MICROBIOGRAFÍAS

Jaime Galvis

John Lennon
John Lennon

La Bala (homenaje a John Lennon)

La bala mató su cuerpo físico,
Pero no su alma
y sus sueños de darle un chance a la paz.

Premio Oscar
Premio Oscar

Oscar

Apreciada estatuilla,
Muchos la codician,
Pocos la obtienen.

Miles Davis
Miles Davis

Miles Davis

Miles Davis,
Trompeta que habla,
Icono del Jazz.

Vincent Van Gogh
Vincent Van Gogh

Van Gogh

Vincent Van Gogh,
Pintor Incomprendido,
Una oreja se cortó.

Edith Piaf
Edith Piaf

Edith Piaf

Como el Gorrión de Paris,
Conocida fue
Edith Piaf.

Joao Gilberto
Joao Gilberto

Joao Gilberto

Joao Gilberto,
De la Bossanova,
El padre fue.

Oscar D' Leon
Oscar D’ Leon

Oscar D’ Leon

Oscar D’ Leon,
Sonero del mundo,
Siempre será.

Benny Moré
Benny Moré

Benny Moré

El Bárbaro del Ritmo,
Nacido en Cuba,
Benny Moré fue.

Frida Kahlo
Frida Kahlo

Frida Kahlo & Diego Rivera

Frida y Diego se amaron entre cuadros, murales, pinceles, acuarelas y una eterna pasión.

Diego Rivera

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LA REVELADORA LUMBRE DE LA EPIFANÍA

Brillante estrella

Carmelo Urso

twitter: @carmelourso

Llegué a la edad de 30 en 1999. En aquel tiempo, justo antes del año del milenio, laboraba como Coordinador de Prensa en la empresa nacional de agua. Me iba bien en la corporación, pero aquel trabajo poco tenía que ver con mis aspiraciones literarias. Nada anhelaba más que ser escritor. Mas mi realidad era distinta: a diario redactaba gacetillas informativas sobre construcción de represas, implantación de políticas hidrológicas, medidas para prevenir el latrocinio hídrico y demás trillados temas relacionados con el sector agua potable y saneamiento.

Desde pequeño la gente solía destacar mi talento para escribir. De hecho, en el periodismo corporativo se me remuneraba bien por mis productos. Sin embargo, el siglo XX llegaba a su fin y yo ni siquiera había escrito un poema, un cuento, mucho menos una novela que tuvieran un mínimo mérito literario. La verdad es que mis relatos eran borradores informes, mis versos no existían y mis “novelas” eran inacabados e inmaduros ejercicios de estilo.

Brillante estrella 2

Ciertamente, había ganado algunos premios por mi labor periodística. Pero literatura –lo que se llama verdadera literatura– no había producido nada de nada.

Para ser sincero, todos y cada uno de mis borradores de cuentos y novelas –a los que había dedicado horas y horas de escritura desde la edad de doce años– solían acabar en el mismo sitio: el cesto de la basura. Nada de lo que creaba me dejaba satisfecho. Me sentía fracasado. No sabía qué hacer.

El sol detrás de la Tierra

Un día, tuve un serio problema con mi supervisora. No ahondaré en detalles, excepto para decir que como no podía echarme del empleo –dada la excelente reputación que me precedía– redujo mis asignaciones al mínimo. De hecho, procedió a contratar a personal externo para que llevara a cabo mi labor, mientras yo languidecía sin nada que hacer delante de mi computadora.

Me sentía miserable: nunca me ha gustado cobrar por no realizar mi trabajo. Pero poco podía hacer: la situación económica estaba lejos de ser buena; yo devengaba un buen sueldo y tenía una madre con Alzheimer a la que debía atender y mantener.
Un día, me topé con el libro Haijin: antologia del jaiku (sí, con j) de la editorial española Hiperión (año 1995). Lo adquirí porque era económico, porque se relacionaba con ciertas lecturas espirituales que me interesaban (el budismo zen) y porque, bueno, supongo que era mi destino comprarlo. Aunque era un bibliómano empedernido y un lector voraz de novelas, cuentos y ensayos, en aquella época se contaban con los dedos de una mano los volúmenes de poesía que había en mi extensa biblioteca.
Así empecé a conocer a los clásicos japoneses (mi favorito es Kobayahi Issa); luego, leí a autores contemporáneos en diversos idiomas (internet rebosaba de haiku en español, italiano, inglés y portugués) y a la vuelta de unos meses me inicié yo mismo en la escritura de este breve género poético.

Kobayahi Issa
Kobayahi Issa

Tras redactar muchos poemitas de 17 sílabas, me percaté de algo fundamental: durante años había estado tan engolosinado con el estilo de mi escritura que solía prestar más atención al lujo de las palabras que a las revelaciones que procedían de ellas. Escribía para regodearme en mi propia autosuficiencia, en lugar de prestar atención a las verdades que surgían del silencio de la letra. En su modesta brevedad, el haiku me enseñó a ser conciso, a descreer de los excesos de la forma y a depurar mi prosa de los más torpes vicios.

