las estrategias para ser más eficaces en
nuestro amor, porque nuestro amor quiere ser inteligente y eficaz.
Jesús, que no tenía los instrumentos analíticos de los que disponemos
veinte siglos después, sí que dejó ver la misma preocupación por
denunciar los mecanismos tantas veces ocultos en la realidad, y por
medir nuestro corazón con la práctica del amor (Mt 25). Jesús fue
profundamente realista: no se dejó engañar por las palabras no
acompañadas de los hechos, ni siquiera cuando son palabras de
oración (Mt 7,21). A la EL le pasa lo mismo.

5. La misericordia

Jesús fue llevado por una pasión, por una
misericordia fundamental que le ardía en el corazón. Su punto de
apoyo no era una doctrina teórica o un análisis sociológico, sino el
conmoverse de sus entrañas ante todo dolor y sufrimiento, signo de la
ausencia de Dios.

La EL hizo de la «indignación ética» (o de la pasión por la dignidad,
para decir lo mismo en positivo) una experiencia fontal de misericordia
vital, una «opción fundamental». En el fondo de toda vida humana
vivida con profundidad hay una pasión por la dignidad y los valores y
una reacción ética ante la realidad que los contradice. En el sufrimiento
del mundo hay dimensiones que comprometen los valores absolutos
cuya integración es necesaria para que podamos sentirnos personas
humanas. En esa experiencia nos parece tocar lo más sensible de la
existencia, algo que nos concierne inapelablemente y que provoca en
nosotros una reacción incontenible.

Los evangelios nos testifican abundantemente la misericordia de
Jesús, su com-pasión, brotada de sus entrañas conmovidas al
contemplar la realidad, que lo hace vibrar de indignación ética ante la
injusticia, y de exultación jubilosa al ser testigo de la liberación de los
oprimidos. Esta capacidad de vibración, esas «entrañas de
misericordia» que le dan una fuerza incontenible, forman parte de la
forma de creer de Jesús. Y también de la EL.

6. Opción por los pobres

Jesús percibe la existencia de intereses contrapuestos por parte de
grupos diversos de la sociedad que son actores más allá de sus meras
individualidades. Jesús se refiere a diversos «plurales»: los pobres, los
ricos, los maestros de la ley, los fariseos… Y Jesús toma una postura
en ese entramado conflictivo de intereses. Trata de leerlos desde la
«justicia del Reino» y se ubica en solidaridad total con los pobres -de
toda clase: el pobre económico, la mujer, el niño, el marginado, el
leproso, el pecador-. Éstos lo sienten suyo, y a su favor, y los
enemigos de los pobres sienten que no está de su propio lado.

Jesús, a pesar de ser la presencia entre nosotros del Amor mismo,
no permaneció neutral. El estuvo siempre inequívocamente alineado
con los pobres, con las víctimas de la injusticia. Y llamó a todos
-incluidos los poderosos y los que se pretenden neutrales por motivos
religiosos- a convertirse y volverse a la solidaridad efectiva con los
pobres.

Dios quiere que se realice su proyecto, el Reino; quiere introducir
todo en el orden de la voluntad de Dios. Y eso es una Buena Noticia
para los pobres de toda clase: Jesús se dedicó entusiasmado a
propagarla: «!Dichosos los pobres y los pobres de espíritu, porque de
ellos es el reino que viene!».

Creer como Jesús implica hacer también nosotros esta misma toma
de postura y entregar la vida a proclamar y a realizar con los hechos
esta Buena Noticia.

7. Nueva eclesialidad

La vuelta a Jesús, su redescubrimiento, nos ha hecho redescubrir
también la eclesialidad. El Vaticano II marcó el giro eclesiológico
fundamental. Si Jesús tuvo su absoluto en el Reino de Dios y esa fue la
Causa por la que dio su vida, la Iglesia tiene que seguirle, tiene que
creer como él. No hay lugar para nada que signifique una
autoentronización de la Iglesia; nada de eclesiocentrismo.

Es la Iglesia como conjunto la que ha superado -en teoría al menos-
el eclesiocentrismo: el centro no es la Iglesia, sino el Reino. Y aun
antes: la Iglesia no es el Reino. La Iglesia es simplemente «germen y
principio del Reino», y no el único, aunque uno muy significativo. Es
una «mediación del Reino». Está al servicio del Reino. Su único sentido
es servirlo, acogerlo, acercarlo, mediarlo, propiciarlo. A él se debe
enteramente. Gastarse y desgastarse por el Reino, aunque en ello le
vaya la vida: ése es el objetivo y el sentido más profundo de la Iglesia.

Así, la Iglesia no es un mundo aparte, un gueto centrado en sí mismo
y con códigos propios. Ser Iglesia es «vivir y luchar por la Causa de
Jesús, el Reino», o sea, «creer como él». Esa es la misión de la Iglesia
y la misión de los cristianos. Y como el Reino es vida, verdad, justicia,
paz, fraternidad, amor… esa misión del cristiano coincide
sustancialmente con la misión misma del ser humano. Es «la gran
misión» del ser humano en esta tierra. Jesús no ha querido
sustraernos de nuestro cometido humano, sino más bien
concentrarnos en él con una nueva luz, con su propio Espíritu. Y eso
es lo que hizo él. Y hacer otro tanto («creer como él») es lo que debe
hacer la Iglesia (y la EL).

8. Santidad política

La experiencia de Dios que tenía Jesús, el Espíritu, el fuego que
llevaba dentro, le llevó a no reducirse a su vida privada, sino a afrontar
«el pecado del mundo», del «mundo» que Dios tanto amó (Jn 3, 16) y
al que Dios envió a su propio Hijo (Jn 3, 17), ese mundo al que Jesús
mismo terminó enviando a sus discípulos. Jesús llevó verdaderamente
una «vida pública», no sólo en cuanto contrapuesta a su «vida oculta»
en Nazaret, desconocida para nosotros, sino en cuanto sobrepuesta a
su vida «familiar» o «privada» . El mensaje del Reino que Jesús
predicó tenía mucho que ver con las estructuras sociales y políticas de
su tiempo, que se sintieron conmovidas por su predicación y por su
práctica. Finalmente, su muerte fue consecuencia de este desafío
público que aquella proclamación de la voluntad de Dios suponía en un
mundo estructurado sobre el pecado.

Creer como Jesús hoy implica hacer lo mismo en un mundo que se
ha complejificado mucho desde entonces, pero que tiene
fundamentalmente los mismos problemas éticos y la misma necesidad
de la Buena Noticia. Dios no quiere que nos «salvemos del mundo», ni
siquiera que «nos salvemos en el mundo», sino que «salvemos el
mundo». Que «estemos en el mundo sin ser del mundo», dijo él
exactamente. Y hoy, ya desde hace varios siglos, el mundo se ha
hecho consciente de la inevitable dimensión política, que forma parte
ineludible de la realidad, y cuya ignorancia no redunda sino en dimisión
de nuestras responsabilidades.

Tratando de «creer como Jesús» creería hoy, la EL hace de la
veracidad, de la lucha por la justicia y por la paz, por los derechos
humanos, por el derecho internacional, por la creación de estructuras
nuevas de fraternidad… virtudes mayores, que corrijan y
complementen aquellas virtudes clásicas más domésticas ,
individualistas, conventuales, espiritualistas…

9. Macroecumenismo y diálogo religioso

Jesús no fue un «profesional eclesiástico». El centro de su fe no fue
la Iglesia, sino el Reino, y proclamó la práctica de la construcción de
ese Reino como el criterio escatológico de salvación que nos juzgará a
todos los humanos (Mt 25, 31ss): un criterio totalmente ecuménico, no
eclesiástico, no confesional, ni siquiera religioso, por encima de toda
raza, cultura o credo.

Creer hoy como Jesús implica medirlo todo con la medida del Reino.
Por eso, sentimos más cercanía con el que lucha por la Causa de
Jesús -aun sin conocerla quizá- que a aquellos que, tal vez incluso en
Su nombre- se oponen a ella.

Esto es tremendo, pero es real, y es evangélico. Jesús mismo sentía
esa misma mayor cercanía. El se identificó más con el samaritano que
con el sacerdote y el levita, más con la liberación de los pobres que
con el culto del templo (Lc 10, 25ss); más con los pecadores humildes
que con los fariseos satisfechos de sí (Lc 15, 11-32); más con el que
hace la voluntad de Dios que con el que dice «Señor, Señor» (Mt 7,
21); más con los que dan de comer al hambriento aun sin conocer a
Jesús (Mt 25, 31ss) que con los que hicieron milagros en su nombre
(Mt 7, 22); más con el que decía que «no» pero hacía la voluntad del
padre que con el que decía que «sí», pero no la hacía (Mt 21,
28-32)…

Jesús no tiene miras estrechas centradas en la pequeñez de la
Iglesia. Optimista desde su visión de fe, Jesús mira más allá, y ve la
inmensa mies granada, que Dios mismo sembró -sin su Iglesia- y que
ahora precisa de muchos operarios para ser recogida (Mt 9,38). Jesús
no envía a sembrar, sino a recoger esa mies inabarcable que está ahí
antes incluso de llegar él. Optimismo respecto a la salvación del
mundo, visión contemplativa de la realidad, actitud positiva de diálogo y
de salida al encuentro de los otros, desinterés institucional propio…
son actitudes macroecuménicas de Jesús que la EL quiere hacer
suyas.

