QUÉ PREFERIMOS: ¿TENER LA RAZÓN O SER FELICES?

¨¿Boca o River?

Carmelo Urso

Hace algún tiempo, mi compadre David Aponte escribió un curioso aforismo: “A lo que más temo es a tener la razón”. A mi parecer, su frase entraña grandes verdades; aventuro, con su permiso, algunas interpretaciones en las líneas que siguen.

En aritmética, una de las definiciones que se le da a “razón” es al “cociente de dos cantidades”. Si divido 8 entre 4, la “razón” será obviamente 2. La “razón” es entonces el producto de una división.
Así las cosas, concuerdo con mi hermano del Alma: temo a esa “razón” gestada al calor de las divisiones; cada vez parece menos sensato ver a agrios bandos disputarse el poder en la ciudad, en el país, en el planeta: cada uno razona que sus razones son las más razonables; pero ese afán por prevalecer sobre el prójimo, por transformar al semejante en enemigo, por establecer un neurótico sentido de superioridad sobre los demás, no es monopolio de políticos: en condominios, familias y parejas reproducimos ese amargo cuadro de separaciones; ¿quién tiene la razón?: ¿el esposo, la esposa?, ¿los padres, los hijos?, ¿el presidente de la junta de co-propietarios o el tesorero?, ¿el primer ministro, la oposición?, ¿el país invasor o el invadido?, ¿Boca o River? ¿Chivas o América?¿Caracas o Magallanes?

¿Caracas o Magallanes?

Sea que hablemos de geopolítica, farándula o espiritualidad, cuando la “razón” se convierte en sinónimo de división es altamente peligrosa: deriva en fatiga del Alma, cáncer emocional, tristeza, miedo, desamor, guerra.

Querer tener la razón cuando no hemos entrado en razón

“Tener la razón” es una de nuestras adicciones favoritas. Frecuentemente, queremos “estar en lo cierto” en oposición a un prójimo que “está equivocado”. Con tal actitud, originamos toda suerte de conflagraciones, desde ácidas disputas domésticas hasta cruentas guerras mundiales. No importa el tamaño del conflicto: lo básico es que querer “tener la razón” a cualquier precio causa división, discordia, infelicidad y –a menudo- sinrazón.

¨¿Chivas o América?

Hay una fuerte carga neurótica cada vez que decimos la frase “tengo la razón” en medio de una disputa: en primer lugar, “tener la razón” se percibe como un trofeo que nos hace sentir superiores a nuestro interlocutor; luego, a fin de alcanzar ese lauro, somos capaces de ingeniar los más retorcidos argumentos; esos argumentos no suelen rebosar de Verdad (de hecho, muchas veces no son más que mentiras o medias-verdades maquilladas), pero los usamos sin remordimiento con tal de dar la impresión de que “estamos en lo cierto”; cuando establecemos que el otro está equivocado, la cosecha siempre es amarga: alguien se descubre derrotado, “inferior” a su prójimo.
Sentirse superior o inferior a sus semejantes es una característica propia del ego –la porción no iluminada de nuestra mente que se cree separada de ese Uno al que llamamos Dios. El ego necesita siempre sentirse “especial” –es decir, mayor o menor a sus compañeros de Vida, por encima o por debajo del resto de los seres que habitan el Universo.

Cuando la porción iluminada de nuestra mente comienza a percibir la Unidad básica del Todo, ese Padre-Madre absolutamente amoroso en el que nos sosegamos e igualamos, el ego ve peligrar su existencia, porque él mismo es el producto de una división.

Qué preferimos: ¿tener la razón o ser felices?

Una de las preguntas más interesantes que jamás haya leído es la que aparece en “Un Curso de Milagros”: Qué prefieres: ¿tener la razón o ser feliz?

Hermano lector o lectora, con sinceridad: ¿qué preferimos?

¿Nos gusta el rol de profeta del desastre para después regodearnos en nuestros macabros aciertos?

¿Nos place anunciarle a nuestro hermano o hermana una inminente calamidad y después decirle: “¡te lo dije, te lo dije!”?

Es preferible ser feliz

¿Hacemos de cada conversación con la pareja un torneo verbal en el que nos dedicamos a desbaratar sus argumentos?

¿Nos sentimos derrotados si no imponemos nuestras ideas a compañeros de trabajo o amigos?

¿Defendemos a capa y espada nuestros puntos de vista sobre política, religión, nacionalidad o deportes cuando interactuamos con otras personas?

¿Nos cuesta llegar a consenso con nuestros semejantes?

¿Nos sentimos perdedores si nos demuestran: “no estás en lo cierto”?
Si la respuesta a cada pregunta es sí, probablemente hemos tenido en nuestra Vida más momentos de “tener la razón” que de genuina felicidad.

No se trata de darle la razón al otro de manera automática, de bajar la cabeza ante la más mínima discrepancia, de ceder aquellas cosas que nos tocan por legítimo derecho: esa sería una neurosis tan devastadora como la anterior.

Se trata de concienciar que el afán de demostrar nuestra supuesta superioridad sobre los demás nos conduce de lleno al sistema de pensamiento del miedo y la separación; nos exilia del reino del Amor; nos aleja de la tan anhelada felicidad; nos hace preferir la guerra al Reino de los Cielos; nos hace sentir mayores o menores al indivisible Uno.

Desde el Amor, hacemos valer nuestros derechos sin vulnerar los del otro; iluminamos con nuestros puntos de vista al prójimo y nos dejamos iluminar por los suyos; enseñamos la Paz y –al mismo tiempo- aprendemos lo que es; sabemos que podemos “estar en lo cierto” y que el otro puede estar en desacuerdo con nosotros… ¡porque cada quien tiene derecho a develar su Verdad en el momento que le parezca adecuado! Nuestros argumentos sirven para extender la Realidad del Amor y no para dividirnos en contendores y contendientes.

En pocas palabras: preferimos ser felices a tener la razón… ¡aunque “estemos en lo cierto”!

Porque como dice mi entrañable amigo: “a lo que más temo es a tener la razón”.

GEORGINA ARTEAGA-CARLEBACH: “TODO LO QUE PROCEDE DEL AMOR ES UN MILAGRO” (SERIE LOS PRINCIPIOS DEL MILAGRO, NO. 1-10)

Carmelo Urso: Estimada Georgina, un grato saludo desde Caracas, Venezuela. Antes que nada, cuéntales a los lectores y lectoras algunos detalles de tu vida: dónde naciste, dónde creciste, qué estudiaste, que profesión u oficio desarrollas, etc.

Georgina Arteaga-Carlebach: Carmelo, lindo día, lo primero que deseo es darte las gracias por esta invitación a compartir mi camino, es un verdadero honor, mi gratitud y amor hacia ti.

Vista de Córdoba, Veracruz, ciudad natal de Georgina Arteaga-Carlebach:

Te platico un poco sobre este punto. Yo nací en la ciudad de Córdoba, Veracruz; para quienes no conocen México, está en el sur-centro del país, hacia el Golfo de México. A los 14 años, después de que mi padre salió de su cuerpo, mi madre decidió que nos mudáramos a vivir a la ciudad de Monterrey, Nuevo León, en el noreste de México, ya que aquí estaban mis dos hermanos y mi hermana estudiando, ciudad donde hasta la fecha vivo. Estudié Licenciatura en Letras Españolas, estudios de postgrado en Administración de Bibliotecas y Recursos de Información en Estados Unidos, Inglaterra y Gales. Diversos talleres en el mismo campo hasta 2007. Trabajé, desde 1976 hasta enero de este año de 2009 que me jubilé, dirigiendo bibliotecas y centros de información en universidades y empresas.

Fuera de la rama de bibliotecas, te comparto sobre los estudios que he realizado a partir de 1990: terapéutica floral, aromaterapia, gemoterapia, radiestesia, geobiología, energía tachyon, terapia de respuesta espiritual, terapia Reiki, psicología gestáltica, junguiana y transpersonal, terapia transpersonal, budismo tibetano, chamanismo.

Vista de Monterrey, México, ciudad en la que vive Georgina Arteaga-Carlebach

De hecho, la parte de psicología fue impulsada por la práctica después de unos años de Un Curso de Milagros®, necesitaba comprender más cómo se formaban las imágenes erróneas, los arquetipos mentales, necesitaba entenderme a mí misma, porque si bien mi vida transitaba con éxito, sentía en mi interior que había algo que me faltaba, no me sentía un ser completo.

Carmelo Urso: ¿Cómo fue tu encuentro con Un Curso de Milagros? ¿Cómo fue que tu vida espiritual se dejó tutelar por las enseñanzas de este tesoro espiritual? ¿Cuándo y cómo empezaste a enseñarlo?

