EL ALMA Y LA LUNA (UNA FÁBULA ESPIRITUAL EN VERSO)

luna nueva

Elizabeth Marin

Buscando una nueva prueba
Al cielo el alma salió
Sorpresa que se llevó
Cuando encontró luna nueva

De la luna se enamoró
Y no sabía quién era
Sintió miedo que cayera
Y al instante la cubrió

Cuidándola con su amor
El alma allí se quedó
Su nueva prueba olvidó
Y se entregó con fervor

Cuentan que la luna llena
Que sólo es luz y esplendor
Es el amor y el candor
Del alma y su luna plena

Geometría del alma

LA DANZA DEL ALMA

bailarín de fuego

Elizabeth Marin

El alma en su caminar silencioso
Del universo hace su hogar gozoso
Entre sueños y realidades
La vida es solo un lugar hermoso

La danza eterna es el objetivo
A la tierra viene con afán festivo
Solo minutos del tiempo eterno
Vive en este mundo tan expresivo

Partiendo luego muy despacito
Se va en silencio dejando un mito
No deja rastros ni referencias
Danza de nuevo hacia el infinito.

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EL SECRETO DE LA ETERNA JUVENTUD (UNA FÁBULA ESPIRITUAL)

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Elizabeth Marin

Después de tantos años de investigación, Carlos había descubierto el secreto de la eterna juventud. Tenía en sus manos uno de los aportes más importantes. Nunca pensó que esto revolucionaría a la humanidad y mucho menos que le diera tanta fama y fortuna.

Iniciada la comercialización, la gente se volvió loca, todos deseaban tener acceso a la fórmula y vivir eternamente. Fue entrevistado por los canales de televisión más prestigiosos y apareció en los periódicos más importantes de la ciudad.

Transcurrido cierto tiempo, comenzaron las quejas y los reproches, el producto no era lo que se esperaba, la gente no veía resultados, igual envejecían y se arrugaban. La policía dio inicio a la investigación por fraude y llevó a Carlos a los tribunales. Había que juzgarlo por estafador.

El día del juicio, Carlos se defendió:

–Yo no tengo la culpa de que los compradores no lean las letras pequeñas que aparecen en las etiquetas; allí dice muy claramente: “este producto rejuvenece el alma humana cuando se combina con el entusiasmo, la alegría y la esperanza. Ahora bien, para evitar las arrugas del cuerpo físico no les queda otro remedio que acudir a la cirugía”.

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EL COLIBRÍ Y EL HALCÓN PEREGRINO (UNA #FÁBULA ESPIRITUAL)

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Elizabeth Marin

El colibrí y el halcón, entre las brisas de primavera se encontraron y se retaron.

El halcón dijo al colibrí:

–¿Por qué no vuelas muy alto y después te vienes en picada a gran velocidad? Así podrías vislumbrar el paisaje que se extiende más allá del horizonte.

El colibrí respondió:

–Intenta tú detenerte en pleno vuelo y besar la flor más cercana.

Luego, cada uno intentó cumplir con su reto. Media hora más tarde, se reunieron de nuevo.

El halcón argumentó su fracaso:

-No pude reverenciar la flor, mi vuelo majestuoso y veloz es para grandes espacios. Nunca podré detener mi vuelo y besar una flor.

El colibrí argumentó lo suyo:

-Por más que me esforcé en imitar tu glorioso vuelo, me fue imposible ganar tanta altura y mucho menos bajar en picada para ver el horizonte. Nací para detener mi vuelo y besar la flor.

La creación,
Sabiduría divina.
Lo que está destinado a ser, así será

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LA JOYA (#UNA FÁBULA)

La Princesa Goldmoon
La Princesa Goldmoon

Por Margaret Weis y Tracy Hickman

Entonces, la princesa Goldmoon contó la siguiente historia:

Imagina que paseas por un bosque llevando tu más preciada posesión, una extraña y valiosa joya. De pronto eres atacado por una bestia feroz. Se te cae la joya pero tú huyes despavorido. Cuando te das cuenta de que la has perdido, estás demasiado atemorizado para volver a internarte en el bosque a buscarla. En ese momento encuentras a alguien que tiene otra joya… En el fondo de tu corazón, sabes que no es tan valiosa como la que has perdido, pero te sigue dando miedo regresar a buscarla.