A lo largo de un año aproveché mis ocho horas diarias en la empresa nacional de agua para redactar brevedades. De texto en texto, conciencié otra verdad: nunca había prestado atención al inmenso poder que tiene una sola frase.

Atardecer

Antes de ejercitarme en el haiku, solía amontonar oraciones en largos y ampulosos párrafos. Hoy día, el blancor de la hoja es un portal que traspongo con sigilosa gratitud –con meditativa calma– pues de él regreso con tesoros que superan mis limitadas facultades. Y al sanear mi verso de los excesos de la forma, me depuré yo mismo de viejas jactancias. Descubrí, para mi asombro, una verdad que me habían dicho mil veces, pero que jamás había entendido de corazón: en literatura, menos es más.
Después de seis años, dejé mi empleo en la empresa nacional de agua, donde coseché afectos y aprendí montones de cosas. Me ofrecieron un cargo como director de relaciones públicas en un ministerio –con un sustancioso aumento de paga. Luego me casé, tuve hijos y seguí escribiendo brevedades.

Exploré con ganas otros géneros de la ficción mínima –del texto fugaz y sapiencial: el aforismo, la greguería, el microrrelato, la parábola, la fábula, el koan, el tenka, el palíndromo, el proverbio, el Limerick. Mi escritura breve empezó a volverse mestiza: tenían mis versos sabor aforístico, mis aforismos textura poética y se cebaban mis fábulas de unos y otros.
Hacia 2010, empecé a usar una herramienta tecnológica que no sólo ha ampliado las posibilidades de comunicación entre las personas –aboliendo distancias y fronteras– sino que rejuveneció a los géneros literarios asociados con la brevedad: se trata de la red social twitter. Al principio, la utilicé para promocionar los contenidos de mis blogs https://carmelourso.wordpress.com y http://solo50.wordpress.com Tardé dos años en percatarme de sus posibilidades literarias.

Pino de viento

Un día, un pasante me preguntó qué eran aquellos textos: “¿haiku, aforismos, poesías?”. No supe qué responder; había de todo un poco. Por darle un nombre la llamé twitteratura, etiqueta utilizada por escritores y escritoras que publican su trabajo en esta concurrida red social.

Entonces, recordé que veinte años atrás, cuando laboraba para el Consejo Nacional de la Cultura (CONAC) había dictado algunos talleres sobre literatura del siglo XX. Entre los autores incluidos en el pensum se encontraba James Joyce. El gran dublinés ha pasado a la historia por la audacia experimental de sus novelas, su habilidad para los juegos de palabras y el desarrollo de técnicas como el monólogo interior. Sin embargo, uno de los aspectos menos promocionados de la
obra de Joyce es su concepto de la epifanía.

James Joyce

El término epifanía es de origen griego y fue adoptado por el cristianismo. Señala un momento de manifestación divina. Ejemplos de ello son el pesebre de Belén –en el que tres astrólogos perciben la presencia de Dios en la figura de un niño recién nacido; el bautizo de Jesús en el río Jordán –ocasión en la que a Juan el Bautista se le revela la condición mesiánica de su primo a través de una paloma blanca que es mensajera del Espíritu Santo; y el milagro de la boda de Canaán, que significó el inicio de la actuación pública de Jesús al transformar unos toneles de agua en vino.

Joyce tomó el término epifanía para señalar un momento de profunda revelación que es desatado por un acontecimiento aparentemente banal. Percibir al Cristo en un vulnerable neonato, al Espíritu Santo en un plumífero común y corriente y al Mesías en un artificio de mago es experimentar el absoluto a través del modesto umbral de lo cotidiano.

Bautizo de Jesús en el Jordán

De manera personal, y salvando las distancias, en esta cosecha de dichos, frases, versos y sentencias he experimentado una y otra vez el poder de la revelación –sea ésta de índole poética, filosófica, estética, mística o simplemente íntima. Ya no escribo para decir mis verdades –que pueden ser tan útiles o fútiles como las de cualquiera– sino para experimentar un cachito del absoluto en el callado quicio de la epifanía.

Así, he redescubierto el poder que puede tener cada frase que escribo. Un poder que me va transformando de palabra en palabra; que me depura de lo superfluo para dejar sólo lo esencial.

cielo azul

LA EXCEPCIONAL HISTORIA DEL PROFETA QUE VIVÍA EN TIEMPO PRESENTE

profeta

Carmelo Urso

twitter: @carmelourso

El profeta suele ser un inspirado testigo que trae noticias del cercano o lejano porvenir. Entre visiones, señales, augurios y agüeros escruta el futuro: así, anuncia felicidades o hecatombes, prosperidades o pestes, milagros del cielo o fines del mundo. Es un emisario sagrado que previene y amonesta, que pontifica y amenaza. San Juan y su Apocalipsis, Nostradamus y sus cuartetas, Edgar Cayce y sus predicciones son algunos ejemplos de estos viajeros que con el alma surcan los tiempos por venir.