* * *

En resumen, pues, lo dicho: no se trata tanto de creer «en Jesús»,
cuanto de creer «como Jesús», con su misma «espiritualidad del
Reino». Porque hay muchos que creen «en El», pero no creen «como
él». Y ya sabemos: también los demonios creen «en El», pero de nada
les sirve (Sant 2, 19)

«Seguir a Jesús» -una metáfora a veces desgastada- no consiste en
ir por caminos ex-óticos por los que El no fue; consiste más bien en
continuar nuestro camino «de la misma forma como él» recorrió el
suyo: habérselas frente al mundo y frente a la Historia como Jesús se
las hubo, tener frente a la realidad rebeldía y esperanza, utopía y
realismo, indignación y ternura, lucha y contemplación, y todo ello
desde la perspectiva del Reino como centro de todo.

El ya hizo su camino en su momento, hace casi 2000 años, y
nosotros no lo vamos a repetir, porque aquel mundo ya no existe. La
imitación y las recetas repetitivas no sirven, porque estamos en otra
parte del camino, en este otro tramo, neoliberal ahora, y queremos ser
fieles creativamente, tratando de hacer no lo que él hizo, sino lo que él
haría hoy aquí, o sea, creer hoy y aquí como creería él, con su misma
«espiritualidad del Reino».

Eso es, ni más ni menos, lo fundante de la Espiritualidad Latinoamerocana

EL AMOR: LA ETERNA LEY CÓSMICA ES IMPERSONAL

Lo impersonal, el amor a Dios y al prójimo no juzga, no condena ni castiga.
Lo impersonal, el amor a Dios y al prójimo no juzga, no condena ni castiga.

Gabriele Wittek

El amor a Dios y al prójimo, la ley cósmica eterna, es impersonal; habla en general. Dios no habla personalmente, Él no se dirige directamente a ninguna persona, calificándola por ejemplo de que carece de amor, pues ningún hombre existe sin el amor de Dios. El amor vive en cada alma y no puede ser expulsado. Nosotros podemos negarlo, pero nunca nos libraremos de él, porque el amor de Dios es la ley de la vida. Dios instruye en general sobre el amor egoísta, sobre la ley causal, cómo surgió, cómo se sigue desarrollando y ampliando, pero no se la atribuye a ningún hombre personalmente.

La ley de Dios, la ley del amor a Dios y al prójimo, no contiene la ley causal, que también es conocida como “la ley de causa y efecto” o “la ley de siembra y cosecha”. Ésta la crearon los seres humanos con los actos contrarios a la ley eterna, que es Dios. Sin embargo, Dios, la ley eterna, habla dentro de la ley causal para instruir sobre ella, para que aquellos que quieran se reconozcan y se puedan liberar de la ley causal.

La ley causal surgió de la suma de las infracciones personales contra la ley de Dios. Por eso también es denominada la ley de la persona; cada persona participa de ella según sean sus infracciones personales. O sea que tenemos que estar atentos para indagar lo que es amor a Dios y al prójimo y lo que es amor egoísta, que es la ley causal. Las raíces de nuestro comportamiento, los contenidos, es decir aquello que se esconde detrás de nuestro modo de pensar, hablar y actuar, da información sobre nosotros mismos.

La ley eterna del Amor trasciende la ley de causa y efecto del ego
La ley eterna del Amor trasciende la ley de causa y efecto del ego

Si la envoltura de nuestro comportamiento nos muestra en una luz totalmente diferente a su contenido, entonces en el fondo no somos aquel, aquella que aparentamos ser. Estamos en desunión en nosotros, estamos divididos.

Si nuestro pensamiento es uno con nuestros sentimientos, si nuestra palabra corresponde a nuestros pensamientos y sentimientos, si actuamos en armonía con nuestras palabras, que a su vez coinciden en su contenido con nuestros pensamientos y sentimientos, entonces somos una persona veraz y recta que es una consigo misma. El denominado amor causal es, sin embargo, siempre discrepante, o sea ambiguo.

Precisamente en nuestro tiempo se muestran muchos caminos que supuestamente conducen a la “salvación” del alma. Muchas personas están inspiradas en el esoterismo o atiborradas de conocimientos divinos. Sin embargo ninguna de las dos cosas conduce a la vida que es Dios. Únicamente el cumplimiento paulatino de las legitimidades, que se pueden deducir de los Diez Mandamientos de Dios y de las enseñanzas de Jesús, el Cristo, nos convierte en un hombre del Espíritu, un hombre de la libertad, que se afianza en la vida que es Dios, y no se ata ni a libros ni a personas.

Estamos “atiborrados” cuando nuestro consciente, que es nuestra conciencia, ya no puede ni sopesar ni medir, es decir, analizar si aquello que mostramos de nosotros, si lo que acabamos de ver o escuchar corresponde a los Mandamientos de Dios y a las enseñanzas de Jesús, el Cristo, es decir, a la ley cósmica del amor a Dios y al prójimo.

Básicamente es así: el consciente del hombre es su consciencia despierta. Lo que registra el consciente le es consciente al hombre y más tarde se puede acordar de ello. Lo que está grabado en el subconsciente por lo común no le es consciente al hombre; transcurre de forma inconsciente. El subconsciente contiene cosas dejadas a un lado, olvidadas, reprimidas y oprimidas por la persona, sus deseos y añoranzas secretas así como los miedos no admitidos, sus ambiciones, sus estímulos y otras cosas más.

El que aspira a una vida consciente, quien quiere liberarse desde el interior, clara y honestamente, para salir del círculo del yo, del estar atrapado en el egoísmo, se esforzará en captar sus subcomunicaciones, aquello que transcurre por debajo de lo que piensa, habla o hace “conscientemente”. Esta persona aprende a conocerse más profundamente que el hombre superficial; se libera paulatinamente de la atadura a la propia persona, de su “parte personal”, de su “parte humana” y de lo bajo; se distancia de sí misma; domina cada vez mejor su vida y puede apoyar a otros sin exigir reconocimientos ni ovaciones de agradecimiento. Cada vez es más impersonal, más independiente, más autónomo y libre desde el interior. El horizonte de su consciencia se amplía; alcanza una mayor visión de su entorno, perspicacia y clarividencia, siendo de esta manera capaz de llevar verdaderamente responsabilidad.

Las personas cuyo consciente y subconsciente están a la vez llenos de conocimientos espirituales reaccionan irreflexivamente. Lo que les mueve fluye incontroladamente de su boca. La instancia de control, el consciente y la conciencia han sido desconectados por el subconsciente que está en acción. Esta discrepancia apenas es reconocida por el afectado. Si la instancia de control, el consciente y la conciencia están intactas, entonces notamos –si es que nos controlamos–, que pensamos de forma diferente a como hablamos y que hablamos de forma diferente a como pensamos. El subconsciente graba únicamente el contenido de nuestros pensamientos y palabras, el consciente el engaño, esto es la envoltura, no la esencia. El que no se controla a sí mismo, cree que él es como piensa y habla.

Como la mayoría de los hombres no cuestionan sus pensamientos, sus conversaciones y sus denominadas buenas obras, les parece que piensan de forma positiva. Creen sus propios pensamientos, que dicen, por ejemplo, cuán amable es el prójimo y qué dispuesto está a ayudar, o qué bien u ordenadamente vestido está, o cómo guarda la compostura y qué educado es y otras cosas más. Estos pensamientos y otros parecidos son positivos –pero sólo cuando los contenidos de los pensamientos concuerdan con ello–. Sólo con una autocrítica y un autoanálisis concienzudos descubrimos lo que verdaderamente se está moviendo en el mundo de nuestros pensamientos y palabras, o sea, lo que grabamos en el subconsciente. Lo que el hombre graba en el subconsciente, el contenido de sus formas de comportamiento, conforma sus verdaderas intenciones, su carácter.

Nuestro carácter con el tiempo diseña nuestro cuerpo: éste es la expresión, impresión o impregnación de nuestro carácter.

Nuestro cuerpo está mostrando constantemente quiénes somos en verdad. Si por ejemplo en una conversación un participante habla en contra de nuestra actuación protagonista o incluso actúa en contra de nosotros, o sea, se comporta de forma que según las circunstancias podría da­ñar nuestro prestigio, ¿cómo reaccionamos? ¿Permanecemos tranquilos y sosegados o reacciona el subconsciente activando primero al sistema nervioso central, al plexo solar, de forma que reaccionamos intranquilos, inquietos y al fin y al cabo excitados? Sin reflexionar, hablamos atropelladamente, mostrando quiénes somos en realidad. Nuestros pensamientos, palabras, gestos, incluso todo nuestro comportamiento muestra el cuerpo, la imagen de nuestro carácter.

En situaciones en las que nos sentimos afectados, en las que nos “salimos de nuestras casillas”, sale lo que está es­con­dido detrás de nuestra fachada positiva. Se manifiesta e incluso estalla.

El consciente, que mantiene la apariencia de lo positivo, ya no se pone en movimiento. Se escapa a nuestro control. La máscara de la apariencia se desmorona; lo innoble, lo feo o malvado que está registrado en el subconsciente sale a la luz. Mostramos –y se muestra en nosotros– quiénes somos en realidad. Los nervios bloquean entonces la can­tinela “positiva“ del consciente. Ese sería el momento en el que el “amoroso“ que se cree anclado en la ley del amor y del amor al prójimo se podría reconocer, pero, ¿lo quiere él? Cuando la primera efervescencia de los sentidos se ha aplacado, cuando los nervios se han tranquilizado un poco, entonces más de alguno piensa: “¿Qué ha ocurrido conmigo? Así no me conozco”.