Bien, ¿quiere esto decir que la joya ha dejado el bosque, o que sigue allí, refulgiendo intensamente bajo las hojas, esperando que vuelvas a recogerla?

Por supuesto: la joya espera tu regreso…

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LOS HUEVOS DEL DRAGÓN DE LA AURORA (UNA FÁBULA COSMOGÓNICA DEL UNIVERSO #DRAGONLANCE)

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Por Douglas Niles

En el tiempo en que nacieron las estrellas y los sueños empezaron, los dioses de la luz y la oscuridad donaron al mundo sus hijos: eran los primeros dragones. Esos regios reptiles que se encumbraban por los cielos de Krynn eran diez: cinco hijas predilectas de Paladine y otros cinco hijos audaces de Takhisis.
Los dragones hembra del Padre de Platino eran criaturas de luz y bondad y tenían los colores de los metales que dan brillo y fuerza al mundo: el oro, la plata, el latón, el cobre y el bronce. Aquel quinteto de dragones hembra tenía su guarida al oeste de Ansalon y ahí moraba desde hacía muchos eones cantando alabanzas a Paladine, en la enorme cordillera de altas cumbres que un día se llamaría Kharolis.

En oposición a estos dragones hembra, existían los cinco hijos de la Reina Oscura, uñas criaturas de maldad implacable ordenadas conforme a los colores de su matriarca: rojo, azul, negro, verde y blanco. Ellos sembraban la confusión y la destrucción en nombre de Takhisis y cada reptil era un azote de caos y desolación para una parte del mundo. En los últimos tiempos, igual que las hijas de Paladine, estos dragones de colores se habían asentado y las grandes montañas de la parte central de Ansalon eran su guarida. Posteriormente aquella región de fuegos latentes y volcanes se conocería con el nombre de Montañas Khalkist.

Había transcurrido más de la mitad de una era y el número de diez dragones se conservaba. Como eran seres de tiempos antiguos, cuando alcanzaban la madurez completa no envejecían más pero tampoco procreaban. Naturalmente, Paladine y Takhisis deseaban que sus poderosos hijos les dieran nidadas para así poder poblar Krynn con dragones.

Pero durante los eternos milenios de la prehistoria, los esfuerzos de los dioses fracasaron hasta que al final el mundo sufrió un cambio en la historia de la evolución y los ogros y los elfos poblaron la Tierra. Cada uno de estos pueblos reclamó reinos para sí aliándose con los dragones poderosos o bien enemistándose con ellos. Adoraban al Padre de Platino y a la Reina Oscura, pero les dieron otros nombres; Paladine fue E’li para los elfos y los ogros llamaron diosa de las Tinieblas a la Reina Oscura.

Por fin, con la ayuda de sacrificios mortales y magia cósmica, Paladine y Takhisis averiguaron el secreto del engendramiento: la creación de huevos. Ambos dioses se aparearon con los dragones de su propia descendencia y por fin sus esfuerzos se vieron recompensados con una nidada de la propia Reina Oscura y otras cinco más pequeñas de cada una de las hijas de Paladine.

Por fin la Reina Oscura tenía esperanzas de alcanzar la dominación total: la solución para su plan era la guerra. Un aterrador grito de furia agitó los cielos de Krynn para convocar a los dragones de colores a su misión. Los descendientes de su enemigo tenían que ser aniquilados y así el Mal dominaría el mundo.

En aquellos tiempos los ogros eran poderosos y con su ayuda los dragones de Takhisis atacaron y provocaron una sucesión rápida de muertes. En poco tiempo los Dragones de Plata, Bronce, Latón y Cobre fueron sorprendidos, sufrieron una emboscada y murieron. Al saber que sólo uno de sus enemigos había sobrevivido, Takhisis empezó a hacer planes para alcanzar la dominación total…

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JURAKNAR, EL DRAGÓN (UNA FÁBULA COSMOGÓNICA)

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Lucía González Lavado

Tomado de la novela “Hijos del Dragón: Despertar” https://www.amazon.com/Hijos-del-dragon-Despertar-Spanish-ebook/dp/B00TNO3KKG

Buda, poco antes de morir, hizo llamar a todos los animales que pisaban la Tierra, pero solo doce acudieron a su llamada. Unos, tan fieles como lo podía ser el perro, y otros tan detestados como la serpiente. Pero había uno que era diferente, especial y destacaba sobre todos los demás: el dragón.