Sin embargo –y como notable excepción– la historia de la literatura registra la existencia de un Elegido, de un visionario que en lugar de enfocar su mente en los sucesos por ocurrir fijó su atención en la paz que experimentamos al vivir la vida en tiempo presente: se trata de “El Profeta” (Ediciones Obelisco, 2010), obra maestra del poeta libanés Gibrán Khalil Gibrán.

El profeta

Este libro –redactado con esa simplicidad que hace más claras a las cosas profundas– fue publicado originalmente en 1923. Desde entonces, vende año tras año miles de ejemplares en todo el mundo. Es texto de cabecera de muchísimos hombres y mujeres a lo largo y ancho del orbe. ¿Por qué? Porque el Profeta de Gibrán no viene a atemorizarnos con catastróficas visiones del destino, sino a reconfortarnos con el tranquilo bálsamo de su sabiduría.

De tal suerte, tenemos a Al Mustafá, que en lo alto de una colina del pueblo de Orfalese y “en la aurora de su propio día”, ve llegar un barco por el cual había esperado doce años. Se trata de un navío que le llevará de regreso a su isla natal, en donde espera pasar sus últimos días.

Orfalese

Al Mustafá –al igual que el Zaratustra de Nietzche– desciende de la colina. Cuando se difunde la noticia de su partida, el pueblo agradecido se reúne en la gran plaza de Orfalese para despedirse del sabio. De esta manera, comienza un diálogo entre él y personajes de la más diversa condición. Videntes, albañiles, literatos, comerciantes, juristas, astrónomos, marinos, jóvenes, ancianos y niños le formulan preguntas sobre los temas que realmente importan en la existencia: el amor, la muerte, la belleza, la ley, la amistad, el matrimonio, el placer, la libertad, los hijos, el dolor, el bien, el mal.

El Profeta no responde con conocimientos librescos o sermones morales, sino con la sabiduría que sólo concede la paz, con el sosiego que sólo confiere el silencio. Sus respuestas no responden a la fría lógica del filósofo o a la árida racionalidad del científico, sino que abarcan lo Inabarcable con el humor y el amor del poeta. A nadie intimida con sus enseñanzas, a nadie condena con furiosas diatribas. Simplemente, nos invita a vivir en la plenitud del aquí y el ahora, tal como lo hace en el siguiente texto:

El Tiempo

Y un astrónomo dijo: Maestro, ¿qué nos dices del Tiempo?
Y Al-Mustafá respondió:
Quisierais medir el tiempo, lo infinito y lo inconmensurable.
Quisierais ajustar vuestra conducta y hasta regir el curso de vuestro espíritu de acuerdo con las horas y las estaciones.
Del tiempo quisierais hacer un río, a cuya orilla os sentaríais a observar las aguas correr.
Sin embargo, lo eterno en vosotros es consciente de la eternidad de la vida.
Y saber que el ayer es sólo la memoria del hoy y el mañana es el ensueño del hoy.
Y que aquello que canta y medita en vosotros mora aún en los límites de aquel primer momento que esparció las estrellas en el espacio.
¿Quién de entre vosotros no siente que su capacidad de amar es ilimitada?
Y, a pesar de ello, ¿quién no siente ese mismo amor, aunque sin límites, circunscrito en el centro de su ser y no moviéndose de un pensamiento de amor a otro, ni de un acto de amor a otro?
¿Y no es el tiempo, como el amor, indivisible e inmóvil?
Pero si, en vuestro pensamiento, debéis medir el tiempo en estaciones, que cada estación encierre a todas las otras.
Y que el hoy abrace al pasado con nostalgia y al futuro con esperanza.

Líbano

El Líbano, como punto de encuentro entre Oriente y Occidente, es una interesante encrucijada espiritual. En las respuestas del Profeta Al Mustafá percibimos el influjo de Buda y Jesús, de Orfeo y Mazda, de Mitra y Krishna. Su enseñanza trasciende amargos sectarismos, credos ideológicos y las artificiales fronteras con las que los nacionalismos alambran nuestras mentes y conciencias. En la doctrina de Al Mustafá sólo tienen cabida la igualdad, la fraternidad y el amor incondicional.