Sin embargo, el que nunca se haya cuestionado a sí mismo, seguirá aferrándose a la acostumbrada imagen hipócrita que tiene de sí mismo. Pondrá rápidamente la máscara del buen comportamiento sobre el traspié y pensará: “A pesar de todo sé que he pensado y hablado correctamente, o sea, amorosamente”. Es muy posible que nuestras palabras hayan sido cariñosas y amorosas, pero el ánimo efervescente habló en tonos muy diferentes. ¿Qué es lo que hay detrás del arrebato? Lo que hay detrás es exactamente lo que se pone de manifiesto cuando algunas personas nos disgustan o cuando no alcanzamos lo que deseamos, aquello que, según sean las circunstancias, hemos tramado en actitud de “buenos, bondadosos y amables”, o cuando tememos que la declaración de nuestro prójimo nos deje en ridículo, o cosas parecidas.

Los pensamientos y palabras que están grabados en el consciente como cáscaras vacías y que contradicen lo grabado en el subconsciente, no se pueden poner en concordancia con el amor a Dios y al prójimo. Eso no es otra cosa que un amor aparente que hemos superpuesto, es amor propio, amor personal – que también denominamos egoísmo. El egoísmo puede ser adornado y escondido con mucha fruslería y ornamento, con tácticas y subterfugios refinados, hasta que el subconsciente un día está tan lleno que el consciente ya no lo domina, de forma que éste ya no puede ni sopesar ni medir, y el subconsciente alcanza el dominio sobre nuestro cuerpo, sobre nuestro modo de pensar, hablar y actuar.

El núcleo del egoísmo es siempre el amor a sí mismo, es el amor propio que está vinculado y relacionado con la persona.

El concepto “amor” se ha convertido con frecuencia en una palabra vacía. Para la mayoría de las personas, cuando hablan de “amor” se refieren al amor corporal, que es la fuerza motriz de procesos que conducen a ataduras: conduce a la infelicidad, al ansia de poseer, a la exigencia del derecho a poseer y a la explotación, pues éste es el amor que se refiere a personas, que exige lo mejor para sí, lo que significa: todo lo “bueno” para mí. Para mí lo mejor apenas si me basta. Todo para mi bienestar y para mi existencia. A ese denominado “amor“ le da igual cómo les vaya a los demás, sobre todo cuando el que una vez fue alabado por nosotros se comporta de manera diferente a la forma “positiva” que habíamos pensado de él.

El egoísta ve a sus semejantes bajo la luz de apariencia de su lámpara de consciencia personal egoísta, sólo tanto tiempo como éstos, bajo la norma de su consciencia, su apariencia, le sean correspondientemente de provecho y le favorezcan. Cuando hemos aprendido a cuestionar nuestras ideas de lo que significa para nosotros “amor”, comprenderemos poco a poco que el amor a Dios y al prójimo tiene que ser una forma de amor diferente.

Los críticos que creen poder descomponer y desbaratar la palabra de Dios que se da en la actualidad, tropiezan una y otra vez con la palabra “impersonal”. Ellos opinan que “impersonal” significa una despersonalización, la negación de la personalidad. Si estos críticos, que en su mayoría son cristianos de Iglesia, leyeran con más detenimiento su Biblia, podrían comprobar que no se trata de la formación o desarrollo de la personalidad humana cuando Jesús, el Cristo, habla por ejemplo en el sentido de: “Tenéis que ser perfectos como lo es vuestro Padre en el cielo“. No es lo “personal” o lo “humano”, o más bien lo “dema­sia­do hu­mano”, lo que caracteriza a la imagen y semejanza de Dios, a lo que se refirió Moisés, sino que la más elevada imagen ideal es mucho más la persona, precisamente aquella persona que, de acuerdo con su origen y destino divinos, personifica en su vida lo divino, las fuerzas y principios básicos de Dios.

Lo personal, o bien lo humano, está hecho a la medida de la persona, a su modo de pensar, querer y proceder más o menos egoísta. Lo impersonal no despersonaliza al hombre, sino todo lo contrario; es una medida legítima que sopesa y mide según la legitimidad de la justicia, que observa atentamente al ego, a lo personal, que al fin y al cabo es lo humano inferior que está relacionado con la persona. Lo “personal” o bien lo “humano”, todo lo que únicamente se refiere a la persona, es, al fin y al cabo, amor egoísta, que se expresa en lo denominado “demasiado humano”. En lo demasiado humano vuelve a resonar lo “humano”, que tiene tanta importancia en nuestro mundo. Precisamente los atributos de lo “humano personal”, dan a las “personalidades” que se comportan como estrellas o con gran voluntad propia, o bien que se destacan con “gran relieve“ en nuestra sociedad exteriorizada, un atractivo especial. Ni lo demasiado humano, ni tampoco lo humano, tienen que ver con el hombre de la Biblia, del cual se dice que es la imagen y semejanza de Dios.

Dios, que también es el Dios Padre-Madre, ha hecho a los hombres según Su imagen y semejanza. El hombre ha pecado y peca conscientemente contra la imagen, el hombre, y así también contra Dios. A raíz de esto el hombre se ha convertido en su amor egoísta personificado, es decir, personal, “humano”. En la mayoría de los casos una persona se encuentra y concuerda con otra en esa calidad de personalidad provista de características específicas propias y otras peculiaridades, o sea, al nivel “humano”. Se valoran entre sí por sus “características humanas” y compiten en base a ellas, cuando se trata de prestigio, importancia, influencia y poder, así como de otros productos engañosos del egoísmo humano. Éste aspira a sobrepasar el rango de aquel, y el que tiene el ego más fuerte, en actitud triun­fante, se declara entonces vencedor.

Dios, por el contrario, ve lo que El ha creado a su imagen y semejanza, el ser espiritual en el núcleo del ser del alma del hombre. Si la imagen de Dios se pone de manifiesto en el hombre, entonces el ser humano está por el momento en la forma de vida hombre en esta Tierra, pero él no es “humano”, es decir, “personal”.

El Amor -la eternidad cósmica- es impersonal
El Amor -la eternidad cósmica- es impersonal

Lo impersonal, la ley de Dios, el amor a Dios y al prójimo no juzga, no evalúa, no condena ni castiga. Dios ama al ser perfecto en lo más interno del alma de cada hombre. Dios irradia Su amor impersonal a la ley causal sin considerar a la persona para ayudar a aquél que verdaderamente pide ayuda. Así El ayuda al hombre a que se autorreconozca, a que reconozca aquello que no corresponde a lo divino en su “humanidad” causal, en su envoltura del yo, para superarlo con la fuerza del Cristo de Dios.

Dios, sin embargo, no es la ley personal, no es la causalidad con la que se rodea el hombre. Dios tampoco afirma lo “personal” del ser humano, sino que deja en sus manos que se autorreconozca en las “anomalías”, en las particularidades de la naturaleza humana inferior, para que se decida libremente por lo “divino” o lo “humano”.

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Cristo alfa omega

La alemana Gabriele Wittek lleva años canalizando la energía crística. Uno de sus textos fundamentales es “El Alfa y el Omega: El Evangelio de Jesús el Cristo que el mundo no conoció”, soberbio volumen de más 500 páginas que ofrece una visión de la vida y las enseñanzas del Maestro Jesús desde una perspectiva impersonal.

El libro -puesto gratuitamente a disposición del público por la organización Vida Universal, liderada por la propia Wittek- es muy buscado en la actualidad por los trabajadores de la luz; en virtud de ello lo hemos colgado para beneficio de nuestros lectores y lectoras. Con un simple click, descarga este vasto tomo sapiencial.

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UNA SEMILLA DE MOSTAZA… ¡PUEDE CAMBIAR TU VIDA!

Cuando tu fe tenga el tamaño de una semilla de mostaza... ¡cambiarás tu Vida!
Cuando tu fe tenga el tamaño de una semilla de mostaza... ¡cambiarás tu Vida!

Carmelo Urso

entiempopresente4@gmail.com

Confieso que también cometí el mismo error.

Si gustan, acérquense; tomen una silla; dejen que les cuente…

De seguro, buena parte de ustedes habrá leído o escuchado esta parábola de Jesús: “el Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza que sembramos en el campo; siendo la más pequeña de las semillas, al crecer se transforma en la más grande de las hortalizas y llega a hacerse árbol, de suerte que las aves vienen a anidar en sus ramas”.

Inspirado por las palabras del Nazareno, busqué –primero en mi Enciclopaedia Barsa, luego en Internet- imágenes del célebre árbol de mostaza.

Busqué y busqué… ¡pero no las hallé! Y no fue por falta de fe o de investigación… lo que ocurre es que ese supuesto “árbol”…  ¡no existe!

En mi soñadora ignorancia, yo imaginaba al árbol de mostaza tan encumbrado como una secuoya –esos gigantes milenarios que alcanzan hasta los 100 metros de altura en los bosques de California (EE.UU.).

Me equivoqué. En realidad, la mostaza es una hortaliza (tal como ya me lo decía el texto bíblico)… y el ejemplar más alto llega a los 35 centímetros.

En todo caso, árbol u hortaliza, estas ociosas consideraciones botánicas no invalidan el profundo significado espiritual de la parábola de Jesús.

La semilla de mostaza es tan pequeña… ¡que resulta difícil de ver! Mide apenas una décima de milímetro de largo: ¡es casi intangible! Algunas personas usan un dije en forma de globo de cristal cuyo interior guarda una de estas mínimas simientes. Simbolizan así su fe en el Creador… su confianza en que el poder absoluto (invisible) del Uno prevalece sobre las circunstancias (visibles) del mundo físico.