Georgina Arteaga-Carlebach: En septiembre de 1988 una bella amiga decidió organizar un grupo para que un amigo mutuo nos introdujese a este material, él es psicoterapeuta junguiano y ya en ese momento con una práctica de más de cuatro años; de hecho fue él quien introdujo Un Curso de Milagros® en el noreste mexicano. El 28 de octubre a las 7:00pm, no se me olvidará la fecha y hora, nos reunimos por vez primera en su consultorio, y ahí empezamos. En ese momento y hasta 1992, el libro sólo se conseguía en ingles, así que podrás imaginar que si en español hay momentos en que nos podemos confundir con el mensaje o distorsionarlo por su lenguaje metafórico, nos volvíamos medio loquitos; quienes manejábamos un poco más el inglés apoyábamos a los que les daba un poco de trabajo.

De ese grupo inicial de 30 personas al cabo de un año quedábamos cuatro, una de ellas, hasta el día de hoy también en la práctica es mi hermana. Así pasé nueve años reuniéndome con diversos grupos, siempre con el mismo facilitador.

Mi vida desde los 16 años fue de búsqueda, en algunos momentos medio incansable, incursioné en chamanismo, tanto de las naciones indígenas mexicanas como norteamericanas, budismo tibetano, metafísica, y diversas corrientes de pensamiento más, pero fue Un Curso de Milagros® la herramienta que transformó mi vida, la que me ha dado la oportunidad de conocerme, de aceptarme, de aclarar ideas confusas, la que día a día me formó hasta este mi presente. En los dos primeros años la verdad hubo momentos en que casi aviento el libro, me enojaba con éste; aún me acuerdo que un día llegue a la sesión semanal y lo aventé al piso, y le dije a todos que cómo empataba el mensaje del Curso con el día horrendo que había tenido lleno de actitudes agresivas en mi trabajo, que coincidentemente era en una escuela de medicina. Después aprendí que estaba enojada conmigo misma porque yo había dado permiso a las personas de su actuación. Cuando entendí esto, decidí que tenía yo que sentarme en psicoterapia individual, y recuerdo que le dije al psicoterapeuta, que era además el facilitador del Curso, que estaba yo decidida a sanarme, que mi deseo más profundo era caminar por la vida sin ponerme yo misma obstáculos para ser feliz, y recuerdo que él me preguntó si estaba yo totalmente segura de esto, y mi respuesta fue que era de lo que más segura estaba yo.

A partir de ese día y con una total disciplina de práctica continué, y el día de hoy, después de 21 años me siento completa, feliz, en paz, segura que aún cuando se me puede presentar algún problema existe siempre una solución y que cada día sigo aprendiendo. Siempre comento cuando comparto el Curso que aunque pensemos que vamos a caer al piso, siempre sale la Mano de Dios y detiene la caída, y que esto es salto al vacío y sin paracaídas.

Toda esta serie de eventos en mi recorrido de cambios fue lo que marcó que decidiese un buen día, después de siete años de práctica, empezar a facilitarlo y desde esa fecha lo hago, y a través de cada persona en el grupo aprendo, al igual que aprendo de cada persona que asiste conmigo a terapia. Los primeros cinco años publiqué el boletín Mente y Espíritu©, una publicación impresa de distribución gratuita, dedicada a compartir las enseñanzas de Un Curso de Milagros®. En esos años, era 1995, observé que no existían ni páginas Web ni listas de interés en español, así que las establecí. Después de unos años las retiré y fui invitada a colaborar en otras que fueron surgiendo.

En los últimos cuatro años suspendí las sesiones presenciales, y lo he hecho de manera virtual, enviando la Lección del día, con algún apartado del Texto, y comentarios personales, y cada año hago cambios en la parte de Texto y comentarios, y hay personas el día de hoy que me han acompañado estos años. En algún momento regresaré a facilitarlo en forma presencial como me ha sido solicitado.

A través de estos años he observado que no muchas personas se sostienen en el recorrido, de hecho en una ocasión en que yo ofrecía el Curso de forma presencial y quien fue mi facilitador aún continuaba ofreciéndolo, comentábamos que si de los diversos grupos que se formaron tanto con él como conmigo estuviesen aún en la práctica como cuántas personas serían, y llegamos a un conteo como de cerca de 500, al momento de esta plática entre ambos grupos eran 12 personas. Lo que más les puedo sugerir las personas que están iniciando la práctica es que no lo suelten, aunque pareciese por momentos que no avanzan, yo les aseguro que el recorrido les ofrecerá una nueva vida, en la que no habrá nada ni nadie que les pueda quitar su paz, podrán vivir con un pensamiento de amor permanente.

Kenneth Wapnick

Un comentario que me gustaría hacer es que para una mejor comprensión de Un Curso de Milagros® lean los diversos escritos y libros de Kenneth Wapnick, aclara mucho los conceptos, y ventajosamente ahora ya hay varios libros en español.

Carmelo Urso: Te invito ahora, para beneficio de los lectores y lectoras, a que comentemos los “primeros diez principios del milagro”, los cuales se encuentran en el primer capítulo de UCDM.

Principio no. 1: ” No hay grados de dificultad en los milagros. 2No hay ninguno que sea más “difícil” o más “grande” que otro. 3Todos son iguales. 4Todas las expresiones de amor son máximas”.

Carmelo Urso: ¿Qué se entiende aquí por milagro? ¿Cómo es eso que “ninguno es más difícil que otro”? ¿Acaso es lo mismo dividir las aguas del Mar Rojo, tal como hizo Moisés, que los trucos efectuados por un prestidigitador? ¿Y qué tienen que ver los milagros con el amor?

Georgina Arteaga-Carlebach: En el contexto de las enseñanzas de Un Curso de Milagros® el milagro es una corrección, es el cambio de percepción, es salir del resentimiento que nos separa para entrar al amor a través del perdón que nos une, porque el perdón es la única herramienta con la que contamos para acercarnos a la expresión del amor, porque el milagro y el amor están íntimamente relacionados. Ningún milagro es más difícil que el otro porque las diferencias y los grados solo existen en el mundo irreal del ego que siempre hace distinciones, y así establece que hay problemas más grandes que otros, enfermedades más fuertes que otras, cuando la realidad es que todo es igual, todo está en nuestra mente, cada uno de nosotros lo dimensiona subjetivamente en el mundo irreal de acuerdo a nuestras percepciones, nuestras emociones y expectativas. El milagro nos se presenta a nivel conceptual, se presenta cuando nos abrimos y arriesgamos a enfrentar nuestros pensamientos, nuestra forma de comunicarnos.

Principio no. 2: “Los milagros -de por sí- no importan. 2Lo único que importa es su Origen, El Cual está más allá de toda posible evaluación”.

Carmelo Urso: ¿Cuál es el Origen de los milagros? ¿Por qué no podemos evaluar esa Fuente con nuestros sentidos físicos? ¿Y cómo es eso que los milagros no importan? A mí, en lo particular, me encantaría cambiar el agua en vino, la bosta en oro…

Georgina Arteaga-Carlebach: Su Origen es precisamente la Fuente, es Dios, y para entenderlo se requiere que cambiemos nuestro sistema de observación y percepción, dejemos de ver sólo el mundo físico e irreal porque desde ahí no lo entenderemos. Sé que uno de los aspectos tal vez más difíciles de aceptar cuando estudiamos el Curso es que este mundo que vemos en realidad no existe, y es que solo existe en el mundo ego, no en el de la verdadera Creación de Dios. Necesitamos por ello establecer desde nuestra mente una comunicación con el Padre Creador, y así comprenderemos que el milagro sólo se requiere en el mundo irreal donde se generan la culpa, el miedo y el pecado; se requiere para poder salir el sueño de pesadilla y entrar al sueño feliz. Cuando dices que te encantaría cambiar el agua en vino, te comparto que a mi también porque dejaría de gastar dinero en comprar botellas de vino que me encanta, bueno la verdad es que una vez unidos a la Mente de Dios lo podríamos hacer, solo que tendríamos que ver primero cual sería el objetivo de hacerlo, y aquí es cuando debemos estar vigilantes, porque podemos caer en el truco del ego de hacerlo para mostrar un poder enseñado por él.

Principio no. 3: “Los milagros ocurren naturalmente como expresiones de amor. 2El verdadero milagro es el amor que los inspira. 3En este sentido todo lo que procede del amor es un milagro”.

Carmelo Urso: El amor del que se habla en este principio, ¿es el que habitualmente sentimos los humanos por nuestros seres queridos? ¿Y cómo es que todo lo que procede del amor es un milagro?

Georgina Arteaga-Carlebach: El amor del que se nos habla en este principio es el amor incondicional, ya que el que más conocemos es condicionado, el amor especial, el enamoramiento. Esto no significa que cuando lo sabemos y hemos modificado nuestro pensamiento no mantengamos un amor verdadero hacia las personas que nos rodean, sólo que ahora las aceptamos como son, sin desear cambiarlas. Ya no amamos a nuestros padres por cuestiones genéticas, sino como a cualquier persona que llega a nuestra vida.