Gibrán Khalil Gibrán no escribía para satisfacer la arrogancia del sabihondo o para ampliar el conocimiento enciclopédico del intelectual. Escribía más bien para el peregrino del corazón que, después de haber acumulado polvo en lo senderos del mundo, sólo desea abrevar en el agua fresca de la paz y libarse de las añejas ataduras del ego. El Profeta es un texto que acompañará por siempre al sencillo buscador de la verdad, como un mapa que nos señala la cima en la que se halla el más preciado de los tesoros: el éxtasis de vivir cada instante en la serenidad del tiempo presente.

Montaña hermosa

LAS PALABRAS: SIGNOS DE LA REALIDAD PERCIBIDA Y HABLADA

palabras

Carmelo Urso

twitter: @carmelourso

El mundo –y el Universo en el que está contenido– se nos revelan como conjuntos de percepciones. Nuestros sentidos actúan como antenas receptoras que captan imágenes, sonidos, aromas, sabores y hasta intuiciones del futuro. Ciertos animales distinguen matices y tonos que somos incapaces de ver o escuchar. Y es que los sentidos humanos están muy lejos de agotar el amplio espectro de la realidad perceptible. Así, fabricamos telescopios que registran los azares de galaxias increíblemente lejanas, microscopios que detallan la actividad de organismos increíblemente cercanos (pero invisibles al ojo) y aceleradores de partículas que exploran las etéreas extravagancias del átomo.

¿Y qué hacemos con esa avalancha de percepciones que captamos? Pues intentamos darles un cierto orden a partir de nuestros sistemas personales de creencias. Y tras organizarlas, refinarlas y entenderlas, las comunicamos. Ya se trate de un pensamiento sublime, un chisme malintencionado, una emoción inspiradora o una certeza científica, hombres y mujeres compartimos el muy humano impulso de exteriorizar nuestro mundo interno y compartirlo con los demás. Y –usualmente– hacemos esto a través de las palabras.

Palabras 2

¿Qué son las palabras? Son los segmentos constitutivos del discurso hablado o escrito. Son signos creados por los seres humanos para representar, describir y analizar la realidad que perciben a través de sus sentidos. El lingüista suizo Ferdinand de Saussure distinguía en el signo dos componentes: el significante y el significado. El significante representa el plano expresivo del signo, vale decir, lo sonidos que oímos al hablar o la letras que vemos al leer. El significado es la representación psíquica del signo, es decir, la idea, concepto o imagen que se suscita en nuestra mente al escuchar o leer una palabra.

El significante varía de idioma en idioma, no así el significado. El significante que en español se pronuncia o se lee caballo encuentra sus equivalentes en cavalo (portugués), cavallo (italiano), cavall (catalán), cavaddu (siciliano), cal (rumano), cheval (francés) o horse (inglés). Sin embargo, el significado será el mismo para los lectores y hablantes de esas diversas lenguas: todos ellos tendrán la representación mental de un animal cuadrúpedo, con cuello poblado de crines, larga cola, de pelaje que varía entre el negro, el blanco y el marrón, y cuya presencia es habitual en granjas, parques, praderas, canchas de equitación, cuerpos policiales e hipódromos.

caballo

Leemos en Gramática Práctica de la Editorial Océano (1997) que las palabras –de acuerdo a su uso– son equiparables a las nueve partes de la oración: sustantivos, artículos, adjetivos, pronombres, verbos, adverbios, preposiciones, conjunciones e interjecciones. A lo largo de este taller, analizaremos en profundidad cada una de estas clases de palabras. Utilizándolas a conciencia, aprenderemos a construir oraciones, párrafos y textos eficaces.

Estructuralmente, las palabras están compuestas de letras que, a su vez, se encadenan en sílabas. Una palabra puede construirse con una o más sílabas. Cada sílaba equivale a una emisión de voz humana. En la lengua española, las sílabas que constituyen una palabra no se emiten con la misma intensidad. Usualmente, una de ellas se pronuncia con más énfasis, con más fuerza que las otras. A ésta, la llamamos sílaba tónica. Es la sílaba en la que está marcado el acento de la palabra. En nuestra lengua, todas las palabras tienen una sílaba tónica –es decir, todas tienen un acento. A veces, ese acento se representa gráficamente y a veces no. Cuando ese acento se pronuncia y se marca por escrito lo llamamos acento ortográfico. Cuando se pronuncia pero no lo marcamos por escrito lo llamamos acento prosódico.

palabras - guarida del ingeniero

Las normas generales de acentuación del idioma español son costumbres gramáticas que los hablantes de esta lengua hemos establecido a lo largo de siglos para regular la representación gráfica de la sílaba tónica de las palabras. No siempre han sido las mismas y, de cuando en cuando, la Real Academia de la Lengua Española las cambia para adecuarlas a las circunstancias de la época.