En otro segmento de los evangelios, Jesús reitera –de modo tajante- que la perceptible realidad material se subordina al imperceptible orden del Espíritu. Una vez más, usa el símbolo de la semilla de mostaza: “Entonces los apóstoles le dijeron a Jesús: ¡Aumenta nuestra fe! Respondió Jesús: Si ustedes tuvieran una fe tan pequeña como un grano de mostaza, podrían decirle a esta montaña: ‘muévete y échate en el mar’, y les obedecería”.

Felizmente, esta enseñanza del sabio ebanista hebreo no ha caído en saco roto.

En Dijon, toman al pie de la letra la enseñanza de Jesús sobre la fe y la semilla de mostaza...
En Dijon, tomaron al pie de la letra la enseñanza de Jesús sobre la fe y la semilla de mostaza...

¡Sí! Existe una pequeña ciudad francesa que ha puesto en práctica durante siglos –y de manera literal- este sabio precepto de fe expuesto por el Maestro Jesús: la urbe de Dijon.

Con poco más de 200 mil almas, Dijon está ubicada en la región de Borgoña, afamada por sus vinos. No obstante, el producto que la identifica es su mostaza, presente en gran parte de los supermercados del planeta.

En las recetas de alta gastronomía, es común leer que los chefs recomiendan la mostaza de Dijon. Y es que el preparado dijonés prevalece sobre sus competidores por su sabor y calidad únicos.

Alrededor de esta hortaliza, la pequeña Dijon (una de las ciudades con mejor calidad de Vida en el mundo) ha construido un enorme emporio. Materializó en la Tierra un peculiar Reino de los Cielos, poniendo su fe en un producto aparentemente insignificante.

La famosa mostaza de Dijon puede hallarse en los mejores supermercados del planeta
La mostaza de Dijon puede hallarse en los mejores supermercados del planeta

Algunos países poseen grandes riquezas minerales: oro, petróleo, hierro, plata, bauxita, uranio. No obstante, buena parte de sus pobladores viven en atroz estado de pobreza. ¡Tal vez a todos nos haga falta tener esa fe del tamaño de una semilla de mostaza que exhiben los dijoneses!

De hecho, uno de los más connotados hijos de esa ciudad tuvo una fe que movió literalmente montañas –tal como sugiere Jesús. El 15 de diciembre de 1832, Alexandre Gustave Eiffel nació en Dijon.

En 1855, se graduó de químico; con los años devino en constructor. En 1867, fundó Eiffel et Cie., consorcio que adquirió gran prestigio internacional en el uso del hierro; erigió cientos de importantes estructuras (puentes, estaciones de trenes, grúas, torres, túneles) a lo largo y ancho de Europa.

Su obra más famosa es, por supuesto, la Torre Eiffel, inaugurada en 1889 en París. También diseñó la estructura interna de la Estatua de la Libertad, que alza su flamante pebetero en la ciudad de Nueva York (EE.UU.).

De tal modo, la fe de Eiffel –grande como la semilla de la parábola bíblica; fértil como su natal campiña dijonesa- le permitió “mover” sus famosas montañas de acero y concreto hacia las ciudades más renombradas del orbe.

Nosotros no somos diferentes de Eiffel y sus paisanos: en nuestro corazón también anida una intangible simiente divina que espera ser plantada y regada con nuestra fe para que crezca y nos provea con sus más felices frutos.

La fe de Eiffel (hijo dilecto de Dijon) movió -literalmente- montañas de acero...
La fe de Eiffel (hijo dilecto de Dijon) movió -literalmente- montañas de acero...

¿La cultivaremos o dejaremos pasar la Vida sin hacer uso de su ilimitada potencialidad? ¿Te animas, lector (a), a erigir y mover tus propias montañas?

Rezo para que este humilde texto mío sea como una semilla de mostaza que haga fructificar en ti todo el Amor y Poder del Padre-Madre… ¡que es Uno e infinito!

NADA ES SÓLIDO: UNA ENTREVISTA A LA CANAL DE LAS “CARTAS DE CRISTO”

 

 “A la Luz de la Verdad espiritual de Cristo, las doctrinas pierden significado y son rápidamente sacadas de la mente iluminada;.

“A la Luz de la Verdad espiritual de Cristo, las doctrinas pierden significado y son rápidamente sacadas de la mente iluminada”.

Carmelo Urso

entiempopresente4@gmail.com

Muchísimas gracias a Valerie Ann Melfi por traducir este valioso material.

Carmelo Urso: Antes que nada, nos gustaría que nos explicaras: ¿Qué son las CARTAS de CRISTO?

La Canal:  Son Cartas dictadas por Cristo a través de la mente de su canalizadora anónima a quien Cristo le dijo que sólo debería ser conocida como el Canal. El propósito de esto fue el de enfocarnos sólo en Cristo por ser el verdadero autor e inspirador del texto.

Carmelo Urso: ¿En qué época fueron redactadas?

La Canal: Fueron escritas en el año 2000 y al principio del 2001.

Carmelo Urso: ¿Pretenden ser la base de una nueva religión?

La Canal: Las Cartas nos fueron dadas para iluminarnos  acerca de la verdadera NATURALEZA de ESO que ha dado el ser al mundo visible y a toda la creación en cualquier dimensión. Es un documento detallado que da la explicación de cómo y por qué el universo realmente no es sólido, sino que es energía –Consciencia- la consciencia que da vida a todas las cosas vivientes.

Carmelo Urso: ¿Por qué permanece anónima la persona que las canalizó?

La Canal: Muchas, muchas personas han escrito literatura espiritual, asegurando haberlo recibido de CRISTO o JESÚS. En la mayoría de los casos, el autor se ha hecho famoso y su nombre tal vez se recuerda más fácilmente que la obra que se ha escrito.

Según CRISTO, las CARTAS son las semillas de nuestra futura evolución espiritual y son, por lo tanto, de una importancia primordial para la gente que está en la tierra. Nunca debe olvidarse que CRISTO es tanto el Autor como el principal portavoz del texto. Nada ha sido sacado de ningún escrito de otras personas en absoluto. Todo ha venido directamente de la propia consciencia de CRISTO mismo.

(Los traductores responden a las siguientes preguntas)

Carmelo Urso:  Nos gustaría saber, Valerie, ¿cómo llegaron a tu vida estas Cartas de Cristo?

Valerie Ann Melfi (la traductora): Yo era  y había sido una ferviente católica toda mi vida. Aún cuando estuve muy activa en mi parroquia, a través de los años me volví espiritualmente inquieta, con necesidad de una espiritualidad más elevada y buscando para encontrarla. Una tarde, de todo el enorme espectro de material espiritual que podemos encontrar en Internet, di clic en CAMINO DE CRISTO y me quedé pegada en la pantalla conforme empecé a leer lo que supe de inmediato que era lo que había estado buscando.

Carmelo Urso: Valerie, ¿qué proceso de despertar espiritual produjo en ti este texto?

Valerie Ann Melfi (la Traductora): El proceso es gradual y a diario; sin embargo, milagroso, a medida que uno llega a percibir La Presencia y El Amor de  LA CONCIENCIA DIVINA en cada momento y en cada tarea en la propia vida personal.

Carmelo Urso: ¿Cómo era tu visión personal del Cristo antes de conocer estas cartas?

Valerie Ann Melfi (la Traductora): Mi visión de Cristo era la que nos enseña  la Iglesia.

Carmelo Urso: ¿Cambiaron las ideas y creencias que tenías de Jesús después de leerlas?

Valerie Ann Melfi (la Traductora): Mis ideas y creencias ciertamente cambiaron después de leer las Cartas. La siguiente frase, tomada de la Carta 4,  ha ocurrido verdaderamente  en mi propia experiencia: “A la Luz de la Verdad espiritual de Cristo, las doctrinas pierden significado y son rápidamente sacadas de la mente iluminada”.

Carmelo Urso: ¿Cómo fue la labor de traducir el material al español? ¿Qué circunstancias te impulsaron a efectuar este trabajo? ¿Recibiste algún tipo de ayuda externa para llevarlo a cabo?  Traducir un material de corte metafísico, ¿puede equipararse al trabajo espiritual implícito en disciplinas tales como la oración o la meditación?

Valerie An Melfi (la Traductora): Mi experiencia ha sido maravillosa. Me ha permitido ir más profundamente en la comprensión de los mensajes, pero sobretodo me está poniendo en contacto con la energía de Cristo que hay en las Cartas. Con gran entusiasmo estoy participando en este trabajo; muchas personas puedan conocer estas profundas verdades y así derrumbar tantas creencias absurdas que no les permiten avanzar en su desarrollo espiritual y en el mejoramiento de su vida en general.

Este trabajo de traducir un material de corte metafísico sí es equiparable al trabajo espiritual implícito en la oración y en la meditación. En las tradiciones espirituales de oriente, especialmente de la India, Japón y China, es ampliamente sabido que hay varios caminos para acercarse a la experiencia de lo divino: el trabajo intelectual debidamente conducido es uno de ellos. La oración que lleva a la meditación es otro. El servicio es otro. El amor contemplativo y en el canto, sería uno más.

Sí ciertamente he recibido ayuda de otras personas. Esa es otra historia en sí. Cada persona llegó en el momento de mayor necesidad…..¡todo previsto por CRISTO!

Carmelo Urso: De acuerdo a estas Cartas, ¿qué es el Cristo? ¿Es una noción que se refiere exclusivamente a la persona de Jesús o tiene un ámbito de acción más amplio?