Debo aclarar que el amor incondicional no significa hacer a un lado nuestros valores, ni aceptar conductas dañinas, es sólo aceptar a la persona tal como es, y esto en ocasiones puede representar no permanecer físicamente a su lado. Efectivamente todo lo que procede del amor es un milagro, porque el verdadero milagro es el amor en sí mismo, es el amor que lo inspira y le da vida. También deseo comentar que podemos incursionar en relaciones de amor especial, no hay ningún problema, siempre y cuando lo hagamos concientes, aceptando que lo hacemos, que estamos en ella, sin sentirnos culpables, ni víctimas.

Todo lo que procede del Amor es un milagro

Principio no. 4: “Todos los milagros significan vida, y Dios es el Dador de la vida. 2Su Voz te guiará muy concretamente. 3Se te dirá todo lo que necesites saber”.

Carmelo Urso: ¿Se puede acaso escuchar la Voz de Dios?

Georgina Arteaga-Carlebach: Desde una mente corregida sí podemos escucharla, más no con nuestros sentidos físicos, la escuchamos a través de Su Voz, del Espíritu Santo, Quien habla por Dios a nuestra mente, nos da un mensaje de amor que nos dice que somos merecedores de los milagros, que a través de ellos podemos acceder al Cielo y vivir una verdadera vida, la cual no tiene nada que ver con la vida de los cuerpos.

La verdadera vida proviene de Dios, por eso el milagro nos conduce de regreso a Él, nuestra Fuente. En ocasiones cuando estamos en la práctica, y por ello ya nos sentimos que somos “buenitos y espirituales”, y se atraviesa un problema que nosotros primero hemos fabricado, pensamos que el Espíritu Santo no nos hace caso, que no nos da una respuesta, pero lo que en realidad pasa es que queremos que Su respuesta sea la nuestra, y además exigimos que así sea y no aceptamos nada mas, nos cerramos, esto se llama verdadera arrogancia del ego. Incluso cuando le pedimos algo a Dios y le ofrecemos que si nos da lo que hemos pedido haremos algo para Él, estamos condicionándolo.

Principio no. 5: “Los milagros son hábitos, y deben ser involuntarios. 2No de¬ben controlarse conscientemente. 3Los milagros seleccionados conscientemente pueden proceder de un falso asesoramiento”.

Carmelo Urso: Cuando Jesús efectuó -de acuerdo al relato canónico- sus milagros en la Tierra, ¿acaso nos lo realizó consciente y deliberadamente? ¿Y de quién podría provenir ese “falso asesoramiento” del que habla este principio?

Georgina Arteaga-Carlebach: Jesús realizó milagros que Dios le indicó que hiciese y los dirigió, por lo mismo Jesús no controlaba ni buscaba una gratificación, los llevaba a cabo sabiendo que era Dios Quien los hacia, que era Quien con Su Poder lograba las curaciones, se situó como un canal de la Energía Divina. Así mismo es con nosotros que solo elegimos el perdón que nos conduce al milagro, pero no elegimos a quien ofrecerlo ni lo hacemos. De hecho en una parte del Curso se nos enseña que al sanarnos nosotros alguien más se sana, solo que nosotros no elegimos quienes serán las personas. Y aquí llegamos a la parte del falso asesoramiento, y éste proviene del ego que nos dice que nosotros podemos sanar y decidir a quién sanar, quiénes son las personas que se sanarán con nosotros, y de paso son elegidas después de una evaluación de quién lo merece y quién no.

Jesús era un canal de energía divina

Principio no. 6: “Los milagros son naturales. 2Cuando no ocurren, es que algo anda mal”.

Carmelo Urso: En la escuela religiosa me enseñaron que los milagros constituían una trasgresión de las leyes naturales… ¿Cómo es que este principio postula que son naturales cuando la evidencia del Universo parece decir claramente que son contranaturales? Y si “cuando no ocurren, es que algo anda mal”, pareciera que tengo que admitir que no me ha ido muy bien en la Vida…

Georgina Arteaga-Carlebach: Habría que distinguir qué es natural en el mundo irreal, y pareciese que la paz no lo es, que el perdón consiste en ver primero el error de nuestro hermano y luego porque nosotros somos mejor que él lo perdonamos. Lo natural del mundo irreal del ego es la ira, el ataque, el resentimiento, las defensas, el pensamiento de carencia, todo lo opuesto a lo que Dios Creó que es la abundancia, la felicidad, la paz, el amor verdadero. Cuando decimos que no ocurren los milagros es porque el ego pone obstáculos, verdaderas murallas, y con ello no tenemos acceso a que el Espíritu Santo intervenga en nuestra mente corrigiéndola y haciéndonos ver nuestra santidad y perfección, haciéndonos reconocer que permanecemos tal como Dios nos Creo, porque Su Obra es eterna e inmutable; así que si nos va bien o mal en la vida no tiene nada que ver con decisiones de Dios. Para experimentar los milagros requerimos conocer y trascender el ego.

En la Matrix -la irrealidad del ego- la Paz no es natural

Principio no. 7: “Todo el mundo tiene derecho a los milagros, pero antes es nece¬sario una purificación”.

Carmelo Urso: ¿Qué es lo que tenemos que purificar para volvernos milagrosos? ¿Nuestro cuerpo? ¿Nuestra mente?

Georgina Arteaga-Carlebach: Lo único que tenemos que purificar (sanar) es nuestra mente, la parte desde la que se generan los pensamientos, y el único pensamiento que hay que purificar es el de la culpa y el pecado, y al ser estos de todos los seres es el mismo a ser purificado por todos, por lo mismo todos tenemos derecho a los milagros. También requerimos entender que el milagro no es algo que alguien hace por otro, es algo que cada uno necesita hacer. Se trata de purificar precisamente los impedimentos al milagro, en erradicar los obstáculos para reconocer la presencia del amor. Purificamos los pensamientos de separación, de culpa y vergüenza. No se puede purificar el cuerpo porque éste no toma decisiones, ni puede estar impuro, o ser profano, pero nos podemos confundir sobre esto porque las connotaciones que conocemos ligadas al judaísmo y cristianismo ambas lo manejan a nivel corporal. Pero como quien toma decisiones es la mente, es ésta la que requiere ser purificada.

La mente es lo único que debemos purificar

Principio no 8. “Los milagros curan porque suplen una falta; los obran aquellos que temporalmente tienen más para aquellos que temporalmente tienen menos”.

Carmelo Urso: ¿A que tipo de “falta” se alude en este principio? ¿Y qué es “eso” que permite a los que tienen “más” curar y obrar milagros sobre los que tienen “menos”?

Georgina Arteaga-Carlebach: La “falta” de alguna forma va relacionada con el pensamiento de escasez que genera la culpa que nos dice que no merecemos, lo que es una visión egocéntrica del mundo de las ilusiones, ya que hace una división de que unos merecen más que otros, lo cual es totalmente falso.

Lo que realmente presenta el Curso es que el milagro corrige la percepción errónea de que algo nos falta, ya que Dios nos ha dado todo para ser felices y esa es Su Voluntad para Su Hijo. Y cuando expone que permite a los que tienen “más” curar a los que tienen “menos” sólo se refiere a que los que corrigen su percepción pueden apoyar a quienes aún no la han corregido, y por eso es temporal, porque el apoyo permanecerá solo hasta que el hermano corrija la suya, elija el perdón y el amor en lugar del resentimiento y el odio, y se mueva del miedo al amor. En una palabra elija al Espíritu Santo en lugar del ego.

Principio no. 9: “Los milagros son una especie de intercambio. 2Como toda ex¬presión de amor, que en el auténtico sentido de la palabra es siempre milagrosa, dicho intercambio invierte las leyes físicas. 3Brindan más amor tanto al que da como al que recibe”.

Carmelo Urso: Normalmente, los seres humanos vivimos con miedo a amar porque pensamos que al entregarnos totalmente al sentimiento del amor nos volvemos más vulnerables, más manipulables, y por ende, más susceptibles a salir perdiendo en el intercambio sentimental que signa nuestras relaciones. ¡De eso tratan la mayoría de las canciones de amor que escuchamos, que exaltan el despecho y el desamor! ¿Cómo es eso que los milagros “brindan más amor tanto al que da como al que recibe” si la evidencia del mundo parece decirnos lo contrario?

Esto es debido a que fuimos educados, a través de los mensajes recibidos en la infancia, a que el amor debilita, que para ser fuertes debemos defendernos, que los hombres no deben expresar sus emociones ni llorar, que si damos algo nosotros nos quedamos sin ello, tendremos menos. Esto anterior es falso, ya que dar y recibir es lo mismo. Para el ego dar tiene que ver con objetos y emociones, asuntos materiales, o bien va relacionado con la culpa proyectada, así que cuando ya no puede más una persona con su culpa se la proyecta a otra persona haciendo juicios sobre ella, o culpándola de su infelicidad. Por eso es que las canciones que mencionas lo exponen, porque hablan precisamente de la irrealidad del ego, hablan de “me dejaste, me heriste, me abandonaste, no puedo ser feliz porque tu lo impides”. Los milagros corrigen esta falsa percepción, y se proyecta de diferente forma, en la que si uno se ama puede amar a los demás, si uno se respeta puede respetar a los demás, si deja uno de enjuiciarse puede dejar de enjuiciar a los demás; es un verdadero intercambio de unos a otros.