De acuerdo a las reglas actuales, las palabras –según su acento– se clasifican de la siguiente manera:

Las palabras agudas son aquellas que tienen el acento prosódico en la última sílaba:
• mal-ver-sar
• can-tor
• o-va-ción
• re-pe-tir
• ca-lor
• co-li-sión
• re-vi-sión

Las palabras agudas llevan acento ortográfico cuando terminan en vocal, o en n o s.
• Ca-fé
• ja-más
• lo-ción
• se-gún
• co-rrí
• a-ma-rá

Las palabras agudas que no terminan en vocal, o en n o s nunca llevan acento ortográfico.
• In-fi-ni-tud
• so-cial
• cul-tu-ral
• re-loj
• me-ter
• pe-ne-trar
• fe-liz

crater2

Las palabras llanas son aquellas que tienen el acento prosódico en la penúltima sílaba.
• Re-vo-lu-cio-na-rio
• li-bro
• di-fí-cil
• fa-mi-lia
• bí-ceps
• án-gel

Nunca llevan acento ortográfico las palabras llanas que terminan en vocal, o en n o s.
• ca-llos
• fa-ma
• re-cu-la
• co-do
• nu-men
• sub-je-ti-vo
• so-cia-lis-ta
• pa-sa-do
• fas-cis-ta
• pre-sen-te

Las palabras llanas que terminan en letras distintas a las vocales, o a la n o s siempre llevan acento ortográfico.
• fá-cil
• cár-cel
• fú-til
• bí-ceps
• Her-nán-dez
• i-nú-til
• án-trax

palabras esdrújulas

Las palabras esdrújulas son aquellas que tienen el acento prosódico en la antepenúltima sílaba.
• Crí-ti-co
• hi-pó-cri-ta
• i-né-di-to
• cré-di-to
• bai-lá-ba-mos
• can-tá-ba-mos

Todas las palabras esdrújulas llevan acento ortográfico.
• Clí-to-ris
• es-drú-jula
• ca-tó-li-co
• es-cuá-li-do
• éx-ta-sis

Las palabras sobreesdrújulas son aquellas que tienen el acento prosódico en una sílaba anterior a la antepenúltima sílaba. Se trata de dos tipos de palabras:
• adverbios de modo terminados en mente:
o fá-cil-men-te
o e-vi-den-te-men-te
o tí-pi-ca-men-te
o ob-via-men-te

• formas verbales formadas por la composición de dos pronombres personales átonos con una forma verbal:
o có-me-te-lo
o trá-e-me-la

palabras 3

Colocar el acento ortográfico en la sílaba de la palabra correcta es un hábito que se sólo se adquiere con un ejercicio consciente de la lectura y la escritura. Quien lee y escribe tiene la posibilidad de describir el mundo que percibe, de exteriorizar el íntimo mundo de sus sentimientos, de dejar duradera constancia de los mundos que su imaginación le dicta. Cuando son trasladados al papel o al archivo digital, esos mundos se afean o hermosean con el uso que le damos a las palabras. Pintemos nuestros mundos con palabras inspiradas, con palabras que cautiven y susciten la chispa de una sonrisa. Con palabras correctamente escritas –perfectamente vertidas en esa lengua que es herencia ancestral de nuestros padres y de los lejanos padres de nuestros padres.

Mundos imaginarios

JORGE LUIS BORGES: EL ESCRITOR EN SU LABERINTO

Jorge Luis Borger

Carmelo Urso

Twitter: @carmelourso

Jorge Luis Borges nació el 24 de agosto de 1899 en la ciudad de Buenos Aires, capital de la República Argentina. La historia oficial afirma que se crió en un muy tradicional barrio con nombre de urbe siciliana, Palermo. En el cuento “Juan Muraña”, incluido en el libro “El Informe de Brodie” (1970), Borges adjudica a su personaje un diálogo que bien podría ser aplicado a sí mismo:

“Durante años he repetido que me he criado en Palermo. Se trata, ahora lo sé, de un mero alarde literario; el hecho es que me crié del otro lado de una larga verja de lanzas, en una casa con jardín y con la biblioteca de mi padre y de mis abuelos”.

Al otro lado de esa verja, abundaban esos inmigrantes, cuchilleros y compadritos que años más tarde poblarían sus ficciones. Pero en la seguridad del hogar, el niño Jorge Luis vivía inmerso en la biblioteca del padre, el abogado Jorge Guillermo Borges. Aquella sucesión de atiborrados anaqueles se convirtió para el pequeño Borges en un entrañable laberinto, símbolo que se repetiría frecuencia en su obra futura.

Oscar Wilde

Su primera publicación data de 1908: una traducción –del inglés al español– de “El Príncipe Feliz” de Oscar Wilde. Borges tenía 9 años y su precoz producción vio vida en las páginas del diario bonaerense La Razón.