La Canal: “Yo, como la canalizadora, tuve la impresión de que este individuo que vino a mí en respuesta a mi angustiado llamado a Jesús, para ayudarme en un momento de gran apuro en 1966, fue en realidad el Jesús Cristificado –pero la persona de Jesús ya se había disuelto desde hacía mucho, mientras que el Cristo se había movido hacia más y más altas dimensiones de Consciencia Divina pura, libre de permanecer ahí o de descender según El lo quisiera. A medida que descendió en las frecuencias de vibración de la consciencia, se sintonizó y asumió esas vibraciones permitiéndole comunicarse racionalmente”.     

Carmelo Urso: En los evangelios, el episodio de Jesús en el desierto suele ser presentado como su victoria frente a las tentaciones que Satanás desplegó sobre su carne, corazón, mente y espíritu. En las Cartas, tal experiencia es presentada de forma distinta: en el desierto, Jesús habría descubierto la verdadera esencia de la Realidad, vale decir, “que nada es sólido”. ¿Podrías explicarles a los potenciales lectores o lectoras las implicaciones de este hallazgo de Jesús? ¿Podrías explicarles a los potenciales lectores o lectoras las implicaciones de este hallazgo de Jesús?

La Canal: Es difícil contestar esta pregunta porque algunas facetas de las experiencias de Cristo han sido puestas aquí de manera incorrecta.

Sí, Jesús descubrió que nada era sólido, pero esto se refería al aparentemente sólido material del planeta –piedras, plantas, seres humanos. El descubrió que el mundo estaba compuesto de una energía en la que las motitas de la creación (las partículas eléctricas) danzaban tan rápidamente que producían la apariencia de ser sólidas. 

Ahora bien,  la percepción más crucial aquí fue que Jesús se dio cuenta de que la Energía que sostenía todo en el universo era lo que la gente llamaría Dios. Por lo tanto, Dios no era el individuo remoto que enseñaban los judíos sino una Inteligencia/Amor universalmente penetrante en la cual cada ser viviente, de cualquier tipo y especie, había nacido y crecido y había sido mantenido y sustentado para siempre. Básicamente, las plantas, los insectos, los peces, los animales, los humanos, todos habían tomado forma y evolucionado a partir de y dentro de la misma Energía Divina. Todos éramos uno en nuestras raíces –todos compartíamos la misma consciencia. Las diferencias residían en el hecho de que cada clase –plantas y árboles, etc- estaban confinados por su misma estructura física dentro de ciertos límites de experiencia y de respuesta consciente a esa experiencia. Y así mismo era con todas las diferentes especies –pero básicamente, en la composición física y el espíritu, no había diferencia entre la planta y el humano. Las únicas diferencias residían en nuestro uso respectivo de la consciencia con la que nacimos.

La Energía que sostiene todo en el Universo es lo que la gente llamaría Dios
La Energía que sostiene todo en el Universo es lo que la gente llama Dios

Sin embargo, las verdaderas implicaciones y significado de las tentaciones a Jesús mismo, fueron el darse cuenta plenamente de que había dentro de él dos impulsos humanos ( que más adelante en las Cartas denominó como ‘el ego’) atracción y rechazo que gobernaban la consciencia del hombre y lo empujaban hacia sus acciones cotidianas. Ahora bien, a Jesús le fue dicho en su inspiración que debía dejar de escuchar a su ego y que debía confiar en lo Divino que interpenetra el universo para recibir guía acerca de cómo proceder durante sus horas despierto. Jesús estuvo contento de escuchar esta instrucción pero encontró extremadamente difícil ponerla en práctica porque la voz de su ego lo urgía a entrar en acciones egoístas. Tuvo que recordarse constantemente a sí mismo  que él debía confiar en el Padre para todas sus necesidades. Cuando él hizo eso sus necesidades fueron cubiertas de manera correcta.                                                                                                                                    
Carmelo Urso: En la Cartas, Jesús explica que “que toda forma exterior es una expresión de la Consciencia interior”; que “Vida y Consciencia son la misma cosa” y ambas constituyen el “Poder Creativo de la Mente Universal Divina”, la cual es “la única Realidad tras toda manifestación de forma individualizada”.

La Canal: Esto no es correcto. En primer lugar debe entenderse que la forma exterior se encuentra en un nivel de la creación – la manifestación visible de la vida y de la consciencia- sólo de ciertas frecuencias vibratorias. Ni siquiera se pueden mover hacia la vibración astral. La Vida y la Consciencia pertenecen a la más alta dimensión de la creatividad aunque estén operando dentro de la dimensión humana, así como en muy bajas frecuencias vibratorias. De aquí que los pensamientos y los sentimientos que pueden ser experimentados en el mundo estén muy por debajo de de los sentimientos y los pensamientos de las dimensiones más elevadas. Todas son básicamente de una  misma substancia pero manifiestan diferencias. Y nunca debemos olvidar que la consciencia que proyectamos es también electromagnética y de acuerdo con eso, lo que sale debe regresar. Por lo tanto, debemos decir que las proyecciones personales crean el medio ambiente personal, las experiencias, la salud y las relaciones personales.

Carmelo Urso: De acuerdo a estas premisas, ¿la realidad (o irrealidad) que contemplamos es una mera proyección de nuestro estado de consciencia?

La Canal: Sí, de acuerdo con lo que se acaba de decir en las últimas líneas. 

Carmelo Urso: ¿En qué se convierte el humano que consigue un estado de comunión absoluta con el Poder Creativo de la Mente Universal Divina?

La Canal: Tal persona es conocida como un Maestro, dado que él o ella tiene la visión mental de Cristo para darse cuenta de que su consciencia puede controlar los átomos.

Carmelo Urso: El cristianismo formal presenta la noción de un Dios que castiga severamente los pecados de sus hijos con la hoguera eterna del infierno. El “Padre” del cual habla Jesús en las Cartas, ¿qué características tiene?  ¿En qué se diferencia de la Deidad tradicionalmente presentada por las iglesias cristianas? 

La Canal : La diferencia entre la noción formal Cristiana de un Dios es absolutamente básica. De acuerdo con el concepto tradicional de un Dios, Él es masculino y posee emociones. Él puede amar puede ser iracundo y puede infligir venganza. Él mantiene cuentas de todos los seres humanos y los premia con ‘estrellas doradas’ o los castiga con latigazos de acuerdo con su comportamiento.

Ésta es la forma como Jesús describe a Dios cuando visitó a Zedekiah habiendo sanado a su hijo. Él está hablando ahora a los amigos y dolientes de la familia.

Esta enfermedad que ha caído sobre mi hijo., ¿fue un castigo por algo equivocado que he hecho en el pasado? ¿Y cómo pude cometer un pecado tan grave que Dios tuvo que querer quitarme a mi único hijo?

El Cristo: "Dios nos da LA VIDA y el ser. Él no arrebataría esto como un hombre arrebataría algún tesoro a otro hombre porque está enojado con él".
El Cristo: "Dios nos da LA VIDA y el ser. Él no arrebataría esto como un hombre arrebataría algún tesoro a otro hombre...

Jesús dijo: ‘has hecho la pregunta que más quería contestar, Zedekiah. Dios nos da LA VIDA y el ser. Él no arrebataría esto como un hombre arrebataría algún tesoro a otro hombre porque está enojado con él. Y Dios no está colocado en un trono en alguna parte del cielo como los seres humanos se sientan en tronos y gobiernan a su gente. La manera de actuar de Dios está muy lejos de cualquier cosa que la mente humana pueda proyectar o soñar. Sólo yo he visto ‘Aquello que nos ha traído a ser’, y sé que no es el tipo de Dios que enseñan los Rabinos. Yo vi que ESO es ‘Amor Perfecto’ y por esa razón yo más bien hablaría de el ‘Padre’, ya que yo he visto que ESO trabaja dentro de cada ser vivo, manteniéndolos en buen estado de salud, tanto como un padre humano trabaja para mantener a sus hijos bien alimentados, vestidos y protegidos dentro del abrigo de un hogar. Yo he visto ESO dentro de todo en el mundo.

No es posible que un ‘ser’ individual de cualquier tipo esté en todas partes al mismo tiempo. Pero el aire está en todas partes aunque no lo podamos ver. A pesar de eso, sabemos –y no lo dudamos- que si no hubiera aire y no lo pudiéramos respirar, moriríamos. El movimiento del aire, lo que llamamos viento, no lo podemos ver pero vemos que agita las hojas y mueve las nubes a través del cielo, y así podemos saber que el aire está alrededor y arriba de nosotros y que es fuerte. Y no podemos ver la mente. Sólo podemos saber que tenemos una mente por lo pensamientos que produce y porque los pensamientos forman algún tipo de acción en nuestras vidas. Nosotros creemos que la mente trabaja a través del cerebro. Sí, lo hace. Pero ¿cómo podría el cerebro, que nació de la carne, producir pensamientos, sentimientos, ideas, planes? Ahora debería quedarte claro que ésta es la forma como el ‘Padre’ está presente dentro de todas las cosas; ESO es la ‘mente’ directiva detrás de la mente humana, haciendo sus grandes trabajos dentro de cada cosa viviente, vemos las maravillas que nos aporta.

Carmelo Urso: De acuerdo al Jesús de las Cartas, “la Voluntad del Padre es la salud”. Si esto es cierto, ¿qué es entonces la enfermedad y cómo se sana?

"La Voluntad del Padre es salud".
"La Voluntad del Padre es salud".