Dar y recibir es lo mismo

Principio no. 10: “Cuando se obran milagros con vistas a hacer de ellos un espec¬táculo para atraer creyentes, es que no se ha comprendido su propósito”.

Carmelo Urso: ¿Estamos hablando aquí de nuestros líderes religiosos y gurús espirituales? Esas personas que dicen canalizar la Voz del Espíritu, de los ángeles o de Dios, ¿serán acaso falsos milagreros que convierten la expresión del Amor en un espectáculo?

Georgina Arteaga-Carlebach: Estamos hablando del sanador no sanado, el que dice “yo tengo poderes especiales, características, dones y talentos que tú no tienes para ti mismo, y tú y el mundo están mal”. Lo opuesto sería “yo acepto el Amor de Dios y es éste el que se extiende a través de mi para ti, porque yo se que tu también eres amor, y al verme en ti puedo observar lo que no está sanado en mi”.

El sanador no sanado convierte sus milagros en espectáculos

En el capítulo 9 del Texto de Un Curso de Milagros® menciona claramente: un terapeuta no cura, sino que deja que la curación ocurra espontáneamente. Puede señalar la oscuridad pero no puede traer la luz por su cuenta, pues la luz no es de él…El Espíritu Santo es el único Terapeuta. Requerimos dejar de ver el mundo externo, de darle poder a lo innecesario, poner nuestra atención en nuestros pensamientos para poder sanarlos, dejar de buscar milagros físicos, porque podemos llegar a la desilusión. Recordar que nadie puede hacer el cambio por nosotros, cada uno requiere hacerlo, es responsabilidad personal. Tratemos de recordar, aunque sé que nos da un poco de dificultad, que el acto de amor más grande que podemos ofrecerle a un ser amado, es no hacer nada y permitirle su propio crecimiento, podemos mostrarle el camino, pero no podemos caminar por él.

LA PARADOJA DEL EGO

El ego es una dolorosa paradoja

Georgina Arteaga Carlebach

(Artículo original publicado en Boletín Mensual de Milagros en Red. Vol. 6. No. 65.2007. pp. 8-10)

Una paradoja es una declaración en apariencia verdadera que conlleva a una auto-contradicción lógica, a una situación que contradice el sentido común, en palabras más simples, una paradoja es lo opuesto a lo que uno considera cierto. La paradoja es siempre problema de un observador, no del ser, no de lo observado, puesto que si el mismo ser fuera paradójico afirmaría ser y no ser al mismo tiempo. Don Miguel de Unamuno, filósofo y escritor español de la denominada generación del ’98, hacía un planteamiento sobre la paradoja, él exponía que ésta se desarrolla entre el corazón que dice que sí a la inmortalidad del hombre y la razón que dice que no, y ahí está la contradicción y la lucha, él sustentaba que la creencia de que nuestra mente sobrevive a la muerte es necesaria para poder vivir, y que la solución la da reconociendo una forma más de conocimiento además de la sensible y la racional, la mística. En la paradoja de la existencia de un sistema se presupone porque/aunque no se puede presuponer: el sistema es ciertamente aquello que es, pero sólo porque es su diferencia (negación) a aquello que no es.

¿Cuál es la paradoja del ego? Creer que cualquier discípulo debe identificarse sólo con el cuerpo y que sin el cuerpo moriremos, o aún estando en el cuerpo de todas formas moriremos. La paradoja es que el ego trata de que introduzcamos nuestra atención en el cuerpo, que es imperfecto y temporal, para de esta forma mantenernos en el miedo que representa la muerte, y que nos conectemos más con el cuerpo por el miedo de morir, y cada día nos alejemos más de nuestro espíritu que es perfecto, inmutable y eterno. Como extensiones de Dios mantenemos Sus Cualidades, y para Él no existen el tiempo ni el espacio, para Él no existen pasado, presente o futuro, solo el eterno presente lleno de amor y de inmensa paz.

El cuerpo -foco de atención del ego- es imperfecto y temporal

La muerte es concebida por el ego que extiende una sombra en la conciencia de todo ser viviente, esa parte de la mente que se conecta con Dios, porque el ego es el enemigo de la vida y la resurrección. Dentro del sistema de pensamiento del ego no existe una salida o escapatoria, la muerte siempre está presente, su sistema representa miedo, cuerpos, culpa que es la tenebrosa sombra, y el castigo final. El Espíritu Santo nos enseña que la vida es Dios, que representa amor, paz, alegría, dicha, unidad, conocimiento.

En el tercer obstáculo para la paz que Un Curso de Milagros® presenta es precisamente la atracción a la muerte y aquí es donde se presenta la paradoja, ya que sentimos miedo a la muerte pero en realidad mantenemos una oculta atracción hacia ella, y a través de diversas actitudes, formas de pensamiento, por ejemplo en el atacar a otros mantenemos dicha atracción. También lo está al declarar que el cuerpo puede ser símbolo de placer o de dolor, ya que el dolor siempre nos conecta con la culpa y con la muerte, tanto como el atacar a otros también nos conduce a la muerte, porque a nivel inconsciente el ataque es un deseo de matar a la persona. La muerte es observada como testigo último de la realidad aparente del cuerpo y de la separación de nuestro Creador Que es Vida. Si el cuerpo muere entonces tiene que haber vivido, lo que significa que su creador –el ego– tiene que ser real y estar igualmente vivo.

El ego nos hace sentir una oculta atracción por la muerte

El pecado, la culpabilidad y la muerte se originaron en el ego, en clara oposición a la vida, a la inocencia y a la Voluntad de Dios Mismo. ¿Dónde puede hallarse semejante oposición, sino en las mentes enfermizas de los desquiciados, que se han consagrado a la locura y se oponen firmemente a la paz del Cielo? Pero una cosa es segura: Dios, que no creó ni el pecado ni la muerte, no dispone que tú estés aprisionado por ellos. Pues Él no conoce ni el pecado ni sus resultados. Las figuras amortajadas que marchan en la procesión fúnebre no lo hacen en honor de su Creador, Cuya Voluntad es que vivan. No están acatando Su Voluntad, sino oponiéndose a ella. (T.19.IV.C.i.3)

¿Y qué es ese cuerpo vestido de negro que quieren enterrar? Es un cuerpo que ellos consagraron a la muerte, un símbolo de corrupción, un sacrificio al pecado, ofrecido a éste para que se cebe en él y, de este modo, siga viviendo; algo condenado, maldecido por su hacedor y lamentado por todos los miembros de la procesión fúnebre que se identifican con él. Tú que crees haber sentenciado al Hijo de Dios a esto eres arrogante. Pero tú que quieres liberarlo no haces sino honrar la Voluntad de su Creador. La arrogancia del pecado, el orgullo de la culpabilidad, el sepulcro de la separación, son todos parte de tu consagración a la muerte, lo cual aún no has reconocido. El brillo de culpabilidad con el que revestiste al cuerpo no haría sino destruirlo. Pues lo que el ego ama, lo mata por haberle obedecido. Pero no puede matar a lo que no le obedece. (T.19.IV.C.i.4)

Muerte y culpabilidad van unidas en el sistema de pensamiento del ego, así que cuando permitimos que él nos conduzca las señales que enviamos al exterior siempre llevan este contenido, es nuestra única forma de comunicación, así que los mensajes que regresarán a nosotros serán iguales, porque la sombra de muerte del ego se extiende sobre toda cosa viviente y la observa como el enemigo de la vida, como el enemigo de Dios. Si por el contrario todas las señales que enviamos al exterior provienen de un mensaje del Espíritu Santo, lo que va a regresar a nosotros son señales similares, son señales de perfección, felicidad, amor, de vida y paz y eternas, tan eternas como lo es la Creación de Dios.

Las señales del Espíritu Santo son señales de Paz

¿Pero por qué no aceptamos la paz si tanto la deseamos? No la aceptamos porque la negamos, y al hacerlo no nos la ofrecemos ni la ofrecemos a otros. El ego nos hace que pensemos que en el momento en que instalemos la paz, la cual la observa como debilidad al igual que al amor, automáticamente dejaremos de proyectar la culpa y con ello no tendremos a quien pasarle nuestros miedos y nuestras culpas. Si realmente deseamos la experiencia de la paz primero debemos experimentarla para poder compartirla, superar la culpa y el miedo al castigo, observar el cuerpo solo como el instrumento para nuestro aprendizaje, y empezar el diario recorrido del amor, esto representa cambiar nuestra atracción a la muerte por una nueva atracción al amor .