En 1914, su familia se trasladó a Europa; el motivo: el padre del futuro escritor empezó a sufrir un proceso degenerativo de ceguera que no tenía tratamiento en su país de origen. Los Borges se radicaron en Ginebra, Suiza. Allí, el joven Jorge Luis tuvo acceso a una educación privilegiada en el liceo “Jean Calvin”. Su erudición, que en su barrio natal inspiraba la burla de sus coetáneos, aquí era motivo de admiración.

Tras el fin de la Primera Guerra Mundial, la familia se trasladó primero a Barcelona y luego, a Palma de Mallorca y Madrid, España. En esa época conoció a quien siempre consideró su maestro, el escritor Rafael Cansinos Assens, quien regentaba una muy concurrida tertulia en el madrileño Café Colonial, en compañía de otros intelectuales como Ramón Gómez de la Serna, Ramón del Valle Inclán, Gerardo Diego y Guillermo de Torre –quien con el tiempo devendría en su cuñado. En España, Borges se hizo partidario del movimiento ultraísta, que postulaba la preeminencia de la metáfora sobre el resto de los recursos retóricos. Años más tarde, Borges deploraría esta etapa suya, para ceñirse a cánones de expresión más clásicos.

Rafael Cansinos Assens
Rafael Cansinos Assens

En 1924, tornó a su lar rioplatense. Comenzó colaborar en diversas revistas. Publicó fundamentalmente poemas, críticas y ensayos: aún no se sentía listo para la ficción. Había en su búsqueda literaria una doble vertiente: temas locales (el tango, el lunfardo, la cotidianidad de los barrios porteños) se tiñen de especulaciones filosóficas y metafísicas. Estos dos cauces, aparentemente antinómicos, derivarán en un cosmopolitismo que será deplorado en principio por algunos de sus contemporáneos, pero que lo harán famoso en el mundo entero.

En la década de los 30, publicó su primera colección de relatos (Historia Universal de la Infamia) y diversos volúmenes de ensayos, así como múltiples reseñas en la mítica revista Sur, promovida por Victoria Ocampo, y que consolidó a varias generaciones de escritores argentinos como José Bianco, Adolfo Bioy Casares, Sivina Bullrich, Silvina Ocampo, entre muchos otros. Una década más tarde, alcanzó la madurez estilística y gestó lo que serán sus dos libros más célebres: las colecciones de cuentos “Ficciones” (1945) y el “El Aleph” (1949). En ellos, su prosa se vuelca en biografías apócrifas, reseñas de libros que no existen, teologías heréticas, thrillers metafísicos, cosmogonías idealistas y demás invenciones que le valdrían el reconocimiento de la crítica.

Adolfo Bioy Casares
Adolfo Bioy Casares

En la década de los 50, su destino deviene en paradoja: por un lado, su obra recibe la valoración de la crítica mundial; por otro, la ceguera que castigó a su padre también se hace definitiva en él. Por esos años, fue nombrado director de la Biblioteca Nacional. En tal sentido, en su libro “Siete Noches”, que recoge algunas de sus conferencias, se lee lo siguiente:

“Poco a poco fui comprendiendo la extraña ironía de los hechos. Yo siempre me había imaginado el Paraíso bajo la especie de una biblioteca. Otras personas piensan en un jardín, otras pueden pensar en un palacio. Ahí estaba yo. Era, de algún modo, el centro de novecientos mil volúmenes en diversos idiomas. Comprobé que apenas podía descifrar las carátulas y los lomos. Entonces escribí el “Poema de los dones”, que empieza: “Nadie rebaje a lágrima o reproche / Esta declaración de la maestría / De Dios que con magnífica ironía / Me dio a la vez los libros y la noche.” Esos dos dones que se contradicen: los muchos libros y la noche, la incapacidad de leerlos”.

Tras ser durante décadas candidato al premio Nobel de Literatura, y nunca obtenerlo por sus opiniones políticas, favores a regímenes de facto, Jorge Luis Borges murió el 14 de junio de 1986, en Ginebra, Suiza. El crítico Harold Bloom, lo considera unos de los cien genios del canon occidental.

Harold Bloom
Harold Bloom

Lista de libros publicados

Cuentos

Historia universal de la infamia (1935), Ficciones (1944), El Aleph (1949), El informe de Brodie (1970), El libro de arena (1975), La memoria de Shakespeare (1983).