La Canal: De acuerdo con Cristo, la enfermedad aparece cuando las frecuencias vibratorias de la consciencia en un órgano caen por debajo de la norma. Esto es efectuado de muchas maneras, incluyendo largos períodos de pensamientos negativos, desesperación, fracaso, privación. Ello puede ser sanado rápidamente por la afluencia de la Luz espiritual en la parte afectada del cuerpo  la imposición de manos, o por la plegaria de alguien que pueda ascender en la Luz espiritual y proyectarla a través del tercer ojo –el sexto chakra. La sanación también ocurre como resultado de estimular el cuerpo para que retome vitalidad por medio de la alimentación correcta y tomando drogas diseñadas para ese propósito; por corregir y cambiar los pensamientos negativos, por salir de la desesperación por encontrar la fuerza interna de Padre-Madre-Vida en nuestro interior, por reiniciar la marcha después de un fracaso confiando en la Energía Divina en nuestro interior y por pedir a la Consciencia Divina Universal toda la abundancia necesaria en nuestras vidas, dando gracias anticipadas por ello, con plena confianza de que nuestra petición será escuchada.

Carmelo Urso: La religión formal presenta el “Reino del Cielo” como un lugar en el cual moran las almas que han cumplido ciertas y determinadas exigencias de Dios  (abstenerse de cometer pecados, efectuar buenas obras, cumplir puntualmente los rituales del culto y asimilar la Gracia divina a través de la fe). De acuerdo a las Cartas, ¿qué es el Reino del Cielo? ¿Dónde se encuentra? ¿Cómo nos damos cuenta de que moramos dentro de Él?

La Canal: Sí, éste es un concepto muy materialista. Cristo describe ‘El Reino del Cielo’ como una cualidad del Ser – el logro de la plenitud de percepción, del amor incondicional, del perdón total, de la completa empatía y unidad de espíritu con los otros, sintonización con la Consciencia Divina. 

Carmelo Urso: El “Padre” del cual habla constantemente Jesús en las Cartas, ¿es un Dios personal o impersonal? ¿Es de género masculino y por eso se le llama “Padre”? ¿Es un Ser externo a Sus creaciones o mora dentro de ellas?

La Canal: Para Cristo, El Padre es Vida, Consciencia Divina, la Energía fundamental de la cual todo ha tomado energía, forma y ser. El ‘Padre’ está en todas partes, como el aire. Está dentro de todo, pero es también trascendente a las cosas vivas; puede inspirar, enseñar, guiar, proteger, rescatar, sanar. Aparece sin substancia pero ESO es la más poderosa Energía dando el ser a todas las cosas vivas. Cristo lo llama ‘Padre’ porque, de acuerdo con la Carta 1, él percibió esta Consciencia Universal como una Mente Divina Inteligente y Amorosa de la que todas las cosas vivientes tomaron su consciencia –por lo tanto, esta Energía fue verdaderamente ‘Padre’ de todos sus hijos. También, Cristo pudo ver que fue realizada una gran cantidad de trabajo por las células físicas de las cosas vivas y eso fue dirigido por la Consciencia trascendente del ‘Padre’ –por lo tanto, el ‘Padre’ trabaja para mantener la creación en buena salud y en un orden actuante.

El ‘Padre’ es impersonal pero Eso es Consciencia Infinita
El ‘Padre’ es impersonal pero Eso es Consciencia Infinita

El ‘Padre’ es impersonal pero Eso es Consciencia Infinita. Siempre que nosotros los seres dirigimos nuestros pensamientos al ‘Padre’, ellos dan al blanco y el ‘Padre’ nos responde personalmente –porque nuestra consciencia trabaja con electromagnetismo. La electricidad envía el mensaje y el magnetismo nos trae la respuesta de regreso a  tiempo. 

Carmelo Urso: ¿Qué tiene que decir el Jesús de las Cartas con respecto a la fe y cuál es su relación con los milagros? ¿Qué son los milagros?   

La Canal: Cristo dice que la fe es de la máxima importancia cuando rezamos o cuando tratamos de materializar un deseo o para la auto-curación. Es en estas ocasiones en las que deberíamos poder darnos cuenta de que el hecho de que nada es sólido es de tan tremenda importancia para nosotros. Cuando rezamos o visualizamos y tratamos de atraer algo a nuestras vidas, es nuestra fe lo que le da un sello de certeza al plano que estamos creando en electromagnetismo. Le estamos diciendo al plano –tú te manifestarás en mi experiencia- y ésa es otra instrucción poderosa de la consciencia inyectada en el plano. Sin fe, no hay  impulso dentro del plano  -sólo es un borrador eléctrico y un relleno de magnetismo sin una clara dirección de la consciencia dentro de él.

Carmelo Urso: ¿Debe la gente pagar para acceder al contenido de estas Cartas? ¿Dónde se pueden obtener y en qué idiomas?

La Canal: A mí el Canal, me fue dicho que lo diera libremente a toda la gente. Cristo esperaba que todos aquellos que tuvieran los medios de hacerlo darían algo de regreso. Pero esto no sucede – sólo rara vez.

 Las CARTAS pueden obtenerse libremente, sin costo, en la red www.caminodecristo.com en inglés, español, francés e italiano.

Carmelo Urso: anos, además, un mensaje final para los lectores iberoamericanos.

Valerie Ann Melfi (la Traductora): Carmelo, en primer lugar deseamos felicitarte por tu excelente trabajo en la redacción de las preguntas que nos has expuesto arriba. Digo ‘nos’ porque casi todas las preguntas han sido contestadas por el Canal misma. Yo misma hice la traducción al inglés para ella (como es natural, siendo las dos  inglesas por nacimiento). Después de responder el Canal, Eduardo, nuestro excelente compañero del Camino, hizo la labor de pasar el resultado al español. Como pides un mensaje para los Iberoamericanos, aquí tienes la aportación de Eduardo.

“Yo mismo, como Iberoamericano invito a todos mis hermanos que lean las CARTAS a diario, en las cuales se encuentran la Paz, el Amor y la Sabiduría que tal vez no se encuentra en ninguna otra parte.”

“Tanto el Canal como yo, viviendo en lugares lejos de nuestros principios, sintiéndonos ‘ciudadanas del Cielo y de la Tierra’ a la vez, deseamos que las CARTAS de CRISTO lleguen a todas partes, a todas las personas que las puedan recibir.”

 

 

 

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Descarga gratuitamente las "Cartas de Cristo" y disfruta de este tesoro espiritual
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Con la anuencia de la Canal, colocamos a tu disposición las “Cartas de Cristo” para que puedas descargarlas completas de manera gratuita. Simplemente, haz click en cada Carta para bajarla y disfrutar toda la profundidad de este tesoro espiritual.

Carta1

Carta 2

Carta 3

Carta 4

Carta 5

Carta 6

Carta 7

Carta 8

Carta 9

Introducción a las “Cartas de Cristo”

Artículos complementarios de las “Cartas de Cristo”

PARÁBOLA DE LA SEMILLA DE MOSTAZA (FRAGMENTO DE LA CARTA 3 DE LAS “CARTAS DE CRISTO”)

El Cristo: "Constantemente decía a la gente: Creed que recibiréis".
El Cristo: "Constantemente decía a la gente: Creed que recibiréis".

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Introducción (en azul) de Valerie Ann Melfi

Texto canalizado por The Recorder

Hay tanto por aprender en este fragmento tomado de la CARTA 3 de las CARTAS de CRISTO.

Nos define lo que es la FE; luego la CREENCIA y el CONOCIMIENTO. Finalmente define la CONVICCIÓN como, “SABES que lo que ‘sabes’ es VERDAD”.

Así es nuestro propio proceso mientras leemos, re-leemos y finalmente quedamos convencidos y SABEMOS que la Enseñanza de CRISTO en Sus CARTAS es la VERDAD.

El párrafo en verde dice que ‘sin el fundamento de la relación entre la mente y la ‘materia’, ciertamente estamos encerrados en la miseria de la condición humana’.

Cuánta verdad hay en esto, a pesar de que existe el sentimiento de ‘rectitud moral’ al seguir las prácticas religiosas, no hay progreso hacia una espiritualidad más elevada.

Luego CRISTO continúa diciéndonos cuales fueron sus palabras exactas sobre la parábola de la ‘semilla de mostaza’; iluminadoras y espiritualmente estimulantes.

CRISTO continúa:

“En otra ocasión yo estaba sentado debajo de un árbol en las afueras de Betsaida, rodeado por la gente quien había traído sus enfermos para que fueran curados. Como siempre, se maravillaron al ver la vuelta a la vida y de la salud a estas personas y se preguntaron cómo se realizaban tales milagros.

De nuevo, intenté hacerles comprender el Poder de la Fe.

En los Evangelios, se ha afirmado que yo dije que si un hombre tuviera la fe del tamaño de la semilla de mostaza podría mover montañas.

Esta afirmación es una interpretación incorrecta de lo que verdaderamente dije y revela lo poco que mis discípulos y los evangelistas entendían de mis enseñanzas cuando estuve en la tierra.

Si alguien tuviera la ‘fe’ del tamaño de una semilla de mostaza – ¿Qué significa?

¿Cómo se puede medir la fe de tal manera?

Fe es fe.

Es un ‘poder de total convicción’ en la mente, poseyendo la mente, que no puede ser sometida a ‘tamaño’. La fe, –  que surge de la necesidad de creer en algo, porque tal creencia servirá vuestros propósitos de algún modo, puede ser poderosa y fuerte, pero ¡nunca puede ser sometida al concepto de ‘tamaño!’