Un ser fuerte, portador de ojos saltones, retorcidos cuernos, piel escamada y una larga y brillante melena. Carecía de alas, pero no era un impedimento para que pudiera surcar los cielos.

Muchos eran los que veneraban al dragón. Este era conocido por su inteligencia, sabiduría y bondad, aunque los rumores también hablaban sobre su furia. La gente hacía bien en creer esto último, ya que el animal era un ser pacífico, pero si su cólera se levantaba, nadie escapaba de ella.

El universo era tan inmenso como desconocido para todos, con cientos de sistemas solares que lo componían. Galaxias con vida propia, ilusiones y luchas, como la de Meira, compuesta por cinco planetas, dos soles y cuatro lunas.

Meira, un lugar remoto y sombrío, maldito por las guerras, que además tenía una luna llamada la Oculta. De esta se decía que no era un astro, sino un planeta ocupado por unos seres que recibían por nombre… los ocultos.

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Tales engendros se alimentaban de todo aquel que se cruzase en su camino o que no estuvieran protegidos cuando asaltaban los restantes planetas. Hecho que solo sucedía cuando su luna dominaba los cielos.

Mas si los habitantes de Meira habían conocido todo tipo de penalidades, su tortura aún no había acabado, pues entonces llegó Juraknar.

De ojos violetas, señal de los inmortales, iba también marcado por el poderoso y temido dragón negro, quien era parte de él. De este obtuvo el control sobre bestias, además de un extraordinario poder. Aunque, hasta para un ser poderoso como él, había cosas que escapaban a su control.

Era hijo de una poderosa bruja que con sus propias manos derrotó a un dragón. Para celebrar su triunfo se bañó en su sangre, bendiciendo su victoria, y meses después dio a luz un niño, portador de la inmortalidad, quien, para su mala fortuna, se llevó su vida.

Durante siglos Juraknar fue educado por ambiciosos consejeros que le enseñaron a usar su extraordinario poder. Muchos fueron los que se revelaron a tal ser, ya que odiaban las sombras y el manto gris que cubría los días. Entre esa valiente gente estaban los elegidos. Cinco personas de cinco razas diferentes que encontraron el valor para hacer frente a su enemigo, ya que anhelaban la paz para Meira.

Los elegidos poseían grandes habilidades, pero nada pudieron hacer contra Juraknar, quien los venció en batalla, quedando toda Meira bajo su control.

Los dos soles dejaron de bendecir bosques y praderas por deseo del hombre. También prohibió decir su nombre: quien osara hacerlo sufriría graves consecuencias. Se rumoreaba que se vería engullido y desgarrado por un dragón que surgiría de la nada.

La humanidad se rebeló. Atacaron la fortaleza de Juraknar, sin ningún éxito. Algunos llegaron a tocar a su enemigo e incluso amputaron partes de su cuerpo, pero estas se regeneraron como si de una serpiente mudando la piel se tratara.

Se dieron por vencido, aferrándose a una profecía que hablaba sobre un año muy especial: el año del dragón.

Dicho año dos niños serían bendecidos por el fuerte y bondadoso animal, el que carecía de alas y al que veneraban por su inteligencia y fortaleza. Su bondad era conocida, al igual que su furia si se despertaba. Los elegidos tendrían la fortaleza suficiente para acabar con el inmortal y su tiempo de desolación.

La profecía y la Oculta eran las dos cosas que más temía Juraknar. Una luna sobre la que no tenía control, ni sobre lo que allí habitaba. Por eso, cada noche que la Oculta asomaba a sus cielos, un numeroso ejército vigilaba su fortaleza. Encontró la solución a un problema, pero no a la profecía. Temía los años del dragón, ansiaba su finalización y que con la primera luna entrara el nuevo año, el siguiente en la lista: el de la serpiente.

Solo halló una manera para evitar la profecía. En un acto ruin y cobarde, dio muerte a cientos de mujeres encintas. La matanza era llevaba a cabo cada doce años, evitando que los niños que deberían acabar con él nacieran.

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