Ensayos

Inquisiciones (1925), El tamaño de mi esperanza (1926), El idioma de los argentinos (1928), Evaristo Carriego (1930), Discusión (1932), Historia de la eternidad (1936), Otras inquisiciones (1952), Siete Noches (1980), Nueve ensayos dantescos (1982), Atlas (1985)

Poesía

Fervor de Buenos Aires (1923), Luna de enfrente (1925), Cuaderno San Martín (1929), El hacedor (1960), El otro, el mismo (1964), Para las seis cuerdas (1965), Elogio de la sombra (1969), El oro de los tigres (1972), La Rosa Profunda (1975), La moneda de hierro (1976), Historia de la Noche (1977), Adrogué, con ilustraciones de su hermana Norah Borges (1977), La Cifra (1981), Los Conjurados (1985)


Obras en colaboración

Seis problemas para don Isidro Parodi (1942), con Bioy Casares
El Martín Fierro (1953), con Margarita Guerrero
Poesía gauchesca (1955), con Bioy Casares
Cuentos breves y extraordinarios (1955), con Bioy Casares
El Libro de los Seres Imaginarios (México, 1957), con Margarita Guerrero

Jorge Luis Borges 2

Reseña de “El Libro de los Seres Imaginarios”.

Los bestiarios, muy populares en la Edad Media, solían constituir catálogos de animales, plantas y hasta rocas –usualmente ilustrados. En “El Libro de los Seres Imaginarios”, Jorge Luis Borges se propone una tarea tan amena como singular: pergeñar un manual de zoología fantástica. Por sus páginas, a modo de breves reseñas, conocemos las peculiaridades, la fisonomía y hasta la fisiología de seres que jamás existieron. Los arduos volúmenes de botánica y anatomía animal que frecuentan los estudiantes universitarios suelen ser tan abstrusos como tediosos. En este erudito aunque pequeño tomo borgiano, la risa cómplice de la más fina ironía y el asombro nos acompañarán, en cambio, de línea en línea, de texto en texto.
Apreciación personal:

Jorge Luis Borges es, sin duda, mi escritor favorito. Admiro desde su forma de puntuar cada oración, pasando por sus poemas decantadamente reflexivos, hasta sus relatos que, más de una vez, constituyen parodias de sistemas filosóficos que son admirados más por sus virtudes estéticas que por las supuestas verdades que develan. Con hondura no exenta de hilaridad, sus textos devienen en entretenidos laberintos, en espejos que descubren realidades no perceptibles a simple vista, en acertijos más veloces que la mirada que intenta descifrarlos. Cada día, tomo el verde tomo de sus “Obras Completas” y al azar leo un texto que no por muchas veces frecuentado no deja de sorprenderme.

El Libro de los Seres Imaginarios Jorge Luis Borges

Referencias:

http://es.wikipedia.org/wiki/Jorge_Luis_Borges

“Obras Completas” de Jorge Luis Borges, Emecé, 1974.
“Jorge Luis Borges: Utopía y Realidad”, Stefanía Mosca, Monte Ávila Editores, 1983.
“Borges, sus días y su tiempo”, María Esther Vásquez, Punto de Lectura, 2001.
“Siete Noches”, Jorge Luis Borges, Alianza Editorial, 2004.
“Borges”, por Adolfo Bioy Casares, Destino, 2006.
“Jorge Luis Borges”, Bella Jozef, Monte Ávila Editores, 2007.

Jorge Luis Borges 3

DIAGNOSTICAR: EL ARTE DE CONOCER NUESTRAS INSUFICIENCIAS Y POTENCIALIDADES

caras

Carmelo Urso

twitter: @carmelourso

Recientemente, la institución en la que trabajo me ha solicitado organizar un taller básico de redacción para algunos empleados que desean mejorar su expresión escrita. En realidad, llevo algo así como un cuarto de siglo enseñando a leer y escribir. No porque sea docente graduado –mi profesión es periodista– sino porque siempre me ha apasionado el tema.

Tal vez tenga que ver el hecho de que mi madre era una excelente maestra. No la emulé en el ejercicio de la docencia, pues esa actividad está muy mal remunerada en mi país y soy un padre de familia con cuatro bocas que alimentar (incluyendo la mía). Sin embargo, suelo abordar las posiciones gerenciales que me toca desempeñar con espíritu pedagógico. Al parecer –por lo que me dicen algunos colegas– se me da bien enseñar.

libros

La primera vez que dicté un taller fue a los 18 años, en la Universidad Central de Venezuela (UCV). Aquella vez fui contratado por el Consejo Nacional de la Cultura (CONAC) para desarrollar una actividad de iniciación literaria entre mis compañeros de clase en la Escuela de Comunicación Social. Organicé un grupito de diez personas y una vez a la semana facilitaba una dinámica sobre algún escritor contemporáneo: recuerdo los nombres –ahora un poco distantes– de autores como Lewis Carroll, Franz Kafka, Jean Paul Sartre, Witold Gombrowicz, Peter Handke, James Joyce y Jorge Luis Borges. Analizábamos textos, recomendábamos libros y compartíamos algunos escritos personales. Fueron dos bonitos semestres.