La Creencia es aún más fuerte. La Creencia es el fruto de saber algo de oídas y de la lógica. Porque se haya oído y se esté convencido de lo que se ha oído o leído es verdad, se desarrolla una profunda creencia en lo que se haya oído. Se cree que es verdad. Se cree de manera completa, total que desafía cualquier contradicción.

Constantemente decía a la gente. ‘Creed que recibiréis, – y recibiréis.’

Sin embargo yo sabía entonces que sería casi imposible que la gente jamás tuviese la fe para que realizara milagros, puesto que explicarles la Verdad como fuera, seguirían sin el intenso conocimiento que me fue dado en el desierto.

Pero ahora, al relatar, en alguna medida, la historia de mi estancia en la tierra, en Palestina, es con la intención de que tú, mi lector, empezaras a percibir y comprender el conocimiento que me fue dado durante mi iluminación.

Mi intención es la de darte conocimiento. Saber algo de oídas es lo que se oye de alguien pero no se puede comprobar realmente que sea verdad.

El Conocimiento es cuando se te dice algo – o se lee algo – y porque lo que ya has oído o leído concuerda de manera lógica y realista con todas las cosas de conocimiento ya relacionadas en tu mente, y puedes comprender y creerlo de manera realista y lógica, la nueva información se convierte en conocimiento. Tu SABES que lo que ya ’sabes’ es VERDAD. Tienes un sentido de ‘convicción.’

Hasta ahora, algunos de vosotros habéis tenido fe en ‘JesuCristo’ pero habéis sido como niños caprichosos. Vuestra fe ha sido en parte ciega,  de ‘aceptar,’ sin embargo entretejida con mucha duda. Por tanto, lo que necesitaríais que os hiciera, dependeríais de ‘Jesús’ para que se realizara la obra. En tanto que, en realidad, mucho de lo que creéis que habéis recibido de Jesús, ha sido vuestra propia fe en ‘Jesús’ hecha visible en la forma de las cosas pedidas.

Mientras esta ‘fe’ ingenua es muy importante para tu bienestar, aquellos de vosotros que sois capaces de adelantar en el sendero espiritual hacia la perfección, debéis ahora alcanzar un nivel más profundo de verdadero conocimiento de la relación entre la mente y la ‘materia.’ Sin este cimiento, la gente seguirá enredándose en mitos religiosos y se quedarán aprisionados en la miseria de la condición humana.

Cuando estaba en la tierra, dije la Verdad a la gente, pero fue constantemente malinterpretada. Lo que dije realmente, referente a la fe, fue esto.

– Ved este gran árbol, Ha crecido desde la semilla más pequeña que se pueda imaginar. Ved el tronco enorme, las ramas y su frondosidad. Todo este enorme crecimiento ha salido de una pequeña semilla.

– ¿Cómo ocurrió tal cosa? ¿De dónde procede toda la madera del árbol y la frondosidad que lo adorna? ¿No es esto tan milagroso cómo los milagros que yo os realizo día tras día? ¿No es el crecimiento de este árbol tan obra de ‘PADRE’ como la curación que ocurre en la gente enferma?

Os pregunto,

 -¿Qué es una semilla? ¿Me lo podéis decir? No – no podéis. Pero os lo diré.

-Es una entidad diminuta de ‘conocimiento de la consciencia.’ Es el ‘conocimiento consciente en lo que se convertirá. Es un fragmento de la consciencia sacado de la ‘Consciencia Creativa Divina.’

– Es un fragmento del poder de la mente procedente del poder de la ‘Mente del Padre’—el cual, al ser plantado en la tierra y regado por la lluvia, empezará a vestirse de la ‘materia’ visible de la cual posee conocimiento muy profundamente en su interior. Este conocimiento es verdad, es firme, es fuerte y constante. Este auto-conocimiento encarnado en la semilla, es una convicción de la ‘consciencia.’ ‘Todas las formas de vida surgen de este único auto-conocimiento – una convicción en la ‘consciencia.’ Esta ‘convicción en la consciencia’ es lo que separa la tierra inanimada y las rocas de todo lo que vive y crece sobre la faz de la tierra. Donde no existe ‘conocimiento en la consciencia’ o ‘conocimiento de identidad’ no hay crecimiento. La consciencia dentro de la tierra y las rocas permanece de forma latente.

– Por tanto, si pudierais creer en lo que pedís, tan poderosamente como la semilla de la mostaza conoce su propia identidad, podríais hacer cualquier cosa que quisierais.

El Cristo: "Por tanto, si pudierais creer en lo que pedís, tan poderosamente como la semilla de la mostaza conoce su propia identidad, podríais hacer cualquier cosa que quisierais".
El Cristo: "Por tanto, si pudierais creer en lo que pedís, tan poderosamente como la semilla de la mostaza conoce su propia identidad, podríais hacer cualquier cosa que quisierais".

– Si pudierais llevar dentro de tu mente, una semilla, – el plan perfeccionado de vuestros objetivos más sentidos, y saber fuera de toda duda, que puede crecer y llegar a perfecta realización, podríais ver esta semilla maravillosa coger vida propia que luego se manifestaría en vuestra vida.

– Y podríais con toda seguridad, mover las montañas de vuestras vidas – esas montañas que atraviesan vuestro camino y os impiden alcanzar todo lo que deseáis… montañas que, en momentos de imprudencia y mal pensar os las habéis creado vosotros mismos.

– Si tan solo comprendierais la creación y la existencia, podríais vivir vidas de total libertad, hazañas sin límites, y alegría trascendente.

– Buscad la comprensión y poco a poco veréis que la comprensión se hallará. Llamad a la puerta del universo que da acceso a ‘Dios’ – la ‘consciencia universal del ‘Padre’ y finalmente la puerta se os abrirá y hallaréis la entrada a los secretos del mundo.

– Tan solo creed y recibiréis.

También les recordaba en todo momento:

-Tan solo los de mente y corazón puro realizarán estas cosas poderosas.

Los malvados pueden prosperar durante un tiempo, como lo han hecho los reyes y los ejércitos saqueadores y otros, amontonando la iniquidad en sus mentes; se les ha permitido hacer su trabajo durante un tiempo, pues surge de la maldad cierto bien, pero al final fracasarán y el resto del mundo proferirá injurias contra sus nombres.

– Por consiguiente, los que de vosotros queráis tener éxito, examinad vuestras motivaciones. Los deseos que surgen simplemente del anhelo egoísta de riquezas o confort al final acaban en desengaño, enfermedad y muerte.

Y yo te digo a ti quien lee estas palabras – que nadie se atreva a negar la Verdad que digo hasta que ellos también, hayan andado el Camino de Auto Renunciación que anduve yo en la tierra y que hayan alcanzado la misma unión con el ‘PADRE’ y las alturas del conocimiento y la comprensión indiscutible que poseo Yo. Cuando hayas alcanzado todo esto, ya no tendrás ningún deseo de negar la Verdad que te digo, sino que no podrás contenerte en unirte a ‘mí’ para enseñar al prójimo. Hasta ese momento, mantente en paz, y no dejes que ningún hombre conozca tu ignorancia”.

AVIVA A DIARIO TU CRISTO INTERIOR

Aviva a diario tu Cristo interior
Aviva a diario tu Cristo interior

Carmelo Urso

entiempopresente4@gmail.com

Hace tiempo, intercambié algunos correos electrónicos con mi amiga de Córdoba, Argentina, Ana Cristina Barión. En uno de ellos, la exhortaba a “avivar su Cristo interior”… y a modo de chanza, le decía que a ella le resultaría muy fácil “porque ya lo tienes en tu segundo nombre”. En la siguiente misiva, Ana Cristina me pidió que le escribiera algo sobre el particular. Durante meses, sentí que tenía la respuesta “en la punta de la lengua”… pero, por alguna razón, no lograba redactar nada en concreto.

El viernes pasado, cenaba con mi amigo y compadre Carlos Jesús Ibarra Castellanos (él también tiene el Cristo en su segundo nombre). Lo hacíamos en el tradicional restaurante “Sorrento”, de la avenida Solano López, en Sabana Grande, Caracas. Él degustaba spaghetti napoli acompañado de un muy venezolano papelón con limón; yo: piumme alle vongole con un muy criollo tercio de cerveza Polar. El “Sorrento”, con sus viejos ventiladores de aspas en el techo, sus mesas ataviadas con manteles a cuadros y su comida casera italiana sigue siendo un sitio excelente para hablar, yantar.

La cena avanzaba en medio de una de esas épicas conversaciones espirituales que suelo sostener con Carlos. Entonces, mi compadre soltó una frase memorable, que él atribuyó al maestro hindú Osho: “Buda, más que budistas, quería Budas; Cristo, más que cristianos, quería Cristos”. “Compadre –le respondí yo- esa frase bien merece un artículo”. Apenas llegué a casa, a eso de las diez y media, me puse a teclear el presente escrito, con el cual honro a mi amiga cordobesa y a mi compadre caraqueño.

Buda -más que budistas- quería Budas; Cristo -más que cristianos- quería Cristos.
Buda -más que budistas- quería Budas; Cristo -más que cristianos- quería Cristos.

Si ves la menor diferencia entre tú y Dios, ¡no has entendido nada!

“Aquel que ve a Dios en su prójimo, no necesita buscar más”, dijo alguna vez Mahatma Gandhi. “Ama a tu prójimo como te amas a ti mismo”, sentenciaba dos mil años antes Jesús de Nazareth. No obstante, nos toca preguntarnos, ¿cómo puedes amar al prójimo cuando ni siquiera te amas a ti mismo? ¿Puedes saciar el hambre de tus semejantes cuando tu despensa está vacía? ¿Te convertirás en fuente de agua viva para el sediento cuando tu propio pozo está seco, cuando tú mismo mueres deshidratado?