Cada obstáculo que la paz debe superar se salva de la misma manera: el miedo que lo originó cede ante el amor que se encuentra detrás, y así desaparece el miedo. Y lo mismo ocurre con este último obstáculo. El deseo de deshacerte de la paz y de ahuyentar el Espíritu Santo se desvanece en presencia del sereno reconocimiento de que amas a Dios. La exaltación del cuerpo se abandona en favor del espíritu, al que amas como jamás podrías haber amado al cuerpo.

Los obstáculos a la Paz cesan cuando el miedo se disuelve en Amor

5Y la atracción de la muerte desaparece para siempre a medida que la atracción del amor despierta en ti y te llama. 6Desde más allá de cada uno de los obstáculos que te impiden amar, el Amor Mismo ha llamado. 7Y cada uno de ellos ha sido superado mediante el poder de atracción que ejerce lo que se encuentra tras ellos. 8El hecho de que deseases el miedo era lo que hacía que pareciesen insuperables. 9Mas cuando oíste la Voz del Amor tras ellos, contestaste y ellos desaparecieron… ¿Qué es la paz de Dios? La paz de Dios no es más que esto: el simple entendimiento de que Su Voluntad no tiene ningún opuesto. Ningún pensamiento que contradiga Su Voluntad puede ser verdadero… La paz de Dios es la condición para que se haga Su Voluntad. Alcanza Su paz, y le recordarás. (T.19.IV.D.5; M.20.6:1-3,12-13)

Como el ego excluye a Dios del papel de salvador por virtud de nuestro miedo a Él, en nuestra desesperación no tenemos más recurso que recurrir a él y aceptar su supuesta idea de salvación. Para ayudarnos a abordar la abrumadora experiencia de la culpa, el ego emplea dos dinámicas: la negación o represión, y la proyección. La primera opción es fingir que no existe, sin embargo esto no bastará como defensa, puesto que en algún lugar de nuestra mente estaremos dolorosamente concientes de que el problema que nos agobia permanece aún con nosotros, y que lo único que hemos logrado al reprimirla ha sido solo un intento por evitar la culpa, empujando la decisión que la hizo fuera de nuestra conciencia, lo cual la hace inaccesible a la curación.

La segunda arma que utiliza el ego hacia la culpa, que él mismo genera y con ello nos atrapa, es la proyección, a través de la cual el ego nos dice que podemos liberarnos de la culpa tomando el problema nuestro para depositarlo en alguien o algo afuera, y de esta manera ubicamos la culpa fuera de nuestra conciencia y fuera de nosotros, con lo que pensamos que ya no la experimentamos como nuestra, sino en los bandos culpables, y “ellos”, allá afuera, son los responsables de todas las cosas terribles que nos suceden y por lo cual “ellos” tienen que ser castigados, y así negamos primero el problema y luego lo proyectamos sobre los demás. De esta forma el ego se asegura de salir triunfante, porque la culpa de cada quien es reforzada, ya sea desde el papel de víctima o de victimario, y mantiene a cada quien atado a la persecución o al martirio. Sin embargo esta proyección que hacemos solo refuerza la culpa al adjudicar a otros la responsabilidad de nuestra propia separación de Dios. Desde esta visión se maneja incluso la imagen de Jesús, ya que entre los cristianos fue un mártir perseguido, y para los judíos lo ven como el que los persiguió.

No es fácil deshacernos de la culpa, como no lo es tampoco deshacernos del ego, ya que en el instante que elegimos soltar la culpa podemos experimentar conflicto debido a que parte de nosotros aún está manteniéndola, esto hará que pasemos por momentos de desorientación, conflicto y dolor, pero recordemos que el camino de deshacerla no es de dulzura, tiene altibajos, y a medida que continuamos confrontando nuestra culpa y nos acercamos al entendimiento del conflicto entre el ego y Dios, entre la paz y el conflicto, entre amor y muerte, la tensión se puede llegar a incrementar porque hay una parte de nosotros que desea la paz y la felicidad, pero aún la otra parte de nosotros se siente atraída por el odio, el coraje y el ataque, y ésta última hará que nos mantengamos separados.

La mecánica que podemos optar para que el proceso de liberación se presente en forma un poco más amigable, es por un lado empezar a aceptar los mensajes que provienen del Espíritu Santo como únicos, y para alejarnos cada día más de los del ego y poco a poco poder disolver a éste, es empezar a aceptar que somos responsables de cada uno de nuestros pensamientos y de nuestras acciones, en este proceso vamos a requerir conocernos, explorar cómo pensamos, cómo nos comunicamos, el tipo de relaciones que establecemos, cuáles actitudes nos están generando barreras para observar, reconocer y experimentar nuestra esencia, qué tanto estamos dispuestos a reconocer la esencia del amor en nosotros y en otras personas.

Requerimos también a cuestionar cada una de nuestras actitudes, empezar a explorar nuevas oportunidades que no habíamos visto como expresiones valiosas, podemos realizar compromisos con nosotros mismos, soltar viejos pensamientos y actitudes, que al hacerlo logramos incorporar el crecimiento en nuestras vidas, vamos a descubrir que sí podemos desprendernos del pasado y del futuro, que podemos aprender a amarnos a nosotros mismos y a los demás través de perdonar en lugar de juzgar, que dado que el amor es eterno, la muerte no debe darnos miedo, que la esencia de nuestro ser es el amor, que nuestra salud emocional se mantiene al tener paz interior, entenderemos que dar y recibir es una misma cosa, y finalmente comprenderemos que al corregir nuestra percepción errónea y remover los obstáculos interiores nos podemos sentir en paz.

Santo eres, eterno, libre e íntegro, y te encuentras para siempre en paz en el Corazón de Dios. ¿Dónde está el mundo ahora? ¿Y dónde el pesar? (M.15.1:11-12)

Un Curso de Milagros©. Glen Ellen, CA: Foundation for Inner Peace. 1992.

LA REALIDAD ESTÁ A UNA MÍNIMA IRREALIDAD DE DISTANCIA

La Realidad está a una mínima irrealidad de distancia

Carmelo Urso
entiempopresente4@gmail.com

En agosto de 2008, comencé a escribir una columna digital llamada En Tiempo Presente; al instante de redactar este escrito, posee unos 1.500 suscriptores en diferentes países de Iberoamérica. A diario, desde Trelew o Alicante, desde Lima o mi natal Caracas, recibo cálidas misivas de personas que suelen enseñarme mucho más de lo que les predico. Su entusiasmo y afecto me han inspirado a dar a luz este libro: a todas y todos, ¡muchísimas gracias!

Una vez a la semana, hago circular por correo electrónico un artículo entre lectores y lectoras: algunos nacen de inquietudes místicas; otros (a modo de crónicas) reflejan experiencias de Vida; a veces, intento dar respuesta a preguntas que se me formulan.
Las notas varían en longitud, ímpetu narrativo y profundidad vivencial.

Revisando mi trabajo, percibo la afinidad de tres temas principales: la oración vista como el estado de plena comunicación con el Creador; el Reino de los Cielos que late en cada uno de nosotros –al cual sólo accedemos en el santo instante presente; y la sagrada experiencia del Amor (íntimo linaje que nos hace Uno con nuestro infinito Padre-Madre)

Jesús el Nazareno nos exhortaba hace dos milenios a buscar “el Reino de los Cielos dentro de ti”. En “Un Curso de Milagros” leemos que solemos malentender esa frase: interpretamos “como si algo que está afuera estuviese adentro, lo cual no tiene sentido. La palabra adentro es innecesaria. Tú eres el Reino de los Cielos. ¿Qué otra cosa sino a ti creó el Creador?, y ¿qué otra cosa sino tú es Su Reino? (…) La Voluntad de Dios no tiene límites… ¡y todo poder y gloria residen en ella! (…) Tú eres la Voluntad de Dios porque así es como fuiste creado. Debido a que tu Creador crea a Semejanza Propia, eres como Él (…) Si te niegas esto a ti mismo, le estarás negando a Dios Su Reino, pues para eso fue para lo que Él te creó”.

Esta certeza de que la Divinidad reside en el interior de cada nativo del Universo brilla con luz de sabiduría en múltiples tradiciones espirituales:

“Lo Ilimitado subyace dentro de lo limitado” (Chuang-Tsé, taoísmo).

“Al final, llegarás al conocimiento de ese Ser que está fuera de ti y, al mismo tiempo, dentro de ti” (Upanishads, hinduismo).

“Una sola Naturaleza contiene todas las naturalezas; una sola Existencia contiene todas las existencias” (Yoka, budismo).

“Si Dios no está en tu corazón, no podrás encontrarlo en ninguna parte del mundo” (Even Bojan, judaísmo).

“Cuando de dos hagáis uno, lo interior como lo exterior, y lo que está arriba como lo que está abajo, entonces entraréis en el Reino de los Cielos” (Jesús de Nazareth, Evangelio apócrifo de Santo Tomás, cristianismo).

“El ojo con que yo veo a Dios es el mismo ojo con el que Dios me ve” (Meister Eckhart, cristianismo).

“Aquel que se conoce a sí mismo, conoce a Dios” (Mahoma, islamismo).