Pasó el tiempo, me gradué de periodista y me olvidé de los talleres literarios. Con los años, me dediqué a dirigir oficinas de relaciones públicas y coordinar equipos de prensa. Donde estuve siempre infundí en mis colegas la sana obsesión por escribir bien. Y escribir bien significa redactar con corrección, belleza, gracia y originalidad.

Jean Paul Sartre
Jean Paul Sartre

Con mis compañeros de trabajo solemos estudiar estrategias retóricas, podar defectos de estilo y ensayar diversos tonos narrativos. En lo posible, evitamos los lugares comunes; intentamos que cada texto esté limpio de cacofonías, barbarismos, yerros ortográficos, anfibologías y demás tropiezos escriturales. Sobra decir que somos un poco perfeccionistas.

Tenemos el mérito –además de la paciencia y la facilidad– de laborar con gran cantidad de pasantes. Me encanta trabajar con ellos porque, por lo general, tienen muchas ganas de aprender. Normalmente, cuando alguien ingresa como novato en la coordinación, lo someto a un diagnóstico. Se trata de un examen silencioso e informal que me permite medir sus capacidades.

Cacofonía

Lo primero que hago es ponerle a leer un texto relativo a la empresa. Algunos leen con avidez, otros fingen un interés difuso y hay quienes evaden la lectura como si de algo tóxico se tratara. Aquí hago una primera clasificación. Luego, les mando a redactar una nota de prensa sobre algún tema que no dominen bien. Laboro en un ente cultural en el que organizamos conciertos de la más diversa índole. Si sé que al susodicho no le gusta la música académica, ése es el primer tema sobre el cual le encargo escribir: le obligo así a investigar, documentarse y salir de su zona de comodidad intelectual. Si el novato se adapta, con el paso del tiempo le asigno tareas más atractivas –aunque siempre incrementando el nivel de dificultad. Finalmente, si logra enrolarse en la institución, lo ubico donde mejor se desempeñe.

periodista

Cuando nos toca dirigir una unidad hay tres actividades fundamentales: seleccionar bien al personal, entrenarlo en las tareas que desarrollará y darle confianza para que crezca y asuma retos mayores. Estos procesos requieren de un diagnóstico permanente. La palabra diagnóstico –del griego dia (“a través de”) y gnosis (“conocimiento”)– es utilizada por disciplinas científicas y sociales en alusión al análisis que se hace de una situación, objeto o persona, recolectando datos que son ordenados y estudiados sistemáticamente. A partir del diagnóstico se toman decisiones, se formulan planes y se optimiza el uso de recursos físicos y humanos.

A la hora de desarrollar un programa pedagógico como el que me ha sido encargado es conveniente elaborar un diagnóstico individual y grupal de los participantes. De hecho, la lectura en voz alta del presente texto será una de las primeras actividades del taller; esta dinámica me permitirá recoger rápidamente algunos datos: si la lectura fuere fluida e intencionada, sabré que el participante lee con frecuencia y tiene un carácter extrovertido; si no lo fuere, deduciré que el tallerista o bien no tiene la lectura como hábito o tal vez es algo tímido en su expresión pública.

escritor loco

Para no dejarme llevar por la primera impresión, asignaré una segunda tarea: redactar un texto de 50 líneas –repartido en párrafos que no superen los siete renglones– en el que cada tallerista relatará cuáles son las cosas que más le gusta hacer en la vida, cómo fueron sus estudios secundarios o universitarios y qué es lo que más le complace de trabajar en nuestra empresa. Al igual que un partido de futbol, tendrán hasta 90 minutos para finiquitar su encargo. Quien termine antes, podrá dar por terminada su primera sesión del taller.

En un par de frases se pueden esconder cruciales defectos de redacción. Pero en 50 líneas podré apreciar, en toda su magnitud, los problemas e insuficiencias escriturales de cada participante –así como sus potencialidades y virtudes. Tendré suficiente materia prima para elaborar mis diagnósticos, los cuales remitiré al gerente de área para su consideración y usos consiguientes.

mano que escribe

Luego, a lo largo de 16 intensas semanas, estudiaremos con entusiasmo los aspectos básicos del arte de la escritura –desde la acentuación de las palabras y la correcta estructura de la frase hasta la redacción de cartas y micropoemas. Con tales herramientas a mano, dedicaremos la última semana a la autocorrección de ese lejano texto borroneado en la primera clase, dinámica que servirá para diagnosticar hasta dónde han llegado los avances de cada tallerista.

Espero –y pongo mi fe en ello– que de este fructífero encuentro el así llamado facilitador y los así llamados alumnos se igualen en el siempre hermoso proceso del aprendizaje. Una aventura en la que el pretendido pedagogo suele atesorar inolvidables enseñanzas; lecciones impartidas con una mezcla de ingenuidad y picardía por esos compañeros de vida a los que afectuosamente llamamos estudiantes.

The Ghost Writer