Gandhi y Jesús nos exhortaban a hallar a Dios y el Amor en el prójimo porque –previamente- ya los habían hallado en sí mismos. Y es que cuando en nuestro interior rebosamos de Dios y Amor –exactos sinónimos de acuerdo a la sabiduría del Nazareno- ya somos incapaces de hacer diferencias entre nosotros y nuestros semejantes. En ese momento, todos y Todo pasamos a ser Uno.

Sí, en la plena conciencia del Amor, todos somos Uno –ni más ni menos. Por eso, desde hace tres mil años, leemos en los Upanishads (textos sacros del hinduismo): “Si ves la menor diferencia entre tú y Brahman (Dios, el Ser Superior) es porque no has entendido nada”. En el Evangelio según Tomás (apócrifo según las denominaciones cristianas), el célebre carpintero de Belén habría dicho: “Cuando de dos hagáis Uno, cuando lo interior sea igual lo exterior, cuando lo que está arriba equivalga a lo que está abajo, entonces entrareis en el Reino de los Cielos”.

Mahatma Gandhi: “Aquel que ve a Dios en su prójimo, no necesita buscar más”
Mahatma Gandhi: “Aquel que ve a Dios en su prójimo, no necesita buscar más”

A esa plena conciencia de Dios en nosotros, a esa infinita experiencia del Amor que reúne (que religa, raíz de la palabra religión) a todos los seres en la Unidad del Padre es lo que llamamos el Cristo. Es una experiencia plena de poder y expansión porque, ¿puede haber algo más poderoso que experimentar toda la creatividad de Dios en nosotros? Convertirnos en Cristos fue, sin duda, el mayor apostolado de Jesús. ¿Que decía el ebanista judío tras sanar enfermos, arrojar demonios, mutar agua en vino y caminar sobre las aguas? Su mensaje era contundente: “¡Cosas como éstas o mayores vosotros también las haréis!” (nota, amigo lector o lectora, el mayores).

¿Quería acaso discípulos pasivos, dóciles ovejas temerosas del golpe de cayado del pastor? No, su mensaje estaba saturado de Poder: “Sois dioses”, dijo a sus discípulos y a quienes tuvieran la paciencia de escucharle. Por eso, y de acuerdo a su enseñanza, si “vuestra fe tuviera el tamaño de una semilla de mostaza y dijerais a ese monte pásate de allá para acá, se pasará; y nada os será imposible” (¡nada!). Cuando un Jesús o un Buda nos ven con unos pocos panes y peces en las manos, nos instan a pensar en grande, nos exhortan a obrar de la siguiente manera: “Multiplíquenlos y sacien el hambre de miles, de millones –sean amigos, desconocidos o enemigos”.

Tras examinar estos pasajes, la frase del maestro Osho con la que comenzamos este artículo nos parece aún más lúcida: “Buda, más que budistas, quería Budas; Cristo, más que cristianos, quería Cristos”. Por eso, convertirnos en Cristos o en Budas no es una inflada pretensión de nuestros egos, una demente aspiración de nuestros espíritus: de hecho, es nuestra mayor y única necesidad espiritual.

Todo lo que no es el Cristo son velos que lo ocultan

Todo lo que no es el Cristo son velos que lo ocultan
Todo lo que no es el Cristo son velos que lo ocultan

Todo lo que no es Amor son obstáculos que nos separan de la conciencia del Cristo. El místico musulmán Abubalas Ben Alarif lo dice con estas palabras: “Todo lo que no es Dios son velos que lo ocultan”; y añade: “Tú (tú como ego) eres el velo que a tu propio corazón oculta el secreto de Su misterio”. Hafiz, otro pensador mahometano, sentencia: “Tú eres tu propia barrera… ¡sáltala desde adentro!”.

Cuando el Amor comienza abrirse paso en nuestros corazones, se constituye en un poderoso agente de limpieza espiritual, en un revulsivo capaz de disipar décadas de miseria psicológica, abuso emocional y miedo a vivir a plenitud (los velos que nos ocultan la conciencia del Cristo); años de pantanos y tropiezos se desvanecen como Nada, quedan abolidos en la sacra eternidad del instante presente –único hogar del Amor perfecto.

Sí, cuando el Amor toma para sí un corazón… ¡lo vacía de todo lo que no es Él! Por Amor, la enfermedad se transfigura en salud; la ira cambia en misericordia; la avaricia deviene generosidad; los prejuicios dan paso a una inédita amplitud de miras; la depresión se convierte en la inútil crisálida de la que emerge gloriosa la alegría; los pomposos navíos del rencor zozobran sin protesta en la apacibles bahías del perdón; y las tenebrosas grutas que solían ser nuestros corazones se iluminan con la infinita Luz del Cristo.

Dice la mística norteamericana Mary Baker Eddy: “El propósito del Amor divino es el de resucitar el entendimiento y el reino de Dios, el reino de la armonía que ya está dentro de vosotros (…) Amor, ¡qué palabra ésta! Con asombro reverente me inclino ante ella. ¡Sobre cuántos miles de mundos tiene alcance y es soberana! El Todo infinito del Bien, el Dios único, es Amor”.

Prosigue esta destacada maestra espiritual: “El Amor no es algo que se coloca en un estante para tomarlo en raras ocasiones con tenacillas para azúcar y colocarlo sobre el pétalo de una rosa. Exijo mucho del Amor, exijo pruebas eficaces de él (…) A menos que éstas aparezcan, hago a un lado la palabra como algo fingido que no tiene el tañido del metal verdadero. El Amor no puede ser una mera abstracción, o bondad sin actividad y poder (¡poder!); es la silenciosa e incesante oración, el corazón rebosante que se olvida se sí mismo”.

El Cristo no es una persona: es la conciencia de que el Amor es Todo

No confundamos al Cristo o al Buda con personas. Ya sabemos que tanto Jesús, el ebanista nazareno, como Gautama, el príncipe hindú, no querían estar rodeados por sumisos miembros de sectas, puntuales pagadores de diezmos o esclavos del culto a la personalidad. Querían estar acompañados de Cristos o Budas –colegas tan eficaces como ellos mismos.

Ambos sólo deseaban una cosa para ti: que liberaras todo tu poder personal –que, literalmente, puedas mover montañas a través de la vivencia de tu conciencia Crística o estado de Budeidad, vale decir, de la plena comprensión espiritual de que Dios es Amor y el Amor es Todo.

El Cristo no es una persona: es la conciencia de que el Amor es Todo
El Cristo no es una persona: es la conciencia de que el Amor es Todo

Todo “ismo” (a lo mejor, igual que yo, fuiste o eres adicto a un par de ellos) que te separa de tu conciencia del Cristo y de la serena sensación de unidad con el resto de los seres que habitan el Universo, es un obstáculo que te impide experimentar la infinita gracia del Padre-Madre.

Todo gurú, corporación religiosa, institución educativa, medio de comunicación de masas, partido político, sistema ideológico, amante de turno o amigo supuesto que quiera vampirizar tu poder personal, se valdrá de “dioses ajenos” a tu Cristo interior para controlarte espiritual, mental, emocional y físicamente. Te recordará, por ejemplo, lo débil, pecador, incompetente e infame que eres para que no recuerdes tu verdadero origen –el Uno del cual emana el Todo.

Se valdrán de esos “velos” dementes e imaginarios que abundan en el corazón menesteroso –aquel en el que no brilla de modo unánime el Amor- para que seas incapaz de sanarte a ti mismo y al prójimo; para que naufragues en las aguas del error y no puedas caminar –invicto- sobre ellas; para que las montañas de tu incredulidad queden intactas y tu menguada fe sea incapaz de moverlas; para que el Diluvio de tus neurosis te impida construir tu propia Arca de Salvación; para que, a mitad de camino, las divididas aguas de tu Mar Rojo se vuelquen con violencia sobre ti y te oculten la brecha abierta de libertad que habías logrado abrir con el poder del Amor.

¿Y qué debes hacer con aquel o aquella que quiera atenuar tu conciencia del Cristo, vampirizar tu energía, reducirte a un calabozo emocional o ideológico, limitar tu sagrado poder interior? Sólo una cosa: prodigarle más y más y más Amor (el significado de “dar la otra mejilla”), en la esperanza de que él o ella también despierten, lo más pronto posible, a imagen y semejanza del Uno.

El místico musulmán Ibn Arabi lo dice muy claro con esta poesía que es también inmejorable plegaria:

Mi corazón puede adoptar todas las formas:
Es pasto para las gacelas
Y monasterio para monjes cristianos
Y templo para ídolos
Y la Kaaba para el peregrino
Y las tablas de la Torá y el libro del Corán
Yo sigo la religión del Amor
Cualquiera que sea el rumbo que tomen los camellos
Ésa es mi religión y mi fe.

Querido lector o lectora: que no te abatan los tenebrosos momentos de desaliento, las siniestras pesadillas que a veces pueblan tus noches, los sombríos pensamientos que en ocasiones se multiplican en tu mente. Ora al Padre con esta certeza: cualquier oscuridad que se incremente en Uno acaba convirtiéndose en el Amor infinito que todo lo puede, que todo lo ilumina.

¡Esa es la radiante alborada del Padre que aguarda al sincero buscador y buscadora de la Verdad!

¡Que el Cristo que mora en ti manifieste a diario Su vasto poder y bendiga cada instante presente de tu vida!