“Aquel que se conoce a sí mismo, conoce a Dios” (Mahoma)

Guerras santas, genocidios, centenarias conflagraciones se han suscitado a lo largo de la historia entre corporaciones religiosas que dicen representar al Dios verdadero. No obstante, cuando escudriñamos en cada credo, hallamos en sus textos y dogmas más similitudes que divergencias: suelen reconocer que la Deidad es Una; que Su Naturaleza es el Amor; que Su hogar (o Reino) se halla en el corazón de cada uno de Sus Hijos e Hijas; que la oración (también llamada meditación o contemplación) es el medio ideal para que Creador y criaturas se comuniquen.

Tal espíritu conciliador impregna mis escritos. Reflejan mi propio tránsito por diversos senderos místicos; no me abrogo el papel de guía o gurú: apenas soy un estudiante cuyo entendimiento sigue en construcción.

Al igual que tú, amable lector o lectora, soy peregrino en una aventura infinita: la que nos lleva de regreso a la Conciencia del Padre; he marcado algunos hitos en mi mapa… ¡pero lejos estoy de conocer la totalidad del terreno! Para tu consuelo, te confieso que el trecho recorrido me ha enseñado algo: la Realidad siempre está a una mínima irrealidad de distancia.

EL DESLUMBRAMIENTO DEL MILAGRO (LOS 50 PRINCIPIOS DEL MILAGRO, NO. 1-10)

LA BRISA
Carmelo Urso
entiempopresente4@gmail.com

Paquita Diez
http://comunicatecontigo.wordpress.com/

Carmelo Urso: Estimada Paquita, un grato saludo desde Caracas, Venezuela. Antes que nada, cuéntales a los lectores y lectoras algunos detalles de tu vida: dónde naciste, dónde creciste, qué estudiaste, que profesión u oficio desarrollas, etc.

Paquita Díez: Nací en Elche, un pueblo al lado de Alicante, España. Estudié Psicología porque al no tener una vocación definida por ningunos otros estudios decidí que esta podría serme de utilidad en mi vida, en mi bienestar. El factor de utilidad ha sido constante en mis decisiones. He trabajado en todo lo que se me ha ido ofreciendo, principalmente de psicoterapeuta, así como educadora de la voz.

Carmelo Urso: ¿Cómo fue tu encuentro con Un Curso de Milagros? ¿Cómo fue que tu vida espiritual se dejó tutelar por las enseñanzas de este tesoro espiritual? ¿Cuándo y cómo empezaste a enseñarlo?

Paquita Díez: Siempre he estado buscándome a mi misma, sintonizar con mi verdad. En un encuentro de grupos de lo que entonces llamábamos crecimiento personal, tipo psicológico (1996) alguien me regaló Un Curso de Milagros presentándomelo como un libro que se regalaba cuando apreciabas mucho a alguien. Con mi pequeño, todavía recién estrenado interés por todo lo espiritual recibí ese libro como algo rodeado de mucho misticismo mágico. Por tanto, lo usé durante más o menos un año sin hacer las lecciones sino sólo abriéndolo cada vez que buscaba respuestas para alguna situación complicada. Luego lo aparqué en la estantería durante unos siete años. En la mitad de este periodo asistí a un seminario de Rosa María Wynn que me mostró que en ese libro había algo para mi, despertó mi interés.

En el año 2004, alguien que tenía mi teléfono a través de las listas de las personas que asistimos al seminario de Rosa Maria me llamó para pedirme que le organizase un curso en Murcia, la ciudad donde actualmente vivo. A través de aquel acontecimiento fui a parar a una sesión de la amiga Greta en Madrid.

Escucharla hablar removió toda mi mente, señalándome y haciéndome consciente de lo muerta que me sentía, de que eso no era la vida, y encendiendo en mí el deseo ardiente de algo mas. Este fue ese momento donde uno se dice a sí mismo, “esto es lo que quiero, esto es lo que andaba buscando, ahora ya sé donde está”. En esa misma reunión algunos hermanos de Barcelona que asistieron anunciaron que en el Parlamento de las Religiones que se celebraba en junio del mismo año asistiría un maestro de un Curso de Milagros y muchos hermanos, y que quien quisiera estaba invitado. Todo esto en aquellos momentos era tan nuevo para mi y sucedía de una manera tan inexplicable que ahora puedo decir con certeza que fue el Espíritu Santo quien montó todo aquel escenario para mi, quien me llevó de la mano a toda aquella experiencia solo porque yo había tomado la decisión de vivir, de resucitar.

La palabra que define la experiencia del Parlamento de las Religiones es “Deslumbramiento” se abrió ante mi un “mundo” nuevo. Comencé a darme cuenta con asombro de que los milagros sucedían constantemente. Había encontrado el mapa (el Curso) el guía, mi reflejo despierto (Master Teacher) y a mis compañeros de viaje hacia mí mismo, hacia mis hermanos y hacia Dios.

Master Teacher

La primera vez que escuche a Master, oí mi propia voz mas clara que nunca. Sin entender una sola palabra con la mente conceptual, gracias a que su lenguaje para mi era entonces inalcanzable, ininteligible. No me lo podía creer, miraba a mis desconocidos compañeros de al lado tratando de averiguar si se estaban dando cuenta de que me estaba hablando a mi y me di cuenta sin mediar una palabra de que estaban teniendo la misma experiencia, que les hablaba a ellos, que era su propia voz en la máxima vibración. Desde entonces lo desconocido o lo que no podía comprender no me ha vuelto a provocar desazón, nunca ha supuesto un íimite.

Con respecto a enseñar, si como dice el Curso, enseñar es demostrar, no he parado de enseñar, de compartir o contagiar aquel “algo más”, la alternativa al “mundo”, Dios, a través de mi propia aceptación e inclusión, que es como verdaderamente puedo ofrecerlo a los demás. Todo paso dado en uno mismo está afectando a todos. El Espíritu Santo ya se encarga de los detalles, cuando y con quien poner a cada uno en cada momento.

En Murcia, como en varias ciudades de España, tenemos encuentros donde invitamos a la experiencia, compartimos el despertar a través del Curso. No tratamos de estudiarlo ni analizarlo conceptualmente. La transformación mental es muy personal, muy individual, el programa de estudios o currículo del Espíritu Santo es muy específico para cada uno, pero al unirnos se acelera. El enfoque no es crear escuela sino despertar. Una vez preguntaron a Master que le parecía montar un centro en Barcelona, a lo que él respondió con otra pregunta devolviendo la responsabilidad al que preguntaba, “¿Qué te parece a ti?, yo no voy por ahí montando Centros”.

Murcia, ciudad española en la que vive la amiga Paquita Diez

Para terminar esta pregunta, porque se podría alargar todo lo que quisiera, he de decir que yo no encontré al Curso, él me encontró a mi, y lo mismo con todo lo demás. Cuando determinamos nuestra voluntad claramente, los medios nos son proporcionados de acuerdo a lo que en verdad queremos.

Carmelo Urso: Paquita, te invito ahora, para beneficio de los lectores y lectoras, a que comentemos los “primeros diez principios del milagro”, los cuales se encuentran en el primer capítulo de UCDM .

Principio no. 1: ” No hay grados de dificultad en los milagros. 2No hay ninguno que sea más “difícil” o más “grande” que otro. 3Todos son iguales. 4Todas las expresiones de amor son máximas”.

Carmelo Urso: ¿Qué se entiende aquí por milagro? ¿Cómo es eso que “ninguno es más difícil que otro”? ¿Acaso es lo mismo dividir las aguas del Mar Rojo, tal como hizo Moisés, que los trucos efectuados por un prestidigitador? ¿Y qué tienen que ver los milagros con el amor?

Como se nos dice en el Curso, un milagro es una corrección, viene de fuera de esta estructura de espacio y tiempo pero tiene lugar en ella. Dios no hace milagros; en la película “Oh, God!” dice Dios: “son demasiado flashy (llamativos)”. Los inspira el amor, los realiza el Hijo de Dios cuando lanza un puente entre el tiempo y lo atemporal, desde lo humano a lo divino, por medio del Espíritu Santo, en un instante santo. Todos son iguales porque no importa la forma que toman, sólo el cambio súbito que producen, convertir un viejo odio en un amor presente. Algo que me impresiona es que cuando Jesús obraba milagros, si alguien trataba de convertirlo en un ídolo, alguien separado de él, el siempre decía: “tu fe te ha salvado” devolviéndole la responsabilidad al que los pedía, y mostrándole su igualdad con él como Hijo de Dios. El mago, hace otro uso, de otro tipo de “poderes”, para hacer, con un propósito distinto, su magia, todo sucede en el plano horizontal. Son expresiones máximas porque no puede suceder más de lo que estás dispuesto a aceptar, y aunque sucediese no te serviría.


Principio no. 2: “Los milagros -de por sí- no importan. 2Lo único que importa es su Origen, El Cual está más allá de toda posible evaluación”.

Carmelo Urso: ¿Cuál es el Origen de los milagros? ¿Por qué no podemos evaluar esa Fuente con nuestros sentidos físicos? ¿Y cómo es eso que los milagros no importan? A mí, en lo particular, me encantaría cambiar el agua en vino, la bosta en oro…

Paquita Diez: La pregunta es ¿para qué? ¿Cuál es el propósito de convertir el agua en vino? ¿Cómo sabemos desde nuestra pequeña concepción limitada lo que necesita suceder? Por eso nuestra única tarea es cuando estamos ante situaciones imposibles, pedir el milagro, lanzar el puente, ofrecerlo al Espíritu Santo, y eso sólo pone en marcha al milagro, que en el caso de aquel momento en tiempos de Jesús en el que se quedaron sin comida ni bebida fue convertir el agua en vino, pero hoy en día, en este momento, podría equivaler a ver una situación de manera totalmente distinta, por ejemplo, siempre se obran para un bien mayor. Si convertir piedras en oro afectase a un bien mayor, sucedería.

Principio no. 3: “Los milagros ocurren naturalmente como expresiones de amor. 2El verdadero milagro es el amor que los inspira. 3En este sentido todo lo que procede del amor es un milagro”.

Carmelo Urso: El amor del que se habla en este principio, ¿es el que habitualmente sentimos los humanos por nuestros seres queridos? ¿Y cómo es que todo lo que procede del amor es un milagro?

No es el mismo amor, y por supuesto es parte del mismo, esa es la paradoja. Todo lo que procede del amor es un milagro porque el Amor es la frecuencia mas elevada, la energía mas poderosa, la Fuente de donde procede todo lo demás.

Principio no. 4: “Todos los milagros significan vida, y Dios es el Dador de la vida. 2Su Voz te guiará muy concretamente. 3Se te dirá todo lo que necesites saber”.

Carmelo Urso: ¿Se puede acaso escuchar la Voz de Dios?

Paquita Diez: La voz de Dios está hablando en todo lo que existe, no se escucha porque no hemos despejado los receptores, porque hay interferencias, porque aún nos escuchamos a nosotros mismos, aún no hemos hecho el cambio de mente. A medida que la expiación se va consumando, a través del perdón, a medida que el ego, la falsa identidad se deshace, desvanece o pierde su vigencia al ser cuestionado, simultáneamente, el Ser va emergiendo, y el Ser está en comunicación y comunión con Dios constantemente, sabe escuchar la voz de Dios, de hecho es lo único que escucha. Todo lo que se nos pide es que estemos dispuestos a aceptar su Plan, en lugar del nuestro. Con esta decisión, su Plan se nos revela.

Principio no. 5: “Los milagros son hábitos, y deben ser involuntarios. 2No de¬ben controlarse conscientemente. 3Los milagros seleccionados conscientemente pueden proceder de un falso asesoramiento”.

Carmelo Urso: Cuando Jesús efectuó -de acuerdo al relato canónico- sus milagros en la Tierra, ¿acaso nos lo realizó consciente y deliberadamente? ¿Y de quién podría provenir ese “falso asesoramiento” del que habla este principio?

Paquita Diez: El falso asesoramiento es la falsa identidad, el personaje que representamos, nuestras grandes ideas sobre el bien y el mal, lo bueno y lo malo. Involuntarios quiere decir que no es con nuestra voluntad, sino con Su Voluntad. Quiere decir que hemos dicho Padre, te entrego esta situación, no sé que es lo que más me conviene, hágase tu voluntad. Eso es pedir el milagro, así se obran, alineando nuestra voluntad a la de Dios. Y ahí soltamos el control, nuestro control, ahí se nos va de las manos, y ahí, y sólo ahí, en ese lugar de vacío, entra Dios. Por eso requieren fe y confianza.

Los milagros ocurren naturalmente como expresiones de amor

Principio no. 6: “Los milagros son naturales. 2Cuando no ocurren, es que algo anda mal”.

Carmelo Urso:En la escuela religiosa me enseñaron que los milagros constituían una transgresión de las leyes naturales… ¿Cómo es que este principio postula que son naturales cuando la evidencia del Universo parece decir claramente que son contranaturales? Y si “cuando no ocurren, es que algo anda mal”, pareciera que tengo que admitir que no me ha ido muy bien en la Vida…

Paquita Diez: Lo natural es lo que Es, lo natural es el Amor, lo natural es Dios. Los milagros trasgreden las leyes de lo natural para el “mundo”, pero no las leyes de Dios. Están sucediendo todo el tiempo, por eso decir no ocurren es solo decir no los estoy viendo, experimentando. Es posible que en esos momentos haya que admitir como tu dices que no me haya ido bien en la vida (en el sueño, en la ilusión, en mi interpretación, en mis planes, que es lo que llamamos “mundo”, mi mundo) pero eso no quiere decir que no estén sucediendo, que no estén disponibles. En esos momentos, saber que algo anda mal es una ayuda, una llamada de atención, una señal, que como todas las crisis, son la antesala del cambio, y puesto que ha sido entregado a la corrección, la antesala del milagro, de poder experimentarlo y verlo. Muchas veces el fracaso de nuestro sistema de pensamiento es el que nos hace rendirnos, el que nos hace entregarnos, y el que hace de presión para comenzar con algo totalmente nuevo. Cuando todavía nos medio funciona lo que hacemos, cuando vamos poniendo parches y sosteniendo la situación no tenemos todo el interés y la determinación necesarias para algo nuevo, y la mente de Dios es algo totalmente nuevo, no convive con la del ego, es como otro sistema operativo.

Principio no. 7: “Todo el mundo tiene derecho a los milagros, pero antes es nece¬sario una purificación”.

Carmelo Urso ¿Qué es lo que tenemos que purificar para volvernos milagrosos? ¿Nuestro cuerpo? ¿Nuestra mente?

Paquita Diez: Somos mente, el universo es pensamiento, el cuerpo es la ilusión, el efecto, como dice el Curso, el cuerpo es el medio a través del cual el Hijo de Dios recobra la cordura. La purificación yo la entiendo como el proceso de aceptar la expiación, el proceso de perdonar cada una de nuestras ideas, de ir viendo nuestra inocencia. En el manual del maestro del Curso, en el apartado 6, dice que cuando alguien usa la enfermedad como una forma de vida (aunque no sea consciente de ello), una curación repentina podría ocasionar una aguda depresión, y una sensación de pérdida que podría llevarlo a querer destruirse. Por eso es necesario que se vaya entrenando, preparándose para poder verlo como su salvación, no como su destrucción.

Principio no 8. “Los milagros curan porque suplen una falta; los obran aquellos que temporalmente tienen más para aquellos que temporalmente tienen menos”.

Carmelo Urso: ¿A que tipo de “falta” se alude en este principio? ¿Y qué es “eso” que permite a los que tienen “más” curar y obrar milagros sobre los que tienen “menos”?

Todo el mundo tiene derecho a los milagros, pero antes es necesario una purificación

Paquita Diez: Siempre es una falta de verdad, el milagro invierte la percepción. En el espacio/tiempo hay diferencias, grados, niveles, más y menos, y por eso dice “temporalmente”; en la eternidad, en Dios somos todos iguales, mientras estamos en el sueño, mientras creamos en las diferencias, estas son usadas. Tener mas, en el tiempo es simplemente ir por delante, haber contestado la llamada mas pronto. Al principio del Curso dice: “este es un Curso obligatorio”, que significa que todos diremos Sí, es solo una cuestión de tiempo lo que nos separa a unos de otros. En una batalla, por ejemplo, para proteger al regimiento, al grueso de soldados, primero se manda a alguien, que va abriendo camino, sondeando el terreno, y luego vuelve y les dice a todos por donde es. Cada uno representa un papel aquí para cumplir su función. En realidad tu eres el que te escoges para que Dios te de ese papel para ti mismo, con tu pequeña dosis de buena voluntad, entregándote a Él.

Principio no. 9: “Los milagros son una especie de intercambio. 2Como toda ex¬presión de amor, que en el auténtico sentido de la palabra es siem¬pre milagrosa, dicho intercambio invierte las leyes físicas. 3Brindan más amor tanto al que da como al que recibe”.

Carmelo Urso: Normalmente, los seres humanos vivimos con miedo a amar porque pensamos que al entregarnos totalmente al sentimiento del amor nos volvemos más vulnerables, más manipulables, y por ende, más susceptibles a salir perdiendo en el intercambio sentimental que signa nuestras relaciones. ¡De eso tratan la mayoría de las canciones de amor que escuchamos, que exaltan el despecho y el desamor! ¿Cómo es eso que los milagros “brindan más amor tanto al que da como al que recibe” si la evidencia del mundo parece decirnos lo contrario?

Paquita Díez: ¿Por qué dar y recibir es lo mismo? Cuando se hace un ajuste como el que hace el milagro, todos ganan, como decía Rosa Maria, es una solución que funciona para todos. El mundo está basado en la pérdida, en la carencia, porque no ve el cuadro más grande. Nos cuesta aceptar y ver que lo que hemos pedido, nuestra felicidad, pase por tener que renunciar a ciertas cosas, ciertos ideales, o ciertas relaciones. No cuesta aceptar la responsabilidad de que todo lo que nos sucede, lo hemos pedido. Ayuda mucho estar enfocados en lo que cada acontecimiento nos trae, en lugar de lo que se lleva.

El amor es siempre el mismo, aunque aparentemente va (se da) o viene (se recibe). Recibes todo el amor que seas capaz de darte, de aceptar, que crees merecer. Das el amor que crees ser, que te sientes capaz sin miedo. Al entregarme totalmente me doy totalmente y recibo todo. Al darlo reconozco que yo soy eso. Lo opuesto al amor es el miedo. Cuanta más confianza, menos miedo, más amor. Y como dice el Curso, lo único que falta en una relación es lo que tú no has puesto, porque siempre se trata de ti.

Principio no.10: “Cuando se obran milagros con vistas a hacer de ellos un espec¬táculo para atraer creyentes, es que no se ha comprendido su propósito”.

Carmelo Urso: ¿Estamos hablando aquí de nuestros líderes religiosos y gurús espirituales? Esas personas que dicen canalizar la Voz del Espíritu, de los ángeles o de Dios, ¿serán acaso falsos milagreros que convierten la expresión del Amor en un espectáculo?

Paquita Diez: Un Curso de Milagros es un mapa, un entrenamiento para cambiar de mentalidad con respecto a todos y a todo. El propósito es sacarte del “mundo” de tu mente limitada, expandir tu conciencia, provocar la transformación. Cuando se obran milagros para el espectáculo buscamos quedarnos aquí, en nuestro mismo viejo sistema de pensamiento, solo que engordado, con “superpoderes”, pero aquí, sin cambio, con más, pero más de lo mismo. Pero como la mente es el mecanismo de decisión, y tenemos libre albedrío, pues también como todo, el Curso puede usarse para servir al ego. Un líder religioso puede ser un guía o un manipulador al servicio de su ego, dependiendo del uso que haga de la verdad que se le ha ofrecido. Invitamos a la propia experiencia o usamos a los demás para equivocadamente tener la nuestra. Por eso el Milagro es Ser el Curso, no enseñarlo. Aquí la honestidad y la congruencia son fundamentales. Todos podemos canalizar la voz de Dios si nos entregamos a ese propósito. La canalizadora de Un Curso de Milagros, Helen Shucman ni siquiera era creyente, pero se entregó fielmente, sin interferir con sus ideas a la voz que le dictaba.

SIGUE SIENDO ILUSIÓN

Al Hijo de Dios no le falta fe ni poder, sólo debe elegir donde depositarlos

Paquita Diez
http://comunicatecontigo.wordpress.com/

Siempre parece que están pasando cosas y más cosas que tenemos que arreglar, que mejorar, que cambiar, que corregir, que analizar, que manejar, que aprender, que interpretar, que juzgar, que iniciar, que comparar, que lograr… Cosas ahí afuera, que no parecen estar causadas por mí, sino por sí mismas, cosas separadas de mi, independientes, con vida propia.

La maquina del ego, el piloto automático por la práctica de los años, el motor viejo, consume eso, se sustenta con eso, se mantiene vivo gracias a que me mantengo atento a estas proyecciones. Está generando siempre ilusión, esa es su única producción, produce más y más de lo mismo. En su deseo de hacerlo mejor, o de que la ilusión parezca más real, en su deseo de engañarte mejor y así mantenerse durante más tiempo a veces hasta hace una ilusión más sofisticada, mejor maquillada, a veces incluso mística, o mágica, o “paranormal”, pero igualmente ilusión.

El foco de atención no ha de ser mejorar el contenido, los asuntos, las facetas, las áreas, mejorar la forma, el comportamiento, la proyección, sino la máquina, sustituir la máquina de proyección. Incorporar un mecanismo realmente innovador, revolucionario, nunca visto, realmente nuevo, y que además se renueve a si mismo y por si mismo constantemente. Un mecanismo altamente creativo, siempre activo, siempre vivo. Que use todas y cada una de las proyecciones únicamente como combustible para la Visión Real, como inspiración para ver, proyectar o extender solo Realidad.

Un mecanismo que lleve a cabo otro tipo de acciones como quedarse quieto, darse cuenta, determinar la voluntad, elegir de nuevo, mirar hacia dentro, extender, soltar, perdonar, aceptar, abrir la mente, confiar, no defenderse, pedir ayuda, orar, entregar… Acciones que se emprenden dentro de uno mismo, con la conciencia de que ahí está la fuente, la causa.

Al Hijo de Dios no le falta fe ni poder, sólo debe elegir donde depositarlos.

O TODO ES SAGRADO O NADA LO ES

Las decrépitas hojas del árbol otoñal alfombran el campo y lo alimentan con un sacro mantillo

Carmelo Urso

entiempopresente4@gmail.com

Alguna vez dijo el maestro Osho: “O Todo es sagrado o nada lo es”. ¡Estupenda frase! –a mi entender.

En el Génesis, tras crear el Universo, Dios contempló el monumental fruto de su trabajo “y vio que era bueno”. No hizo excepciones; no discriminó diciendo: “oh, esto es excelente; hum, esto es regular; ¡bah, esto es malo!”.

Observó soles, mundos, seres… ¡y vio que Todo “era bueno”! Tanto, que hasta se tomó un día para descansar y festejar su cósmico prodigio.

De una Deidad que es Amor infinito, hasta sus mal llamados desechos tienen propósitos infinitamente amorosos… funciones esenciales, ¡sagradas!

Del Uno derivó un sistema perfecto que recicla todas las cosas. Lo “vivo” se nutre de lo “muerto” –que brinda su energía a lo por venir; las decrépitas hojas del árbol otoñal alfombran el campo y lo alimentan con un sacro mantillo: de allí, saca fuerza para resucitar sus flores, renovar sus frutos.

Los cadáveres fertilizan a la tierra: la llenan de vigor, generan en ella más Vida. El guano de aves y murciélagos, la boñiga vacuna y el compus vegetal son de los mejores abonos que se conocen.

Las excretas de cerdo son fuente de energía en ciertos países: proveen calor que palia el frío nocturno, alivia el helor invernal… ¡y cuece los alimentos!

En determinada terapia hindú se tuestan galletas hechas con bostas de animales herbívoros: sus sanadores efluvios son inhalados por esperanzados pacientes.

Las termitas erigen sus enormes viviendas –llamadas termiteros- con una invulnerable mezcla de trizas de madera masticada, saliva y heces que fungen como sellador y pegamento.

Termitero gigante en Australia

Las excretas –qué duda cabe- alimentan: en ellas se ceban los peces de las profundidades, miles de especies de insectos y hongos, seres unicelulares.

Se usa el estiércol como argamasa: con él, se erigen sólidas viviendas. También simboliza fortuna: pisar mierda trae buena suerte, dice el refrán; cuando aérea hez de ave nos salpica, se dice que la prosperidad está por venir.

¡Infinitamente útil es esta creación de Dios! Hasta estos cuerpos que hoy tanto afanan y enorgullecen a nuestros egos devendrán fértil humus que legará su nutritiva esencia a la Tierra.

Pese a su probada utilidad, tenemos al excremento en bajísima estima; de hecho, su sola mención constituye palabra malsonante; usamos su nombre para insultar al prójimo; es uno de los sustantivos “feos” del idioma.

Nuestros egos –habituados a jerarquizar, separar, dividir- perciben que ciertos efectos de la Deidad son sagrados y otros no; ciertos atributos del Padre-Madre son inferiores, otros superiores; con escasa sabiduría, juzgamos que el Amor infinito es capaz de crear cosas malas, bajas, rastreras, inútiles.

¿Por qué irrita tanto cuando nos llaman “pedazo de mierda”?

Porque no experimentamos la Unidad básica que subyace en todas las cosas del Universo…

Porque pensamos que Él nos creó desiguales –nos percibimos más feos, listos, torpes o bellos que las demás cosas y seres….

Porque no tenemos clara nuestra identidad como Hijos del Padre…

Amigo, amiga, ¿te ofendes cuando te dicen imbécil, estúpido o plasta de mierda? Entonces, en lo más profundo de tu inconsciente, ésa es tu identidad: no te sientes Hijo dilecto del Monarca del Todo.

En verdad, no somos superiores ni inferiores a cualquier fase del Uno…

No supera el alfarero a la arcilla que moldea…

No aventaja el pulcro grano de arroz al pantano del que brota….

Dios ama por igual a todas Sus creaciones: si la más infinitesimal de ellas le faltare, ¡ya no podría vivir Él ni el más mínimo instante!

Pues en un Universo en que cada átomo es tan sagrado como su Creador… ¡o todo es sagrado o nada lo es!